Nesa Lubart: “Durante años pensé que ser escritora era un sueño demasiado grande para mí”

Durante años, la escritura fue ese sueño que siempre podía esperar. Hasta que la vida la obligó a detenerse. En 2022, Nesa Lubart publicó su primera novela; hoy suma diez libros y da forma a Semillas Literarias, un proyecto con el que quiere ayudar a niños y niñas a descubrir el valor de su propia voz.

Antes de Nesa Lubart estuvo Vanesa. Una mujer de Jerez, madre de tres hijos, inquieta, sensible y profundamente observadora que desde pequeña encontró en las palabras una forma de guardar aquello que sentía. Escribía diarios, inventaba historias y, ya en el instituto, imaginaba finales diferentes para aquellas que no terminaban como a ella le habría gustado.

Estudió Historia, aunque dejó la carrera cuando se quedó embarazada de su primera hija. Después se formó en Administración y llegaron el trabajo, la maternidad y las responsabilidades.

La escritura continuó ahí, pero siempre esperando su turno hasta que la vida se detuvo de golpe. Un ictus y la depresión posterior hicieron que dejara de reconocerse y, en medio de aquel proceso, recuperó una novela que llevaba años guardada en un cajón.

En 2022 publicó Yo a ti más. Cuatro años después, ha publicado diez libros y ha sido reconocida con el Premio Internacional Cultural Mujer y Poder en Literatura por La Tormenta, pero por el camino ha ocurrido algo más: la escritora ha empezado a convertirse también en emprendedora con Semillas Literarias, un proyecto nacido para acercar la escritura a los colegios y conseguir que niños y niñas descubran que ellos también tienen historias que merecen ser contadas.

Su historia nos habla de libros, sí, pero también de sueños aplazados, de cuidados, de miedo, de reconstrucción y de esa pregunta que tantas veces aparece cuando una mujer decide volver a ponerse en el centro de su propia vida: ¿y si todavía estoy a tiempo?

Antes de Nesa Lubart, estaba Vanesa

Antes de conocer a Nesa Lubart, queremos conocer a Vanesa. ¿Quién es la mujer que hay detrás de ese nombre y qué parte de ti aparece inevitablemente cada vez que escribes?

Vanesa es una mujer de Jerez, madre de tres hijos, inquieta, sensible y profundamente observadora. Durante muchos años fui dejando mis propios sueños para después, hasta que un día comprendí que escribir no era solo algo que me gustaba hacer, sino una parte esencial de quién soy.

Nesa Lubart nació entonces como mi nombre de autora, pero detrás de ella sigo estando yo, con mis contradicciones, mis miedos y también con la valentía que he ido descubriendo por el camino.

Cada vez que escribo aparece inevitablemente mi forma de mirar a quienes se sienten diferentes, invisibles o fuera de lugar. Aparecen mis raíces, mi familia, las heridas que me han hecho crecer y esa necesidad de convertir lo que duele, incomoda o emociona en una historia. Creo que Nesa escribe lo que Vanesa observa, siente y, muchas veces, no sabe expresar de otra manera.

Has contado que escribías diarios desde pequeña y que ya en el instituto imaginabas historias y diferentes finales. ¿Recuerdas cuándo pensaste por primera vez «algún día quiero ser escritora»?

No recuerdo un instante concreto en el que pensara “quiero ser escritora”. De niña escribía diarios porque necesitaba guardar lo que sentía y, en el instituto, inventaba historias y cambiaba los finales que no me gustaban. Escribir formaba parte de mí mucho antes de que me atreviera a ponerle un nombre.

Durante años, ser escritora me pareció uno de esos sueños que pertenecían a otras personas. No fue hasta mucho después cuando pensé: “Quizá esto también pueda ser para mí”. Ahí comprendí que no acababa de convertirme en escritora; llevaba toda la vida siéndolo, aunque todavía no me hubiera atrevido a reconocerlo.

Estudiaste Historia y después te formaste en Administración, ámbito en el que has desarrollado buena parte de tu trayectoria profesional. ¿Por qué crees que aquel sueño de escribir fue quedándose durante tantos años en un segundo plano?

