Con cuatro años vio cachalotes en libertad en el Estrecho de Gibraltar y algo hizo clic dentro de ella.
Mientras otros niños cambiaban de sueño cada semana, Natalia Rodríguez parecía tenerlo claro: el mar no era una afición pasajera, era el lugar al que pertenecía.
Años después, aquella niña que vendía figuras de arcilla para pagarse su certificación de buceo da charlas en colegios, entrevista a científicos, presenta propuestas para proteger a los cetáceos del Estrecho y ha sido reconocida con el Premio WITH al liderazgo femenino.
Esta no es solo una historia sobre talento precoz.
Es la historia de una adolescente que ha aprendido a convivir con la diferencia, a convertir su pasión en una herramienta de divulgación y a no esperar a que nadie le diga que ya está preparada para empezar porque quizá el mundo necesite más niñas que se atrevan a tomarse en serio aquello que aman.
Natalia Rodríguez: La niña que escuchó la llamada del Mar
Para empezar, ¿quién es Natalia cuando no está hablando de cetáceos, tiburones o proyectos científicos?
La verdad es que no me reconozco en esa otra Natalia. Más bien no existe.
Creo que ni siquiera existe una Natalia "fuera" de todo esto. Recuerdo que una vez terminé en urgencias y acabé vendiéndole un cuadro a la enfermera que me atendió. Era una pintura de la desembocadura del Guadalquivir.
Supongo que soy la misma persona en todos los sitios: curiosa, intensa y completamente entregada a aquello que me apasiona.
¿Recuerdas cuándo empezó tu fascinación por el mar? ¿Hubo algún momento concreto en el que pensaste: "Esto me apasiona"?
Con cuatro años tuve la suerte de ver cachalotes en libertad en el Estrecho de Gibraltar y desde entonces ya no pensaba en otra cosa. Otro momento clave fue cuando pude ver la película “The Dolphin Tale”, mi favorita, de hecho, me sé los diálogos de memoria. Ya lo que es bucear pues es que llevaba desde chica apretando hasta que me regalaron un bautismo de buceo, no me quería salir del agua así que le propuse a mis padres que me dejaran vender figuras de arcilla para pagarme la certificación, el open water, que te lo exigen para poder bucear en centros. Como tenía 11 años se rieron, pero la cosa se desmadró un poco y acabé vendiendo piezas incluso en Suecia o Canadá, en un mes había logrado de sobra pagarme la certificación.
"No quería salir del agua"
¿Qué tienen los cetáceos y los tiburones que consiguen atraparte tanto?
De los tiburones me atrapa su papel vital y lo incomprendidos que son.
Son especies esenciales para mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos. Crecen despacio, tienen pocas crías y son grandes reguladores de la red trófica. Si desaparecen, todo el ecosistema se desajusta.
En cuanto a los cetáceos, me fascina que el sonido es para ellos lo que la luz es para nosotros.
Utilizan el sonido para comunicarse y orientarse a grandes distancias. Y me duele pensar que el ruido de nuestros barcos los está aislando poco a poco.
Los tiburones suelen dar mucho miedo. ¿Qué te gustaría que supiéramos sobre ellos y que casi nadie conoce?
Lo primero que el estigma de asesinos heredado de la película Tiburón es falso: estadísticamente mueren más personas al año por caídas de cocos o picaduras de mosquitos que por ataques de tiburones. Lo segundo, que casi nadie sabe, es que muchas veces estamos comiendo tiburón sin saberlo, porque se comercializa bajo nombres genéricos y no hay transparencia en las etiquetas. Y, por último, que el cambio climático es letal para los tiburones mesotérmicos como el mako o el gran blanco ya que al calentarse el agua, su metabolismo se acelera, exigiéndoles un gasto de energía enorme justo cuando hay menos alimento disponible.
Cuando el arte y la ciencia hablan el mismo idioma
Me encanta que combines arte y ciencia. ¿Cómo surgió esa idea de unir dos mundos que muchas veces parecen tan distintos?
Pinto desde los 4 años, para mí la pintura ha sido siempre una manera de comunicarme. Por otro lado, te vas dando cuenta de que la ciencia a veces se queda encerrada en los laboratorios y no llega a la gente. Para mí, el arte es mi forma de expresarme y de concienciar. En mi libro infantil Tibu cuida del mar, por ejemplo, explico el calentamiento global dibujando a un tiburón con un termómetro y diciendo que "el mar tiene fiebre", o comparo la destrucción del hábitat con un cuarto tan desordenado de juguetes que no te deja moverte, porque el arte es como las palabras, se puede adaptar a todas las edades.
