La historia de Sandra Romero y Cloud Estudio comenzó hace diez años. Hoy, la empresaria ya no habla solo de hacer crecer una empresa. Habla de aprender a liderar, de soltar el control, de ocupar espacios sin pedir permiso y de asumir que la ambición también puede decirse en voz alta. Pero, sobre todo, habla de algo que pocas veces aparece cuando se cuenta el emprendimiento desde fuera: el peso de sostener aquello que una misma ha creado.
Sandra Romero es inquieta. Tanto que puede estar tomando un café y, de repente, inventarse un evento, una formación o una nueva línea de negocio. Ella misma reconoce que su cabeza no se apaga fácilmente.
Hace diez años esa inquietud comenzó a tomar forma bajo el nombre de Cloud Estudio. Lo que empezó prácticamente sola ha evolucionado hasta convertirse en una empresa con equipo propio, clientes, proyectos, formaciones y nuevas líneas de negocio. Por el camino llegaron también los escenarios, los reconocimientos —entre ellos, el Premio CEPYME al Empresario Autónomo del Año— y Cloud&Tips, el evento con el que ha conseguido reunir a cientos de personas alrededor de una idea nacida, una vez más, en su cabeza.
Detrás de la empresaria continúa estando Sandra: la que necesita Cádiz, el mar, su familia y sus amigos; la que puede organizar un evento para cientos de personas y, al mismo tiempo, darle veinte vueltas a un mensaje de WhatsApp; la que se reconoce valiente para algunas cosas y profundamente insegura para otras.
En esta conversación con Mujeres sin Manual miramos precisamente ahí: a todo lo que ha ocurrido mientras Cloud crecía y a la mujer que también ha tenido que crecer con su empresa.
Sandra Romero: la mujer detrás de Cloud Estudio
Cuando quitamos los cargos, ¿quién es Sandra Romero?
Cuando quitas los cargos, Sandra es una persona muy inquieta. Soy de las que está tomando un café y, de repente, se inventa un evento, una formación o una nueva línea de negocio. Mi cabeza no se apaga fácilmente.
También soy muy sensible, aunque muchas veces esa parte quede escondida detrás de la Sandra resolutiva. Me importa mucho la gente, me afectan las cosas y siento una responsabilidad enorme por todo lo que creo.
Soy muy de mi tierra, muy de Cádiz, de mi familia, de mis amigos, de la naturaleza, del mar… Necesito esos momentos en los que no tengo que dirigir, decidir ni solucionar nada. Aunque reconozco que todavía estoy aprendiendo a disfrutarlos sin mirar el móvil.
Y tengo una mezcla curiosa: puedo organizar un evento para 300 personas y, al mismo tiempo, darle veinte vueltas a un mensaje de WhatsApp. Soy valiente para algunas cosas y muy insegura para otras. Supongo que Sandra es precisamente todo eso: una persona con muchísimas ideas, muchas ganas y una necesidad casi inevitable de convertir lo que imagina en algo real.
Si pudieras tomarte un café con aquella Sandra que empezó hace diez años, ¿qué le contarías que entonces no tenía ni idea de que iba a pasar?
Creo que primero la miraría y pensaría: “No tienes ni idea de dónde te estás metiendo”, pero se lo diría con mucho cariño.
Le contaría que aquello que estaba empezando casi sola iba a convertirse en una empresa, que tendría un equipo, que trabajaría con marcas increíbles, que impartiría formaciones, se subiría a escenarios y llegaría a reunir a cientos de personas alrededor de una idea creada por ella.
Le diría que recibiría reconocimientos que ahora mismo ni siquiera se atrevería a imaginar, como el Premio CEPYME al Empresario Autónomo del Año, pero también le explicaría que ningún premio le quitaría para siempre el síndrome de la impostora.
Sobre todo, le diría que no necesitaba tenerlo todo tan claro, que muchas de las mejores cosas de estos diez años iban a nacer de decisiones tomadas con miedo, sin garantías y con la sensación de estar improvisando.
Y creo que terminaría diciéndole: “Vas a llorar bastante, vas a querer dejarlo algunas veces y vas a cometer errores, pero no vas a rendirte. Y un día mirarás atrás y entenderás que todo aquello también estaba construyendo Cloud”.
