María del Mar Robert: “Las decisiones importantes hay que tomarlas con el corazón”

Después de quince años ejerciendo como arquitecta, María del Mar Robert cambió de rumbo para hacer de la acuarela su profesión. Hoy, al frente de Aguademar Taller Creativo y tras haber acompañado a más de dos mil personas en sus cursos y talleres, publica Acuarela desde dentro, un libro en el que propone ir más allá de la técnica para encontrar una mirada propia.

Hay decisiones que no nacen de un rechazo a la vida que tenemos, sino de la certeza de que hemos cambiado y necesitamos que nuestra vida cambie también. Algo así ocurrió en la historia de María del Mar Robert, acuarelista gaditana. La arquitectura había sido una elección propia, una profesión que disfrutaba y que todavía forma parte de su manera de observar, ordenar y comprender el mundo, pero llegó un momento en el que aquel camino dejó de ser suficiente.

La pintura, que la había acompañado desde mucho antes, fue ocupando entonces otro lugar. De ese cambio nació Aguademar Taller Creativo, su proyecto profesional y creativo, desde el que enseña acuarela y acompaña a otras personas a desarrollar una creatividad que muchas veces ha quedado escondida bajo el miedo, la falta de tiempo o la creencia de que crear es solo para quienes tienen un talento especial.

Cuando María del Mar Robert nos habla de acuarela, la conversación acaba llevándonos mucho más lejos del papel y los pinceles. Habla de control y de aprender a soltar, de intuición, de miedo, de encontrar una voz propia y de aceptar que no siempre podemos conocer de antemano el camino que tenemos delante.

Quizá por eso su historia empieza con un cambio profesional, pero termina planteando una pregunta mucho más universal: qué hacemos cuando la persona en la que nos estamos convirtiendo ya no cabe del todo en la vida que habíamos construido.

De la arquitectura a la acuarela: cuando cambiar de vida deja de ser una opción

Siempre me gusta empezar igual. Si dejamos a un lado los pinceles, los cursos y Aguademar... ¿quién es María del Mar Robert?

Creo que no hay mucha diferencia entre la que soy en el trabajo y fuera de él. Soy una persona curiosa, disciplinada, que necesita encontrar belleza en lo que le rodea para tener equilibrio. También necesito tener cerca a mi familia, a la gente que quiero y al mar. Y tengo una gran necesidad de seguir evolucionando y creciendo a todos los niveles.

Durante quince años trabajaste como arquitecta. Era una profesión estable, con un camino ya construido y aun así decidiste dejarlo todo para dedicarte a la acuarela. Mirando atrás, ¿qué tuvo que pasar para que tomaras una decisión así?

Desde fuera puede parecer valiente, pero en realidad fue una decisión llena de miedos y de incertidumbre. Básicamente, lo que ocurrió es que sentía que mi sitio ya no estaba ahí; que tenía muchas cosas que ofrecer al mundo, muchas capacidades que desplegar y que desde ese lugar ya no era posible hacerlo.

Fue una etapa en la que disfruté mucho de mi trabajo, pero llegó un momento profesional y vital en el que sentí que lo que hacía ya no tenía como objetivo principal mejorar la vida de las personas, que es para lo que sirve la arquitectura.

Sentía que me iba a arrepentir profundamente si me quedaba allí y no intentaba desarrollar lo que siempre había sido mi pasión: pintar y ayudar a otras personas a hacerlo. Y, con ilusión y miedo a partes iguales, di el paso.

“Sentía que me iba a arrepentir profundamente si me quedaba allí y no intentaba desarrollar lo que siempre había sido mi pasión”

¿Hubo algún momento en el que sintieras que estabas viviendo la vida que se esperaba de ti, pero no la que realmente querías vivir?

No fue eso exactamente. Nadie me obligó a estudiar Arquitectura. De hecho, es una profesión que sigue pareciéndome maravillosa y con la que me identifico. Esa fue la elección que hizo la María del Mar de aquel momento, con lo que sabía entonces acerca del mundo y de ella misma.

Cambiar los planos por los pinceles no ha sido un acto de rebeldía, sino más bien una consecuencia inevitable de mi evolución personal.

