Virginia Albelda lleva más de dos décadas vinculada a la comunicación, el emprendimiento y el desarrollo de negocios. Periodista de formación, su trayectoria ha pasado por diferentes etapas hasta construir su propio proyecto profesional alrededor de la marca personal, la visibilidad y la estrategia digital. Un recorrido que durante mucho tiempo pudo parecer formado por caminos independientes y al que hoy encuentra un sentido común.
Es también la creadora de Mujeres Brillantes, un proyecto que nació casi por casualidad, escrito en una libreta durante un viaje en autobús y que ha terminado convirtiéndose en una comunidad de mujeres que conecta radio, formación y encuentros presenciales.
Un espacio que Virginia Albelda no había planeado construir y que, sin embargo, parece reunir muchas de las piezas que habían marcado su trayectoria hasta entonces.
Ahora acaba de publicar Mujer Brillante, un libro que la ha llevado a hacer un ejercicio de introspección y a reencontrarse con muchas versiones de sí misma como aquella niña soñadora que vivía en las nubes, pero también con “la niña buena” que aprendió a buscar la aprobación de los demás, con el miedo a destacar y con algunas heridas que, sin saberlo, seguían acompañándola.
La mujer que existe cuando se apagan las redes
Virginia, tú estás acostumbrada a estar al otro lado del micrófono y a hacer las preguntas. Hoy cambiamos los papeles. Antes de hablar de Mujeres Brillantes, de comunicación o de emprendimiento, ¿quién es Virginia Albelda cuando apagamos el micrófono, cerramos las redes y dejamos a un lado todos los proyectos?
Siempre he intentado no crear un personaje detrás de las redes. Creo que no hace falta. Soy emprendedora, empresaria, pero sigo siendo la misma.
Después están todas mis otras facetas: soy madre de tres hijos, de 19, 14 y 7 años; soy pareja, amiga, hija… Soy muy familiar.
Me gustan mucho las cosas sencillas, estar con mi familia y disfrutar de la naturaleza. Tengo el privilegio de vivir en un sitio donde puedo hacerlo y, para mí, algo como tomarme un café en la sobremesa, en el jardín, viendo nuestras gallinitas y nuestros animales, me hace disfrutar muchísimo.
Soy una mujer apasionada, muy comprometida con otras mujeres y con el emprendimiento femenino. También soy muy emocional y muy soñadora. Al final, la Virginia que está detrás es la misma que intento que se vea hacia fuera.
En tu web cuentas que desde pequeña eras muy soñadora. Mirando hoy a aquella niña, ¿reconoces algo de ella en la vida que has construido?
Muchísimo. Precisamente ahora, durante el proceso de escritura de mi libro, he tenido que hacer mucha introspección y he descubierto muchas cosas de aquella niña.
Me he dado cuenta de que fui lo que se suele llamar “una niña buena” y eso tiene mucho que ver con la mujer que he sido después: querer encajar, buscar validación externa, intentar hacerlo todo bien… y cómo eso puede terminar convirtiéndose en autoexigencia y perfeccionismo.
Pero también era muy soñadora. Muchas veces me decían que estaba en las nubes y, afortunadamente, sobre todo mis padres, no insistieron demasiado en que bajara de ellas. Me permitieron tener esos pajaritos en la cabeza y siempre me apoyaron.
Y eso sí lo sigo conservando. Creo muchísimo en la ilusión. Para mí es lo que nos mantiene vivos. No siempre estamos bien, evidentemente, pero incluso cuando llegan épocas en las que estás más abajo, volver a ilusionarte con algo como un viaje, un proyecto, un evento o cualquier cosa pequeña puede ayudarte muchísimo.
“Creo que la ilusión por las cosas es lo que nos mantiene vivos”
De buscar su lugar a entender que todas las piezas encajaban
Tu trayectoria no ha sido lineal. Periodismo, comunicación, network marketing, emprendimiento, marca personal… ¿hubo momentos en los que sentiste que estabas empezando de nuevo o te preguntaste cuál era realmente tu lugar?
Muchas veces he pensado: “¿Y ahora qué?” o “¿Cuál es mi lugar?”, pero cuando miro hacia atrás veo mi trayectoria como piezas que podían parecer independientes y que ahora encajan.