Diez años emprendiendo: el vértigo, las dudas y aprender a no rendirse
Diez años dan para mucho… ¿ha habido algún momento de decir «hasta aquí, no puedo más»? ¿Alguna vez has pensado seriamente en dejarlo?
Sí. Y creo que decir lo contrario sería contar una versión muy edulcorada de emprender.
Ha habido momentos en los que no quería cerrar Cloud, pero sí quería dejar de sentir el peso que suponía Cloud. Momentos de cansancio, de llevar demasiadas cosas en la cabeza, de sentir que todo dependía de mí y de preguntarme si realmente merecía la pena vivir siempre con ese nivel de responsabilidad.
Cuando tienes una empresa no cierras la puerta de la oficina y desaparece. Te acompaña a casa, a la cama, a las vacaciones y a los domingos. Incluso cuando todo va bien estás pensando en lo siguiente o en lo que podría salir mal.
Sí he pensado: “No puedo seguir así”. Y esa frase ha sido importante, porque no siempre significaba que tuviera que dejarlo; muchas veces significaba que tenía que cambiar la forma de hacerlo.
He aprendido que querer parar no significa que hayas dejado de querer tu proyecto. A veces significa que necesitas volver a encontrarte tú dentro de él.
“He aprendido que querer parar no significa que hayas dejado de querer tu proyecto”

De todas las decisiones tomadas sin certezas, ¿cuál ha sido la que más vértigo te ha dado?
Probablemente, dejar de pensar como autónoma y empezar a actuar como empresa.
Contratar, formar un equipo, asumir costes fijos y saber que ya no solamente estaba en juego mi tranquilidad. Cuando incorporas personas, entiendes que tus decisiones afectan también a sus vidas. Eso da muchísimo vértigo.
También me lo ha dado hacer crecer Cloud&Tips. Una cosa es tener una idea bonita y otra muy distinta comprometerte con un hotel, proveedores, patrocinadores, instituciones, ponentes y cientos de asistentes. Hay momentos en los que miro todo lo que estamos organizando y pienso: “Sandra, ¿para qué te inventas estas cosas?”.
Pero siempre me pasa igual: primero llega la idea, después la ilusión, luego el vértigo y finalmente empiezo a buscar la manera de hacerla posible. Nunca he tenido certezas absolutas. He aprendido a decidir con información, intuición y un poquito de inconsciencia.
¿Cuándo sentiste por primera vez “vale, esto ya no es un proyecto que estoy intentando sacar adelante; tengo una empresa”?
No fue cuando facturé una cantidad concreta ni cuando conseguí un cliente importante. Fue cuando entendí que Cloud podía hacer cosas sin que Sandra tuviera que estar personalmente en cada pequeño paso.
Cuando empezaron a llegar personas preguntando por Cloud Estudio y no solamente por mí. Cuando vi a mi equipo hablando con clientes, defendiendo una idea o sacando adelante un proyecto con la misma implicación con la que lo habría hecho yo.
También hubo un punto de inflexión al comprobar que había personas que dependían de mis decisiones, una estructura que sostener y una reputación que ya iba más allá de mi nombre.
Ahí entendí que ya no tenía simplemente un trabajo que me había creado a mí misma. Tenía una empresa. Y eso me hizo sentir muchísimo orgullo, pero también bastante miedo.
Aprender a liderar y delegar sin tener todas las respuestas
Ahora ya no estás sola. Tienes un equipo de mujeres detrás de Cloud Estudio. ¿Qué te ha enseñado tener que liderar a otras personas sobre ti misma?
Me ha enseñado que liderar no consiste en tener siempre la respuesta. Durante mucho tiempo sentí que, como jefa, debía saberlo todo, resolverlo todo y no mostrar dudas. Ahora creo que liderar, también, es decir: “No lo sé, pero vamos a encontrar la manera”.
Mi equipo me ha puesto delante un espejo. Me ha obligado a revisar cómo comunico, cómo gestiono la presión, cómo doy feedback y cómo reacciono cuando algo no sale como esperaba.
También me ha enseñado que no todo el mundo piensa, trabaja o se organiza como yo. Y menos mal. Una empresa formada por cinco Sandras sería creativa, sí, pero posiblemente inviable y un poquito caótica.
