Ana Aznar: "La madre perfecta no existe y, si existiera, no sería bueno para nuestros hijos"

La psicóloga Ana Aznar, fundadora de REC Parenting, reflexiona sobre la culpa materna, la matrescencia, los límites y la presión que sienten muchas mujeres por intentar llegar a todo.

La maternidad sigue llegando sin instrucciones. Y, sin embargo, miles de mujeres viven cada día con la sensación de que deberían saber hacerlo todo, llegar a todo y no equivocarse nunca.

En esta entrevista a Ana Aznar, la psicóloga y fundadora de REC Parenting, que lleva años acompañando a familias y escuchando las inquietudes de madres de todo el mundo, nos habla de culpa, límites, matrescencia, autocuidado y de una idea tan liberadora como necesaria: no necesitamos ser madres perfectas, sino madres suficientemente buenas.

Ana Aznar: la voz que ayuda a las madres a soltar la culpa

Ana Aznar es psicóloga, investigadora especializada en desarrollo infantil, fundadora de REC Parenting y autora de varios libros sobre crianza y educación emocional. Madre de cuatro hijos, combina el rigor científico con una mirada profundamente humana sobre la maternidad.

A través de sus conferencias, programas y acompañamiento a familias, se ha convertido en una de las voces que más está contribuyendo a desmontar la cultura de la perfección que pesa sobre las madres. Su último libro, Educar también es decir no. Cómo poner límites con amor, invita precisamente a recuperar dos pilares fundamentales de la crianza: el amor y los límites.

¿Quién es Ana Aznar más allá de la psicología y la crianza?

Para empezar, ¿quién es Ana más allá de REC Parenting, los libros y su faceta profesional?

Te diría que soy una mujer con una familia y amigos fundamentales para mí, con una profesión que me apasiona, y que intento vivir de acuerdo con mis valores, disfrutando, aprendiendo y siendo muy agradecida.

La presión de ser una madre perfecta sigue agotando a muchas mujeres

Después de acompañar a tantas familias, ¿cómo dirías que están las madres de hoy? ¿Qué ves repetirse una y otra vez?

Veo madres que intentan hacerlo muy bien y, en ese intento, muchas se agotan, se sienten culpables y solas. Y esto debería preocuparnos a todos.

¿En qué momento nos convencimos de que teníamos que hacerlo todo bien para ser buenas madres?

Fue Sigmund Freud quien empezó a señalar a las madres como responsables de prácticamente todo y, desde entonces, esa idea se ha ido instalando tanto en el pensamiento científico como en el imaginario colectivo. Tampoco ayuda el modelo de crianza tan intensivo que vivimos hoy. La potente industria del parenting nos ha hecho creer que el éxito o el fracaso de nuestros hijos depende, en gran medida, de nosotras.

Sin embargo, la ciencia nos muestra una realidad mucho más compleja. Padres y madres tenemos un papel importante en el desarrollo de nuestros hijos, pero no de forma absoluta ni determinante. La infancia deja huella, pero no marca por completo el futuro de una persona. Existen muchos otros factores que intervienen en su desarrollo y en la construcción de su identidad. Por eso, a menudo nos angustiamos por decisiones que en ese momento parecen trascendentales, cuando en realidad tendrán un impacto mucho menor del que imaginamos a largo plazo.

"Las madres intentan hacerlo tan bien que muchas terminan agotadas, culpables y solas"

Libro "Educar también es decir no", de Ana Aznar, sobre límites y educación emocional.
"Educar también es decir no. Cómo poner límites con amor"

Educar también es poner límites

Este año has publicado Educar también es decir no. Cómo poner límites con amor. ¿Qué te llevó a escribir este libro?

Quería invitar a los padres a detenerse y reflexionar sobre qué quieren realmente para sus hijos. Vivimos muy deprisa y muchas veces olvidamos lo fundamental. No existe una receta perfecta para educar, pero sí sabemos que hay dos ingredientes imprescindibles: amor y límites. Y precisamente sobre los límites existe una enorme confusión.

Los límites tienen muy mala fama. ¿Por qué nos cuesta tanto ponerlos?

Porque están mal entendidos. Los límites son la estructura que creamos alrededor de un niño para que se sienta seguro y cuidado.

Cuando un niño crece con límites claros aprende también a poner sus propios límites, algo fundamental para su bienestar futuro. Poner límites es una habilidad y, como cualquier habilidad, mejora con la práctica.

