Lorena Gutiérrez: “Para mí, el éxito se resume en dos palabras: estar presente”

Hay momentos en los que la vida cambia los planes sin pedir permiso. Otros, en los que somos nosotras quienes decidimos dejar de seguir el camino previsto. Lorena Gutiérrez conoce ambos. Después de más de veinte años de profesión, tres maternidades y varias reinvenciones, ha aprendido algo que no aparece en ningún manual: avanzar no siempre significa llegar más lejos.

Lorena Gutiérrez lleva más de veinte años acompañando a mujeres desde lugares muy distintos. Primero lo hizo desde la fisioterapia y la salud materno-infantil; hoy, también como mentora de emprendedoras. Entre un lugar y otro hubo maternidad, cambios profesionales, decisiones difíciles y más de una sacudida de esas que obligan a replantearse el camino.

Autora de Emprender (a) contracorriente, Lorena habla de emprendimiento y maternidad, pero sobre todo habla de vida: de la exigencia de llegar a todo, de aprender a poner límites, de dejar de compararnos y de atrevernos a definir el éxito con nuestras propias reglas.

Quienes la rodean la describen como una mujer calmada. Ella, sin embargo, reconoce que por dentro hay “mucho, mucho movimiento”: inquietudes, ganas de seguir haciendo y esa sensación de que las horas del día nunca son suficientes. También una resiliencia construida a golpe de oportunidades, desafíos y momentos que la han obligado a volver a mirar hacia dentro.

En esta conversación con Mujeres sin Manual hablamos de todo eso y de una pregunta que atraviesa su historia: ¿de qué sirve construir un negocio si, por el camino, dejamos de estar presentes en nuestra propia vida?

Cuando cambiar de camino no significa empezar de cero

Lorena, si quitamos por un momento las etiquetas de fisioterapeuta, mentora, emprendedora, escritora, podcaster y madre… ¿quién es Lorena Gutiérrez cuando simplemente vuelve a ser ella?

Pues es una gran pregunta y difícil de responder cuando empezamos a quitar etiquetas o incluso el currículum profesional. En este momento, Lorena es una mujer de casi 45 años. Las personas de mi entorno me definen como calmada, aunque en realidad dentro de mí hay mucho, mucho movimiento, muchas inquietudes y, a veces, la sensación de que 24 horas al día y siete días a la semana no son suficientes para dar respuesta a todas ellas.

También soy una persona a la que la vida, afortunadamente, le ha dado muchas oportunidades, pero también varias sacudidas y desafíos. Y eso me ha dado la oportunidad de desarrollar mucha resiliencia.

“Las personas de mi entorno me definen como calmada, aunque en realidad dentro de mí hay mucho, mucho movimiento”

Llevas más de veinte años de trayectoria profesional y tu camino ha cambiado muchísimo: fisioterapia, salud materno-infantil, docencia, emprendimiento, mentoría… Cuando miras atrás, ¿sientes que has ido eligiendo esos cambios o que muchas veces ha sido la propia vida la que te ha obligado a reinventarte?

Ha habido ambas cosas y, a veces, han coexistido muy de la mano. Ha habido decisiones que han venido de fuera como despidos laborales en momentos poco apropiados, como puede ser un embarazo; también pérdidas, crecimiento… Y otras han sido decisiones conscientes.

Pero incluso cuando decides conscientemente que estás en una nueva etapa hay cierto duelo. Creo que tiene que ver con esas etiquetas y con la identidad profesional. Hace ya unos años que no paso consulta como fisioterapeuta y me costó cambiar mi propia definición, mi manera de presentarme. Decir que era fisioterapeuta era algo que me salía por inercia.

Últimamente también le estoy cogiendo cierta manía a la palabra reinventarse. Parece que cuando nos reinventamos tenemos que inventarnos algo completamente nuevo, como si lo anterior ya no sirviera, y ahí incluso puede aparecer un poco más el síndrome de la impostora.

Para mí tiene más que ver con crecer. Con apoyarte en lo anterior, aunque aparentemente sea inconexo, para seguir avanzando. Al final es como una escalera: te apoyas en lo que ya has construido para poder subir el siguiente peldaño.

“Le estoy cogiendo cierta manía a la palabra “reinventarse”: parece que tenemos que inventarnos algo nuevo, como si lo anterior ya no sirviera”

Lorena Gutiérrez trabajando con un ordenador portátil
Lorena Gutiérrez apuesta por construir negocios más coherentes con la vida que queremos vivir.