Estoy aprendiendo a confiar, a escuchar y a entender que liderar no es conseguir que todo el mundo haga las cosas como tú. Es crear un espacio donde cada persona pueda hacerlas bien desde su propio talento.
Y hablando de ser jefa… ¿qué tipo de jefa prometiste alguna vez que nunca serías? ¿Lo estás consiguiendo?
Prometí que nunca sería una jefa distante, de esas que solamente aparecen para señalar lo que está mal. No quería que nadie sintiera miedo antes de hablar conmigo ni construir un equipo en el que un error tuviera que esconderse.
¿Lo estoy consiguiendo? Algunas veces sí y otras tengo margen de mejora. Cuando estoy bajo presión puedo volverme muy exigente y querer que todo suceda a la velocidad a la que va mi cabeza, que normalmente es una velocidad bastante poco razonable. Tengo que recordarme que las personas no pueden adivinar lo que yo estoy pensando y que explicar bien las cosas también forma parte de mi trabajo.
Quiero ser una jefa cercana, clara y justa. Una persona que exige, porque tenemos que hacer bien nuestro trabajo, pero que también acompaña. No quiero que nadie recuerde Cloud como un lugar en el que tuvo que hacerse pequeña.
“No quiero que nadie recuerde Cloud como un lugar en el que tuvo que hacerse pequeña”
¿Qué te ha costado más: delegar, perder el control o aceptar que alguien puede hacer las cosas bien, aunque no las haga como tú?
Las tres, pero especialmente la última.
Delegar parece muy bonito hasta que la otra persona hace exactamente lo que le has pedido… pero no de la forma en la que tú lo habrías hecho. Ahí es donde empieza el verdadero ejercicio de confianza.
Me ha costado entender que diferente no significa peor. También he tenido que aceptar que, si quiero crecer, no puedo estar revisándolo absolutamente todo ni convertir mi forma de trabajar en la única forma válida.
Sigo aprendiendo. Hay días en los que delego estupendamente y otros en los que delego, superviso, vuelvo a mirar y casi termino haciéndolo yo. Pero cada vez soy más consciente de que el control absoluto no protege una empresa: muchas veces la frena.
Mi objetivo es que Cloud no necesite que yo esté en cada esquina sosteniéndola, quiero ser importante para mi empresa, pero no imprescindible para cada tarea.

«Quiero crecer, quiero ganar más dinero y quiero que mi empresa sea importante»
Te voy a preguntar por algo de lo que a veces parece que nos cuesta hablar a las mujeres: la ambición. ¿Te ha costado decir en voz alta “quiero crecer, quiero ganar más dinero, quiero que mi empresa sea importante”?
Sí, porque parece que las mujeres tenemos que envolver la ambición para que resulte cómoda. Podemos decir que queremos ayudar, aportar o generar impacto, pero decir “quiero ganar más dinero” todavía parece que necesita una justificación.
Y sí: quiero que Cloud crezca, quiero ganar más dinero y quiero que mi empresa sea importante. Quiero generar empleo, crear proyectos propios, trabajar con grandes marcas y demostrar que desde Cádiz también se pueden construir iniciativas potentes.
El dinero no es lo único importante, pero es lo que permite contratar, invertir, mejorar salarios, desarrollar ideas y tomar decisiones con más libertad. Una empresa necesita rentabilidad para poder tener impacto.
Durante mucho tiempo me dio pudor verbalizarlo. Ahora entiendo que no tengo que pedir perdón por ser ambiciosa. La clave está en crecer sin traicionar mis valores y sin convertirme en alguien que no quiero ser.
“Ahora entiendo que no tengo que pedir perdón por ser ambiciosa”
¿Has sentido alguna vez que tenías que demostrar más para que te tomaran en serio como empresaria?
Muchísimas veces.
He entrado en reuniones llevando todo estudiado, preparado y repasado, mientras veía a otras personas ocupar su espacio con una seguridad que no siempre estaba respaldada por una preparación mayor.
Ser joven, mujer y empresaria ha hecho que, en determinados entornos, sintiera que primero tenía que demostrar y después ya se me permitiría opinar. Incluso yo misma me he exigido estar el doble de preparada para sentir que merecía sentarme en algunas mesas.
