Muchas historias de emprendimiento llegan hasta nosotros cuando el éxito ya permite mirar atrás: cuando los números acompañan, llegan los reconocimientos y los momentos difíciles pueden contarse en pasado. La historia de María García Montes y ZEVRA nos llega en otro momento: mientras la firma todavía está construyéndose y su fundadora desconoce hasta dónde llegará.
Su camino hasta aquí tampoco ha sido lineal. Creció entre Madrid y Sevilla, empezó a trabajar con 17 años y pasó por la moda antes de encontrar en el marketing y el emprendimiento una dirección profesional. Durante ese recorrido hubo cambios, decisiones difíciles y una sensación que la acompañó durante mucho tiempo: la de no sentirse capaz.
Con 22 años, recién independizada y después de perder su primer trabajo relacionado con el marketing, volvió a quedarse sin saber hacia dónde tirar. Una conversación con su psicóloga le ayudó entonces a mirar de otra manera todo lo que había hecho hasta ese momento. Tenía formación en moda, conocimientos de marketing y llevaba años pensando que algún día quería emprender.
Solo necesitaba encontrar qué hacer con todo aquello. La respuesta comenzó con un bolso dibujado en un papel y terminó llevándola hasta Ubrique para intentar fabricar una idea que otros consideraban demasiado compleja.
Así empezó ZEVRA.
La historia de María García Montes antes de emprender
María, hoy podemos presentarte como la fundadora de ZEVRA, pero antes de hablar de la marca me gustaría conocerte a ti. ¿Quién es María García Montes cuando quitamos el emprendimiento, los bolsos y todo lo que vemos en redes?
María es una mujer que ha luchado durante toda su vida por querer quererse y que hasta hoy sigue intentándolo.
Desde pequeña crecí con la sensación de no estar a la altura. En el colegio me veía incapaz de alcanzar la media de mis compañeros y estudiar nunca fue algo que se me diera especialmente bien. Hace relativamente poco me enteré de que tengo TDAH y, aunque eso no explica todo lo que viví, sí me hizo entender muchas cosas de mi infancia y adolescencia.
También sufrí algo de bullying. Siempre he tenido un sentido de la justicia muy fuerte y solía acercarme a quienes estaban apartados, a los niños con los que nadie quería jugar. Al final acabé sintiéndome como ellos por ser amiga de quien nadie quería serlo.
Aun así, dentro de mí había una seguridad extraña. No me importaba romper las reglas; de hecho, me gustaba. Tenía esa necesidad de sentirme única y de no seguir siempre al rebaño.
Mis padres se divorciaron cuando tenía cinco años y me volví inseparable de mi madre. Juntas vivimos alrededor de quince mudanzas entre Madrid y Sevilla. Cada una significaba empezar de nuevo: otra casa, otro colegio, otros compañeros y otro entorno al que adaptarme.
Mi familia tampoco confiaba en mí. Veían a una niña perdida, sin ganas de estudiar y sin un rumbo claro. Durante años escuché que no valía, que era tonta y que conmigo no había nada que hacer. Repetí curso dos veces. A los 16 años decidí irme a vivir con mi padre a Madrid. Fue una decisión muy difícil que tomé sin el apoyo de nadie. A los 17 empecé a trabajar como dependienta.
Estudié Confección y Patronaje y después comencé el Grado Superior de Diseño de Moda, pero a los pocos meses decidí abandonarlo. Busqué en Google “la mejor universidad de marketing en Madrid” y apareció ESIC. Me propuse pagarme yo sola los estudios allí.
Conseguí trabajo como dependienta en Salvador Bachiller y durante dos años compaginé el trabajo con la formación. Me levantaba a las 4:30 de la mañana para ir a clase y prácticamente todo mi sueldo se destinaba a pagar los estudios. Lo tenía calculado: me quedaban 30 euros para mí. Aun así, terminé los dos años y saqué muy buenas notas.