No es que estuviera haciendo lo que se esperaba de mí y, en un momento dado, decidiera dar un golpe en la mesa y romper con todo. Fue más bien que, al evolucionar y soltar capas que me daban una seguridad aparente, que me mantenían en espacios previsibles o conocidos, se fue abriendo un nuevo universo de posibilidades más alineadas con la persona en la que me estaba convirtiendo.

Dices que la arquitectura modeló para siempre tu forma de pensar y de crear. ¿Qué parte de aquella arquitecta sigue viviendo hoy en la acuarelista?

Creo que mi manera de entender el mundo es muy arquitectónica. Necesito entender el conjunto antes que los detalles, tener un marco mental amplio que me ayude a organizar lo principal frente a lo accesorio.

Al pintar me ocurre algo parecido. Busco que cada pincelada esté al servicio de una idea principal, que todo sea coherente con ella. Intento que haya un hilo conductor en todo lo que hago.

Creo que la arquitectura es una carrera y una profesión que marca una manera de ver el mundo.

María del Mar Robert con su libro Acuarela desde dentro
María del Mar ha convertido la acuarela en su profesión a través de Aguademar Taller Creativo.

Volver a crear sin miedo: “No hace falta tener ningún don para esto”

¿Recuerdas cuándo apareció la acuarela en tu vida? ¿Fue un flechazo desde el principio o una historia que fue creciendo poco a poco?

Siempre me ha parecido una técnica fascinante. Recuerdo que desde niña era un tipo de pintura que me atraía poderosamente. La veía tan esencial, tan luminosa… que me fascinaba.

Pensaba, como mucha gente, que la acuarela requería un don especial que, por supuesto, yo no tenía. El tiempo me demostró lo equivocada que estaba, porque no hace falta tener ningún don para esto, solo comprenderla y aceptar sus retos. Y cuanto más la practico, más me gusta.

“No hace falta tener ningún don para pintar, solo comprender la acuarela y aceptar sus retos”

Si tuvieras que explicar qué significa pintar para ti, ¿qué dirías?

Es algo que forma parte de mi identidad, de lo que soy. Si no pudiera pintar, me sentiría incompleta y, probablemente, bastante vacía y triste.

Tengo la sensación de que muchas personas llegan a tus talleres pensando que van a aprender acuarela y, sin darse cuenta, acaban llevándose mucho más. ¿Qué crees que encuentran realmente cuando se sientan por primera vez delante de un papel en blanco?

Todo el mundo viene para aprender acuarela, pero creo que muchas personas llegan, aunque no lo sepan, buscando otras cosas: encontrar un espacio propio, darse permiso para empezar a desarrollar una creatividad que tienen dentro y que no han podido practicar por mil circunstancias, demostrarse a sí mismas que pueden crear obras de las que sentirse orgullosas o ganar seguridad al pintar dentro de un espacio más guiado.

Creo que cuando alguien siente esa pulsión artística y se da la oportunidad de ponerla en práctica, lo que recibe a cambio es muchísimo y muy valioso.

Hay una frase que escuchamos mucho: «Yo no sé pintar». ¿Crees que, en realidad, el miedo no está tanto en no saber pintar como en permitirnos crear sin juzgarnos?

Claro. Ese miedo al juicio externo, o a la autocrítica, que suele ser mucho más feroz, está ahí diciéndonos: “Ni lo intentes porque no vales”.

Y hay otra cuestión: todavía hoy parece que solo se puede pintar si haces “arte de verdad”. Y eso solo pueden hacerlo los “artistas”, entendidos como seres tocados por un don casi divino. El resto puede hacer “cositas” creativas como hobby, pero no “pintar de verdad”. Y esa idea ahoga el impulso creativo antes siquiera de empezar.

Yo defiendo que, igual que hoy todo el mundo asume que puede disfrutar de algún deporte sin tener que alcanzar el nivel de un deportista de élite, con la creatividad tenemos que darnos permiso para pintar o dibujar si es lo que nos apetece, simplemente para pasarlo bien.

Los resultados llegarán con la práctica, o no, pero en el camino siempre tenemos el disfrute.

“La idea de que solo los “artistas” pueden pintar de verdad ahoga el impulso creativo antes siquiera de empezar”

De pequeñas todas pintábamos sin miedo. Nadie nos decía si estaba bien o mal. ¿En qué momento dejamos de crear con esa libertad? ¿Y cómo podemos volver a encontrarnos con esa niña?