Con los años he entendido que no tengo que esperar a sentirme completamente preparada, porque ese momento casi nunca llega. Mi trayectoria, mis resultados y estos diez años también me han dado derecho a ocupar esos espacios.
Sigo entrando en algunas salas con nervios, pero ya no entro pidiendo permiso. Entro sabiendo que tengo algo que aportar.
Crear espacios para que otras mujeres también los ocupen
Este año miras el cartel de Cloud&Tips y hay una presencia enorme de mujeres. ¿Ha sido algo buscado o simplemente ha ocurrido porque había muchas mujeres interesantes a las que querías subir a ese escenario?
Ha ocurrido de una forma bastante natural, porque hay muchísimas mujeres interesantes, preparadas y con cosas importantes que contar.
No quería construir un cartel femenino para cubrir una cuota ni utilizarlo como reclamo. Quería encontrar voces capaces de provocar algo en el público, y muchas de esas voces eran de mujeres.
Evidentemente, también existe una intención: si tienes la posibilidad de crear un escenario, debes preguntarte a quién estás dando visibilidad. Pero la presencia de tantas mujeres no responde a que haya bajado ningún criterio. Todo lo contrario. Están ahí porque son buenas, porque tienen experiencia y porque merecen ocupar ese espacio.
Quizá durante demasiado tiempo se nos ha hecho creer que era difícil encontrar mujeres referentes. Cuando empiezas a mirar bien, lo difícil es elegir entre tantas.
“Cuando empiezas a mirar bien, lo difícil es elegir entre tantas”
Tú creas un evento, lideras un equipo formado por mujeres y ahora ves a tantas mujeres ocupando ese escenario. ¿Te paras alguna vez a pensar en lo que significa?
Sí, me paro. De hecho, el año pasado delegué prácticamente el cien por cien de la organización durante el evento y el equipo lo sacó todo a la perfección. Gracias a ellas pude presentar, escuchar ponencias enteras y, sobre todo, disfrutar. Me dejaron vivir el evento y ellas también lo disfrutaron.
A veces, incluso estando en un lugar lleno de gente y con muchísimo ruido, consigo meterme en una especie de silencio. Miro alrededor, veo las sonrisas, las conversaciones, a la gente disfrutando… y pienso: “¿Cómo narices hemos conseguido hacer esta pasada?”.
Y después termina el día, sales agotada, miras el WhatsApp y lo tienes lleno de mensajes increíbles: “Gracias”, “os habéis superado”, “ha sido brutal”. Ahí es cuando realmente tomas conciencia de lo que hemos creado.
Está claro que yo fui quien tuvo la idea y quien impulsó Cloud&Tips, pero ya no estoy sola. Detrás hay un equipo de mujeres que ha hecho suyo el evento, que lo cuida y consigue que todo ocurra. Y creo que esa es una de las cosas que más orgullo me da: comprobar que algo que nació en mi cabeza hoy también vive en ellas.
El precio que no se ve cuando una empresa crece
¿Qué precio has pagado por ser empresaria que casi nunca contamos cuando hablamos de emprendimiento?
He pagado con tiempo, con intranquilidad mental y con la sensación de no estar nunca del todo en un solo sitio.
Cuando estaba trabajando pensaba que debía estar descansando. Cuando descansaba pensaba que debería estar trabajando. Y cuando estaba con las personas que quiero, muchas veces una parte de mi cabeza seguía resolviendo problemas.
También he pagado el precio de sentir que nunca es suficiente. Consigues algo y, en lugar de celebrarlo, miras inmediatamente lo que falta. Durante años he vivido más pendiente del siguiente objetivo que de reconocer todo lo que ya habíamos logrado.
Y está la soledad de decidir. Puedes tener equipo, familia, amigos y personas que te aconsejen, pero hay decisiones que finalmente tienes que tomar tú. Y, si salen mal, también tienes que sostenerlas.
Emprender me ha dado una vida increíble, libertad y oportunidades que no habría imaginado, pero esa libertad también viene acompañada de una responsabilidad que pesa. Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.

Detrás de Cloud Estudio, Cloud&Tips, clientes, equipo, reuniones y todo lo demás sigue estando Sandra. ¿Qué has aprendido a proteger para que el trabajo no se lo lleve absolutamente todo?
