Monika Vera es emprendedora, madre, esposa y una apasionada de los pequeños detalles. Creció entre bandejas, mesas y el incesante ritmo de la hostelería familiar, un mundo del que durante años intentó alejarse, aunque la vida terminó llevándola de nuevo a él. Hoy lidera Black & White junto a su marido, un proyecto que nace del legado de sus padres, pero también de la necesidad de reinventarlo con una identidad propia.
Asumir el relevo de un negocio con tanta historia nunca es una tarea sencilla. Supone convivir con los recuerdos de quienes lo hicieron crecer, responder a las expectativas de quienes lo conocieron y, al mismo tiempo, encontrar una forma de hacerlo tuyo. Ese fue el desafío que Monika Vera decidió afrontar cuando transformó la antigua Venta Durango en Black & White: conservar su esencia mientras escribía un nuevo capítulo.
En esta entrevista comparte cómo ha vivido ese proceso, habla del sacrificio que hay detrás de la hostelería, de la importancia de cuidar a las personas por encima de todo y de los aprendizajes que le ha dejado emprender. Una conversación sobre valentía, familia, identidad y la convicción de que los lugares más especiales no solo se construyen con paredes, sino también con las emociones que despiertan en quienes los habitan.
La hostelería como herencia: crecer entre esfuerzo, familia y vocación
Monika Vera se define como una mujer constante, empática, detallista, luchadora, soñadora y positiva, pero, por encima de todo, es una persona profundamente marcada por el legado de su familia. Su infancia transcurrió entre mesas, clientes y el ritmo incansable de la hostelería, un oficio que le dejó recuerdos tan entrañables como agridulces.
"Recuerdo ver a mis padres trabajar incansables durante horas interminables. Incluso teníamos una campana en casa que sonaba para avisarnos a mi hermana y a mí de que teníamos que bajar a ayudar, aunque nos hubiéramos acostado muy tarde la noche anterior".
Aquellos años le enseñaron el valor del esfuerzo y del compromiso, pero también el coste personal que muchas veces supone dedicarse a un sector tan exigente. Sin embargo, entre todos esos recuerdos hay uno que ha permanecido intacto y que hoy sigue guiando su forma de entender la hostelería.
"Aprendí de mi padre que la hostelería no es solo servir un producto, es cuidar a las personas"
Aunque durante mucho tiempo intentó alejarse de ese mundo, la vida terminó llevándola de nuevo al lugar donde todo había empezado. Cuando sus padres decidieron jubilarse, ella y su marido, Robinson, sintieron que había llegado el momento de recoger el testigo.

"No fue una decisión impulsiva. Siempre había intentado huir de la hostelería, pero la vida, por una razón u otra, siempre me colocaba en el mismo sitio. Decidimos apostar por el legado de mis padres, aunque teníamos claro que, si dábamos el paso, sería adaptándolo a los nuevos tiempos y haciéndolo nuestro."
Transformar un legado sin perder su esencia
Dar continuidad a un negocio familiar nunca consiste únicamente en mantener abiertas sus puertas. Supone asumir una historia, convivir con el recuerdo de quienes la construyeron y aceptar el desafío de escribir un nuevo capítulo sin borrar el anterior. Ese fue el mayor reto al que se enfrentó Monika Vera cuando decidió ponerse al frente del negocio que durante tantos años había sido el proyecto de sus padres.
"Miedo es poco", reconoce entre risas. "El vértigo fue tremendo desde el primer día. Sentía la responsabilidad de no defraudar el recuerdo de lo que fue, de estar a la altura de todo lo que ellos consiguieron y de ese cariño que miles de clientes guardaban por este lugar."
Sin embargo, lejos de convertirse en un obstáculo, ese miedo acabó transformándose en una oportunidad para evolucionar. Monika Vera y su marido tenían claro que querían respetar la esencia del negocio, pero también adaptarlo a una nueva etapa y hacerlo suyo.
"Entendí que transformar no significa destruir, sino evolucionar"
Así nació Black & White, un espacio que conserva la calidez y la cercanía que siempre caracterizaron a la antigua Venta Durango, pero con una identidad propia. "Mantuvimos el alma del lugar, esa sensación de hogar, pero aportándole nuestra personalidad."