Mirándolo ahora, creo que aquello ya decía bastante de mí. Todavía no sabía qué empresa iba a crear, pero ya estaba tomando decisiones y haciendo sacrificios como alguien que tenía muy claro que quería construir algo propio.
Cómo nació ZEVRA: de perder su trabajo a encontrar una idea en terapia
Con 22 años acababas de independizarte, perdiste tu trabajo y has contado que tus inseguridades llegaron a un punto en el que no te dejaban dormir. ¿Cómo recuerdas emocionalmente a aquella María que sentía que no sabía qué hacer con su vida?
La recuerdo completamente perdida, pero también creo que fue uno de los momentos más determinantes de mi vida. Por aquel entonces había conseguido mi primer trabajo relacionado con marketing. Pensé que por fin estaba empezando a encajar las piezas, pero no fue así. No terminé de encajar con el equipo y decidieron despedirme.
Aquello me removió muchísimo. Venía de una vida bastante inestable y cargaba con muchas inseguridades. Me sentía la persona más estúpida del mundo. Mi cabeza no paraba. Empecé a cuestionarme todo: si había tomado buenas decisiones, si debería volver a estudiar moda, si realmente sabía hacia dónde quería llevar mi vida…
Pensaba tanto que hubo una época en la que prácticamente no podía dormir. Recuerdo días en los que me levantaba de la cama llorando porque sentía que no encontraba mi sitio. Por eso decidí empezar a ir al psicólogo.
En una de las sesiones, después de contarle todo lo que había estudiado y todo lo que me rondaba por la cabeza, me dijo algo con mucha seguridad: “Tienes moda y tienes marketing. Busca un producto y emprende”.
Y ahí se me encendió una luz.
Llevaba toda la vida diciendo que algún día quería emprender, pero siempre lo veía como algo que haría más adelante. De repente pensé: quizá ese momento no tenía que llegar cuando mi vida estuviera perfectamente ordenada. Quizá estaba llegando precisamente cuando todo se había desordenado. Entonces empecé a pensar qué producto tendría sentido para mí y pensé en los bolsos.
Así empezó todo.
Hay una escena de tu historia que parece casi el principio de una película: vas a terapia sintiéndote, como tú misma dices, “la persona más inútil del mundo” y tu psicóloga te dice que deberías emprender. ¿Qué vio ella en ti que tú en aquel momento eras incapaz de ver?
Creo que ella vio capacidad donde yo solo veía caos.
Yo había pasado años sintiendo que iba dando tumbos: moda, marketing, trabajos distintos, decisiones que muchas veces mi entorno no entendía… Para mí, en aquel momento, todo eso era la prueba de que no sabía qué hacer con mi vida, pero ella lo interpretó de otra manera.
Vio que tenía formación en moda, conocimientos de marketing, una necesidad constante de crear algo diferente y, sobre todo, una personalidad muy inconformista.
Creo que también vio algo que yo no era capaz de reconocer: que muchas de las decisiones difíciles que había tomado hasta entonces demostraban que sí sabía moverme cuando quería algo. Había cambiado de rumbo, me había pagado mis propios estudios, había trabajado mientras estudiaba y había aprendido a buscarme la vida desde muy joven.
Yo en ese momento no veía fortaleza en nada de eso, simplemente sentía que estaba sobreviviendo.
Ella consiguió ordenarlo.
Salí de aquella sesión exactamente con los mismos problemas con los que había entrado, pero con una dirección.
“A veces eso es lo único que necesitas, que alguien vea una posibilidad en ti antes de que tú seas capaz de verla”

El significado de ZEVRA: convertir lo diferente y lo imperfecto en identidad
Crear una marca también significa ponerle nombre a algo que hasta entonces solo existía en tu cabeza. ¿Cómo apareció ZEVRA? ¿Qué significa ese nombre y qué hay de ti detrás de él?
ZEVRA fue, literalmente, la primera palabra que se me pasó por la cabeza. Siempre he estado un poco cansada de ver los mismos códigos repetidos una y otra vez. Los mismos animales, las mismas referencias y pensé: ¿por qué siempre un caballo y por qué no una cebra?