Estoy aprendiendo a proteger mi energía y mi vida fuera de Cloud.
Necesito el mar, la naturaleza, entrenar, viajar, bucear, estar con mi familia y con las personas que quiero. Necesito momentos en los que nadie me pregunte por una campaña, un presupuesto o una fecha de entrega.
También estoy intentando proteger algo que para mí es muy difícil: el derecho a no ser productiva todo el tiempo. No convertir cada paseo en una idea de contenido ni cada conversación en una oportunidad de negocio.
No siempre lo consigo. Hay temporadas, como la previa a Cloud&Tips, en las que el trabajo ocupa muchísimo, pero ahora soy más consciente de que no puedo construir una empresa bonita a costa de desaparecer yo dentro de ella. Cloud es una parte enorme de mi vida, pero no puede ser toda mi identidad.
“No puedo construir una empresa bonita a costa de desaparecer yo dentro de ella”
Los próximos diez años de Cloud Estudio: provocar oportunidades
En Cloud&Tips este año estáis hablando mucho de provocar un «Efecto WOW». Si te lo llevo a tu propia vida, ¿qué te gustaría provocar tú en los próximos diez años?
Me gustaría provocar oportunidades.
Que dentro de diez años pueda mirar atrás y ver empresas que crecieron con nosotras, personas que encontraron trabajo, mujeres que se atrevieron a ocupar espacios, alumnos que pusieron en marcha sus proyectos y conexiones que empezaron en Cloud&Tips y terminaron convirtiéndose en algo grande.
Quiero que Cloud sea mucho más que una agencia, también construir un universo de servicios, formación, eventos, comunidad y proyectos propios, hacer crecer Cloud & Growth, seguir impulsando Cloud&Tips y demostrar que no hace falta irse fuera para crear cosas importantes.
También quiero una empresa más madura, más rentable y menos dependiente de que yo esté presente en absolutamente todo. Una empresa que me permita seguir creando sin vivir permanentemente apagando fuegos.
Y, en lo personal, quiero disfrutar más. Mirar menos lo que falta y celebrar más lo que hemos conseguido. Seguir siendo ambiciosa, pero sin que esa ambición me impida vivir.
Si dentro de diez años alguien me dice que una idea, una conversación, un evento o una oportunidad creada por Cloud cambió en algo su camino, para mí ese será el verdadero Efecto WOW.
La mirada de Mujeres sin Manual
Nadie nos da un manual para emprender. Sandra tampoco lo tuvo, aunque sí hubo algo que siempre tuvo claro: quería convertir aquella idea que rondaba por su cabeza en algo real.
Han pasado diez años desde entonces y, con Cloud Estudio al frente, el camino ha sido largo. Primero lo recorrió sola; ahora lo hace acompañada, aprendiendo por el camino algo que a muchas nos cuesta más de lo que reconocemos: confiar, delegar y aceptar que no todo tiene que pasar por nuestras manos para estar bien hecho.
En ese recorrido tampoco ha faltado el síndrome de la impostora. Ser mujer, joven y empresaria le ha hecho sentir muchas veces que tenía que demostrar más para ocupar determinados espacios. Hoy sigue entrando en algunas salas con nervios, pero hay algo que ha cambiado: ya no entra pidiendo permiso.
Y hay una parte del emprendimiento que no se ve: el cansancio, las dudas, la responsabilidad, las decisiones que pesan o esos momentos en los que una se pregunta si puede seguir así. Sandra los ha tenido y ha seguido adelante, aunque también ha entendido que seguir no siempre significa hacerlo de la misma manera.
Quizá por eso hoy habla de un liderazgo mucho más cercano y natural. De uno que no consiste en estar por encima de los demás ni en tener siempre todas las respuestas, sino en saber escuchar, confiar y conseguir que las personas que forman parte de un proyecto también puedan sentirlo suyo.
Y detrás de la empresaria, de la jefa, de Cloud y de todo lo que ha construido durante estos diez años, sigue estando Sandra. Una mujer inquieta, sí, pero también profundamente sensible y, en un mundo que durante demasiado tiempo nos ha hecho creer que para liderar había que endurecerse, conservar esa sensibilidad también es un pequeño tesoro.