Con el paso del tiempo llegó el momento en que dejó de compararse con el pasado y empezó a mirar el presente con otra perspectiva. "Un día miré alrededor y vi que los nuevos rincones, la carta, la estética y la energía del local hablaban exactamente de quién soy ahora. Cuando los clientes habituales empezaron a asociar ciertos detalles de la experiencia a nuestra forma de hacer las cosas, comprendí que ya habíamos creado una identidad propia dentro de la misma casa."
Ese fue el instante en el que entendió que honrar un legado no significa quedarse anclado en él, sino hacerlo crecer sin perder aquello que lo convirtió en un lugar especial.

Un lugar donde cada detalle invita a quedarse
Para Monika Vera, Black & White nunca ha sido solo una cafetería. Desde el principio tuvo claro que quería crear un espacio capaz de transmitir emociones, un lugar donde quienes cruzaran la puerta sintieran que podían desconectar del ritmo acelerado del día a día.
"Quería que sintieran un abrazo en forma de espacio, que al entrar desconectaran del ruido de fuera y del estrés. Queremos transmitir cercanía, calidez y esa sensación de hogar de la que tanto hablamos, donde cada detalle invita a quedarse un ratito más."
"Quería que sintieran un abrazo en forma de espacio"
Esa forma de entender la hostelería explica también su pasión por la decoración y el diseño. Durante cinco años tuvo una empresa de wedding planner y decoración, una experiencia que reforzó su convicción de que los pequeños detalles tienen la capacidad de transformar por completo la experiencia de una persona.
"No se trata solo de que un lugar sea bonito. Me fascina la decoración, pero sobre todo lo que hace sentir. Los detalles marcan la diferencia entre un sitio de paso y otro al que deseas volver."
Cada rincón de Black & White responde precisamente a esa filosofía: crear un ambiente acogedor donde el café, la conversación o una celebración especial se conviertan en recuerdos. Porque, para Monika Vera, la verdadera belleza de un espacio no está únicamente en cómo se ve, sino en cómo hace sentir a quienes lo viven.
El sacrificio de emprender y la fuerza de caminar acompañada
Detrás de cada café servido, de cada celebración y de cada cliente que entra por la puerta hay muchas horas de trabajo que pocas veces se ven. Monika Vera conoce bien esa realidad y no duda al afirmar que la hostelería es uno de los sectores más exigentes que existen.
Después de haber trabajado en otros ámbitos, tiene claro que este oficio exige vivir a un ritmo diferente al del resto del mundo. Mientras la mayoría disfruta de fines de semana, festivos o reuniones familiares, quienes trabajan en hostelería suelen estar al otro lado, haciendo posible esos momentos para los demás.
"El reto más difícil es que la familia y los amigos no se olviden de que existes. Siempre digo que vas a contrarreloj del resto del mundo: cuando los demás más disfrutan, más trabajo tienes tú."
"Lo que más duele es perderte momentos y recuerdos con tus hijos"
Es una de las renuncias más difíciles de asumir, reconoce. Cumpleaños, reuniones familiares o planes con amigos quedan muchas veces en pausa por las exigencias del negocio. Un sacrificio silencioso que pocas personas llegan a comprender hasta que lo viven en primera persona.
Pero si hay algo que le ha permitido afrontar ese camino con serenidad ha sido el apoyo incondicional de quienes la rodean. Su marido, Robinson, ha sido un pilar fundamental desde el inicio del proyecto, aportando el equilibrio necesario cuando la autoexigencia amenaza con desbordarla.
"Somos muy distintos y eso nos complementa. Cuando mi autoexigencia se me va de las manos, él siempre aparece para recordarme que con calma también se llega."
Para Monika Vera, Black & White nunca ha sido un proyecto individual. Detrás del nombre hay una red de personas que han hecho posible que aquel sueño siga creciendo día a día.