La cebra me parecía mucho más interesante porque cada una tiene un patrón diferente. No existen dos exactamente iguales. Y esa idea conectaba muchísimo conmigo y con lo que quería construir.
Después decidí escribir ZEVRA con Z y con V precisamente porque no quería que fuera una palabra perfecta ni correcta. Quería que tuviera algo extraño e imperfecto, algo que llamara la atención y que rompiera la norma ortográfica española.
Para mí, esa “imperfección” representa algo muy humano. Todos tenemos partes de nuestra historia que no encajan, errores, inseguridades, decisiones que quizá no fueron perfectas… y precisamente muchas veces son esas cosas las que terminan construyéndonos.
Quería construir una marca que pudiera transmitir que no necesitas parecerte al resto para tener valor. Al contrario: aquello que te hace diferente, extraño o incluso imperfecto puede ser precisamente lo que te haga especial. Y los bolsos tenían que representar exactamente eso.
De un diseño que parecía imposible a la marroquinería artesanal
Después empiezas a intentar convertir aquel dibujo en algo real y varios talleres te dicen que es demasiado complejo de fabricar. ¿Hubo algún momento en el que pensaste que quizá tenían razón y que estabas persiguiendo algo imposible?
Hubo momentos de frustración, sí, pero curiosamente que me dijeran que era demasiado complejo de fabricar no me hizo pensar que debía abandonar la idea. Más bien al contrario. En mi cabeza, cuando algo parece imposible, muchas veces significa que estoy yendo por el camino correcto. Si hubiera sido sencillo, probablemente ya existiría y, por supuesto, no me motivaría a seguir intentándolo.
Varios talleres me dijeron que el diseño era demasiado complicado, que tenía demasiadas piezas, mecanismos y exigencias técnicas. Yo podía entender sus argumentos, pero no quería aceptar que la solución fuera simplificarlo hasta convertirlo en un bolso más.
Cuando alguien me dice “esto no se puede hacer”, automáticamente empiezo a pensar: “Vale, entonces habrá que encontrar otra manera”. Y entonces pasó algo que terminó cambiando completamente el rumbo del proyecto. Uno de esos talleres me recomendó ir a Ubrique.
¿Qué recuerdas de aquella primera llegada a Ubrique y del momento en el que, por fin, alguien entendió lo que querías hacer?
Recuerdo llegar a Ubrique sin ser realmente consciente del lugar al que estaba llegando. Sabía que me lo habían recomendado porque allí había talleres que podrían ser capaces de hacer realidad diseños complejos, pero no entendía todavía el peso que tenía Ubrique dentro del sector.
Hasta ese momento, gran parte del proceso había consistido en escuchar que el bolso era demasiado complejo y creo que lo que más me marcó al llegar allí fue notar un cambio de actitud.
Por primera vez sentí que alguien no estaba mirando el diseño pensando en todo lo que había que quitarle para hacerlo posible, sino en cómo conseguir que funcionara tal y como yo lo había imaginado.
Eso para mí fue enorme.
Yo no llegué a Ubrique buscando crear una marca de lujo. Llegué buscando a alguien capaz de fabricar mi idea. De hecho, ilusa de mí, llegué pensando que el bolso podría terminar costando unos 80 euros.
En Ubrique empecé a comprender todo lo que había detrás de convertir una idea en una pieza de calidad exquisita: los materiales, las manos de los artesanos, las maquetas, los prototipos, los errores, los tiempos, los proveedores y una cantidad de detalles que desde fuera ni siquiera imaginas.
Creo que allí fue cuando ZEVRA dejó de ser solamente una idea en mi cabeza y empezó a convertirse de verdad en un producto.
Cómo un bolso terminó llevando a ZEVRA al lujo
Hay algo muy curioso en tu historia y es que prácticamente has creado una marca de lujo sin proponértelo. ¿Cuándo fuiste realmente consciente del producto que habías creado y pensaste: “Esto no es la marca que yo creía que estaba construyendo”?
