Mireia Cabañes: “No le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo a morirme sin haber vivido lo suficiente”

A los siete años, Mireia Cabañes descubrió demasiado pronto que la vida también podía acabarse y quizá por eso hoy tiene tanta prisa por vivirla. Sentir el viento en la cara, entrar al mar, bajar una montaña o regalar tiempo a quienes quiere son algunos de esos pequeños lujos que ha aprendido a celebrar.

Hay una imagen que atraviesa la historia de Mireia Cabañes: una niña de siete años que dejó de sentir el viento en la cara. Después llegaron los años, el dolor crónico, una vida profesional que terminó por romper y una tabla de surf que, de alguna manera, la llevó de vuelta hasta ella.

Hoy compite internacionalmente en surf adaptado, disciplina en la que es subcampeona del mundo y también practica snowboard adaptado, crea contenido y da conferencias. Las medallas, sin embargo, cuentan solo una parte de su historia.

Mireia nos habla también de miedo, de dolor, de aprender a escuchar el cuerpo, de los días que no aparecen en redes sociales y de una sociedad que todavía mira la discapacidad como excepción. Sobre todo, habla de vivir y de hacerlo sin permitir que otros decidan dónde están sus límites.

Mireia Cabañes: la niña que sigue caminando con ella

Mireia, siempre me gusta empezar las entrevistas con una pregunta aparentemente sencilla. Si dejamos a un lado el surf, las competiciones, las redes sociales y todo lo que has conseguido… ¿quién es simplemente Mireia?

Mireia, dejando a un lado el surf, las competiciones y las redes sociales, es una mujer muy inquieta, bastante atrevida, que necesita la adrenalina para sentir que está viva. En el fondo soy bastante simple: disfrutona total, de las que exprimen cada momento. Soy un poco contradictoria, eso sí. Necesito mis momentos de soledad y, a la vez, me encanta tener muchos amigos, hacer planes, conocer gente nueva. Lo que no llevo bien es que me organicen la vida; me gusta fluir, improvisar, dejarme sorprender.

Si algo me define de verdad es que no soporto las injusticias, nunca las he soportado. Desde pequeñita defendía lo indefendible, incluso cuando nadie más lo hacía. Supongo que esa parte de mí no ha cambiado nada, solo ha encontrado otras formas de expresarse.

Hay personas a las que la vida les cambia el rumbo muy pronto. A ti te dijeron con solo siete años que tenías cáncer. Si pudieras mirar hoy a aquella niña, ¿qué crees que sería lo que más le sorprendería de la mujer en la que te has convertido?

Es una pregunta muy difícil de responder… Creo que lo que más le sorprendería es todo lo que he conseguido a pesar de tener un pie del revés, convivir con dolor crónico y caminar con una prótesis. Le sorprendería ver todos los miedos que he ido superando por el camino, uno detrás de otro, aunque en su momento parecieran imposibles de vencer.

Sobre todo, creo que le sorprendería descubrir que sigo siendo ella. Hay cosas que no han cambiado y me niego a que esa Mireia de siete años se aleje de mí.

Si pudiera decirle algo, sería que aguante, que todo ese miedo que siente ahora se va a convertir en fuerza y que un día va a hacer cosas con ese cuerpo que ni se imagina. La llevo conmigo en todo lo que hago y, en cierto modo, cada cosa que consigo es también un poco suya.

“Me niego a que esa Mireia de siete años se aleje de mí”

Muchas personas te conocen por tu capacidad de superación, aunque me pregunto si alguna vez te ha pesado que te presenten como “la chica que superó un cáncer” antes que como Mireia Cabañes.

Hoy en día no me pesa nada, la verdad. Me pueden presentar como quieran. Al final soy quien soy gracias a ese cáncer y a esa etapa de mi vida, y estoy muy orgullosa de ello. Sí que he tenido épocas en las que pensaba: “Joder, es que soy mucho más que un pie del revés”. Me daba rabia que la gente solo se fijara en eso, que me redujeran a una sola cosa cuando hay tantas otras que también soy.

Con el tiempo he aprendido a convertir esa “debilidad” en una oportunidad y hoy es parte de mi seña de identidad. Lo utilizo hasta yo, es mi marketing, por qué no decirlo. También me gusta dar una imagen de mí más completa: no solo la superación, sino el humor, la exigencia, las contradicciones, todo lo demás que también soy.