Estudiar Periodismo, la comunicación, el emprendimiento, la formación, el liderazgo, las ventas, el marketing… Cada uno de esos pasos me ha traído hasta donde estoy hoy. Siempre he sentido que cada faceta profesional que desarrollaba me iba acercando a algo. Pensaba: “Vale, esto es lo que estoy viviendo ahora, pero voy a aprender algo que me servirá en el futuro”.
En 2020 decidí dar un paso al frente y crear mi propio proyecto, con mi marca personal y mi metodología. Empecé a trabajar mucho más la visibilidad y la estrategia en redes, pero incluso entonces sentía que había algo más. Sabía que no iba a estar toda la vida dedicándome únicamente a esa parte.
Y cuando apareció Mujeres Brillantes fue como pensar: “Ahora todo tiene sentido”. Todo lo que había ido viviendo encajaba de alguna manera.
Eso no significa que todo lo que he hecho me haya gustado. Hay cosas que precisamente me han servido para comprender que por ahí no era. Pero siempre he confiado en que había algo esperando más adelante. “Confiar” es una palabra muy importante para mí. Tanto que incluso la llevo tatuada.
Después de más de veinte años alrededor de la comunicación y el emprendimiento, ¿qué ha cambiado más en ti?
Mi manera de entender el éxito.
Cuando eres más joven muchas veces relacionas el éxito con conseguir cosas: crecer, facturar, tener reconocimiento, alcanzar determinados objetivos. Hoy sigo teniendo metas, muchos sueños, proyectos y ganas de crecer, pero necesito que ese crecimiento tenga sentido.
Para mí, el éxito también es poder elegir, tener tiempo, estar presente con las personas que quiero, disfrutar de lo que construyo y saber que aquello que hago genera un impacto positivo en otras personas.
He aprendido que no quiero conseguir cosas a costa de perderme a mí misma por el camino. Probablemente lo que ha cambiado no es mi ambición, sino el lugar desde el que quiero construir mi vida y mis proyectos.
“Lo que ha cambiado no es mi ambición, sino el lugar desde el que quiero construir mi vida”
El miedo a brillar y a ocupar demasiado espacio
Hay una palabra que atraviesa prácticamente todo lo que haces: “brillar”. Sin embargo, a muchas mujeres todavía nos cuesta decir “soy buena en esto”, hablar de nuestros logros o ocupar determinados espacios sin sentir que estamos presumiendo. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestro propio valor?
Creo que tiene mucho que ver con todo eso de lo que hablábamos antes: encajar, buscar validación externa, querer hacerlo todo bien, la autoexigencia, el perfeccionismo…
Yo misma lo he descubierto a través de mi propia trayectoria y, especialmente, escribiendo el libro. Me di cuenta de que tenía una herida relacionada con la visibilidad e incluso una herida con la mujer que, de alguna manera, estaba viniendo a sanar también a través de Mujeres Brillantes.
En mi caso descubrí que detrás había miedo a la crítica y a la envidia, cosas que durante la adolescencia me hicieron daño. Y al final interiorizas algo parecido a: “Mejor no destacar demasiado porque destacar puede significar dolor”.
A muchas mujeres nos han enseñado, explícita o implícitamente, a ser buenas, responsables, humildes, a no presumir, a no incomodar, a no ocupar demasiado espacio.
Y ocurre algo curioso porque podemos reconocer perfectamente el talento de otra mujer y decirle “qué buena eres en esto”, pero cuando se trata de nosotras mismas nos cuesta muchísimo.
Para mí, brillar significa precisamente reconocer nuestros dones y nuestros talentos y ponerlos al servicio de los demás. Y eso no ocurre solamente a través del emprendimiento. Podemos ser mujeres brillantes dentro de nuestra familia, trabajando por cuenta ajena o desarrollando nuestro propio proyecto.
¿Escribir Mujer Brillante te obligó también a enfrentarte a esas partes tuyas?
Sí. Muchas partes fueron difíciles porque Mujer Brillante no es un libro escrito únicamente desde el conocimiento. Hay mucha vida dentro.
Escribir sobre mi propio miedo a brillar, sobre esa necesidad que tuve durante muchos años de ser “la niña buena”, sobre el rechazo, la traición, determinadas heridas, decisiones profesionales o momentos en los que también dudé de mí misma me obligó a mirarme mucho. Hubo capítulos y párrafos que me hicieron parar.