Creo que fui realmente consciente cuando cerramos por fin el prototipo y pudimos conocer el coste real del bolso.
Hasta ese momento no sabíamos cuánto iba a costar producirlo. Tardamos aproximadamente un año y medio en llegar a ese punto. Durante todo ese tiempo yo estaba construyendo ZEVRA pensando en una marca mucho más accesible, con bolsos de 60 u 80 euros porque sinceramente eso era lo que creía que estaba creando.
El problema, o quizá la suerte, es que nunca quise renunciar a nada del diseño. Si una piel era mejor, quería esa. Si un acabado podía hacerse mejor, quería hacerlo mejor. Y si para mantener el sistema que había imaginado había que complicar muchísimo la fabricación, prefería asumir esa complejidad antes que simplificar el bolso.
Cuando cerramos el prototipo y conocimos el coste real de fabricación, fue cuando pensé: “Esto no es la marca que yo creía que estaba construyendo”.
De repente tenía delante un bolso hecho en Ubrique, con pieles de alta calidad, un sistema complejo, muchas horas de trabajo artesanal y un precio final cercano a los 400 euros.
Ahí entendí algo que para mí fue clave:
“El lujo no había sido una estrategia de marketing, había sido una consecuencia y casi una obligación”
Yo no decidí primero crear una marca de lujo y después fabricar un bolso que encajara en ella. Fue exactamente al revés.
Reposicionar una marca de lujo sin perder una comunicación cercana y humana
Descubrirlo también habrá supuesto replantearte cómo estabas contando ZEVRA. ¿Cómo se reposiciona una marca cuando su propia fundadora se da cuenta de que llevaba tiempo comunicándola de una manera que quizá no correspondía con el valor real del producto?
Ese ha sido probablemente uno de los mayores retos de ZEVRA.
Durante aproximadamente un año y medio habíamos comunicado la marca de una forma muy cercana, desenfadada y humana, mucho más parecida a la comunicación de una marca accesible y tenía sentido porque todavía no conocíamos el verdadero valor económico del producto.
Cuando cerramos el prototipo apareció un choque importante: el producto había evolucionado muchísimo más rápido que la identidad visual y la percepción de la marca.
Había partes de ZEVRA que necesitaban mejora. La imagen, la presentación del producto, la fotografía, la manera de explicar los materiales, la artesanía, el proceso y todo lo que había detrás de ese precio.
Pero había algo que no quería cambiar: nuestra forma de hablarle a la gente. No quería que, por convertirnos en una marca de lujo, ZEVRA empezara de repente a sentirse distante, fría o excesivamente perfecta. Para mí, lujo no significa perder humanidad.
Así que para mí reposicionar la marca no significa convertirla en otra cosa. Significa conseguir que la imagen esté a la altura del producto sin borrar todo aquello que hizo que la gente conectara con nosotros desde el principio.
El producto tenía que elevarse. La marca tenía que estar a su altura, pero su voz podía seguir siendo la misma, igual de cercana, imperfecta y humana porque quizá ahí está precisamente lo diferente de ZEVRA: aspirar al lujo sin fingir perfección.
Emprender sin romantizarlo: perfeccionismo, dinero y miedo a fallar
Tú misma hablas de tu perfeccionismo. ¿Cuándo deja de ser una fortaleza y empieza a convertirse en una carga para una emprendedora?
Creo que el perfeccionismo es una de mis mayores fortalezas y, al mismo tiempo, una de las cosas que más me desgastan. Gracias a él no me conformé cuando me dijeron que el bolso era demasiado complejo, ni acepté simplificarlo simplemente para hacerlo más fácil o más barato.
El problema aparece cuando dejas de utilizar el perfeccionismo para mejorar algo y empiezas a utilizarlo para castigarte. Cuando nada parece suficiente. Cuando terminas algo y, en lugar de disfrutarlo, automáticamente estás buscando qué está mal.