Aquí hay algo contradictorio, en mi opinión. Todos los niños pintan y disfrutan haciéndolo, pero llega un momento en el que el colegio y la sociedad empiezan a reducir la creatividad a dibujar “bien” o “mal” y, en paralelo, aparece la idea de que el arte es algo accesorio, poco útil como camino profesional, algo que está bien como “afición”, pero poco más.

Con todo esto, es muy fácil abandonar algo que te divierte pero que «no haces bien» y que, además, aparentemente tampoco sirve para nada práctico.

Al final, como en tantas otras cosas, darle sitio a lo creativo pasa por decidir que es algo importante e intentar disfrutarlo sin pensar constantemente en el resultado.

Cuando pintar se convierte en un espacio propio

¿Qué has aprendido tú sobre las personas observándolas mientras pintan?

Lo más valioso que me recuerdan es, precisamente, el valor de hacer algo simplemente por disfrute. Porque yo, que he hecho de esto mi profesión, tampoco estoy a salvo de la autoexigencia.

Creo que para crear algo verdaderamente propio es fundamental hacerlo como un juego, disfrutando.

En un mundo donde todo va tan deprisa, pintar parece casi un acto de rebeldía. ¿Qué tiene la acuarela que consigue bajar el ritmo y hacernos respirar de otra manera?

Es una técnica muy especial, llena de dualidades. Requiere planificación, pero también soltar. Tener agilidad con el pincel, pero saber esperar. Una buena acuarela se consigue cuando somos capaces de mantener el equilibrio entre lo que controlamos y lo que permitimos soltar.

El hecho de que el agua sea el medio que genera movimientos y desplazamientos del color irrepetibles tiene un punto de magia y de atracción difícil de igualar. A riesgo de ponerme intensa, creo que hay algo casi espiritual en el hecho de que el vehículo principal, el agua, que es el que conduce el color, luego desaparezca y solo quede su huella.

Los mejores resultados se consiguen cuando logras conectar con el agua de manera que la comprendes. Y todo eso produce un estado mental enormemente placentero. Como ves, es una técnica fascinante.

“Una buena acuarela se consigue cuando somos capaces de mantener el equilibrio entre lo que controlamos y lo que permitimos soltar”

¿Crees que el arte puede convertirse también en una forma de cuidar nuestra salud emocional? ¿Lo has visto reflejado en las personas que pasan por tus talleres?

Totalmente. Hay personas que atraviesan problemas muy graves y encuentran en la acuarela su espacio propio, su refugio, la desconexión que necesitan de su propio ruido mental.

Cada curso en mis clases y cada edición de mis talleres lo confirma. Sin duda, el arte puede ser enormemente terapéutico.

¿Ha habido alguna alumna cuya transformación te haya emocionado especialmente?

Me conmueven especialmente las historias de personas que tienen problemas graves, que a veces están atravesando duelos, circunstancias personales o situaciones de salud muy duras, y encuentran alivio, consuelo y confianza en la acuarela.

Cuando alguien, en las clases presenciales o a través de los talleres online, me cuenta cómo le está ayudando la acuarela, me siento enormemente agradecida.

Cuando alguien termina una ilustración y sonríe orgullosa de algo que pensaba que no era capaz de hacer, ¿qué sientes tú?

Es mi mayor satisfacción. Lo que más me gusta oír es: “Nunca hubiera dicho que iba a ser capaz de hacer esto”.

Libro Acuarela desde dentro de María del Mar Robert
Acuarela desde dentro, el libro en el que María del Mar invita a ir más allá de la técnica para encontrar una mirada propia.

Acuarela desde dentro: encontrar una mirada propia antes de tocar el papel

Después de años compartiendo su manera de entender la acuarela dentro y fuera del aula, María del Mar Robert reúne ahora buena parte de ese aprendizaje en Acuarela desde dentro, su primer libro y una invitación a encontrar una forma propia de mirar, crear y pintar.

En Mujeres sin Manual creemos mucho en el poder de las historias y hemos visto que has dado un paso muy especial con la publicación de Acuarela desde dentro. Después de acompañar a más de dos mil personas a descubrir la acuarela, ¿qué necesitabas contar que sentías que ya no cabía solo en tus clases?