Porque la vida fue marcando otras prioridades. Dejé los estudios de Historia cuando me quedé embarazada de mi primera hija y, a partir de entonces, llegaron la maternidad, el trabajo y las responsabilidades diarias. Me formé en Administración porque necesitaba encontrar una salida profesional estable y durante muchos años concentré mi energía en cuidar, trabajar y sacar adelante a mi familia.

Escribir seguía ahí, pero siempre esperaba a que hubiera tiempo, y ese tiempo casi nunca llegaba. También influía la inseguridad al pensar que ser escritora era algo demasiado grande o reservado para otras personas. Con los años comprendí que aplazar continuamente un sueño también es una forma de ir renunciando a una parte de ti. Por eso, cuando decidí recuperarlo, no sentí que estuviera empezando algo nuevo, sino que estaba regresando a mí.

“Aplazar continuamente un sueño también es una forma de ir renunciando a una parte de ti”

El día en que decidió ponerle fecha a un sueño

En una de tus primeras entrevistas dijiste algo que me llamó la atención: que un día decidiste “ponerle fecha” a tu sueño de ser escritora. ¿Qué ocurrió para que dejaras de pensar “algún día” y decidieras que había llegado el momento?

Todo cambió cuando sufrí un ictus. Después llegó una depresión y mi vida, tal como la conocía, se detuvo por completo. Me sentía inútil, como si hubiera dejado de ser la mujer, la esposa y la madre que debía ser. Llegué a sentirme un fraude en todos los ámbitos de mi vida y perdí la capacidad de reconocerme.

Fue entonces cuando decidí publicar una novela que llevaba escrita desde hacía años. Había hecho una promesa a mi marido y sentí que había llegado el momento de cumplirla. Ponerle una fecha a aquel sueño fue mi manera de dejar de aplazarlo y de dar el primer paso para recuperar una parte de mí.

También has contado que tu pareja tuvo mucho que ver en ese paso y que te hizo prometerle que pondrías fecha a la publicación. ¿Qué importancia ha tenido tener a alguien que creyera en ti quizá en momentos en los que tú todavía dudabas?

Ha sido fundamental. En aquel momento yo no confiaba en mí misma ni era capaz de ver todo lo que él veía en mí. Joseph me hizo prometerle que empezaría a mirar también por mí y que publicaría aquel libro que llevaba muchos años escrito y escondido en un cajón.

Entre los dos pusimos una fecha de publicación y comenzamos el proceso: la revisión, la maquetación y cada uno de los pasos necesarios para convertir aquel manuscrito en un libro. Él estuvo presente durante todo el camino, sosteniendo mi confianza cuando yo todavía dudaba.

A veces necesitamos que alguien crea en nosotros hasta que conseguimos volver a hacerlo por nosotros mismos. Cumplir aquella promesa no solo significó publicar mi primera novela; también fue comenzar a recuperar mi lugar y a creerme la mujer que él nunca había dejado de ver.

“A veces necesitamos que alguien crea en nosotros hasta que conseguimos volver a hacerlo por nosotros mismos”

Nesa Lubart: de una novela escondida en un cajón a diez libros

En 2022 publicaste Yo a ti más, tu primera novela, y decidiste autopublicarla. ¿Qué recuerdas de aquel momento en el que tu historia dejó de ser algo tuyo y empezó a estar en manos de lectores que podían emocionarse, juzgarla o no conectar con ella?

Tuve los nervios más bonitos que se pueden tener. Recuerdo recibir el primer ejemplar, abrirlo, oler sus páginas y ver mi nombre en la cubierta. Sostener entre mis manos una historia escrita por mí y ambientada, además, en mi ciudad fue un sueño hecho realidad.

También sentí vértigo porque aquella historia que durante tantos años había sido solo mía dejaba de pertenecerme. A partir de ese momento, cada lector podía emocionarse, juzgarla o no conectar con ella. Publicar fue exponerme, pero también descubrir que mis palabras podían llegar a otras personas. Y cuando los lectores me contaron que se habían emocionado con la novela, comprendí que todos aquellos nervios y temores habían merecido la pena.

