Isabel Santiandreu siempre habla de marca personal, pero basta compartir unos minutos con ella para entender que, en realidad, ella habla de personas.
Consultora de marca personal, coach y formadora acompaña a directivas, empresarias y profesionales que quieren construir una carrera alineada con su esencia. Defiende que una marca personal no nace de una estrategia en redes sociales ni de una imagen cuidadosamente diseñada, sino del autoconocimiento, de reconocer los propios talentos y de aprender a comunicar, con autenticidad, el valor que cada persona puede aportar.
Después de años ayudando a cientos de mujeres a creer más en sí mismas que en sus propios miedos, inicia una nueva etapa vital junto a su familia, con Dubái como próximo destino. Lo hace sin perder de vista aquello que da sentido a todo lo demás: disfrutar del camino, seguir aprendiendo y estar presente allí donde, como ella misma reconoce, es verdaderamente imprescindible.
Esta no es solo una entrevista sobre marca personal. Es una conversación sobre el valor de conocerse, de creer en una misma y de dejar de pedir permiso para ocupar el lugar que una merece.
La marca personal empieza mucho antes que las redes sociales
Cuando se habla de marca personal, es fácil pensar en redes sociales, fotografías profesionales o estrategias de comunicación. Sin embargo, Isabel Santiandreu nos invita a mirar mucho más adentro. Para ella, todo empieza mucho antes de decidir qué publicar o cómo queremos que nos vean los demás.
Hoy escuchamos hablar constantemente de marca personal, pero tú, que llevas años acompañando a profesionales en ese proceso, ¿qué es realmente una marca personal?
Para mí, la marca personal no es nada de eso que normalmente pensamos. Ni son las redes sociales, ni una sesión de fotos, ni siquiera lo que los demás dicen de ti. Todo eso llega después.
La marca personal es, sobre todo, una herramienta para conocerte. Para descubrir cuáles son tus talentos, tus dones, tus habilidades y ser capaz de unir todo eso con los objetivos que tienes, tanto profesionales como personales. Cuando ya haces una estrategia para comunicarlo, entonces hablamos de personal branding, pero primero tiene que existir ese trabajo de autoconocimiento.
“La marca personal es una herramienta para conocerte”
Muchas veces se confunde trabajar la marca personal con construir un personaje. ¿Dónde está la diferencia?
La marca personal tiene que ser una extensión de quién eres, pero eso no significa enseñar absolutamente todo. Significa elegir qué parte de ti quieres compartir, siempre desde la autenticidad.
Lo que no puedes hacer es inventarte una versión de ti que no seas capaz de sostener en el tiempo. Una marca comercial puede construir un relato desde cero, pero una persona no. Si eres tímida, si hay cosas con las que no te identificas o una forma de comunicar que no va contigo, tarde o temprano esa máscara termina cayéndose. Por eso creo que la estrategia siempre tiene que construirse sobre algo que ya existe, nunca sobre un personaje inventado.
Muchas mujeres sienten miedo cuando llega el momento de exponerse. Temen parecer egocéntricas o dar la sensación de que se están vendiendo. ¿Cómo se rompe ese prejuicio?
Con compromiso y teniendo muy claro para qué haces las cosas. Muchas veces queremos llegar al resultado, pero no queremos vivir el proceso, y todos los procesos incomodan.
Exponerte da miedo. El qué dirán da miedo. Pensar qué opinarán tu familia, tus amigos o la gente que te conoce también. Pero cuando tienes muy claro cuál es tu objetivo, llega un momento en el que todo eso pesa mucho menos.
Además, creo que las mujeres hemos crecido escuchando mensajes como “no hace falta que destaques” o “si trabajas bien, tu trabajo hablará por ti”. Son creencias que hemos ido comprando sin darnos cuenta y que hoy siguen frenando a muchísimas mujeres. Hay que empezar a cuestionarlas porque el talento, por sí solo, no siempre encuentra la manera de hacerse visible.
El mayor freno no está fuera: está en querer gustar a todo el mundo
Detrás del miedo a exponerse rara vez hay una falta de talento. Muchas veces lo que existe es el peso de las expectativas, el temor al juicio de los demás o la necesidad constante de sentirnos aceptadas. Isabel Santiandreu lo ve cada día en las mujeres a las que acompaña.