Como sabes, comunico mucho en redes sociales y a través de mi newsletter, pero esa comunicación es intermitente y, aunque sea útil, por el propio formato le falta profundidad y se consume de manera discontinua.

Por eso, cuando la editorial me hizo la propuesta del libro, no pensé en escribir un manual de acuarela al uso ni en pasar mis cursos a formato libro, sino en escribir sobre algo que para mí fuera importante, el núcleo de todo y que no hubiera desarrollado suficientemente.

Entonces me di cuenta de que había algo fundamental que era difícil explicar en redes, en el blog o en un curso: el proceso necesario para acortar la distancia entre lo que pintas y lo que realmente quieres decir.

Porque cuando alguien empieza a entender la acuarela, su mayor deseo es poner su visión sobre el papel, hacer obras que le representen. Y eso requiere técnica, por supuesto, pero también otras cosas igual o más importantes: mirar, decidir y mantener la práctica en el tiempo.

En definitiva, he intentado dar las claves de un proceso que ayude a crecer creativamente en la acuarela, avanzando hacia obras cada vez más propias y personales, y que sea útil independientemente del nivel técnico de la persona que lo lea.

“Hay una distancia entre lo que pintas y lo que realmente quieres decir”

El propio título ya dice mucho: Acuarela desde dentro. ¿Qué significa para ti ese «desde dentro»? ¿Qué querías transmitir con esas palabras?

Quiero transmitir la idea de que una obra que nos representa nace de una manera personal de ver el mundo: de los temas en los que decidimos detener la mirada, de las decisiones que tomamos al pintar en cuanto al color, el formato, los materiales…

Todo eso requiere cierta introspección y entender por qué nuestra sensibilidad se inclina más hacia determinados temas y maneras de resolver una acuarela. Hasta que no entendemos eso, nuestras acuarelas pueden ser correctas, pero sentiremos que no nos representan del todo.

Por eso una acuarela empieza dentro, mucho antes de que el papel toque el pincel.

¿Te gustaría que quien abra el libro aprenda a pintar o que aprenda también a mirarse de otra manera?

Me encantaría que descubriera un camino que le ayude a pintar como desea hacerlo. Que entienda que hay que amar el proceso tanto como el resultado. Y también que se dé cuenta de que su mirada es única y, por tanto, valiosa.

Mientras escribías el libro, ¿hubo algún momento en el que sintieras que también estabas escribiendo una parte de tu propia historia?

En realidad, el planteamiento del libro salió muy rápido. A medida que lo iba estructurando, me parecía cada vez más obvio que tenía que ser así.

Y es que, en cierto modo, el libro ya estaba escrito, ¡jajaja! Porque no es más que el resultado de ordenar y poner en palabras las ideas, reflexiones, errores y aciertos que llevo a mis espaldas después de muchos años viviendo y pintando, y algunos menos acompañando a otras personas a pintar.

Si tu libro pudiera llegar a las manos de una única mujer en el momento exacto en el que más lo necesitara, ¿cómo te imaginas que sería esa mujer? ¿Qué te gustaría regalarle con sus páginas?

Me encantaría que llegara a las manos de una mujer creativa, pero que no siente la confianza suficiente para decirse a sí misma que lo es.

Me gustaría regalarle claridad, seguridad, allanarle su camino creativo y que se diera cuenta de que no hace falta ser “artista”, en el sentido romántico de la palabra, para disfrutar de la pintura y hacer de ella una manera de estar en el mundo.

“Me gustaría que llegara a una mujer creativa que todavía no tiene la confianza para decirse a sí misma que lo es”

María del Mar Robert pintando una acuarela en la playa
El mar de Cádiz, siempre presente en su obra, se convierte también en escenario y fuente de inspiración mientras pinta.

Cádiz, el mar y una forma de mirar el mundo

Hablas del mar como si fuera parte de tu identidad y dices que está en tu ADN. ¿Qué tiene para ti que siempre acaba encontrando un hueco en tus acuarelas?

Soy gaditana, he crecido y vivido rodeada de mar. Aquí vivimos pendientes de las mareas, del viento… El mar condiciona y marca nuestro día a día. Esto es así.