Cuatro años después has publicado diez libros. ¿En algún momento te has parado a pensar en todo lo que ha ocurrido desde aquella primera novela o eres de las que enseguida está pensando en lo siguiente? Y, de todos esos libros, ¿hay alguno que ocupe un lugar especialmente importante para ti?

Soy de las que enseguida está pensando en lo siguiente.

Siempre tengo una historia, una idea o un proyecto rondándome la cabeza, y pocas veces me detengo a contemplar lo conseguido, pero cuando lo hago y pienso que, en solo cuatro años, he publicado diez libros, me cuesta creer que aquella mujer que escondía su primera novela en un cajón sea la misma que soy hoy.

Todos ocupan un lugar importante porque cada uno pertenece a un momento distinto de mi vida, pero Yo a ti más siempre será especial porque fue el primero, el que cumplió aquella promesa y el que cambió mi historia.

Y ERROR 404. Diversidad no encontrada representa especialmente a la autora que soy ahora porque recoge mi compromiso con quienes se sienten diferentes, invisibles o fuera de lugar. Uno me abrió el camino y el otro define hacia dónde quiero seguir avanzando.

Escribir para emocionar, pero también para remover

Cuando empezaste ya hablabas de una relación de “amor-odio” con las redes y de la presión por tener seguidores para conseguir visibilidad como escritora. Cuatro años después, ¿sientes que hoy se valora más una buena historia o la capacidad del autor para hacerse visible y construir una comunidad alrededor de ella?

Creo que hoy una buena historia no siempre es suficiente para llegar a los lectores. La visibilidad pesa muchísimo y, en ocasiones, parece que antes de interesarse por lo que has escrito se mira cuántos seguidores tienes. Para una autora independiente, eso supone aprender a comunicar, promocionarse y estar constantemente presente. Esa es una parte del trabajo que puede llegar a ocupar más tiempo que la propia escritura.

Sin embargo, con los años he entendido que no se trata solo de acumular seguidores, sino de construir una comunidad real.

Las redes me han permitido conocer a lectores, escuchar lo que mis historias les han hecho sentir y crear vínculos que van más allá de una cifra. Sigo manteniendo esa relación de amor-odio con ellas porque son un escaparate necesario, pero creo que no deberían convertirse en la medida del talento de un autor.

La visibilidad puede conseguir que alguien abra un libro; solo la historia puede lograr que quiera quedarse en él.

“La visibilidad puede conseguir que alguien abra un libro; solo la historia puede lograr que quiera quedarse en él”

Has escrito novela romántica, literatura infantil y juvenil y has ido explorando registros diferentes. ¿Hay algún género en el que hayas descubierto una Nesa que ni siquiera tú sabías que existía?

Sí, en la literatura juvenil. Con ERROR 404. Diversidad no encontrada descubrí una Nesa mucho más valiente, directa y comprometida de lo que imaginaba.

Una autora dispuesta a hablar de aquello que incomoda, a cuestionar lo que hemos normalizado y a poner el foco en quienes tantas veces se sienten invisibles o fuera de lugar.

Hasta entonces había contado historias para emocionar, pero con esta novela comprendí que también quería escribir para remover, provocar preguntas y abrir conversaciones necesarias. La literatura juvenil me permitió acercarme a temas complejos sin perder la sensibilidad y, sobre todo, me ayudó a descubrir con mayor claridad qué clase de autora quiero ser.

Gala del concurso literario infantil impulsado por Nesa Lubart
Semillas Literarias nació para que niños y niñas descubran que sus historias y su voz también merecen ser escuchadas.

Semillas Literarias: descubrir que ellos también tienen algo que contar

Y entonces aparece Semillas Literarias. ¿En qué momento pasaste de querer contar tus propias historias a querer ayudar a niños y niñas a descubrir que ellos también tenían historias que contar?

Ese cambio comenzó cuando entré en contacto directo con los niños y niñas en los colegios. Hasta entonces, mi lugar estaba al otro lado del libro. Yo escribía y ellos leían, pero al escucharlos, compartir con ellos cómo nace una historia y ver la ilusión con la que imaginaban sus propios personajes, comprendí que quería ir más allá.