Emprendiendo eso puede ser agotador porque una empresa nunca está terminada. Siempre hay una fotografía que mejorar, una web que cambiar, una estrategia que revisar, un producto que perfeccionar. Estoy aprendiendo que hacer las cosas muy bien no significa que todo tenga que ser perfecto antes de salir.
Hay otra parte de tu historia que me parece importante contar sin romantizar el emprendimiento: el dinero y el riesgo. Tu pareja decidió invertir en ZEVRA porque creyó en el proyecto y en ti. ¿Qué supone emocionalmente que alguien apueste sus ahorros por un sueño que es tuyo?
Las dos cosas. Por un lado, es probablemente una de las demostraciones de confianza más grandes que alguien puede hacerte. No es simplemente decirte “creo en ti”. Es poner parte de lo que has conseguido ahorrar durante años en una idea que todavía no sabes si va a funcionar.
Y eso me da muchísima fuerza, pero también aumenta el miedo.
Cuando alguien a quien amas pone sus ahorros en tu proyecto porque confía en ti, aparece una responsabilidad emocional mucho mayor. Hay veces que pienso: “Tengo que conseguir que esto funcione”. No solamente por mí, sino porque alguien decidió creer en algo que todavía ni siquiera estaba demostrado.
Supongo que ahí también está la parte menos bonita del emprendimiento. Puedes tener una idea increíble, muchísima ilusión y trabajar demasiado, pero detrás existen facturas, muchos gastos, imprevistos, inversiones y decisiones que afectarán a tu rumbo.
Y cuando el dinero es tuyo, duele, pero, cuando también es de alguien a quien quieres, pesa todavía más.
El apoyo de su pareja durante la creación de ZEVRA
Has dicho una frase muy bonita: “El amor de verdad abre muchas puertas”. ¿Qué papel ha tenido tu pareja no solo económicamente, sino también en esos momentos en los que quizá tú misma has dejado de creer en ZEVRA?
Ha tenido un papel enorme.
Creo que muchas veces hablamos de apoyar un sueño como si significara simplemente animar a alguien, pero hay una parte mucho menos visible. También significa aguantar conversaciones infinitas sobre el mismo problema, verme cambiar de opinión veinte veces y estar ahí cuando algo sale mal: cuando un prototipo no es lo que esperábamos, aparecen imprevistos o llevo días sintiendo que todo empieza a superarme.
Ha habido momentos en los que yo he dudado mucho más de ZEVRA que él. A veces necesitas que alguien te recuerde quién eras cuando empezaste, porque cuando estás demasiado metida dentro de un proyecto pierdes perspectiva.
“Cuando digo que el amor de verdad abre muchas puertas no hablo solamente de dinero, hablo de tener a alguien que, cuando tú ves una pared, sigue intentando encontrar una puerta contigo”
No todo el mundo lo veía de la misma manera. Incluso personas de vuestro entorno consideraron que aquello podía ser imposible. ¿Cómo se aprende a seguir adelante cuando las personas que te quieren dudan de una decisión en la que tú tampoco tienes ninguna garantía?
Creo que aprendes a aceptar que alguien puede quererte muchísimo y, aun así, no entender lo que estás haciendo.
Muchas veces las personas que te quieren intentan protegerte desde sus propios miedos. Ven el dinero que estás arriesgando, la dificultad, la posibilidad de que salga mal y piensan que decirte que pares es una forma de cuidarte.
Y lo entiendo. El problema es que, si yo hubiera esperado a tener la aprobación de todo el mundo para tomar las decisiones importantes de mi vida, probablemente no habría tomado muchas de ellas. Llevo tatuada en la pierna una frase que representa mi manera de pensar: “It’s impossible until you think otherwise” que significa: “Es imposible hasta que piensas lo contrario”.
Yo también he tenido miedo y también he dudado. La diferencia es que, incluso con ese miedo, había algo dentro de mí que necesitaba descubrir hasta dónde podía llegar aquella idea.