Pero, aparte de eso, para mí hay algo fascinante en el mar, en las orillas y en las zonas de marismas. Son entornos en movimiento, siempre cambiantes, donde los límites son imprecisos y hay lugares que cambian de fisonomía dependiendo de si están sumergidos, secos o húmedos, o según las estaciones.

El mar me parece una fuente inagotable de inspiración, tanto en lo vital como en lo artístico.

“Soy gaditana… aquí vivimos pendientes de las mareas, del viento… el mar condiciona y marca nuestro día a día”

Hay una frase tuya que me hizo detenerme: dices que te fascina el retrato porque te permite descubrir la historia que hay detrás de cada gesto. Me sentí muy identificada porque esa es también la forma en la que entendemos las entrevistas en Mujeres sin Manual. ¿Qué crees que puede contar un rostro incluso antes de que una persona empiece a hablar?

El rostro es el espejo del alma. Se ha dicho siempre y creo que es absolutamente cierto. Y también el cuerpo muestra lo que somos.

En la manera de mirar, de movernos, en el lenguaje corporal, en las marcas que el tiempo nos imprime, creo que revelamos mucho, muchísimo de nosotros mismos: nuestra historia, nuestros miedos, nuestros éxitos, la imagen que queremos proyectar…

Todo esto, que tiene que ver con el comportamiento humano, me parece fascinante. Me gusta mucho jugar a poner esa percepción sobre el papel cuando hago retratos.

Emprender sin tener el mapa completo: convertir una pasión en un proyecto de vida

Convertir una pasión en una profesión nunca es un camino fácil. Imagino que también habrás tenido momentos de duda. ¿Hubo alguno en el que pensaste que quizá Aguademar no saldría adelante? ¿Qué hizo que siguieras?

En realidad, nunca he tenido dudas de que mi decisión de cambiar de registro profesional fuera acertada. Ahora bien, miedos e incertidumbres sobre cómo hacer viable este proyecto ha habido a montones. Y sigue habiéndolos, porque esto es un reto constante.

Tengo tan claro, siento dentro tan nítidamente, que estoy donde tengo que estar, que la única opción es seguir. Puede cambiar la forma externa de hacer viable el proyecto, pero la idea es la que es. No tengo plan B.

“Siento tan nítidamente que estoy donde tengo que estar y que la única opción es seguir”

Muchas mujeres sueñan con cambiar de rumbo, pero el miedo suele pesar más que la ilusión. ¿Qué le dirías hoy a una mujer que siente que ha encontrado su vocación, pero no se atreve a dar el paso?

Creo que las decisiones importantes hay que tomarlas con el corazón, pero las consecuencias hay que afrontarlas con la cabeza.

Cuando ves claramente que el camino es por ahí, no seguirlo es traicionarte. Y pienso que eso, a la larga, es mucho peor que fracasar. Pero también es necesario calibrar si tienes algo de red para sostenerte mínimamente si las cosas no salen bien y adaptar un poco la ruta si es necesario.

Dicho esto, he experimentado personalmente muchas veces que, cuando estás donde tienes que estar, empiezan a aparecer puertas que no podías imaginar que existían. Yo, que soy una persona esencialmente pragmática, lo he vivido de una manera asombrosa, sobre todo al principio.

Así que le diría a alguien en esta situación que, aunque no vea el mapa, probablemente al empezar a andar irá dibujándose.

“Las decisiones importantes hay que tomarlas con el corazón, pero las consecuencias hay que afrontarlas con la cabeza”

¿Qué has descubierto sobre ti desde que decidiste apostar por Aguademar Taller Creativo?

Estos años me han supuesto retos muy grandes y he aprendido muchísimas cosas. He descubierto que soy más resistente de lo que pensaba y que hay potencial que solo empieza a desplegarse cuando salimos de lo conocido y nos ponemos a prueba.

También he aprendido que mi intuición sabe mucho más de lo que imagino y que muchas respuestas están dentro, antes de mirar fuera. Para mí, que soy una persona muy mental, esto ha sido un descubrimiento sorprendente y poderoso.

Aprender a vivir sin manual

Hay algo que me gusta mucho de la forma en la que comunicas. No compartes solo ilustraciones; compartes calma, inspiración y una manera muy personal de entender la creatividad. ¿Cómo vives esa exposición en redes sociales? ¿Alguna vez has sentido miedo a mostrar una parte tan personal de ti?