"La ciencia, muchas veces, se queda encerrada en los laboratorios y no llega a la gente"
¿Cómo reaccionan tus amigos o la gente de tu entorno cuando les cuentas a qué quieres dedicarte?
Les parece bien porque ahora quiero ser bióloga marina, pero con siete años decía que de mayor quería tener el privilegio de ser devorada por un gran blanco... imagina la cara de mis padres, así que mejor bióloga que alimento marino. Como dice mi referente, la oceanógrafa Gádor Muntaner en el prólogo de mi libro, a veces las personas que sentimos esa llamada del océano “encontramos en el mar un refugio seguro que, muchas veces, no hallamos en tierra firme ni en el ritmo acelerado de la sociedad actual”. Es imposible contarlo mejor. Cuando voy a bucear y bajo por el cabo de fondeo tengo la sensación de que es en ese momento cuando estoy en donde quiero estar y no al revés…
"Cuando buceo siento que estoy exactamente donde quiero estar"
¿Alguna vez has sentido que eras "la rara" por tener intereses diferentes a los de otras personas de tu edad?
Siempre he sido diferente a la gran mayoría, solo que no lo sabía. Soy mujer y soy asperger. Y digo "soy" porque es una característica que me condiciona a diario, ya que convivo en un mundo neurotípico.
Con el tiempo he aprendido a superar barreras que antes no me permitían avanzar y el mar ha sido mi mejor medicina cuando han llegado las malas rachas. En el mar puedes hacer una vida normal, también puedes llorar con las gafas de buceo puestas. Se empañan y no pasa nada.
"El mar ha sido mi mejor medicina"

Natalia Rodríguez: Liderar sin esperar a ser mayor
Hace muy poquito has recibido el Premio WITH. ¿Cómo recibiste la noticia?
Fue una auténtica sorpresa. Son premios pensados para trayectorias destacadas y siento que apenas me ha dado tiempo de hacer nada todavía.
Lo recibí con ilusión, pero también con mucha responsabilidad.
Mi primer pensamiento fue que podría servir para darle voz a los cetáceos del Estrecho y visibilizar el problema del ruido submarino. Lo vi como una oportunidad.
¿Qué sentiste cuando escuchaste tu nombre?
Me cuesta identificar este tipo de emociones. Sabía lo que tenía que hacer, lo que marcaba el protocolo y subí simplemente. Eso sí, estaba nerviosa y la verdad es que me costó expresarme como yo habría querido hacerlo.
¿Cómo vives los premios? ¿Te generan ilusión, presión o un poco de las dos cosas?
Los veo como te dije antes, como una oportunidad para generar debate y poder trasladar un problema que en el día a día se hace difícil de explicar. Cada semana doy charlas en colegios e institutos. A veces son 30 alumnos, otras se juntan varias clases, pero en los WITH había centenares de personas, muchas con capacidad de decisión, la responsabilidad fue enorme.
¿Qué has aprendido sobre ti misma gracias a todos estos proyectos?
He aprendido que no hay que esperar a "ser mayor" para actuar. He descubierto que soy capaz de reunirme con políticos, entrevistar a científicos, o proponer medidas legales concretas en mi "Manifiesto por un Estrecho Vivo", y al mismo tiempo explicarles a niños de tres años cómo cuidar los océanos. Y sobre todo me exijo mucho, trato de mejorar en comunicación, en inglés o en chino. Si no puedo comunicar bien mi mensaje no llegará a ningún lado.
"He aprendido que no hay que esperar a ser mayor para actuar"
¿Hay momentos en los que dudas o piensas que quizá no vas a estar a la altura?
Continuamente. Hago lo que me enseñó mi instructor de buceo de mi club Pretorianos, mi querido Enrique: paro, respiro, pienso y actúo. Las oportunidades llegan y hay que aprovecharlas, aunque no estés preparada, así que me lanzo sin pensarlo. Mis primeras entrevistas en Aolde Radio eran mucho peores que las de ahora. Cuantas más hago más las disfruto, pero si no empiezas no hay forma de mejorar. Pasa con todo, con el buceo y hasta con el hecho de reunirte con personas que van a evaluar tus proyectos.
