Una tarde cualquiera de invierno, Noelia Orihuela comenzó a escribir cuentos infantiles casi sin imaginar que aquella historia terminaría convirtiéndose en un proyecto compartido con su hija Elsa.
Aquella escena se repitió una tarde y otra hasta que Elsa le dijo: “Mamá, yo también quiero contar mi propia historia”.
Así fueron tomando forma los seis cuentos que hoy reúne Creando Mundos Juntos, el proyecto que Noelia y Elsa han construido juntas: ¿Soy un gigante?, Leo y su peluche Bato, Mi nueva amiga Amara, Martín y la canción más importante, Lucía y Patas, amigos inseparables y Lisa salva el mundo, esta última escrita por la propia Elsa. Historias ilustradas por ella que hablan de autoestima, amistad, generosidad, pantallas, sueños y cuidado del entorno desde situaciones cercanas a la infancia.
Todo empezó casi sin pretenderlo, cuando Noelia observó que las pantallas comenzaban a ocupar demasiado espacio en la vida de su hija y decidió buscar otra manera de volver a conectar con ella.
De aquellas tardes compartidas nacieron personajes y cuentos, pero también algo que atraviesa toda esta conversación: una forma de recuperar el tiempo juntas.
Hablamos con Noelia de infancia, creatividad, de las palabras que pueden dejar huella y de lo que ella misma ha descubierto mientras escribía junto a su hija.
Noelia Orihuela y los cuentos infantiles: una vocación inesperada
Antes de hablar de los cuentos, queremos conocerte a ti. ¿Quién es Noelia Orihuela?
Cuando era más joven, me enfadaba muchísimo cuando me decían que era pequeña o infantil y, ahora, mirando hacia atrás, creo que es una de las cosas más maravillosas que podían decirme, aunque entonces sonara a insulto. No hay nada más puro y bonito que la inocencia de los niños. Son tan auténticos y sinceros que no ven nada malo en ningún sitio.
Imagino que así sería yo: joven, inexperta, un poco soñadora y con ganas de comerme el mundo.
Con el tiempo crecí, me formé en la Universidad de Cádiz y trabajé como administrativa, formadora, azafata y en tiendas. Después llegó mi hija mayor, Cristina, que tiene 20 años, y años más tarde me casé con mi actual marido y nació Elsa, mi pequeña artista, como yo la llamo, y con la que no puedo parar de aprender, crear y soñar.
Actualmente estoy muy feliz con mis dos hijas y con mi marido, que me han apoyado durante todo el proceso de este proyecto que hemos creado juntas.
Creo que, de la misma manera que siento que he tenido dos vidas distintas, también soy como dos personas en una. Hay una parte de mí a la que le apasionan las normas, las leyes y seguir formándose. De hecho, ahora voy a hacer un curso de mediadora civil y mercantil para continuar creciendo y aprendiendo. Y hay otra parte soñadora y creativa, con ganas de contar cosas e intentar cambiar el mundo desde donde empieza todo: la infancia.
Eres diplomada en Relaciones Laborales y, a priori, la literatura infantil parece bastante alejada de tu trayectoria profesional. ¿Había una escritora escondida dentro de ti o este proyecto te ha descubierto una parte que no conocías?
Creo que es algo que he descubierto con este proyecto. Imagino que esa parte estaba ahí dentro, dormida, esperando el momento de despertar.
Nunca me había planteado que pudiera dedicarme a escribir literatura infantil, pero este proyecto me ha permitido descubrir una faceta de mí misma que no conocía y que me está haciendo disfrutar muchísimo.
“Imagino que esa parte estaba ahí dentro, dormida, esperando el momento de despertar”

Cómo alejar a los niños de las pantallas y recuperar el juego y la imaginación
Estos cuentos nacen cuando observas que Elsa empieza a dejar a un lado cosas que siempre le habían gustado —leer, jugar, imaginar— para pasar cada vez más tiempo delante de una pantalla. ¿Hubo un momento en el que pensaste: “tengo que hacer algo”?
Sí. Hubo un momento decisivo en el que su hermana mayor y yo nos dimos cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Elsa es una niña divertida e inquieta y empezó a quedarse muchas horas en silencio, metida en su habitación, pendiente de la pantalla. Fue entonces cuando decidí alejarla de ahí para recuperarla.
Es una situación que seguramente resulte familiar a muchas familias. Queremos que nuestros hijos utilicen la tecnología, pero también vemos cómo puede llegar a absorberlos. ¿Cómo has vivido esa lucha entre poner límites y no sentir que estás librando continuamente una batalla con tu hija?
Hay que seguir luchando diariamente. Como se suele decir, se ha ganado una batalla, pero no la guerra. Es algo tan adictivo que cuesta mucho conseguirlo del todo, por eso los padres tenemos que seguir trabajando día a día.