"Los límites no son castigos; son la estructura que hace que un niño se sienta seguro y querido"

Ana Aznar, psicóloga especializada en crianza y maternidad, durante una entrevista para Mujeres sin Manual.
Ana Aznar psicóloga, investigadora y fundadora de REC Parenting

Cuando nace un bebé, también nace una madre

¿Qué mitos sobre la maternidad te gustaría que empezáramos a desmontar?

Más que desmontar un mito, me gustaría que entendiéramos mejor qué supone convertirse en madre.

Cuando nace un bebé, también nace una madre. Sin embargo, hablamos mucho del nacimiento del niño y muy poco de la transformación que vive la mujer. La matrescencia nos ayuda a comprender ese proceso. Es el cambio físico, hormonal, cerebral y emocional que experimentamos al convertirnos en madres. Entenderlo ayuda a normalizar emociones como la culpa, la tristeza, la ira, la soledad o la sensación de pérdida de identidad.

Saber que todo esto forma parte del proceso aporta calma y reduce muchísimo la culpa.

"Cuando nace un bebé, también nace una madre"

La culpa materna: una compañera demasiado frecuente

Muchas madres viven con la sensación de no llegar a todo o de no estar haciéndolo suficientemente bien. ¿Qué les dirías?

Que se olviden de querer llegar a todo y hacerlo perfecto.

La madre perfecta no existe y, si existiera, no sería bueno para nuestros hijos vivir con ese modelo de perfección. Prefiero hablar de la madre suficientemente buena, un concepto desarrollado por Donald Winnicott. Quiere decir que como madres lo hacemos lo mejor posible sabiendo que nos vamos a equivocar muchas veces y que no es el fin del mundo. Cuando nos equivoquemos, reparamos la relación con nuestro hijo y adelante.

¿De dónde crees que nace esa culpa que acompaña a tantas mujeres durante la maternidad?

Creo que hay dos tipos de culpa en la maternidad. Una es la que sentimos cuando pensamos que no llegamos a todo. Pero muchas veces eso que llamamos culpa no lo es realmente. La culpa aparece cuando hacemos algo mal, y estar trabajando, haciendo deporte o dedicándonos un momento a nosotras mismas no significa que estemos haciendo nada mal. Lo que solemos sentir es tensión, porque tenemos muchas responsabilidades y no siempre hay tiempo suficiente para todo.

También está la culpa que nace de compararnos con un ideal de madre perfecta que todas llevamos dentro de alguna manera. Esa madre que siempre está disponible, que nunca se enfada y que llega a todo. Cuanto más lejos nos sentimos de esa imagen, peor nos sentimos. Por eso creo que es importante cuestionar esas creencias y preguntarnos quién ha decidido qué significa ser una buena madre. Quizá no estamos en todos los momentos, pero sí en muchos otros que también son importantes. Y eso también cuenta.

"La madre perfecta no existe y, si existiera, no sería bueno para nuestros hijos"

Recuperarse a una misma sin dejar de ser madre

En una etapa en la que parece que tenemos que estar disponibles para todos, ¿cómo podemos volver a encontrarnos con nosotras mismas sin sentirnos egoístas?

Debemos alejarnos de la idea de la madre mártir. Nuestros hijos no necesitan que nos sacrifiquemos constantemente. Para ser la madre que queremos ser también necesitamos cuidarnos. Y el autocuidado no consiste únicamente en verse bien físicamente. También implica poner límites, repartir la carga mental, respetar nuestras necesidades y no perder nuestra identidad. Nuestros hijos son muy importantes, pero no son lo único.

"No hace falta ser una madre mártir para ser una buena madre"

Equivocarse también forma parte de educar

¿Qué importancia tiene reparar cuando nos equivocamos con nuestros hijos?

Reparar la relación con nuestros hijos cuando nos equivocamos es fundamental. De esta manera, cuidamos y protegemos nuestra relación con ellos. Además, les enseñamos que las relaciones sociales no son perfectas y que cuando nos equivocamos, lo reconocemos, pedimos perdón y adelante.

La maternidad nunca estuvo pensada para vivirse en soledad

Después de escuchar a tantas madres, ¿qué crees que necesitamos escuchar más a menudo?

Las madres necesitan sentirse escuchadas sin ser juzgadas. Muchas mujeres cuentan que se sienten profundamente solas y eso tiene consecuencias importantes. La crianza nunca estuvo pensada para hacerse en aislamiento. Durante generaciones las madres contaban con una red de apoyo formada por familiares, vecinas y comunidad. Hoy muchas crían prácticamente solas.