Que la gente se quede con el pie del revés está bien, aunque ojalá se quede también con todo lo otro.

En tu web dices que no conoces la palabra miedo. Tengo la sensación de que el valor no consiste en no sentirlo, sino en seguir adelante a pesar de él. ¿Ha sido así también en tu caso?

Claro que ha sido así. Hoy en día pocas cosas me dan miedo, no porque no lo sienta, sino porque he aprendido a entenderlo, a superarlo, a darle una patada cuando hace falta o a plantarle cara directamente.

El miedo va a estar ahí siempre, eso no lo voy a negar. Una cosa es sentirlo y otra muy distinta dejar que decida por ti. Yo he decidido que el miedo no se siente en el asiento del conductor.

Siempre digo lo mismo “no le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo a morirme sin haber vivido lo suficiente”.

El mar que la llevó de vuelta a sí misma

Has contado que creciste muy unida al mar y que siempre ha sido un refugio para tu familia. ¿Qué tiene para conseguir poner en calma incluso los días más difíciles?

La pregunta sería más bien qué no tiene [ríe]. Supongo que el mar es de las primeras cosas que conocí en la vida, nací en febrero y en mayo o junio ya estaba en la playa. Lo gracioso es que de pequeña me llevaban a una playa de piedras, así que el día que descubrí la arena fue horrible, me daba muchísimo asco.

El mar me relaja de una forma que no sé ni explicar del todo. Baja mis pulsaciones, el ruido de las olas me desconecta de todo. Cuando tengo un día de ansiedad, me voy a la playa, cierro los ojos y respiro al ritmo de las olas.

Todo desaparece, hasta el punto de que muchas veces acabo durmiéndome allí mismo. Es de esas cosas que no necesitan explicación, simplemente las sientes.

Mireia Cabañes practicando surf adaptado sobre una ola

¿Recuerdas la primera ola que conseguiste surfear? ¿Qué sentiste en aquel momento?

¡Por supuesto, la tengo hasta grabada! Si se puede llamar ola… [ríe]. Era una mini onda en el Mediterráneo, en un día de tormenta.

Llegué súper nerviosa, con muchísimas ganas, aunque a la vez había algo dentro de mí que me decía que, si no lo conseguía, me llevaría una decepción enorme. Era una época en la que ese momento significaba mi salvación.

Sentí adrenalina pura y reconecté con la Mireia de siete años que había dejado de sentir el viento en la cara porque no volvió a subirse a una bicicleta.

Fue especial, muy especial. Siempre le agradeceré ese día a Eva y a Rafeta, que estaban ahí, acompañándome.

“Reconecté con la Mireia de siete años que había dejado de sentir el viento en la cara”

Hay un instante del surf que siempre me ha fascinado. No es cuando cogéis la ola, sino justo antes… ese momento sobre la tabla, esperando, mirando el horizonte. ¿Qué encuentras tú en esos minutos? ¿Qué te regala el mar en ese silencio?

Depende de cómo esté el mar y de cómo esté mi mente ese día, la verdad, porque siento unas cosas u otras. Hay días muy disfrutones en los que estás deseando que llegue esa ola para jugar con ella, sentir que sois amigas, que vais juntas buscando esa energía.

Otros días te entra ese “miedo” y piensas: “Uffff, ¿voy o no voy?”.

Dependiendo de lo que decida tu mente en ese instante, la jugada sale bien o no [ríe].

Lo que más me fascina es ese silencio de antes, ese momento en el que estás sola con la tabla, mirando el horizonte, esperando.

Ahí el mundo se para. No hay pantallas, no hay ruido, no hay nada que resolver. Solo tú y esa onda que viene de lejos, que aún no sabes muy bien cómo va a ser, aunque ya empiezas a sentirla.

Cuando por fin consigues hacer ese súper match con ella, esa conexión es perfecta.

Y te voy a contar un secreto, el mar me ha enseñado a ser paciente, algo que para mí es una tarea súper complicada. Creo que ese silencio es lo más parecido a la calma total que he encontrado nunca.