"Paro, respiro, pienso y actúo"
Los sueños que todavía persigue
¿Qué le dirías a una niña o adolescente que tiene una pasión enorme por algo, pero le da vergüenza mostrarse?
Que da igual si eres buena o no, lo importante es ser constante. Todos estamos evolucionando continuamente. Si quieres hacer algo, no dejes de hacerlo porque con el tiempo podrías arrepentirte de no haberlo intentado.
Si pudieras pasar una tarde con la Natalia de diez años, ¿qué le dirías?
Que sonría porque en unos meses vivirá su primer buceo.
¿Qué sueño persigue hoy Natalia?
Mis sueños los tengo claros: que ninguna especie de tiburón esté en peligro de extinción o que mi paquete de medidas para acabar con el sufrimiento de los cetáceos en el Estrecho de Gibraltar. En paralelo, pues acabar Acuicultura, cursar Ciencias del Mar y posteriormente el máster de Biología en Tenerife. También me encantaría hacer un voluntariado con Sea Shepherd France con los que ya he tenido el privilegio de navegar o bucear con tiburones. Todo llegará si sé tener paciencia, poco a poco.
¿Cómo te gustaría que te recordaran las personas que conozcan tu historia?
La verdad es que no suelo pensar en lo que otros piensan de mí. Lo que sí me ilusiona es imaginar que todo lo que estoy haciendo tenga un impacto real en nuestros ecosistemas. Y que sirva para proteger aquello que amo.

Del discurso a la acción
La campaña con la que Natalia quiere proteger a los cetáceos del Estrecho
La preocupación de Natalia por el ruido submarino no se queda en las charlas, los libros o las entrevistas, sino que también la ha convertido en una acción concreta.
Con solo 16 años ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas para exigir medidas urgentes que protejan a los cetáceos del Estrecho de Gibraltar frente a la contaminación acústica provocada por el intenso tráfico marítimo.
Bajo el lema "132 decibelios es maltrato", la iniciativa denuncia que delfines, orcas, cachalotes y rorcuales viven sometidos a niveles de ruido que alteran su capacidad para comunicarse, orientarse y alimentarse. Estudios recientes han registrado en el Estrecho picos de hasta 132 decibelios, niveles que superan los umbrales de tolerancia al ruido continuo para muchas especies marinas.
"Para ellos, el sonido bajo el agua es su forma de ver", explica Natalia en la petición. "Nuestras prisas los están dejando literalmente a ciegas".
La campaña propone medidas concretas y viables, como reducir la velocidad de los ferris en zonas sensibles, establecer límites legales de emisión acústica para los buques, instalar sistemas de alerta mediante hidrófonos y apoyar la modernización de las flotas para hacerlas más silenciosas.
Si quieres conocer más sobre esta iniciativa o sumarte a la recogida de firmas, puedes hacerlo aquí:
"132 decibelios es maltrato: salvemos a los cetáceos del Estrecho de Gibraltar"
La mirada de Mujeres sin Manual
Mientras preparaba esta entrevista pensé mucho en la palabra "esperar".
Esperar a ser mayores.
Esperar a sentirnos preparadas.
Esperar a que alguien nos diga que ya somos suficientemente buenas para intentarlo.
Y entonces apareció Natalia.
Una niña que vendía figuras de arcilla para pagarse un curso de buceo. Una adolescente que habla de tiburones con una pasión contagiosa y de los cetáceos del Estrecho como quien habla de viejos amigos a los que quiere proteger. Pero también una joven que duda, que se exige mucho y que reconoce que no siempre resulta fácil sentirse diferente.
Quizá por eso esta entrevista me parece tan importante. Porque no habla solo de ciencia. Habla de vocación, de constancia y de atreverse a empezar sin tener todas las respuestas. También de entender que no hace falta esperar a que nadie nos dé permiso para perseguir aquello que amamos.
Y hay algo más. Natalia no solo sueña con proteger el mar, sino que también actúa. Recoge firmas, impulsa campañas y busca soluciones para cuidar aquello que ama. No espera a que otros den el primer paso.
Tal vez el mundo no necesite niñas perfectas, sino más niñas curiosas, comprometidas y valientes. Niñas que hagan preguntas incómodas y se manchen las manos de arcilla para acercarse un poco más a sus sueños.
Y quizá, después de todo, crecer no consista en dejar de soñar, sino en aprender a cuidar aquello que un día nos hizo sentir que habíamos encontrado nuestro lugar en el mundo.

