Hay libros que se leen y otros que, como dice Sara Carrasco, se sienten. “Las mujeres que habito” nace de la necesidad de dejar una huella y de demostrar que la vulnerabilidad también puede convertirse en refugio para otras personas.
En esta entrevista para Mujeres sin Manual, la autora nos abre las puertas de su universo más íntimo y reflexiona sobre las mujeres que la han construido, las heridas que todavía cuesta nombrar y el poder de la poesía para volver a una misma.
Sara Carrasco no escribe desde la teoría. Escribe desde la vida. Desde la ansiedad, la alegría, la maternidad que está por llegar, la memoria de las mujeres de su familia y la certeza de que todas habitamos distintas versiones de nosotras mismas.
Hablamos con ella sobre poesía, identidad, miedo, valentía y sobre ese lugar al que siempre vuelve cuando necesita encontrarse.
“La poesía siempre habitó en mí”
¿Si tuvieras que presentarte sin hablar de tus libros ni de tu trabajo, quién es Sara?
Es una mujer que, a veces, se muestra insegura de sus propios pasos. Tiende a sobre pensar determinadas actitudes y comportamientos de los demás. Aunque tiene un carácter fuerte, de esas personas que siempre prefieren una verdad, por dura que sea, antes que una mentira a medias, también es tremendamente sensible.
Es extrovertida y divertida, pero necesita disfrutar de su libertad y de sus momentos de introspección. Cuando termina la jornada laboral, anhela refugiarse en la tranquilidad de su hogar y en la compañía de los suyos.
Es observadora, analítica y selectiva. Antes de abrirse por completo, prefiere observar, comprender y valorar a quienes la rodean.
¿Qué lugar ocupa la poesía en tu vida? ¿Llegó a ti o siempre estuvo ahí?
Siempre estuvo. La poesía habitó en mí incluso antes de que supiera nombrarla. Creció entre las canciones que sonaban en casa, los libros abiertos sobre una mesa y las palabras de una madre que siempre encontró refugio en la música, la lectura y la escritura.
De ella heredé mucho más que unos gustos; heredé una manera de mirar el mundo. Una sensibilidad que ha moldeado a la mujer que soy hoy. Mi madre ha influido profundamente en mí y, aunque somos muy diferentes, existe un lugar donde siempre nos encontraremos: en la capacidad de sentir.
¿Qué encuentra Sara en la poesía que no encuentra en ninguna otra forma de expresarse?
La poesía forma parte de mi identidad. Es mi válvula de escape, el lugar al que siempre regreso. Ha estado conmigo en los momentos de mayor felicidad, pero también cuando la oscuridad ha decidido atraparme.
Escribir nunca fue una elección. Siempre ha sido una necesidad. Es la manera que encontré de abrazar mis luces sin avergonzarme de mis sombras.
Porque volver a la poesía es volver a mí.
"Escribir poesía nunca fue una elección...siempre ha sido una necesidad"
¿Hay emociones que solo sabes nombrar escribiendo?
Sí. Hay emociones que solo salen a la luz cuando las escribo. Aunque soy una mujer que suele decir las cosas tal y como vienen, existen sentimientos que únicamente encuentran su lugar cuando mis dedos empiezan a escribir.

Las mujeres que habitan en una misma mujer
El título del poemario invita a detenerse. ¿Quiénes son esas mujeres que te habitan?
Son múltiples versiones de Sara y, al mismo tiempo, la misma persona.
Está la mujer orgullosa de sus pasos y de sus victorias, pero también la que lucha cada noche contra la ansiedad y la inseguridad. Vivo en una transición constante entre la oscuridad y la luz, donde la fragilidad y la fortaleza no son opuestos, sino partes inseparables de un mismo ser.
¿Cómo nació la necesidad de escribir este libro?
Nació de la necesidad de dar voz. De dejar mi huella, por pequeña que sea.
Hablas de un poemario testimonial. ¿Qué querías contar que sentías que aún no se había dicho?
Quería crear un reflejo donde cualquier persona pudiera encontrarse sin miedo o vergüenza a sentir.
Este libro se siente; no se lee. Hay poemas en los que quería que quien los leyera pudiera atravesar ese mismo dolor sin sentirse juzgado.
"Este libro se siente, no se lee"
¿Hubo algún poema especialmente difícil de escribir?
Sí. “Perdida, Susurros rotos y Vires acquirit eundo”, porque hablan de algunos de los momentos más oscuros por los que puede llegar a transitar la mente.
Mientras dabas voz a otras mujeres, ¿te encontraste también con partes de ti que permanecían en silencio?