No podemos relajarnos ni pensar que ya está conseguido, porque las pantallas, las redes sociales y YouTube van a seguir formando parte de la vida de todos los niños.
Las pantallas son una herramienta muy útil y accesible, pero precisamente por eso es muy fácil volver atrás: con solo apretar un botón tienen a su alcance un mundo de posibilidades que les divierten y entretienen. En cambio, crear, jugar, imaginar o buscar otras formas de entretenimiento requiere más trabajo, esfuerzo y, sobre todo, iniciativa.
Por eso, como padres, tenemos que seguir acompañándolos, poniendo límites y ayudándoles a descubrir que también pueden disfrutar sin depender constantemente de una pantalla.
Y en lugar de limitarte a quitarle el móvil o la tablet, decidiste intentar devolverle algo que las pantallas estaban desplazando: la imaginación. ¿Cómo surgió aquella primera tarde en la que te sentaste a escribir?
Una tarde cualquiera de invierno me senté a escribir historias.
Ella se acercaba con curiosidad para saber qué estaba haciendo. Yo le hablaba de los personajes, ella los imaginaba y los dibujaba a mi lado. Y así, poco a poco, fuimos creando uno tras otro. Hasta que una de aquellas tardes de invierno me dijo: “Mamá, yo también quiero contar mi propia historia”.
Y así nació el último de los seis cuentos.
Han pasado ya casi nueve meses desde entonces y llevamos todo este tiempo trabajando juntas en este proyecto que comenzó casi sin darnos cuenta, entre historias, dibujos e imaginación.
“Cada una de esas tardes frías de invierno se convertía en una cálida tarde llena de risas y juegos”
Crear cuentos infantiles entre madre e hija: el proyecto de Noelia y Elsa
¿Qué sentiste cuando viste que aquello que había nacido para reconectar con Elsa había conseguido precisamente eso?
Me sentí plena y feliz, como cualquier madre que disfruta junto a su hija compartiendo tiempo de verdad, tiempo de calidad.
Cada una de esas tardes frías de invierno se convertía en una cálida tarde llena de risas y juegos.
Sin apenas darnos cuenta, pasaban las horas creando e imaginando juntas. Ha sido una de las experiencias más bonitas que una madre y una hija puedan vivir y, además, creo que le dejó un legado precioso que siempre la acompañará a lo largo de su vida.
En el libro las ilustraciones son de Elsa y, además, tiene una colaboración especial en la última historia. ¿Cómo ha sido aprender a crear juntas sin que tú fueras simplemente “la madre que dirige” y ella “la niña que participa”?
Elsa siempre ha sido una niña muy inteligente, con muchas inquietudes, a la que le ha apasionado la lectura, como a mí, y a la que le encanta jugar, crear e imaginar mil cosas.
Es la niña de las mil preguntas, de esas que, a veces, ni yo misma sé responder. Por eso, trabajar con ella en este proyecto ha resultado muy fácil y, sobre todo, muy enriquecedor.
Me ha sorprendido mucho cómo ha sabido captar rápidamente la esencia de las historias y de sus personajes, cómo ha conseguido darles vida y cómo ha sido capaz de escribir una de ellas manteniendo la misma línea que los demás cuentos, pero adaptándola a su edad y aportándole ese toque mágico que solo los niños saben dar.
¿También has tenido que aprender a escuchar sus ideas y dejarte sorprender por su manera de mirar el mundo?
Sí. Elsa tiene miles de ideas, una detrás de otra. Algunas son divertidas, otras disparatadas, pero todas nacen de una manera de mirar el mundo muy limpia y especial, como solo saben hacerlo los niños: con curiosidad, con ilusión y con ganas de cambiar las cosas.
Y, sobre todo, de mejorarlas.
Autoestima infantil: el impacto de las palabras y la importancia de escuchar a los niños
Cuando Elsa era pequeña y leías cuentos con ella, empezaste a darte cuenta de que muchas historias tradicionales colocaban a las mujeres en papeles con los que ya no te sentías cómoda. ¿Cuándo comenzaste a cuestionarte los cuentos que llevamos generaciones leyendo a nuestros hijos?
Me di cuenta ya de adulta, a medida que iba leyendo cuentos a mis hijas, de que muchos de los mensajes que transmitían no me gustaban.
En muchos de ellos, la mujer aparecía en situaciones que hoy no representan el mundo en el que vivimos. Otros cuentos, además, presentaban historias muy alejadas de la realidad cotidiana de los niños, de sus experiencias y de las situaciones que pueden vivir en su día a día.
Por eso pensé que quería contar nuestras propias historias de una forma más natural y cercana. Historias en las que no hubiera personajes malvados, sino personas que podemos encontrarnos en el colegio, compañeros de clase o amigos que, a veces, pueden equivocarse con un comentario y hacer daño sin darse cuenta.