Y mientras escribía entendí algo importante, que no podía invitar a otras mujeres a mostrarse, confiar en su voz y dejar de esconderse mientras yo me escondía detrás de conceptos bonitos.
Tenía que aparecer también Virginia. Con sus luces, pero también con sus dudas, sus errores y aquello que le había dolido o le había costado superar.
Creo que precisamente ahí está una de las ideas más importantes del libro: no necesitamos tenerlo todo resuelto ni ser mujeres perfectas para permitirnos brillar.
“No podía invitar a otras mujeres a dejar de esconderse mientras yo me escondía detrás de conceptos bonitos”
¿Quieres escuchar a Virginia Albelda en primera persona?
Descubre nuestra conversación con ella en el podcast de Mujeres sin Manual: Atreverse a ocupar tu lugar. [Escuchar episodio]
Ser visible no significa contarlo todo
Vivimos, además, en la época de la exposición permanente. Tú trabajas la marca personal desde la autenticidad. ¿Cómo podemos hacernos visibles sin convertir nuestra vida entera en contenido?
Creo que las redes sociales nos han hecho algo de daño en ese sentido. Hemos confundido dos conceptos: visibilidad y exposición.
Viendo cómo han evolucionado algunos perfiles, especialmente el modelo influencer, muchas personas han llegado a pensar que para ser visibles tienen que contar su vida, salir constantemente o compartir cosas que realmente no les apetece contar.
Ser visible no significa estar todos los días en redes ni enseñar toda tu vida. Tampoco significa convertirte en un personaje.
Yo misma he pasado por etapas de estar muy pendiente de generar contenido y me di cuenta de que había momentos que estaba viviendo a través de una cámara. Es como cuando vas a un concierto y ves a alguien grabando prácticamente todo. Piensas: “¿Para qué has comprado la entrada?”. Está viviendo el concierto a través del teléfono.
Para mí, las redes tienen que ser una herramienta para comunicar, conectar y generar oportunidades, pero no deberían decidir por ti tu ritmo de vida ni cómo quieres que los demás te vean.
La autenticidad no consiste en contarlo todo, consiste en decidir qué quieres contar.
¿Y qué error cometemos cuando intentamos construir una marca personal antes de tener claro quiénes somos?
El principal error es intentar comunicar hacia fuera algo que todavía no hemos definido por dentro.
Podemos elegir colores, tipografías, hacer fotografías preciosas, tener un feed perfecto o aprender todas las técnicas de marketing, pero si no sabemos quiénes somos, a quién queremos ayudar, qué defendemos o por qué queremos ser recordados, estaremos construyendo una imagen sin una base sólida.
Para mí, la marca personal no comienza en Instagram. Comienza en la persona. Antes hay preguntas mucho más importantes: ¿qué sabes hacer?, ¿qué has vivido?, ¿qué puedes aportar?, ¿qué quieres defender?, ¿qué transformación puedes generar en otras personas?
Cuando eso está claro, entonces sí podemos utilizar la comunicación, las redes y el marketing para hacerlo visible. Primero identidad; después, estrategia.
Mujeres Brillantes: una idea escrita en una libreta
De esa idea de ayudar a otras mujeres a ocupar su espacio nace Mujeres Brillantes. ¿Recuerdas el momento en el que aquello empezó a convertirse en algo real?
Hubo dos momentos. Siempre cuento uno que ocurrió bastante antes de que la idea llegara a materializarse.
Volvía en autobús de un evento y me quedé sin batería en el móvil. Como trabajaba muchísimo con el teléfono pensé: “¿Y ahora qué hago?”. Saqué una libreta y empecé a escribir.
No sé muy bien de dónde salió, pero comencé a escribir la idea de una comunidad de mujeres. Incluso apareció el nombre, Mujeres Brillantes. Y aquella idea se quedó allí, en la libreta, durante muchos meses. Quizá un año o año y medio.
Por eso creo tanto en escucharnos, escribir y mantener espacios de calma, incluso momentos en los que aparentemente no hacemos nada. Muchas veces es ahí donde surgen las ideas.