Trabajas con directivas, empresarias y profesionales con muchísimo talento. Después de tantos años acompañándolas, ¿cuál dirías que es el mayor freno que encuentras una y otra vez?
Muchas personas piensan que tienen un problema profesional, pero cuando empiezas a profundizar descubres que, en realidad, el freno es personal y casi siempre acaba llevando al mismo sitio: queremos que nos quieran.
Puede parecer una frase sencilla, pero detrás de ella hay muchísimas cosas: buscamos la aprobación de los demás, nos cuesta poner límites, nos da miedo pedir un ascenso, decir que no o compartir nuestro trabajo por si recibimos una crítica. En el fondo, seguimos buscando esa aceptación que todos necesitamos de pequeños y que, sin darnos cuenta, seguimos persiguiendo de adultos.
“Al final, casi todo vuelve al mismo sitio: queremos que nos quieran”
¿Crees que ese miedo pesa todavía más en las mujeres?
Totalmente. Muchas veces nos preocupa mucho más lo que pueda pensar una persona de nuestro entorno que la opinión de alguien que ni siquiera nos conoce.
Nos imaginamos que nos van a juzgar constantemente y luego descubres que la mayoría de esas historias solo estaban en tu cabeza. Siempre habrá alguien al que le incomode que des un paso adelante, pero también habrá muchísima gente que te apoye y que incluso se inspire al verte hacerlo.
Creo que durante muchos años nos han educado para no destacar, para ser discretas, para pensar que si hacíamos bien nuestro trabajo ya sería suficiente, pero no siempre es así. El talento necesita visibilidad y eso no significa presumir, significa permitir que los demás conozcan el valor que puedes aportar.
Entonces, ¿el primer paso no está en cambiar la estrategia, sino en cambiar la mirada que tenemos sobre nosotras mismas?
Exactamente. Por eso siempre digo que antes de trabajar una marca personal hay que trabajar a la persona.
Yo misma me formé como coach porque entendí que la mayoría de los bloqueos no estaban en la comunicación, sino en las creencias que arrastramos. Si tú no eres capaz de sostener aquello que comunicas, ninguna estrategia funciona.
Cuando una mujer empieza a conocerse de verdad, a entender su historia y a confiar en todo lo que ya ha vivido, entonces comunicar deja de sentirse como una obligación o como un escaparate. Empieza a ser una consecuencia natural de todo ese trabajo interior.
“Antes de trabajar una marca personal hay que trabajar a la persona”

No necesitas reinventarte, necesitas aprender a contarte
Vivimos rodeadas de mensajes que nos invitan a reinventarnos constantemente, como si cada nueva etapa exigiera borrar todo lo anterior. Isabel Santiandreu, sin embargo, defiende justo lo contrario: la clave no está en empezar de cero, sino en aprender a mirar nuestra historia con otros ojos.
Hay una frase tuya que me encanta: «No tienes que reinventarte. Solo tienes que saber contarte bien». ¿Cuántas mujeres crees que están intentando empezar de cero cuando, en realidad, ya tienen una trayectoria maravillosa detrás?
Muchísimas. De hecho, la palabra reinventarse nunca me ha gustado. Parece que todo lo que has hecho hasta ahora deja de tener valor y yo no lo veo así. No creo que tengamos que borrar nuestro pasado. Creo que tenemos que aprender a integrarlo, entender qué nos ha aportado cada experiencia y descubrir cómo todo eso sigue formando parte de quienes somos hoy.
A mí misma me pasó. Durante mucho tiempo me daba vergüenza contar que, después de estudiar Derecho, había trabajado como comercial. Pensaba que esa etapa no encajaba con la profesional que quería ser. Con el tiempo entendí que precisamente esos años fueron los que me enseñaron a escuchar a las personas, a comunicar, a vender mis propios proyectos o a hablar delante de un auditorio. Si hoy hago lo que hago, también es gracias a aquella Isabel.