“Ahí el mundo se para… no hay pantallas, no hay ruido, no hay nada que resolver”

¿Qué te ha enseñado el mar sobre la vida que difícilmente habrías aprendido en otro lugar?

El mar me enseñó a nadar y, sobre todo, me enseñó a fluir.

Ahí hice mi rehabilitación: volví a moverme, volví a aprender a andar, le enseñé a mi cerebro que todo es posible si te esfuerzas. Me regaló momentos súper bonitos y emotivos y, además, me lo puso más fácil de lo que hubiera sido en cualquier otro sitio. En el mar pesamos menos, los movimientos son más ligeros y siempre hay diversión de por medio.

Creo que eso es lo que difícilmente habría aprendido en otro lugar, a recuperarme jugando, casi sin darme cuenta de que estaba haciendo el trabajo más duro de mi vida.

Dices que el surf te devolvió una fuerza que sentías haber perdido. ¿Qué cambió en ti desde que entraste por primera vez al agua con una tabla?

Cambió mi forma de vivir.

Desde que volví a reconectar con esa Mireia pequeña no la he querido soltar más. Al final creces, maduras, estudias una carrera, te metes de lleno en la vida profesional, todo el día trabajando, y te vas olvidando de tu cuerpo, de todo lo demás, de quién eras de verdad.

Al final sobrevives, más que vivir.

En 2019, el dolor crónico me hizo ver que tenía que romper con esa vida y construir una nueva si quería vivir mejor y ser más feliz. Y eso me lo dio el surf.

Tuve que dejar mi trabajo fijo y construir, poco a poco, una nueva profesión. Ahora me dedico, además del deporte y de competir, a crear contenido y dar conferencias.

Hacer deporte, tanto surf como snowboard, me ayuda a fortalecer la musculatura. Hay días en los que duele, y duele mucho, aunque como tengo la mente fuerte ese dolor pesa menos. Al final, el cuerpo está hecho para estar en movimiento y las peores semanas para mí son siempre las que paro.

A todo esto, se suma la gente que he ido conociendo estos últimos años, que me aporta muchísimo y que también forma parte de este cambio.

“Al final sobrevives, más que vivir”

Mireia Cabañes celebra un resultado en una competición de surf adaptado
Detrás de cada competición y cada logro también están los días que no se ven.

Los días que no caben en una medalla

¿Ha habido algún momento en el que tu cuerpo te haya dicho “hasta aquí” y hayas tenido que aprender a escucharlo?

Sí, imagino que muchas veces, aunque durante mucho tiempo pasé olímpicamente de él. Hasta 2019, cuando el dolor fue tan bestial que me impedía seguir con mi día a día con normalidad.

No fue nada fácil. Asumir ese dolor, descubrir de dónde venía, aprender cómo reducirlo… fue un proceso largo, de prueba y error, con mucha frustración por el camino.

Me costó muchísimo entenderlo, me costó aprender a escucharlo de verdad, aunque desde que lo hice soy mucho más feliz. Ahora mi vida gira, en parte, en torno a esa armonía con mi cuerpo.

Esta relación entre cuerpo y deporte también está presente en la entrevista a Paula Leitón, campeona olímpica de waterpolo, que nos habló de la importancia de creer en el propio cuerpo incluso frente a las miradas y los prejuicios ajenos.

Hoy eres subcampeona del mundo, compites internacionalmente y sueñas con seguir creciendo en el snowboard adaptado. Detrás de cada medalla, imagino, hay muchas horas en las que nadie está mirando. ¿Cómo son esos días que no salen en las redes sociales?

Pufff… hay días de todo tipo, la verdad. De hecho, me he propuesto empezar a mostrarlos más, porque no todo es la medalla.

Hay días en los que no salgo de la cama por dolor, malestar o falta de energía. Y ya está, así de simple.

Hay días en familia, cuidando a mis sobrinos, que no me dejan ni tiempo ni energía para nada más, aunque valen oro. Hay días de trabajo aburrido y muy mecánico, en los que aun así intento encontrar algo bonito.

Hay días en los que entro al mar y no cojo ni una sola ola, aunque salgo renovada igual. Esos días no son de entrenamiento, son de terapia pura.

Hay días de agujas, fisios y médicos, que también forman parte de esto aunque no se vean. Hay días enteros dedicados a crear contenido, a intentar que la gente me conozca un poco más, a ver si algún patrocinador se interesa por mi historia y podemos crecer juntos.