Me di cuenta de que no solo quería contarles mis historias, sino ayudarles a descubrir las suyas. Quería ofrecerles las herramientas y la confianza que muchas veces nos faltan para atrevernos a escribir, equivocarnos y encontrar nuestra propia voz. De esa necesidad nació Semillas Literarias y de entender que quizá mi papel no era únicamente sembrar historias en otros, sino enseñarles a reconocer las que ya estaban creciendo dentro de ellos.

Hay una idea que repites al hablar del proyecto y que me parece preciosa: conseguir que los niños sientan que su voz importa. ¿Crees que a veces los adultos escuchamos demasiado poco lo que los niños tienen que decir?

Sí, creo que muchas veces los adultos oímos a los niños, pero no siempre los escuchamos de verdad. Con frecuencia lo hacemos pensando en corregirlos, enseñarles o darles una respuesta rápida, en lugar de detenernos a comprender qué están intentando expresar.

Además, no siempre cuentan lo que sienten de una forma directa. A veces lo hacen a través de un personaje, de una historia aparentemente fantástica o incluso de un silencio. Cuando un niño percibe que va a ser juzgado o que puede equivocarse, aprende a guardar su voz.

Decirles que su voz importa no significa darles siempre la razón, sino hacerles sentir que sus ideas, emociones y preguntas merecen ser atendidas. La escritura puede ofrecerles ese espacio seguro: un lugar donde expresarse, conocerse y descubrir que aquello que llevan dentro también merece ser contado.

Un niño, siete historias y una semilla que empezó a crecer

El concurso literario que pusiste en marcha ha ido creciendo y en su tercera edición participaron más de 70 estudiantes de seis centros educativos de Jerez. ¿Hay alguna historia, algún niño o algún momento vivido en estos años que te haya hecho pensar: “por esto merece la pena”?

Recuerdo perfectamente cómo empezó todo. Durante una de mis visitas a un colegio, un niño se interesó muchísimo por la escritura y me dijo que quería escribir una historia para que yo la leyera. Al principio pensé que sería una ilusión del momento, pero al día siguiente me llamó la directora para contarme que ya eran siete los alumnos que estaban escribiendo una historia para mí.

Así nació el concurso, de la petición inocente de un niño que se quedó fascinado al descubrir que los escritores somos personas normales y que él también podía escribir. Es un recuerdo que nunca olvidaré, porque demuestra que una pequeña chispa puede encender algo enorme.

Y cada año vuelvo a pensar durante la gala “por esto merece la pena” al percibir la emoción, la inocencia, la felicidad y el compañerismo que transmiten los niños ese día. Ver cómo celebran sus historias y también las de sus compañeros es, sencillamente, brutal.

Nesa Lubart firmando ejemplares de sus libros
En apenas cuatro años, Nesa Lubart ha pasado de guardar sus historias en un cajón a publicar diez libros.

Cuando un proyecto con alma también necesita números

Semillas Literarias está haciendo que empieces a mirarte no solo como escritora, sino también como emprendedora. Tú misma has reconocido que aparecen dudas, números y preguntas como “¿seré capaz?”. ¿Qué te está costando más de convertir algo que nació de la ilusión en un proyecto que también tiene que ser sostenible y crecer?

Lo que más me está costando es aprender a poner números, estructura y estrategia a algo que nació desde la emoción.

Cuando un proyecto surge de la ilusión y del deseo de ayudar, resulta difícil poner precio a tu trabajo, hablar de rentabilidad o tomar decisiones empresariales sin sentir que estás alejándote de su esencia.

También supone mirarme desde un lugar completamente nuevo. Como escritora me siento en casa; como emprendedora todavía aparecen el miedo, el síndrome de la impostora y la pregunta constante de si seré capaz de convertir esta idea en algo sostenible.

Estoy aprendiendo que profesionalizar Semillas Literarias no significa restarle sensibilidad, sino darle raíces firmes para que pueda crecer y llegar a más niños. Ese cambio de mirada está siendo uno de mis mayores retos, pero también uno de los aprendizajes más importantes de esta etapa.