Tiempo después me ofrecieron presentar un programa de radio y empecé a entrevistar a mujeres emprendedoras. Yo llevaba muchos años trabajando en remoto, prácticamente detrás de una pantalla, y aquello me permitió conocer a más personas de mi propia ciudad.
Cuando terminaba el programa veía que nos quedábamos hablando. Surgían preguntas, conversaciones, conexiones, posibles alianzas… Hasta que pensé: “¿Y si hacemos esto en un pequeño evento?”.
El primero fue el 21 de marzo de 2025. Fue algo pequeño, con una parte de formación y otra de networking, pero ocurrió algo muy especial. Las propias mujeres me preguntaron: “Virginia, ¿por qué no hacemos otro?”.
Hicimos otro en mayo, creció el número de mujeres, comenzaron a llegar personas de otras provincias y después vino otro encuentro en septiembre.
Lo curioso es que yo nunca pensé: “Voy a crear una comunidad de mujeres”.
No estaba en mi mente como proyecto profesional. Mujeres Brillantes ha ido evolucionando y yo he ido dando los pasos que la propia comunidad necesitaba.

Has convertido Mujeres Brillantes en algo que va mucho más allá de un evento. ¿Qué quieres que sienta una mujer cuando entra por primera vez en esta comunidad?
Me gustaría que sintiera: “Aquí puedo ser yo y, además, no tengo que hacerlo sola”.
He encontrado muchas mujeres con muchísimo talento, conocimiento y ganas de crecer que necesitan entorno. Necesitan personas con las que poder hablar de sus proyectos sin sentirse juzgadas, oportunidades para aprender, colaborar, generar contactos y darse visibilidad, pero también espacios en los que sentirse acompañadas.
Y necesitamos referentes reales. Mujeres que no enseñen únicamente el resultado, sino también el camino, las dudas, los aprendizajes y todo lo que existe detrás de un proyecto.
Mujeres Brillantes quiere ser un espacio de formación, visibilidad, conexiones y oportunidades, pero, sobre todo, un lugar de pertenencia donde una mujer pueda sentir que forma parte de algo y que no tiene que recorrer sola su camino.
“Aquí puedo ser yo y no tengo que hacerlo sola”
Yo he tenido la suerte de vivir uno de esos encuentros. ¿Qué siente Virginia Albelda cuando sube al escenario y ve delante a tantas mujeres compartiendo y apoyándose?
Es difícil explicarlo.
Yo puedo contarte que habrá ponentes, formación, networking o dinámicas, pero lo que después se vive allí es difícil expresarlo con palabras.
Siento como un pellizco en el estómago, esas mariposas que aparecen cuando sabes que vas a vivir uno de esos momentos importantes. Cuando salgo al escenario me emociono. Siempre.
A veces no me puedo creer lo que estoy viendo. Mujeres hablando, intercambiándose teléfonos, emocionándose con lo que están viviendo…
Siento muchísima gratitud.
Y conecto también con esa Virginia niña, con la adolescente, con la mujer que ha pasado por diferentes etapas, como todas, y no siempre positivas.
Pienso que ha merecido la pena porque detrás de cada mujer que está sentada allí o que se conecta a una formación hay una historia, un proyecto, una familia, miedos, sueños, decisiones…
Y una de las cosas que más me emociona es ver después su evolución y la transformación que viven.
En octubre celebráis una nueva edición. ¿Qué sueñas que ocurra allí que no pueda medirse en asistentes, publicaciones o resultados?
Precisamente lo que más deseo que ocurra no se puede medir.
Claro que quiero que haya muchas mujeres, que el evento siga creciendo y que todo salga bien, pero para mí eso no es lo realmente importante.
Quiero que ocurran conversaciones, que una mujer conozca allí a la persona que necesitaba conocer para dar su siguiente paso y que alguien escuche una frase desde el escenario y piense: “Esto era justo lo que necesitaba escuchar”.
Quiero que nazcan colaboraciones, amistades, proyectos, ideas y nuevas oportunidades, pero, sobre todo, me gustaría que una mujer pudiera llegar por la mañana con dudas sobre sí misma, sobre su proyecto o sobre el momento que está viviendo y volviera a casa mirándose de una manera diferente.
Si una mujer vuelve a casa sintiendo que algo se ha movido dentro de ella, para mí el evento habrá cumplido su verdadero propósito.