Y hay días muy solitarios, de pasear con mi perrita, tomarme un café al sol con una libreta, empanarme mirando al horizonte sin pensar en nada.

Ninguno de mis días es igual a otro y creo que esa es la parte más honesta de todo esto, lo que no sale en redes es, muchas veces, lo que más me sostiene.

“Lo que no sale en redes es, muchas veces, lo que más me sostiene”

A veces admiramos a personas como tú y pensamos: “Es que ella es muy fuerte”, aunque pocas veces nos preguntamos cómo se construye esa fortaleza. Si tuvieras que explicarlo, ¿de dónde nace la tuya?

Sinceramente, no lo sé del todo. Imagino que se ha ido construyendo sobre la marcha, casi sin darme cuenta.

Creo que la primera vez fue por protección hacia mi familia, ¿sabes? Hacia mis padres, hacia mi hermana. Si ellos no me veían sufrir, sufrían un poco menos y, de alguna manera, empecé a sostenerme también por ellos, no solo por mí.

A partir de ahí no sabría decirte muy bien cómo siguió construyéndose. Me ha salido bastante innato, la verdad, como si en algún momento decidiera que esa era la única forma que tenía de salir adelante y ya no he dejado de tirar de ella.

Cuando el límite está en la mirada de los demás

Hay una frase que utilizas mucho: “Si yo no te pongo límites, no te los pongas tú”. ¿En qué momento decidiste que no querías que fueran los demás quienes marcaran hasta dónde podías llegar?

Creo que ha sido así desde que nací, la verdad. Siempre he tenido una personalidad bastante marcada. El día que me quitaron la escayola después de la cirugía esa forma de ser se agudizó todavía más.

Llevaba meses entre hospitales, con dolor, con el cáncer todavía presente, y ese momento fue como el comienzo de mi nueva vida. Aún me quedaban ciclos de quimio y muchas horas encerrada por delante, aunque ya empezaba a ver la luz.

Sabía que tendría que aprender a hacer las cosas de otra manera, aunque también sabía que podía hacerlas, de una forma u otra. Nunca me ha gustado que nadie me diga lo que puedo o no puedo hacer y, en ese momento, me prometí que nadie lo haría, ni siquiera mis padres. Y así ha sido desde entonces.

Es curioso, porque veo esa misma personalidad tan marcada en mi sobrina Noa, con la que además comparto casi el mismo día de nacimiento. No sé si creer mucho en el horóscopo, aunque desde luego hay algo ahí.

Además de deportista, eres creadora de contenido y has hablado de lo poco presentes que siguen estando las personas con discapacidad en campañas y redes sociales. ¿Crees que hemos avanzado de verdad o todavía queda mucho por hacer?

Creo que hemos avanzado mucho, aunque todavía queda muchísimo más por hacer. Ha avanzado la publicidad, ha avanzado la industria, y también hemos avanzado nosotras, las personas con discapacidad. Ya no tenemos miedo a mostrarnos, ni mucho menos.

Me encanta ver a otras creadoras como Marta Casado o Desirée Vila y pienso que ojalá de pequeña hubieran existido las redes sociales y las hubiera podido ver. Todo hubiese sido más fácil. Irene Villa ha sido mi inspiración en muchísimas ocasiones y ahora tenerla como amiga es casi una fantasía.

Creo que no se nos debería ver como “personas con discapacidad”, sino como cualquier otra persona. Con un cuerpo diferente, sí, aunque con un día a día igual al de cualquiera.

¿Por qué no podemos hacer más campañas de moda? ¿Por qué en televisión solo nos llaman para hacer de personas con discapacidad? ¿O es que la típica secretaria de una serie no puede ir en silla de ruedas?

No lo sé, con estas cosas me cabreo mucho y llevo luchando por ello muchos años. Aun así, vamos a mejor. A veces me da rabia que ese avance venga por ley y por obligación, y no directamente del corazón.

“¿O es que la típica secretaria de una serie no puede ir en silla de ruedas?”

En ese artículo decías algo que me hizo pensar, muchas veces la diversidad aparece en las campañas, aunque solo cuando “toca”. ¿Qué tendría que cambiar para que la inclusión dejara de ser una acción puntual y pasara a ser algo natural?