“Como escritora me siento en casa; como emprendedora todavía aparecen el miedo, el síndrome de la impostora y la pregunta de si seré capaz”

Este año Semillas Literarias fue seleccionado para participar en The Break Andalucía, un programa de impulso al emprendimiento femenino. ¿Qué estás descubriendo de ti en esta nueva faceta de emprendedora que quizá no habías descubierto escribiendo?

Estoy descubriendo que tengo una capacidad para liderar, tomar decisiones y defender mis ideas que no sabía que poseía.

Escribir es un proceso muy íntimo y solitario; emprender, en cambio, me obliga a salir, explicar lo que hago, escuchar otras miradas, pedir ayuda y sentarme en espacios en los que a veces todavía me pregunto si pertenezco.

The Break Andalucía me ha ayudado a comprender que no solo soy capaz de imaginar un proyecto, sino también de darle forma, cuestionarlo y hacerlo crecer. Estoy aprendiendo a hablar de Semillas Literarias con seguridad, a reconocer su valor y a aceptar que no tengo que saber hacerlo todo sola.

Quizá lo más importante sea que estoy descubriendo una Vanesa más valiente de lo que pensaba. Una mujer capaz de transformar una experiencia personal y una inquietud educativa en un proyecto con propósito y con posibilidades reales de futuro.

La creatividad no debería ocupar el tiempo que sobra

Asignaturas vinculadas al arte, la escritura o la creatividad muchas veces parecen ocupar un lugar secundario frente a otras materias. ¿Crees que se sigue infravalorando en el ámbito educativo el papel que tienen en el desarrollo de los niños?

Sí, creo que todavía se consideran con demasiada frecuencia materias complementarias como si fueran un entretenimiento y no una parte esencial del aprendizaje.

Pienso que, cuando un niño escribe, no solo aprende a construir una historia. Ese niño aprende a ordenar sus pensamientos, expresar lo que siente, ponerse en el lugar de otros, resolver problemas y comunicar sus ideas con claridad.

La creatividad no compite con las matemáticas, las ciencias o cualquier otra materia; las atraviesa y las enriquece. Un niño que desarrolla su imaginación y pierde el miedo a equivocarse también está mejor preparado para buscar soluciones, formular preguntas y pensar de manera crítica.

Por eso debemos dejar de tratar el arte y la escritura como un premio para cuando sobra tiempo. Darles espacio en la educación es ofrecer a los niños herramientas para comprender el mundo, pero también para comprenderse a sí mismos y descubrir de qué son capaces.

Mirar atrás y poder decir: “Lo hiciste”

Y también acaba de llegar un reconocimiento muy especial, el Premio Internacional Cultural Mujer y Poder en Literatura por La Tormenta. ¿Qué significa recibir un premio así después de haber pasado tantos años pensando que ser escritora era un sueño difícil de alcanzar?

Significa muchísimo porque durante años pensé que ser escritora era un sueño demasiado grande para mí. Recibir este reconocimiento me obliga a mirar atrás y recordar a aquella mujer que guardaba sus historias en un cajón porque no se sentía preparada para mostrarlas.

La Tormenta nació de un lugar muy íntimo, de todo aquello que puede sacudirnos y cambiar nuestra vida. Y que, precisamente, este relato haya sido reconocido tiene para mí un significado especial. Confirma que incluso las experiencias más difíciles pueden transformarse en algo capaz de emocionar a otras personas.

El premio no borra las dudas ni hace que el camino haya sido fácil, pero sí me recuerda que mereció la pena atreverme. Más que sentir que ya he llegado, siento que aquella mujer que soñaba con ser escritora por fin puede mirarse y decir: “Lo hiciste”.

«No encontré ningún manual, así que terminé escribiendo el mío»

Y llegamos a nuestra pregunta de Mujeres sin Manual: ¿cuál ha sido ese momento de tu vida en el que sentiste que nadie te había dado un manual para lo que estabas viviendo?