El presente de ZEVRA
Ahora has decidido dedicarte completamente a ZEVRA mientras estáis construyendo vuestra vida y pensando en vuestra primera casa. ¿Qué es lo que más miedo te da ahora mismo cuando piensas en todo lo que estás apostando?
Creo que ahora mismo estoy en uno de los momentos más decisivos de ZEVRA.
He decidido dedicarme completamente a la marca, pero me he dado hasta final de año para conseguir vender los bolsos que me quedan. Si no lo consigo, tendré que buscar otro trabajo para tener estabilidad económica. Eso no significa dejar ZEVRA. Pase lo que pase, voy a seguir trabajando en la marca, diseñando nuevos bolsos, buscando oportunidades y haciendo todo lo posible para que crezca.
Lo que me asusta no es trabajar, sino tener que dividir mi tiempo justo ahora, cuando siento que ZEVRA necesita de mí más que nunca. Sé que tengo 24 años y que este es uno de esos momentos en los que puedo permitirme asumir un riesgo así. No sé qué pasará de aquí a final de año, pero quiero llegar a ese momento sabiendo que le di a ZEVRA una oportunidad real con toda mi atención puesta en ella.
En redes solemos conocer las historias de emprendimiento cuando ya han funcionado. Tú estás contando la tuya mientras todavía estás en pleno camino. ¿Necesitamos hablar más de esa etapa en la que todavía no sabes si tu sueño va a funcionar?
Sí, muchísimo más.
Creo que estamos demasiado acostumbrados a conocer las historias de emprendimiento cuando ya tienen un final bonito. Cuando hay facturación, crecimiento, reconocimientos, entrevistas y una narrativa que parece perfectamente ordenada, pero casi nunca vemos la etapa anterior. La etapa en la que no sabes si vas a vender. En la que haces números constantemente, en la que una mala semana te hace cuestionarte todo y en la que no sabes si una decisión será el principio de algo grande o simplemente otro error más.
Yo estoy hablando de ZEVRA precisamente desde ahí. Todavía no puedo decir: “Todo esto mereció la pena porque funcionó”. No sé qué va a pasar y creo que esa parte también merece ser contada.
La realidad es que durante mucho tiempo no sabes si estás construyendo una historia de éxito o simplemente aprendiendo muchísimo de algo que quizá no salga como esperabas.
“Yo todavía no conozco el final de ZEVRA y precisamente por eso creo que este es uno de los momentos más honestos para contar su historia”
Cómo ZEVRA está ayudando a María García Montes a recuperar la confianza
Hay algo casi paradójico en tu historia: ZEVRA nace precisamente en uno de los momentos en los que menos confiabas en ti misma. ¿Construir esta marca te está ayudando también a reconstruir la imagen que tenías de ti?
Sí, completamente.
De hecho, creo que una de las cosas más importantes que está haciendo ZEVRA por mí no tiene que ver con vender bolsos, sino con cambiar la imagen que durante muchos años tuve de mí misma.
Crecí sintiendo que me costaban más las cosas que a los demás. Repetí cursos, escuché muchas veces que no valía, que no era buena estudiante y durante años fui acumulando la sensación de que quizá simplemente no era capaz.
Creo que ZEVRA me está ayudando precisamente a desmontarla poco a poco. De hecho, muchas veces digo que ahora mismo mi mayor psicólogo es ZEVRA.
La marca me obliga constantemente a enfrentarme a mis inseguridades, a mis miedos, a mi perfeccionismo y a esa parte de mí que todavía duda de si es suficiente. Me he equivocado muchísimo construyendo ZEVRA y seguramente seguiré haciéndolo, pero también he conseguido resolver muchísimas cosas para las que nadie me había preparado y eso me está enseñando algo que para mí es muy importante: equivocarme no significa ser incapaz.
Creo que durante muchos años necesité que alguien me dijera que podía hacer las cosas. Ahora estoy intentando convertirme yo en esa persona.
ZEVRA nace alrededor de una pieza capaz de transformarse y adaptarse. Si llevamos esa idea a tu propia historia, ¿cuánto ha tenido que transformarse María desde aquella chica que dibujó el primer bolso?