 "La maternidad y la soledad son grandes enemigas"

Lo más valiente que hacen las madres cada día

Después de escuchar y acompañar a tantas familias, ¿qué te ha enseñado este trabajo sobre la vulnerabilidad y la humanidad de las madres?

Creo que las madres necesitan sobre todo gente que las escuche sin juzgarlas. Las madres de hoy en día dicen estar muy solas, y eso no es bueno, ni para ellas ni para sus hijos. La crianza no estaba pensada para hacerse en soledad. Hasta no hace mucho, las familias vivían siempre juntas y cuando llegaba un nuevo bebé, la madre tenía el apoyo de su propia madre, abuelas, tías, primas, vecinas… Es más adelante cuando las parejas empiezan a mudarse a otras ciudades y las familias empiezan a ser más pequeñas, cuando empezamos a ver a madres todo el día solas con niños a su cargo. Esto no es bueno. Los seres humanos somos inheremente sociales. Necesitamos gente alrededor. Y las madres más todavía. La maternidad y la soledad son grandes enemigas.

¿Qué es lo más valiente que ves hacer a las madres en su día a día?

Poner a sus hijos por encima de todo incluso cuando ellas mismas están atravesando momentos difíciles y la vida se ha puesto cuesta arriba.

¿Qué parte de Ana has tenido que cuidar especialmente para poder acompañar a otras familias desde un lugar tan humano?

Tengo la enorme suerte de que me apasiona lo que hago. Llevo muchos años estudiando la evidencia científica sobre crianza y desarrollo infantil, la conozco muy bien. Pero también llevo muchos años trabajando con familias y soy madre de cuatro hijos. Esta combinación me permite acompañar a las familias desde la comprensión, la empatía y la compasión. Trabajo desde una visión de la maternidad muy realista, muy del día a día. Lo mejor que me puede pasar es que las familias después de estar conmigo en una charla o en una sesión, me digan que se van con menos culpa, más herramientas, y más seguridad.

Hablarse con más amabilidad

¿Qué te gustaría que todas las madres dejaran de decirse a sí mismas?

Me gustaría que nos habláramos con más amabilidad.

A veces somos increíblemente duras con nosotras mismas. Un ejercicio muy útil es preguntarnos si le diríamos esas mismas palabras a una amiga. Si la respuesta es no, tampoco deberíamos decírnoslas a nosotras.

"Lo hacemos lo mejor que podemos con las herramientas que tenemos"

Y, para terminar, si una madre está leyendo esta entrevista sintiendo que no está a la altura, ¿qué te gustaría decirle?

Primero le diría que no todos los pensamientos que tenemos son verdad. No hay que creerse todo lo que nos pasa por la cabeza. Segundo, ¿Quién dicta quién está la altura y quién no? ¿Qué es estar a la altura? ¿A la altura de qué? Si tú y tu familia estáis bien, quiere decir que el sistema que tenéis montado funciona, así que adelante. Si, por el contrario, hay algún aspecto que te genera insatisfacción, es buena idea darle una vuelta. Y ante todo no olvidemos nunca que lo hacemos lo mejor que podemos con las herramientas que tenemos.

La mirada de Mujeres sin Manual

Hay entrevistas que dejan respuestas y otras que dejan cierto alivio.

Hablar con Ana Aznar es una invitación a bajar el volumen de la exigencia y a mirar la maternidad desde un lugar más humano porque detrás de muchas madres aparentemente fuertes, organizadas y capaces, hay mujeres cansadas de intentar llegar a todo y de sentir que nunca es suficiente.

Quizá por eso una de las ideas más valiosas de esta entrevista sea recordar que la perfección no es el objetivo y que equivocarse forma parte del camino, que reparar también educa y que cuidar de una misma no es egoísmo, sino una necesidad.

Mientras leía sus palabras era imposible no pensar en algo que en Mujeres sin Manual entendemos muy bien y es que ninguna madre recibe un manual cuando llega el momento de la maternidad y durante ese camino no sabemos si lo estamos haciendo bien o mal, avanzamos entre dudas, aprendizajes, amor, culpa y descubrimientos.

Puede que sea precisamente ahí, en medio de todo ese batiburrillo de emociones, dudas, contradicciones y aprendizajes, donde habite la verdadera maternidad porque las madres reales, las de carne y hueso, son las que más necesitan escuchar que no tienen que hacerlo perfecto, que ya son suficientes y que, con el tiempo, nuestros hijos probablemente no recordarán si llegamos a todo o si alguna vez nos equivocamos, pero sí recordarán el cariño, la comprensión y el amor con el que los acompañamos cada día.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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