Para mí, la clave está en que se nos vea con naturalidad.

Te pongo un ejemplo, imagina una chica que es dentista de verdad, tiene una prótesis y además quiere ser actriz. Se presenta a un casting para hacer de dentista y no la cogen por la prótesis, aunque sí le ofrecen el papel de la amiga de la dentista que acaba de pasar por un cáncer.

Ahí está el problema… seguimos encajando solo en los papeles “de discapacidad”, aunque en la vida real seamos justo lo que estamos pidiendo interpretar.

Para mí, la inclusión de verdad llegará el día en que dejemos de hacer papeles o campañas por o sobre la discapacidad, la diversidad y todo lo demás, y simplemente hagamos las cosas de forma orgánica y natural, sin que importe si tenemos o no algo diferente.

Que esa chica pueda hacer de dentista sin más. Sin que su prótesis sea el tema.

“La inclusión de verdad llegará el día en que hagamos las cosas de forma natural, sin que importe si tenemos o no algo diferente”

Para esto tampoco había un manual

En Mujeres sin Manual siempre decimos que todas vivimos momentos para los que nadie nos da un manual de instrucciones. ¿Cuál dirías que ha sido ese gran momento de “no tengo un manual para esto” en tu vida?

Yo creo que han sido muchos días, muchos momentos de mi vida.

El primero, sin duda, el cáncer. Más aún cuando sabes que todo apunta a que te vas a morir porque han tardado en detectártelo. Ahí piensas: “Yo este final no lo quiero, ¿cómo consigo cambiarlo?”. Nadie te enseña eso.

Luego vino otro “no tengo manual” mucho más físico: una vez te ponen las prótesis, ¿cómo funcionan?, ¿cómo consigo andar con ellas?, ¿cómo le explico a mi pie del revés que ahora tiene que moverse al revés de como se movía antes?

Todo eso lo tuve que ir descubriendo a base de prueba y error, con ayuda de los médicos y de mi familia.

Y luego está algo mucho más cotidiano, aunque igual de complicado: las relaciones entre personas adultas. Los niños son pura inocencia y transparencia, todo es mucho más fácil con ellos. De adultos las cosas se complican, hay capas, silencios, cosas que no se dicen… y ahí tampoco hay manual de instrucciones que valga.

Mireia Cabañes camina por la playa con su tabla de surf
Para Mireia, volver al agua significó construir una nueva forma de vivir.

Si pudieras abrazar hoy a aquella niña de siete años con la que empezamos esta conversación, ¿qué le susurrarías al oído?

Le susurraría: “Aprende a llorar. Es una forma de soltar, no te hace más débil. Aguanta, que la vida te tiene preparadas cosas maravillosas”.

“Aprende a llorar…es una forma de soltar, no te hace más débil”

Después de todo lo vivido, ¿qué cosas pequeñas has aprendido a celebrar que antes quizá pasaban desapercibidas?

Muchísimas cosas del día a día, sobre todo sensaciones. Sentir el viento en la cara, poder ser independiente y no necesitar la ayuda de nadie, disfrutar del sol sin más. Dar más abrazos, regalar tiempo a quienes quiero. Sonreír más y preocuparme menos por los problemas.

Son cosas pequeñas, casi invisibles para mucha gente, aunque para mí son un auténtico lujo.

“Sentir el viento en la cara, disfrutar del sol sin más, dar más abrazos, regalar tiempo a quienes quiero… para mí son un auténtico lujo”

Una historia para quien pueda necesitarla

En Mujeres sin Manual nos encanta contar historias de mujeres que inspiran desde la autenticidad y sabemos que la tuya también va a llegar a las páginas de un libro. Hay historias que nacen para recordar, otras para sanar y otras para tender la mano a quienes vienen detrás. ¿Desde qué lugar nace la tuya?

Mi libro sale el próximo 7 de octubre. Ya está escrito y ha sido un proceso duro, aunque también muy bonito y sanador.

Lo había intentado escribir en otras ocasiones, aunque creo que sencillamente no estaba preparada todavía. Ahora sí lo estaba. He soltado muchas cosas por el camino y no lo habría podido hacer sin la ayuda de la editorial.