La maternidad también obliga a desaprender

Tu propia maternidad también transformó tu manera de entender la profesión. Después de acompañar durante tantos años a mujeres y bebés y de convertirte tú también en madre de tres, ¿qué te enseñó la maternidad que no habías aprendido en ninguna formación?

Muchísimas cosas. Algunas ya las sospechaba que me faltaban cuando me convertí en madre y otras las fui descubriendo después.

Yo me había especializado mucho en suelo pélvico, salud de la mujer y desarrollo de bebés. Soy coautora también de un libro sobre acompañamiento respetuoso del desarrollo del bebé, Bebés en movimiento, pero mi propia maternidad me ayudó a reafirmar algo: los profesionales de la salud somos educados en la patología y no tanto en la fisiología.

Nos habían hablado muy poco de la importancia del tacto, del vínculo de apego, de la lactancia, del porteo, de transportar a los bebés pegados a nuestro cuerpo y hacerlo bien para que tampoco repercuta en la recuperación posparto de la madre.

La maternidad me llevó a abrir la mirada y a entender a la madre y al bebé como una díada, como uno. Y también a desaprender algunas cosas que nos habían enseñado o, al menos, a ampliar esa mirada y trasladarla después a la consulta.

También influyó muchísimo en mí como emprendedora. Creé mi primera marca, Fisioterapia para bebés y mamás, después de que me despidieran estando embarazada de mi primer hijo. La maternidad me llevó también a redefinir qué era para mí el éxito y a darme cuenta de que muchas veces no encajamos en los paradigmas de emprendimiento que nos cuentan. Y también está bien no encajar.

“La maternidad me llevó a desaprender cosas que nos habían enseñado y a ampliar la mirada”

¿Quieres escuchar a Lorena Gutiérrez en primera persona?
Descubre nuestra conversación con ella en el podcast de Mujeres sin Manual: El valor de estar presente. [Escuchar episodio]

Hay algo que atraviesa buena parte de tu trabajo: cuidar. Primero acompañando a mujeres y bebés y ahora también a otras profesionales. ¿Quién cuida a las mujeres que pasan buena parte de su vida cuidando a los demás?

Creo que, afortunadamente, cada vez se verbaliza más y se pone sobre la mesa la importancia de los cuidados, pero siguen siendo invisibles y cuando los cuidados son invisibles o están poco valorados, la necesidad de cuidar a quien cuida también corre el riesgo de serlo.

A veces somos nosotras mismas las que entramos en esa negación: “Yo puedo con todo” o “tengo que poder”, aunque estemos asfixiadas o agotadas.

Creo que es importante reconocer que cada vez existen más círculos y entornos donde se presta atención a los cuidados, pero todavía queda mucho por hacer. Y nosotras también necesitamos aprender a dejarnos cuidar.

Hablamos mucho de mujeres que sienten que no pueden llegar a todo. ¿El problema está realmente en nuestra capacidad de organización o seguimos cargando con la idea de que una mujer debería ser capaz de poder con todo?

Creo que tenemos mucha capacidad, pero también mucha hiperexigencia.

Nos exigimos desenvolvernos no ya al cien por cien, sino al 120 % en todos nuestros roles: como profesionales, madres, hijas, parejas, personas… Incluso en el autocuidado.

La idea de que tenemos que poder con todo está muy arraigada, pero cuanto antes la soltemos, mejor. Y cuanto antes nos rodeemos de personas que nos hagan ver que no tenemos que llegar a todo, también.

Hay muchas frases de autosuperación que pueden ser geniales, pero que a veces nos hacen mucho daño. Ese “tú puedes con todo”… pues no. Cuanto antes abandonemos ciertos mantras que nos repetimos, mejor.

Lo veo a diario en las mujeres a las que acompaño: podemos llegar a exigirnos muchísimo. Por eso es tan importante rodearnos de personas que sean capaces de hacernos de espejo, pero de un modo amable.

“Ese “tú puedes con todo”… pues no… cuanto antes abandonemos ciertos mantras, mejor”

Cuando el negocio que debía darte libertad empieza a quitártela

Muchas mujeres emprendemos buscando precisamente más libertad, más autonomía o una vida que se parezca más a la que queremos tener. Y un día descubrimos que nuestro propio negocio nos tiene completamente atrapadas. ¿En qué momento deja de ser nuestro el negocio y empezamos nosotras a pertenecerle a él?

Es un gran melón. Cuando miro atrás, creé mi primera marca y mi primer negocio, aunque en aquel momento ni siquiera me atrevía a llamarlo así, en 2012-2013. Yo decía: “Bueno, tengo una web, tengo un blog…”.