Ese momento llegó después de sufrir el ictus. Nadie me había explicado cómo continuar cuando tu vida cambia de repente y tú dejas de reconocerte. Tampoco existe un manual para sentirte agradecida por seguir viva y, al mismo tiempo, completamente perdida o para afrontar una depresión mientras intentas seguir siendo madre, esposa y mujer cuando sientes que estás fallando en todo.

Tuve que aprender a reconstruirme sin saber muy bien por dónde empezar. Lo hice poco a poco, apoyándome en mi familia y recuperando aquella parte de mí que llevaba años escondida, la escritura.

No encontré ningún manual para atravesar aquel momento, así que terminé escribiendo el mío. Primero fue una novela guardada en un cajón; después llegaron otras historias, los niños, Semillas Literarias y una nueva forma de entenderme. Sigo sin tener todas las instrucciones, pero ya no necesito conocer el camino completo para atreverme a dar el siguiente paso.

Si hoy pudieras encontrarte con aquella Vanesa adolescente que escribía en sus diarios e imaginaba historias, pero veía ser escritora como un sueño casi inalcanzable, ¿qué crees que sentiría al saber todo lo que habéis construido juntas?

Esta pregunta me emociona especialmente. Es tanto lo que hemos atravesado para llegar hasta aquí que quiero pensar que aquella Vanesa se sentiría orgullosa. No solo por los diez libros, el premio o Semillas Literarias, sino porque, a pesar de todo, nunca dejamos de imaginar historias.

Creo que la abrazaría y le diría que aquel sueño que veía tan lejano terminaría encontrando su momento, que habría días en los que se sentiría perdida y tormentas que cambiarían su vida por completo, pero que dentro de ella siempre existiría una forma de volver a empezar.

La vida no siempre nos permite elegir las tormentas que atravesamos, pero sí qué hacemos después de ellas. Nosotras elegimos seguir adelante, volver a encontrarnos y transformar cada herida en una nueva página.

La mirada de Mujeres sin Manual

Hay sueños que no abandonamos, simplemente los vamos colocando al final de la lista. Después del trabajo, de los hijos, de las responsabilidades, de todo aquello que parece más urgente. Y nos convencemos diciéndonos que “luego lo haré”, “cuando tenga tiempo”, “ya llegará el momento”… y así, casi sin darnos cuenta, podemos pasar años posponiendo aquello que también forma parte de quienes somos.

Quizá por eso la historia de Nesa Lubart me hace pensar inevitablemente en el tiempo. En ese tiempo que damos por hecho, que creemos que siempre estará ahí esperando a que terminemos todo lo demás. Y, sin embargo, probablemente sea lo más valioso que tenemos, porque la realidad es que no sabemos cuánto nos queda ni cuándo la vida puede cambiar nuestros planes sin pedir permiso.

Nesa Lubart lo sabe bien. Atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida, un ictus y una depresión que hicieron que dejara incluso de reconocerse. Y no quiero romantizar ese dolor porque hay experiencias de las que una no sale siendo “más fuerte”, pero sí hay algo que admiro profundamente en su historia: en medio de aquel momento consiguió volver a mirarse, recuperar un sueño que llevaba demasiado tiempo esperando y empezar a trabajar para hacerlo realidad.

Por eso hoy veo en Nesa a una mujer referente. No solo por haber publicado diez libros, por los reconocimientos o por haberse atrevido finalmente a llamarse escritora, sino porque su historia nos recuerda que quizá no deberíamos esperar a que la vida nos sacuda para preguntarnos qué estamos dejando siempre para después.

Y hay algo más que, para mí, hace especialmente bonita su historia. Nesa no se quedó en cumplir su propio sueño. Supo escuchar esas pequeñas vocecitas que encontró en los colegios y entender que también ellas tenían algo que contar.

Y en un momento en el que nuestros niños crecen rodeados de pantallas, estímulos inmediatos y una inteligencia artificial capaz de generar un texto en segundos, ella ha decidido recordarles algo que no deberíamos perder: la magia y el poder que tienen las palabras cuando nacen de nosotros mismos.

Y yo, después de conocer su historia, me quedo con una reflexión: seguiremos teniendo obligaciones, responsabilidades y motivos para dejarlo para mañana… pero lo que no sabemos es cuántos mañanas tendremos.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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