Pero también personas capaces de ayudar a otras que lo han perdido todo a causa de una catástrofe natural, compartiendo con ellas lo que tienen.
En vuestras historias no encontramos grandes villanos. Hay compañeros, profesores, familias, niños que se equivocan, palabras que duelen… ¿Era importante para ti enseñar que muchas veces quien nos hace daño no es “malo”, sino alguien que también puede equivocarse y aprender?
Claro. Es muy importante entender que, a veces, quien más daño te hace es quien más cerca está; alguien a quien ves día a día y que no necesariamente es una mala persona, sino simplemente alguien que se equivoca, que tiene inseguridades como todos y que puede hacer daño con sus palabras sin darse cuenta.
El poder de una palabra, de un comentario, puede ser más letal que cualquier otra cosa.
En una de las historias, cuando Valentina recibe un comentario sobre su físico, por primera vez “deseó ocupar menos espacio”. ¿Somos los adultos realmente conscientes de la huella que puede dejar una frase aparentemente inocente en la autoestima de un niño?
No somos conscientes en absoluto. Es algo que hacemos todos los adultos a diario cuando les decimos a los niños frases cotidianas y casi rutinarias como: “¡Qué niña más alta, por Dios!”, “¡Qué pequeña eres!”, “Anda, siéntate, que no paras”, o cuando hacemos comparaciones con algún hermano o hermana: “Seguro que tu hermana lo hace mejor” o “¿Cómo te cuesta tanto entenderlo?”.
Son frases que se quedan grabadas en los niños, sobre todo durante la infancia, y que pueden hacer bastante daño a largo plazo, afectando a su autoestima y a la imagen que construyen de sí mismos.
“Ellos también tienen problemas propios de su edad, que son igual de importantes para ellos como los nuestros lo son para nosotros”
¿Qué has descubierto durante estos meses sobre las preocupaciones de los niños que quizá antes, como adulta e incluso como madre, no alcanzabas a ver de la misma manera?
Es un proyecto muy especial porque nos ha ayudado mucho a las dos a crecer y desarrollarnos como personas.
A mí, como madre, me ha ayudado a entender mucho mejor el mundo de los pequeños y lo difícil que, a veces, puede ser para ellos pasar un día en el cole, con sus inseguridades o sin saber muy bien cómo actuar ante muchas de las situaciones cotidianas.
Has dicho que muchas veces los adultos restamos importancia a los problemas de los niños porque, desde nuestra mirada, parecen pequeños. ¿Qué necesitamos aprender para escucharlos de verdad y no medir sus preocupaciones con nuestra escala?
Los adultos tendemos a pensar que nuestros problemas son los más importantes que existen y que son los únicos que importan, pero ellos también tienen problemas propios de su edad, que son igual de importantes para ellos como los nuestros lo son para nosotros.
Por eso debemos ayudarles y, sobre todo, escucharlos.
Cuentos infantiles sobre diversidad, inclusión, generosidad y situaciones reales
Cada cuento aborda una realidad distinta: diversidad, inclusión, medio ambiente, amistad, generosidad, pantallas… pero has querido evitar la típica moraleja final. ¿Por qué era importante que los niños llegaran al mensaje a través de la historia?
Quería acercar historias normales a los niños. Cada cuento tiene su propia historia y su propio mensaje, pero todos parten de una idea común: ayudar a los niños a crecer entendiendo que lo que sentimos, lo que hacemos y cómo tratamos a los demás importa.
Por eso, cada cuento tiene un valor tratado de forma sutil y sencilla, sin entrar en una moraleja, para que sean ellos mismos quienes se den cuenta a través de historias que, en alguna ocasión, también han podido vivir.
En Leo y su peluche Bato lleváis al lector hasta un pueblo de la Sierra de Cádiz golpeado por unas lluvias intensas y habláis del miedo, de perder temporalmente aquello que sentimos como nuestro y de la solidaridad. ¿De dónde nace esta historia?
La historia nace de un suceso que ocurrió en la Sierra de Cádiz el pasado año y que conmovió a todo un país.
Nos emocionó especialmente la generosidad que mostró todo un pueblo al ofrecer sus casas para ayudar a los vecinos de Grazalema ante la borrasca Leonardo. De ahí que el pequeño protagonista de esta historia se llame Leo. Quería transmitir a los niños la importancia de no olvidar nunca un valor tan esencial como la generosidad porque, con pequeños gestos, podemos conseguir grandes cosas: ayudar a los demás, compartir y, sobre todo, hacer felices a muchas personas.