Uf, muchísimo.
La María que dibujó aquel primer bolso tenía una idea y demasiada ilusión. En aquel momento pensaba sobre todo en crear y en que sería mucho más fácil todo.
Hoy pienso también en costes, márgenes, producción, proveedores, ventas, posicionamiento, inversión y, básicamente, supervivencia empresarial. He tenido que aprender a ser mucho más racional sin perder la parte creativa que tanto me caracteriza.
Creo que he madurado muchísimo en estos años, pero hay algo que no ha cambiado: sigo teniendo esa necesidad de hacer algo diferente y de no conformarme con lo que ya existe.
ZEVRA y yo nos parecemos bastante. El bolso cambia de forma, de color y se adapta a distintos momentos, pero sigue siendo la misma pieza. Yo siento que me ha pasado algo parecido. Quizá la mayor transformación no haya sido convertirme en alguien diferente, sino empezar a confiar en la persona que ya era.

El futuro de ZEVRA: bolsos fabricados en Ubrique que parezcan imposibles
Después de todo lo que ha costado convertir aquel primer dibujo en una marca real, ¿hasta dónde sueñas con llevar ZEVRA?
Me encantaría que llegara un día en el que alguien viera uno de nuestros bolsos y pudiera reconocerlo sin necesidad de leer el nombre de la marca. Para mí, eso significaría haber construido una identidad realmente fuerte.
El lema de ZEVRA es: “Bags Crafted to be Rare”. Resume perfectamente nuestra forma de entender la marca: crear bolsos únicos, cuidadosamente elaborados y pensados para ser verdaderamente excepcionales, pero, sobre todo, quiero que ZEVRA se convierta en una marca de bolsos completamente fuera de sí.
Quiero hacer bolsos que sean auténticas idas de olla. Cosas que jamás hayas visto. Diseños que a simple vista parezcan imposibles. No me interesa hacer bolsos convencionales ni limitarme a reinterpretar lo que ya existe. Me gusta diseñar piezas que sorprendan, que rompan esquemas y que hagan que alguien piense: “¿Y esto cómo no se ha hecho antes?”.
Pero tampoco quiero que las locuras se queden solamente en el producto. Quiero lanzar nuestros bolsos desde un helicóptero, crear campañas que parezcan una auténtica locura, que nadie se espere, y llevar la marca a lugares en los que normalmente no imaginarías encontrarte un bolso de lujo.
“No quiero construir una marca correcta, quiero construir una marca que provoque algo”
Quiero que ZEVRA crezca como una firma española con una identidad muy fuerte, manteniendo la calidad, la artesanía y nuestro vínculo con Ubrique, pero sin perder nunca esa parte rara, atrevida e imprevisible que está en el origen de la marca.
Hace unos años yo tampoco sabía nada de marroquinería y solamente tenía un dibujo en un papel. Hoy ese dibujo existe. Así que, si me preguntas hasta dónde quiero llevar ZEVRA, mi respuesta sería: hasta donde podamos seguir haciendo cosas que cuando las contemos, alguien nos diga que estamos completamente locos.
El momento “sin manual” de María García Montes como fundadora de ZEVRA
En Mujeres sin Manual siempre buscamos ese momento en el que sentimos que nadie nos había explicado cómo afrontar lo que estaba ocurriendo. ¿Cuál dirías que ha sido hasta ahora tu verdadero momento “sin manual”?
Creo que mi verdadero momento “sin manual” llegó cuando entendimos que habíamos estado comunicando una marca de lujo como si no lo fuera.
Durante aproximadamente un año y medio hablamos de ZEVRA de una forma muy cercana, muy humana y desenfadada porque todavía no conocíamos el coste real del bolso.
Cuando cerramos el prototipo y descubrimos que el producto iba a rondar los 400 euros, lo primero fue pensar que habíamos cometido un error. Habíamos creado un producto de lujo, pero no nos comportábamos como imaginábamos que debía comportarse una marca de lujo.