“No se trata de reinventarte, se trata de aprender a integrar todo lo que has vivido”
Si una mujer quisiera empezar hoy mismo a trabajar su marca personal, ¿por dónde debería empezar?
Lo primero sería mirar hacia atrás, no hacia delante.
Siempre propongo hacer una línea de vida profesional. Pararse a revisar el camino recorrido ayuda a descubrir algo que muchas veces olvidamos: tenemos mucha más experiencia y muchos más recursos de los que creemos.
Con frecuencia pensamos que empezamos desde cero porque cambiamos de sector o porque iniciamos un nuevo proyecto, pero nunca empezamos realmente de cero. Siempre llevamos una mochila llena de aprendizajes que podemos poner al servicio de esta nueva etapa.
Después de ese ejercicio, hay otro aspecto que considero fundamental: las relaciones. El networking no consiste en ir acumulando tarjetas o asistir a eventos por compromiso. Consiste en construir relaciones auténticas, en rodearte de personas con las que puedas aprender y crecer. Mi abuela siempre decía que una persona vale lo que valen sus contactos y, con el paso de los años, he comprobado que tenía muchísima razón.
¿Y hay algún momento en el que podamos decir que ese trabajo sobre nuestra marca termina?
Yo creo que no. Igual que seguimos aprendiendo durante toda la vida, nuestra marca también evoluciona con nosotros.
Lo importante es entender que llega un momento en el que ya no estás construyéndola desde cero. Simplemente la gestionas, la cuidas y la haces crecer al mismo tiempo que tú también creces.
Porque las personas cambiamos, aprendemos, vivimos experiencias nuevas... y todo eso también forma parte de nuestra historia.
“No creo en la reinvención, creo en aprender a integrar todo lo que has vivido para saber contarlo mejor”
El liderazgo empieza cuando tú también te crees capaz
Para Isabel Santiandreu, liderar no tiene que ver con ocupar un cargo ni con dirigir un equipo. Habla de liderazgo como algo mucho más profundo: la capacidad de creer en una misma hasta el punto de inspirar a los demás sin necesidad de imponerse.
Hay una palabra que aparece constantemente cuando hablas: liderazgo. ¿Cómo definirías un liderazgo auténtico?
Para mí, un liderazgo auténtico nace de una autoridad sentida. Es esa sensación de estar exactamente donde tienes que estar, haciendo algo que conoces, disfrutas y que puedes aportar a los demás.
Cuando tú lo sientes de verdad, los demás también lo perciben. Esa autoridad termina proyectándose hacia fuera y, con el tiempo, se convierte en inspiración.
Por eso creo que un buen líder no es quien manda más o quien tiene un cargo más alto. Es quien consigue inspirar a otras personas desde la autenticidad.
“Cuando tú lo sientes, los demás también lo perciben”
¿Se nace líder o es algo que también puede aprenderse?
Creo que hay personas que tienen determinadas cualidades de forma más natural, pero también estoy convencida de que el liderazgo se puede trabajar.
He acompañado a personas muy tímidas, con problemas de autoestima, que no se consideraban líderes. Sin embargo, cuando hacíamos evaluaciones con sus equipos, descubrían que los demás ya las veían como personas inspiradoras, cercanas y capaces de generar confianza.
Muchas veces existe una enorme diferencia entre cómo nos vemos nosotras y cómo nos ven quienes nos rodean. Ahí es donde empieza el verdadero trabajo: aprender a reconciliar esas dos miradas.
Después de acompañar a tantas mujeres, ¿hay alguna historia que recuerdes con especial cariño?
Hay muchas, pero siempre recuerdo a una clienta que, sinceramente, yo admiraba muchísimo antes incluso de empezar a trabajar con ella. Me sorprendía que hubiera elegido contar conmigo.
Cuando terminamos el proceso me dijo una frase que nunca olvidaré: "Lo que tú me has ayudado es a creer en mí." Para mí, ese es el mayor regalo que puede hacerme una persona. Porque, al final, cuando una mujer empieza a creer de verdad en sí misma, todo cambia. Cambia la forma en la que se comunica, en la que toma decisiones, en la que lidera y en la que ocupa su espacio. Ese es el momento en el que empiezan a pasar cosas.