En estos casi catorce años ha habido tres embarazos, tres pospartos, tres crianzas y también mucho crecimiento profesional. Y siento que muchas de nosotras construimos nuestros negocios así, desde nuestra esencia y nuestras inquietudes, hasta el punto de que a veces resulta difícil separar una cosa de la otra.

Es una línea muy fina y tenemos que aprender a decir: “No, ahora es el momento de separar”. Porque podemos pasar de pensar «aprovecho este momento para hacer esto» a estar alerta las 24 horas del día.

Ahí es cuando necesitamos tomar decisiones conscientes para conseguir que nuestra vida profesional deje de invadir nuestra vida personal.

“Necesitamos tomar decisiones conscientes para que nuestra vida profesional deje de invadir nuestra vida personal”

Y en ese camino aparece también el síndrome de la impostora: esa voz que nos dice que todavía nos falta otra formación, que quizá no somos suficientemente buenas o que alguien podría hacerlo mejor. ¿Por qué tantas mujeres necesitan sentirse preparadísimas antes de atreverse a dar un paso?

Es un tema al que he dado muchísimas vueltas y del que también hablo en Emprender (a) contracorriente. Creo que se entremezclan muchos factores.

Por una parte, está esa hiperexigencia de la que hablábamos, pero también influye muchísimo la rapidez con la que cambia todo y esa sensación constante de no ser suficiente.

Yo digo de broma que vengo de la época de los dinosaurios de Internet. Hubo un momento en el que tener presencia en Internet significaba tener un blog. Después llegó Facebook, Instagram, Twitter… y ahora la inteligencia artificial.

Cuando parece que empiezas a manejar algo, ya hay otra cosa nueva a la que tienes que adaptarte.

No podemos quedarnos paradas, claro, pero también tenemos que poner las cosas en contexto y preguntarnos: con todo lo que ya sé, que es mucho, ¿qué puedo hacer? Porque a veces somos nosotras mismas las que invalidamos todo lo que ya sabemos simplemente porque no estamos al día de la última herramienta o no nos hemos subido al último tren.

Y a eso se suma la comparación constante, tanto personal como profesional, que ahora tenemos literalmente en la palma de la mano.

Yo vengo del mundo de la fisioterapia, donde durante mucho tiempo parecía que el hobby de muchos fisioterapeutas era hacer un curso un fin de semana sí y otro también. Ves que todo el mundo sigue formándose y empiezas a pensar: “Hasta que no haga este otro curso, no puedo ponerme en marcha” y ahí vuelve a aparecer el síndrome de la impostora.

Para mí, la clave está en poner todo esto en coherencia: ni tienes que moverte a la misma velocidad que el resto, ni tienes que hacer todos los cursos, ni exigirte estar al 120 % en todo.

“No tienes que moverte a la misma velocidad que el resto”

Crecer no siempre significa ir más rápido

Hoy parece que si tienes un negocio tienes que estar constantemente creando contenido, mostrándote, publicando y alimentando al algoritmo. ¿Podemos construir una marca visible sin convertir nuestra vida entera en contenido?

Sí, totalmente. Y aquí vuelve a aparecer una palabra que para mí es fundamental: coherencia. Es algo que trabajo mucho en las mentorías y otro de esos lugares donde la comparación puede jugarnos malas pasadas.

La visibilidad tiene que ser coherente con nuestro modelo de negocio y con los servicios que ofrecemos. Por ejemplo, para alguien que tiene una clínica de fisioterapia puede ser muy buena herramienta tener cierta presencia digital, pero he visto muchos casos en los que aparece la frustración de “es que no estoy en redes”. Y cuando analizas el negocio, la pregunta es: ¿de verdad necesitas estar en redes al nivel que te estás exigiendo?

Quizá, por tu modelo de negocio, sea mucho más coherente trabajar la conexión presencial, relacionarte con otros centros de tu entorno o apostar por otras vías. A veces se nos olvida un poco todo lo offline y creo que, después de la pandemia, hemos vuelto a valorar ese contacto presencial.

No tiene que ser cien por cien una cosa ni cien por cien la otra. Se trata de encontrar la coherencia y dejar de compararnos porque parece que, si todo el mundo está bailando en TikTok, tú también tienes que hacerlo… pero ¿realmente lo necesitas? ¿Va contigo? ¿Es coherente con tu forma de comunicarte y con tu modelo de negocio?

Tenemos que mirar más hacia dentro y un poquito menos hacia fuera.