Gracias, qué bueno que te guste mi comunicación. Después de más de seis años activa en redes, me siento cómoda en ese espacio porque solo comparto lo que creo que puede ser útil a las personas que me leen.

Por eso no hablo únicamente de técnica, sino también de cómo mantener una vida creativa, de hacer caso a ese impulso, aunque el resultado no sea espectacular y de protegerlo porque es algo que hace mejor nuestro día a día.

Es cierto que a veces son ideas muy personales, pero están al servicio del objetivo de mi trabajo y quizá por eso siento natural compartirlas. Sin embargo, las cosas más íntimas, como mi vida familiar, nunca están en redes. Me sé la teoría de que ese tipo de contenido humaniza la marca y tal y cual, pero siento que no aporta nada relevante y me lo reservo.

“Hay que hacer caso al impulso creativo, aunque el resultado no sea espectacular y protegerlo porque hace mejor nuestro día a día”

En Mujeres sin Manual siempre decimos que hay momentos para los que nadie nos prepara. ¿Cuál ha sido ese gran momento de «no tengo un manual para esto» en tu vida?

Después de 55 años en este mundo, he tenido bastantes, ¡jajaja! La carrera de Arquitectura, que fue muy dura; la maternidad, que te descoloca todas las piezas; mi cambio laboral; circunstancias personales complicadas… He estado muchas veces en situaciones que me han desbordado por su intensidad y por no saber cómo afrontarlas.

Y es curioso que me preguntes esto porque yo siempre intento encontrar una hoja de ruta para todo. Durante muchos, muchos años creía que para cada circunstancia complicada tenía que haber una manera “correcta” de enfocarla y yo la buscaba con todo mi afán.

Ahora estoy en una etapa, creo, más madura en ese sentido. Soy más consciente de mis recursos personales y sé que probablemente volveré a encontrarme sin mapa, pero ahora tengo la confianza de que sabré encontrar la ayuda que necesite y de que tendré los recursos personales necesarios para sobrellevarlo.

Si hoy pudieras volver a aquella María del Mar Robert que aún trabajaba como arquitecta y enseñarle una fotografía de la vida que tienes hoy, ¿crees que se atrevería a creer que era posible?

Probablemente no. La María del Mar que se estaba planteando cambiar de vida no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo, ¡jajaja!

En realidad, esto es un poco la muestra de que se hace camino al andar. Un paso te lleva al siguiente y, cuando te das cuenta, has recorrido un camino muy largo.

Y ahora sí, la última. Si tuvieras que pintar a la mujer que eres hoy utilizando un solo color, ¿cuál elegirías? ¿Y por qué precisamente ese?

Sin dudarlo, cualquiera de los colores del mar, que me representa tanto. Un azul verde que diera matices limpios y luminosos, y también oscuros y profundos. Como la vida misma.

La mirada de Mujeres sin Manual

Vivimos rodeadas de caminos que parecen venir trazados de antemano: estudiar, encontrar un trabajo estable, conservarlo, hacer lo que toca. Y no siempre es fácil detenerse a preguntar si aquello que un día elegimos sigue teniendo sentido para la mujer que somos hoy.

Por eso la historia de María del Mar nos parece tan inspiradora. No porque dejara la arquitectura para dedicarse a la acuarela, sino porque un día se permitió escuchar aquello que llevaba tiempo creciendo dentro de ella y decidió darle una oportunidad.

Crear un proyecto desde algo que verdaderamente te nace es maravilloso, pero no significa que el camino sea fácil. Hay miedo, incertidumbre, obstáculos y caídas. Y también una confianza que se va construyendo mientras avanzamos.

Quizá ahí esté una de las cosas más bonitas que nos deja esta conversación: no necesitamos tener todo el mapa para dar el primer paso.

María del Mar Robert nos recuerda la importancia de creer en nosotras mismas, disfrutar del proceso, aprender de los obstáculos y aceptar que no todas las decisiones importantes vienen acompañadas de certezas.

A veces tendremos que cambiar la ruta, otras nos caeremos. Habrá puertas que no se abran y otras que ni siquiera sabíamos que existían, pero hay algo profundamente poderoso en mirar atrás y saber que, a veces, la mejor elección es simplemente haberlo intentado.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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