Muchas partes de mí llevaban años escondidas entre el miedo y la vergüenza. Gracias a la terapia, la madurez y el crecimiento personal han podido salir a la luz. Han encontrado su forma de existir escribiendo.
La herencia de las mujeres
Todas somos un poco el reflejo de las mujeres que nos precedieron. ¿Qué mujeres viven hoy en Sara Carrasco?
Viven todas las mujeres de mi vida: mi madre, mis abuelas, mis tías, mis primas e incluso mis bisabuelas. Son ese rosal del que nacieron tantas rosas y que llevo grabado para siempre.
¿Qué has aprendido observando las historias de otras mujeres?
Todas hemos sido valientes y también temerosas. Todas nos hemos roto alguna vez o hemos aprendido a permanecer. Este libro quiere ser un espejo, un abrazo y un homenaje para todas ellas.
¿Crees que todavía nos cuesta hablar de nuestras heridas?
Sí. Todavía existen episodios de nuestra vida que preferimos esconder por miedo al juicio o a la mala interpretación.
¿Qué necesita escuchar una mujer que nunca se ha sentido protagonista de su propia historia?
Que no importa si no siempre puede con todo. Seguirá siendo igual de valiente, constante y válida.
Las mujeres que habito: la poesía como refugio
La poesía invita a parar y sentir. ¿Vivimos demasiado deprisa para escucharnos?
Sí. Vivimos bajo un tic tac constante que gobierna nuestros días y apenas nos deja detenernos para escucharnos, sentirnos y, simplemente, vivir.
¿Qué esperas que sienta una mujer cuando lea “Las mujeres que habito”?
Que pueda identificarse y comprender que no está sola. Que todas las versiones que la habitan también son válidas.
"Todas las versiones que nos componen como mujeres son válidas"
Si una lectora pudiera decirte una sola frase al terminar el libro, ¿cuál te gustaría escuchar?
"Gracias por ser tan valiente."
Si pudieras regalar uno de los poemas del libro a una mujer importante en tu vida, ¿a quién sería?
A mi abuela Carmen.
Una mujer que no pudo ir al colegio y que aprendió a leer y escribir hace apenas unos años. Una mujer de bandera, luchadora, generosa y hermosa en el sentido más amplio de la palabra. Ella me enseñó que existen formas de sabiduría que no entienden de títulos, sino de dignidad y de vida.
¿Qué mujer habita hoy en Sara que hace unos años todavía no existía?
Podría decir que una mujer orgullosa de todo lo conseguido. Pero quien realmente habita hoy en mí es mi hija, mi pequeña Alejandra, que nacerá el próximo noviembre y que ha dado un significado aún más profundo al título de este libro.
Y para terminar… ¿crees que todas las mujeres compartimos algún miedo, alguna herida o algún anhelo, aunque nuestras vidas sean diferentes?
Sí.
Todas compartimos emociones, heridas, felicidad, pérdidas y esperanza.
Pero, sobre todo, todas merecemos ser escuchadas, valoradas y reconocidas. Porque cuando una mujer alza la voz, de algún modo también abre el camino para muchas otras.
La mirada de Mujeres sin Manual
Hablar con Sara Carrasco es descubrir que la poesía puede convertirse en un refugio, pero también en un acto de valentía. A lo largo de esta conversación nos ha mostrado cómo ha sido capaz de dar voz, verso a verso, a las distintas mujeres que han convivido en ella: la fuerte, la insegura, la que ha tenido que enfrentarse a la ansiedad, la que ha aprendido a sanar y la que hoy espera ilusionada la llegada de su hija Alejandra.
En Mujeres sin Manual creemos que abrirse de esa manera no es sencillo. Mostrar las heridas, reconocer los miedos y compartir aquello que muchas veces guardamos en silencio requiere una enorme generosidad. Y precisamente ahí reside el valor de este libro: en recordarnos que sentir no nos hace más frágiles, sino más humanas.
Sara nos deja también una enseñanza poderosa: todas atravesamos momentos de luz y de oscuridad y todas merecemos abrazar a cada una de nuestras etapas sin culpa.
Y hay algo especialmente hermoso en esta historia. Cuando Alejandra llegue al mundo el próximo noviembre, no solo conocerá a la mujer que será su madre. También tendrá entre sus manos un libro que guarda parte de su historia, de sus miedos, de sus aprendizajes y de su forma de mirar la vida. Un legado escrito con honestidad que, algún día, le permitirá descubrir a todas las mujeres que habitaron en Sara antes incluso de convertirse en mamá.