“¿De verdad necesitas estar en redes al nivel que te estás exigiendo?”

En el mundo del emprendimiento se habla muchísimo de crecer, facturar más, conseguir más clientes, tener más visibilidad… Pero ¿es eso realmente el éxito? ¿Qué significa hoy para ti tener éxito?

Lo he definido muchas veces a lo largo de estos años y lo resumo en dos palabras: estar presente.

Estar presente en mi desarrollo profesional, pero también como madre de tres personas que ahora mismo están en momentos muy diferentes: un adolescente, un preadolescente y una niña. Estar presente en sus necesidades, en su crecimiento, en sus momentos positivos y también en los que no lo son tanto.

Tendemos a querer cuantificar y medir el éxito, pero yo he aprendido que el crecimiento no es siempre una línea ascendente. A veces, el éxito puede significar que determinadas cosas vayan en línea descendente. Y, en cualquier caso, no siempre es medible ni cuantificable.

El éxito que vemos en los demás, o incluso el que nos venden, no tiene por qué definirnos. Para mí, por ejemplo, ha sido un éxito poder estar con mis hijos, no escolarizados hasta los dos años, y estar presente en momentos clave y en momentos difíciles.

Pero esa es mi definición. Es algo muy personal. Creo que cada persona tiene que encontrar la suya y decidir dónde quiere poner el foco.

“Para mí, el éxito se resume en dos palabras: estar presente”

Lorena Gutiérrez firmando su libro Emprender (a) contracorriente
Lorena Gutiérrez, autora de Emprender (a) contracorriente, durante la firma de uno de sus ejemplares.

Atreverse a ir (a) contracorriente

Hay libros que nacen de una idea y otros que empiezan a tomar forma cuando la vida obliga a detenerse y mirar de otra manera. Emprender (a) contracorriente está atravesado por muchas de las preguntas que también aparecen en esta conversación: cómo construir un negocio sin desaparecer dentro de él, cómo dejar de medirnos con reglas ajenas y cómo encontrar nuestra propia manera de avanzar.

Entre sus páginas aparece una frase que terminó llevándonos, casi al final de nuestra conversación, hacia otra cuestión mucho más íntima: “Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos atemoriza”.

[Puedes encontrar aquí Emprender (a) contracorriente, de Lorena Gutiérrez.]

Pero antes de llegar hasta esa luz, había que preguntarle a Lorena por todas las veces que tuvo que nadar en dirección contraria.

Tu libro se titula Emprender (a) contracorriente. Me gusta mucho ese concepto porque a veces ir a contracorriente significa hacer justo lo contrario de lo que parece que todo el mundo espera de ti. ¿En qué momentos de tu vida profesional has sentido que estabas nadando en dirección contraria?

Aquí quiero hacer un inciso, porque en la portada del libro la “a” aparece entre paréntesis. Cuando empecé a escribirlo hubo un momento revelador en el que pensé: “Es que esto es como ir contra la corriente”.

Fue en un momento muy poco instagramable: mi hijo mayor estaba saliendo de una operación grave, en la UCI de un hospital. Yo tenía esa sensación de cansancio, pero también de no poder dejar de nadar.

Y ahí dudé: ¿es contracorriente o es a contracorriente?

Descubrí que contracorriente habla de ir contra viento y marea, a pesar de las circunstancias y de los reveses que nos da la vida. De esa parte de resiliencia, de seguir adelante. Y a contracorriente tiene que ver con ir de una manera diferente, con llevar el paso cambiado y hacer las cosas a tu manera.

Ambas cosas han estado muy presentes en mi vida y, a veces, incluso resulta difícil separarlas porque una da sentido a la otra.

Lo he sentido como fisioterapeuta, cuando había cosas que me habían enseñado y pensaba: “Pues igual aquí quiero ir a contracorriente” y también en la maternidad y en el emprendimiento, cuando te das cuenta de que algo puede funcionar en otros sectores, en otros modelos de negocio o en otros momentos de la vida, pero no tiene por qué funcionar para ti.

Eso es precisamente lo que intento con el libro: que cada lectora encuentre su propio “a contracorriente”.

“Ir a contracorriente también es llevar el paso cambiado y hacer las cosas a tu manera”

En Mujeres sin Manual nos gusta hacer una pregunta que tiene mucho que ver con el origen de este medio. Has sido fisioterapeuta, investigadora, docente, madre, emprendedora, mentora… ¿Cuál ha sido ese momento de tu vida en el que has pensado: “Para esto no tengo un manual”?