“En el momento en el que crees en ti, eres capaz de todo”
En tus procesos de acompañamiento hay una parte muy importante de escucha. ¿Qué aprendes tú de esas conversaciones?
Mi primera sesión siempre consiste en escuchar. Dibujamos la historia de esa persona, repasamos su recorrido y, casi sin darse cuenta, termina compartiendo partes de su vida muy personales.
Es un momento muy especial porque siento que me están regalando algo muy valioso: su confianza.
Creo que todos necesitamos, de vez en cuando, un espacio donde sentirnos escuchados de verdad. Sin prisas, sin juicios y sin la sensación de tener que demostrar nada. Muchas veces, solo con eso, ya empieza la transformación.
“Cuando una mujer empieza a creer de verdad en sí misma, todo cambia”

Maternidad, conciliación y el derecho a elegir
Hay un momento de la conversación en el que Isabel Santiandreu deja a un lado la consultoría, el liderazgo o la marca personal para hablar desde un lugar mucho más personal. La maternidad, reconoce, ha cambiado su forma de entender el éxito, el trabajo y también sus propias prioridades.
La maternidad ocupa un lugar muy importante en tu vida. ¿Cómo ha cambiado tu manera de trabajar y de entender el éxito desde que eres madre?
Siempre digo que hay un antes y un después, pero no fue exactamente cuando nació mi hija. Ese cambio llegó tiempo después, cuando me di cuenta de que ya tenía aquello por lo que llevaba tantos años luchando.
En agosto del año pasado pensé: “es que ya tengo lo que quería”. Tengo un trabajo que me apasiona, pero, sobre todo, tengo un trabajo que me permite estar con mi hija.
Durante mucho tiempo viví con la sensación de tener que seguir remando para llegar a algún sitio. Y, de repente, entendí que ese sitio ya existía, que donde de verdad quiero estar cuando mi hija me necesita es con ella.
“Donde de verdad soy imprescindible es en mi casa, con mi hija”
¿Qué ha cambiado entonces en tu día a día profesional?
Sobre todo, soy mucho más efectiva. Hay cosas que antes me preocupaban muchísimo y ahora apenas ocupan espacio en mi cabeza.
También he aprendido a distinguir lo urgente de lo importante. Antes tenía la sensación constante de que me estaba perdiendo oportunidades. Ahora sé que la única persona para la que soy realmente insustituible está esperándome en casa. Eso no significa que haya dejado de disfrutar de mi trabajo. Todo lo contrario. Me apasiona lo que hago. Pero ahora sé poner cada cosa en su lugar y eso me ha dado mucha paz.
Sin embargo, todavía da la sensación de que muchas mujeres sienten que tienen que elegir entre desarrollar una carrera profesional o disfrutar plenamente de la maternidad.
Me da mucha pena que eso siga ocurriendo porque creo que seguimos viviendo en una sociedad que todavía no está pensada para facilitar esa conciliación.
A las mujeres nos gusta trabajar. A mí me encanta mi profesión, pero también puedo decir, sin sentirme culpable, que hay días en los que fantaseo con la idea de dedicar más tiempo a cuidar de mi hija y eso no me hace menos feminista.
Para mí, el feminismo también consiste en poder decidir libremente qué quiero hacer en cada etapa de mi vida, sin sentir que tengo que justificar esa decisión. Continúa existiendo una exigencia enorme sobre nosotras. Parece que tenemos que hacerlo todo y hacerlo perfecto: crecer profesionalmente, ser madres presentes, cuidar nuestra salud, nuestra pareja, nuestras amistades... Vivimos con una presión constante que, sinceramente, no veo que recaiga de la misma manera sobre los hombres.
“No necesito que me ayuden a conciliar, necesito que conciliar sea una realidad”
Viviste una etapa en Países Bajos y ahora os preparáis para una nueva aventura en Dubái. ¿Crees que existen otras formas de entender esa conciliación?
Sí y haber vivido fuera me ha permitido comprobarlo.
En Países Bajos la gente cambia de trabajo con mucha más naturalidad y tanto hombres como mujeres utilizan reducciones de jornada o teletrabajan cuando lo necesitan. Existe otra mentalidad y eso hace que conciliar resulte mucho más sencillo.