"Black & White no soy yo; es él, es la familia y los amigos que nos apoyan y es el equipo de trabajo que hay detrás. Todos juntos somos Black & White"
Y si tuviera que elegir el momento que más recompensa todo ese esfuerzo, no hablaría de cifras ni de reconocimientos. Se queda con algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más valioso: ver cómo quienes conocieron la antigua Venta Durango se emocionan al recordar aquellos años y descubrir que, hoy, otras personas están empezando a construir sus propios recuerdos entre las paredes de Black & White.
"Que alguien se marche dándote las gracias porque has hecho especial un día importante para ellos… eso me llena el alma."

Emprender con miedo, crecer con ilusión
Si algo le ha enseñado ponerse al frente de Black & White es que emprender no solo transforma un negocio, sino también a la persona que hay detrás. Cada decisión, cada dificultad y cada logro la han llevado a descubrir una fortaleza que, hasta entonces, desconocía.
"He descubierto que soy mucho más fuerte y resiliente de lo que pensaba. Gestionar un negocio te pone a prueba continuamente, te obliga a tomar decisiones difíciles, a caerte y a levantarte con más fuerza. Me ha enseñado a confiar más en mí y en mi intuición."
"El miedo es normal, forma parte del trayecto, pero no puede paralizarte"
Por eso, cuando piensa en quienes sueñan con emprender, no habla de fórmulas mágicas ni de caminos fáciles. Habla de valentía, de acción y de confiar en uno mismo incluso cuando las dudas aparecen.
"Le diría que escuche su intuición, que se rodee de un buen equipo y de buena gente, y que confíe en su capacidad de trabajo. Que no espere a que todo sea perfecto para empezar, porque ese momento probablemente nunca llegará. Emprender requiere valentía, pero la satisfacción de construir tu propio camino es inmensa."
Su mirada hacia el futuro tampoco pasa por crecer sin medida. Cuando imagina Black & White dentro de unos años, lo hace pensando en conservar aquello que lo hace especial.
"Lo sueño exactamente igual que ahora en cuanto a su esencia: siendo un punto de encuentro cálido, elegido por la gente para esos ratitos del día a día y para celebrar momentos importantes. Ojalá consolidado, pero con la misma ilusión intacta por seguir sorprendiendo a quienes nos visitan."
Porque, al final, todo vuelve al mismo lugar. A esa idea que ha guiado cada decisión desde que tomó el relevo del negocio familiar y que resume, quizá mejor que ninguna otra, la filosofía de Black & White.
"Para mí, hogar no es solo un lugar físico, sino un estado del alma"
"Es donde te sientes a salvo, donde puedes ser tú misma sin filtros, rodeada de la gente que amas, de buena compañía y, por supuesto, de un buen café caliente. Es paz."
La mirada de Mujeres sin Manual
Hay quienes creen que la diferencia está en hacer las cosas más grandes. Monika Vera, en cambio, demuestra que la verdadera diferencia está en hacerlas con alma. En un mundo donde cada día nacen nuevos negocios y donde el ruido parece eclipsarlo todo, son los pequeños detalles los que consiguen permanecer en la memoria de las personas.
Eso es precisamente lo que ha logrado construir en Black & White. No solo un espacio cuidado hasta el último rincón, sino un lugar que invita a bajar el ritmo, a conversar sin prisas y a sentirse bien. Un refugio donde la cercanía, la calidez y el cariño se perciben mucho antes de que llegue el café a la mesa.
Quizá esa sea la mayor virtud de Monika Vera: entender que la hostelería nunca ha consistido únicamente en servir un buen producto, sino en cuidar a las personas. Y esa forma de ser, tan detallista como cercana, se refleja en cada decisión, en cada gesto y en cada experiencia que ofrece a quienes cruzan la puerta de Black & White.
Su historia habla de valentía, de respeto por las raíces y de la capacidad de transformar sin renunciar a la esencia porque asumir el legado de sus padres no significaba vivir a su sombra, sino encontrar el equilibrio entre honrar todo lo que ellos construyeron y dejar también su propia huella.
Al terminar esta entrevista queda claro que Monika Vera no solo ha conseguido dar una nueva vida a un negocio familiar, sino que ha creado un lugar que, como ella misma dice, puede llamarse hogar.