Lo escribo pensando en quien lo pueda necesitar, por si hay personas que han perdido el rumbo, por los padres de niños en tratamiento oncológico, por personas recién amputadas… o simplemente por quien lo necesite leer en el momento adecuado, aunque no sepa todavía por qué.

Si mañana desaparecieran las medallas, las competiciones y las redes sociales… ¿qué seguiría definiendo a Mireia Cabañes?

Ese momento llegará, seguro, aunque Mireia seguirá siendo exactamente igual de competitiva y guerrera.

Me imagino en el futuro ayudando a los demás, viajando para surfear y bucear en todos los rincones del planeta, bajando montañas que siempre he soñado bajar y si en esos viajes puedo llevarme a mis sobrinos, mejor que mejor.

Quiero que aprendan a vivir sin perder a los niños que son ahora, sin perder esa libertad que a veces la vida de adulto te acaba robando. Más que por una medalla, seguiré por guardar esos momentos junto a mis amigos y mi familia, que al final es lo que de verdad se queda.

Lo que no desaparece es la mente y el espíritu aventurero, las ganas de superación, de hacer cosas que muy poca gente con dos piernas se atreve a hacer.

Eso seguiré siendo yo, con o sin medallas de por medio.

Lo que le gustaría dejar cuando mire hacia atrás

Y ahora sí… la última. Cuando dentro de muchos años alguien hable de ti, ¿cómo te gustaría que te recordaran? ¿Qué legado te gustaría dejar como mujer?

Me gustaría que me recordaran como la primera valenciana en conseguir un diploma o una medalla en los Juegos Paralímpicos de invierno.

Sobre todo, me gustaría que me recordaran como alguien que ayudó a mucha gente, que sirvió de ejemplo para quien lo necesitaba, que demostró que los límites muchas veces no son reales, sino que nos los ponemos nosotros mismos.

Si dentro de muchos años alguien piensa en mí y siente un poquito de fuerza para seguir adelante con lo suyo, para mí ese sería el legado más bonito que podría dejar.

La mirada de Mujeres sin Manual

Cuando Rocío Ruiz me habló de Mireia Cabañes, no dudé ni un segundo en contactar con ella para que su historia tuviera un espacio en Mujeres sin Manual. No fue precisamente su discapacidad lo que despertó mi curiosidad. Fue el mar. Siempre he sentido una conexión especial con las personas que lo aman, que encuentran en él un refugio, una forma de volver a sí mismas.

Mireia no dudó en abrirnos el corazón para enseñarnos todo lo que existe detrás de las medallas. El dolor, los miedos, los días que nadie ve, la niña que todavía camina con ella y también una realidad sobre la que queda mucho por hacer: la inclusión no será plena mientras sigamos mirando la diferencia como una excepción. En Mujeres sin Manual lo tenemos claro. Quizá no podamos cambiarlo todo, pero sí podemos decidir a quién damos voz, qué historias ponemos delante y qué realidades ayudamos a hacer visibles. Ese es nuestro pequeño granito de arena y también parte del sentido de este proyecto.

Mireia Cabañes tiene mi admiración absoluta. Por todo lo que ha conseguido, sí, aunque todavía más por su manera de mirar la vida. Por apreciar cada instante, valorar lo que tiene y negarse a instalarse en el “yo no puedo” o el “no seré capaz”.

Y aquí esta entrevista se vuelve un poco personal.

Mireia, sin saberlo, te has convertido también en mi maestra. Cada vez que entro al mar e intento ponerme de pie sobre una tabla, termino diciéndome lo mismo: “Yo no soy capaz”. Después de escucharte, me llevo conmigo esa idea tuya de que muchas veces somos nosotras mismas quienes ponemos nuestros límites.

Quizá la próxima vez que entre al agua me acuerde de ti y lo vuelva a intentar una vez más.

Ojalá algún día cabalguemos juntas una ola, aunque también me conformaría con permanecer sentadas sobre nuestras tablas, mirando hacia el horizonte, en ese lugar en el que, como tú dices, el mundo se para.

Gracias, Mireia, por abrirnos tu historia y por recordarnos que, a veces, vivir también consiste en dejar de decirnos que no podemos antes siquiera de intentarlo.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

últimos artículos

Artículos relacionados