Lectura, juego y tiempo en familia más allá de las páginas de un cuento
Este proyecto empezó porque querías recuperar tiempo con tu hija. ¿Qué te ha regalado como madre que no esperabas encontrar cuando escribiste aquella primera historia?
Me ha regalado muchas tardes de risas, muchos momentos de complicidad y la oportunidad de volver a la niñez, de jugar como cuando era niña.
Y, sobre todo, me ha regalado tiempo; ese tiempo de calidad que a veces nos falta porque lo ocupamos en las tareas del día a día, que tanto nos absorben.
“Me ha regalado tiempo; ese tiempo de calidad que a veces nos falta porque lo ocupamos en las tareas del día a día”
Vuestro objetivo tampoco es que el niño termine el cuento, cierre el libro y ahí acabe todo. ¿Te gustaría que el verdadero final de estos cuentos ocurriera precisamente fuera de sus páginas?
Sí, claro. Esa es la idea desde el principio: leerlos, reinventarlos, crear nuevas historias con los personajes y, en definitiva, imaginar y jugar juntos a través de la lectura.
Eso es lo que nos gustaría que ocurriera con los cuentos. No queremos que se queden en una estantería una vez leídos, sino que se conviertan en una herramienta de juego y aprendizaje.
El sueño de Noelia y Elsa: llevar sus cuentos a colegios, bibliotecas y librerías
Y ahora que aquello que empezó casi como una necesidad íntima entre una madre y una hija se ha convertido en un proyecto real, ¿qué sueño tienes para estos seis cuentos?
Me encantaría que formaran parte de ludotecas, librerías y colegios, para que todos los niños pudieran acceder fácilmente a ellos.
Sé que es algo ambicioso para ser el primero, pero de eso tratan los sueños: de perseguir no lo imposible, sino aquello que parece difícil.
Me imagino leyéndolos junto a mi hija Elsa en los colegios, compartiendo las historias con los niños y, después, jugando con los recortables en las ludotecas, dando vida a esos personajes más allá de las páginas, pero, sobre todo, lo que más ilusión nos hace es pensar que estos cuentos puedan llegar al corazón de muchos niños y también de los adultos que los acompañan.
Quiero terminar contigo, no con el libro. Si dentro de unos años Elsa vuelve a abrir estos cuentos y recuerda aquellas tardes en las que os sentabais juntas a inventar personajes, dibujar y crear historias, ¿qué te gustaría que recordara de ti y de todo este tiempo que compartisteis?
Lo felices que fuimos haciéndolo y lo bien que lo pasamos durante todo el proceso, sin duda.
Porque, al final, de eso trata este proyecto: de reír, imaginar, jugar juntas y disfrutar de ese tiempo compartido, que es lo que realmente importa. Con la edad te das cuenta de que una de las cosas más valiosas de esta vida no cuesta dinero ni es material: es el tiempo que compartimos con las personas que queremos y los momentos que vivimos juntos.
La Mirada de Mujeres sin Manual
Hay historias que, sin pretender dar lecciones, consiguen colocarnos delante de una realidad que conocemos demasiado bien.
Vivimos deprisa.
Trabajamos, organizamos la casa, cuidamos, resolvemos, llegamos a una cosa mientras pensamos ya en la siguiente. Y, en medio de todo eso, el tiempo sigue pasando. También para nuestros hijos.
Por eso, la historia de Noelia nos deja una mirada que merece quedarse con nosotras. Se ha convertido en ese referente de madre que, al darse cuenta de que una pantalla estaba ocupando un espacio cada vez mayor entre ella y su hija, decidió buscar la manera de recuperar ese tiempo juntas. No hizo falta un gran plan. Empezó escribiendo una tarde cualquiera. Elsa se acercó. Después llegaron los dibujos, las preguntas, los personajes, las risas y seis cuentos.
Y lo verdaderamente valioso quizá no sean solo esos cuentos.
Es el tiempo que hubo detrás.
Ese tiempo que para tantas madres es oro porque mientras estamos inmersas en el trabajo, la casa, las responsabilidades y el cuidado de los demás, podemos olvidar algo tan sencillo como inevitable: nuestras hijas crecen. Y lo hacen mucho más rápido de lo que creemos.
Llegará un día en que ya no tendrán diez años. En que aquellas tardes que parecían una más serán recuerdos y, por mucho que queramos, no podremos regresar a ellas.
Quizá por eso lo importante no sea encontrar continuamente grandes planes para compartir con nuestros hijos. Ni llenar cada tarde de actividades extraordinarias. Lo importante es entender el valor de ese tiempo mientras todavía lo tenemos.
Noelia quiso recuperar a Elsa de una pantalla y acabó creando un mundo junto a ella.
Y quizá esa sea la mirada que nos llevamos de esta historia: no importa tanto qué hagamos con el tiempo compartido. Importa haber estado ahí para vivirlo.