Durante un tiempo pensé que la respuesta era parecernos más a las marcas de lujo que ya existían. Hacer una comunicación más seria, más distante, más perfecta hasta que me di cuenta de que quizá estábamos haciéndonos la pregunta equivocada.
Nos preguntamos: “¿Qué haría una marca de lujo?” y después: “¿Qué no haría jamás una marca de lujo?”.
La respuesta fue muy sencilla: ser así de cercana, enseñar sus errores, mostrar a la persona que hay detrás, hablar sin fingir perfección y permitir que la gente vea cómo se está construyendo prácticamente en tiempo real.
Entonces pensamos: hagámoslo.
En lugar de borrar aquella parte de ZEVRA para encajar en una categoría, decidimos convertirla en parte de nuestra identidad. Creo que ese fue uno de mis mayores momentos “sin manual”: descubrir que no siempre tienes que corregir aquello que parece diferente. A veces precisamente ahí está la respuesta.
ZEVRA tenía que hacer lo que ninguna marca de lujo haría y encontramos la respuesta más sencilla de todas: hacerlo.
Para terminar, después de todo lo que estás viviendo con ZEVRA, ¿qué te gustaría que este camino te dejara a ti como mujer, más allá de lo que llegue a conseguir la marca?
ZEVRA vino a mí en un momento en el que yo no estaba bien conmigo misma y, desde entonces, me ha obligado a enfrentarme a muchísimas inseguridades, a exponerme más, a tomar decisiones y a confiar en mí incluso cuando no las tenía todas conmigo.
Más allá de hasta dónde llegue la marca, me gustaría que este camino me ayudara a aprender a quererme más, a confiar en lo que hago y a no necesitar constantemente que alguien de fuera me confirme que valgo. Me gustaría mirar atrás algún día y pensar que ZEVRA no solo me ayudó a construir una empresa, sino también a construir una versión de mí mucho más segura.
La mirada de Mujeres sin Manual
“Perdí mi trabajo, fui al psicólogo y terminé creando una marca de lujo sin saberlo”.
Así comenzaba el asunto del correo que María nos envió para contarnos su historia, y, por supuesto, llamó nuestra atención.
Para Mujeres sin Manual, recibir vuestras historias en nuestra bandeja de entrada es un verdadero lujo. Significa que al otro lado hay mujeres que confían en nosotras para contar aquello que están viviendo y, al mismo tiempo, nos da la oportunidad de seguir descubriendo historias y haciendo crecer este proyecto.
Y quizá por eso hemos sentido una conexión especial con María.
ZEVRA y Mujeres sin Manual tienen algo en común: son dos proyectos que están creciendo y ninguna sabemos todavía hasta dónde llegarán.
Conocer su historia nos ha emocionado muchísimo y nos ha recordado por qué no necesitamos esperar a que una historia termine bien para considerar que merece ser contada. No hacen falta únicamente cifras, reconocimientos o grandes historias de éxito. Necesitamos historias reales. Historias en las que también tengan espacio las inseguridades, los miedos, las dudas, las caídas y los errores.
Porque quizá también sea necesario alejarnos un poco de ese perfeccionismo que tantas veces se nos muestra y empezar a normalizar el camino mientras lo estamos recorriendo. Sin conocer el final, sin tener todas las respuestas y sin saber todavía si aquello por lo que estamos luchando saldrá como imaginábamos.
María lo expresa con una frase que nos gustaría guardar después de esta conversación: “Equivocarme no significa ser incapaz”.
Hoy hemos tenido la oportunidad de contar el inicio de ZEVRA. Ojalá dentro de unos años volvamos a sentarnos con María y podamos contar todo lo que ocurrió después.
Gracias, María, por confiar en Mujeres sin Manual para contar tu historia y por permitirnos ser el primer medio que se hace eco de ZEVRA.
Nosotras tampoco sabemos hasta dónde llegará este proyecto, pero qué bonito poder crecer contando, desde el principio, las historias de mujeres que tampoco conocen todavía el final del suyo.