Ha habido muchos momentos, tanto en la maternidad como en el emprendimiento, pero más que pensar “no tengo un manual”, muchas veces ha sido decir: “Este manual no es para mí”.

Ese manual que otros me estaban dando no era coherente conmigo, no era aplicable a mis circunstancias o, simplemente, sentía que no estaban entendiendo mi punto de vista.

Pasas buena parte de tu vida enseñando a otras mujeres a construir negocios que no terminen devorando su vida. Si hoy te preguntara si estás viviendo la vida que querías construir cuando decidiste emprender, ¿qué me responderías?

La respuesta es clara: un rotundo no.

Y es un no porque cuando decidí emprender no tenía nada claro. De negocios sabía muy poco. A mí me apasionaba y me sigue apasionando la fisioterapia.

En aquel momento sabía que durante un tiempo no iba a ser candidata a que me contrataran, así que pensé: con lo que sé, ¿qué ayuda puedo prestar a otras mujeres?

Y aparecieron mujeres que conectaron con esa ayuda. Eso es algo que agradezco eternamente, porque fueron esas primeras personas que necesitaban lo que yo podía ofrecer incluso mientras yo seguía preguntándome si estaría suficientemente bien o si mi servicio sería suficientemente bueno.

Con el tiempo mi negocio fue creciendo y consolidándose como fisioterapeuta, pero nunca imaginé que aquello que yo misma estaba viviendo, y las dificultades que estaba superando, podrían convertirse en un punto de apoyo para ayudar después a otras mujeres, tanto del ámbito sanitario como de otros sectores.

Así que no, no estoy viviendo la vida que imaginé cuando empecé. He recorrido un camino del que me siento feliz y que nunca imaginé que sería para mí.

“Nunca imaginé que las dificultades que yo estaba superando podrían convertirse en un punto de apoyo para ayudar a otras mujeres”

Entre las páginas de tu libro hay una frase que se quedó conmigo: «Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos atemoriza». Pensé mucho en nosotras, en las mujeres. ¿Por qué crees que a veces nos asusta tanto reconocer nuestro propio talento, ocupar nuestro espacio y permitirnos brillar sin sentir que tenemos que pedir perdón por hacerlo?

Creo que intervienen muchos factores. Está ese síndrome de la niña buena, el no querer sobresalir, la falsa modestia… Y vuelven algunas cosas de las que hemos hablado: creer que todo el mundo lo hace mejor que nosotras, compararnos constantemente.

En el libro utilizo la metáfora de cómo a veces vemos nuestros obstáculos, nuestros miedos y nuestras dificultades como si fueran una muralla que se va levantando delante de nosotras. Y nos quedamos mirando esa muralla en lugar de preguntarnos quién está al otro lado y necesita nuestra ayuda.

Creo que nos han hecho creer que reconocer nuestro talento es prepotencia, que es un ejercicio de ser creídas. Y, sin embargo, puede ser todo lo contrario.

Reconocer que hay una persona con una necesidad, una dificultad o un desafío en el que tú puedes ayudarla es también un acto de humildad. Y, al fin y al cabo, un acto de generosidad.

La mirada de Mujeres sin Manual

He tenido la oportunidad de hablar con Lorena Gutiérrez y de abrir algún que otro «melón», como ella misma nos ha dicho durante la entrevista. De esos que nos tocan de cerca: la exigencia de llegar a todo, la culpa cuando no llegamos, el miedo a no estar suficientemente preparadas o esa carrera silenciosa por crecer, hacer más y demostrar más.

Y me quedo pensando precisamente en lo contrario: en cuánto nos cuesta, a veces, decidir qué es suficiente.

Quizá por eso muchas de las palabras de Lorena me han tocado tan de cerca porque en medio de todo ese ruido que nos empuja constantemente hacia lo siguiente, hay algo profundamente valiente en detenernos y preguntarnos si la vida que estamos construyendo se parece realmente a la que queremos vivir.

Y también me llevo otra idea de esta conversación: no siempre necesitamos reinventarnos. A veces ya tenemos dentro mucho de lo que necesitamos para dar el siguiente paso. Solo hace falta dejar de mirar durante un momento cómo lo están haciendo las demás y atrevernos a encontrar nuestra propia manera.

Puede que, al final, vivir sin manual tenga también mucho que ver con dejar de intentar encajar en el que otros escribieron para nosotras y empezar a confiar un poco más en el nuestro.

Gracias, Lorena, por sentarte con nosotras, por abrir algún que otro melón y, sobre todo, por hacerlo desde un lugar tan real.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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