“Me gustaría que una mujer llegara dudando de sí misma y volviera a casa mirándose de una manera diferente”
Vivir sin manual
En Mujeres sin Manual siempre buscamos ese momento en el que sentimos que nadie nos había dado instrucciones para lo que estábamos viviendo. Virginia, ¿cuál ha sido el tuyo?
El primero que se me viene a la cabeza es la maternidad.
Fui madre muy joven. Mi hijo mayor acaba de cumplir 19 años. Y creo que fue uno de esos primeros momentos en los que entiendes que pueden explicarte muchas cosas, pero al final no hay un manual.
Siempre digo que dos de las mayores palancas de transformación son la maternidad y el emprendimiento.
Con el emprendimiento ocurre algo parecido. Podemos conocer historias de otras personas, aprender determinadas claves, inspirarnos en estrategias que han funcionado a otros… pero al final tenemos que adaptarlo a nosotros, a nuestro estilo de vida y a lo que queremos.
Creo que tanto la maternidad como el emprendimiento sirven también para encontrarnos, conocernos mucho mejor y descubrir qué queremos. Al final tenemos que ir escribiendo nuestro propio manual.
Y compartir nuestra historia y nuestra trayectoria también puede servir para inspirar a otras personas, para que ellas escriban el suyo y quizá dejar algo que pueda guiar a quienes vienen detrás.

La huella que permanece
Has dedicado buena parte de tu trayectoria a ayudar a otras personas a encontrar su voz, hacerse visibles y atreverse a brillar. Cuando dentro de muchos años alguien hable de Virginia Albelda, ¿qué te gustaría que dijera de ti?
Me gustaría que alguien pudiera decir: “Virginia me ayudó a creer más en mí, a ocupar mi lugar y a tener un proyecto propio, disfrutando y creciendo en el camino”.
Creo que esa frase resume bastante bien la huella que me gustaría dejar y también hacia dónde quiero dirigir esta nueva etapa de mi vida profesional.
No quiero que me recuerden únicamente por haber enseñado marketing, redes sociales o comunicación. Me gustaría haber ayudado a otras personas, y especialmente a otras mujeres, a reconocer aquello que las hace valiosas, a descubrir todo lo que tienen para aportar, a encontrar su propia voz y a tener el valor de poner sus talentos al servicio de los demás.
Y también hay una parte muy personal. Me gustaría que mis hijos pudieran mirar algún día todo lo que he construido y pensar que su madre se atrevió.
La mirada de Mujeres sin Manual
Hoy Virginia Albelda nos ha dejado una de esas lecciones que a veces necesitamos recordar.
No siempre somos conscientes de todo lo que hemos ido guardando en nuestra mochila… experiencias, trabajos, decisiones, aprendizajes e incluso caminos que en algún momento pensamos que no nos habían servido para nada.
Hasta que llega un día en el que miramos hacia atrás y entendemos que cada una de esas piezas nos ha traído, de alguna manera, hasta el lugar en el que estamos.
Nos ha encantado escuchar a Virginia Albelda y conocerla un poco más. Descubrir a aquella niña responsable que vivía con la cabeza en las nubes y encontrarla todavía en la mujer que es hoy.
Una mujer que también ha aprendido a mirar sus propias inseguridades y que ahora abre su historia y su experiencia a otras a través de una comunidad donde se habla de proyectos y oportunidades, pero también de miedos, dudas y de todo aquello que no siempre enseñamos cuando contamos nuestros logros.
Quizá esa sea también una de las cosas más bonitas de compartir el camino: descubrir que nuestra experiencia puede ayudar a otra mujer a mirar el suyo de una manera diferente.
Si algo tenemos claro en Mujeres sin Manual es que queremos ser un espacio abierto a las historias de mujeres que persiguen sus sueños, que se atreven a contar lo que han vivido y que, al hacerlo, pueden tender la mano a las que vienen detrás.
Gracias, Virginia, y gracias a Mujeres Brillantes por abrirnos la puerta y dejarnos contar vuestra historia porque al final no hay un único camino, ni una única manera de hacerlo bien. Cada una va llenando su mochila, escribiendo su propio manual y descubriendo, muchas veces sobre la marcha, hasta dónde puede llegar.