Ahora llega Dubái, una oportunidad que nace del trabajo de mi marido y que vivimos como un proyecto familiar. Yo seguiré acompañando a mis clientas exactamente igual, porque tengo la suerte de que mi profesión viaja conmigo. Y eso también forma parte del estilo de vida que hemos decidido construir.
“Hay días en los que fantaseo con dedicar más tiempo a cuidar de mi hija y eso no me hace menos feminista”
La vida cambia. La esencia permanece.
Detrás de la consultora, la formadora y la mujer que acompaña a otras a creer en sí mismas, hay también una persona que se emociona al hablar de las pequeñas cosas. De una flor, de un nuevo comienzo o de esos momentos en los que la vida obliga a improvisar porque, sencillamente, nadie nos había enseñado cómo hacerlo.
Hay un símbolo que siempre aparece cuando hablas de ti: las amapolas. ¿Qué significan?
La gente suele pensar que detrás hay una gran historia o un significado muy profundo, pero la verdad es mucho más sencilla. Las amapolas son mi flor favorita desde pequeña. Me encanta el color rojo y siempre han formado parte de mi vida.
Con el tiempo empecé a incorporarlas de forma natural a mi comunicación. Ni siquiera fue una estrategia. Simplemente era algo muy mío y un día me di cuenta de que también podía formar parte de mi marca personal.
Ahora ocurre algo muy bonito, muchas personas ven una amapola y se acuerdan de mí. Me mandan fotos, me escriben... y eso sí que es marca personal. No porque hayas decidido que una flor te represente, sino porque nace de algo auténtico y los demás terminan identificándote con ello.
“La mejor marca personal es la que nace de algo que ya forma parte de ti”
Dentro de muy poco comenzarás una nueva etapa en Dubái. ¿Cómo afrontas este nuevo capítulo?
Con muchísima ilusión. Es una oportunidad que ha surgido gracias a la trayectoria profesional de mi marido y la vivimos como un proyecto de familia. Mi forma de trabajar seguirá siendo prácticamente la misma porque tengo la suerte de que mi profesión cabe en un ordenador y viaja conmigo. Lo que realmente espero de esta nueva etapa es seguir disfrutando de nuestro tiempo juntos, descubrir nuevos lugares, seguir creciendo y demostrarme, una vez más, que se puede construir una vida profesional sin renunciar a aquello que más importa.
En Mujeres sin Manual siempre hacemos la misma pregunta. ¿Ha habido algún momento en el que hayas sentido que la vida te había dejado sin instrucciones?
Creo que la vida, en realidad, viene sin manual.
Soy una persona bastante práctica. Cuando aparece un problema, necesito hacer un plan y ponerme en marcha, pero hubo una etapa en la que sí me habría gustado tener respuestas: los años en los que no conseguía quedarme embarazada.
Fueron seis años muy difíciles. Recuerdo que el día que por fin me puse en manos de profesionales sentí un enorme alivio. No porque ya estuviera todo resuelto, sino porque, por primera vez, tenía un camino que seguir. Ahí entendí que no siempre podemos controlar lo que ocurre, pero sí la manera en la que decidimos afrontarlo.
Si hoy pudieras sentarte un rato con aquella Isabel que soñaba de pequeña, ¿qué le dirías?
Le diría que confíe, que habrá momentos en los que las cosas no salgan como había imaginado, que habrá etapas en las que sentirá miedo o pensará que va demasiado despacio, pero también le diría que todo lo que viva tendrá un sentido algún día.
Y, sobre todo, le recordaría algo que intento no olvidar nunca: no hace falta tener todas las respuestas para dar el siguiente paso. A veces basta con seguir caminando.
La mirada de Mujeres sin Manual
Conocí a Isabel Santiandreu hace ya algún tiempo, cuando decidí trabajar mi propia marca personal. Recuerdo llegar con la sensación de que mi trayectoria era un puzle formado por piezas que no terminaban de encajar. Fue ella quien me ayudó a entender que nada de lo vivido había sido un error, que cada experiencia, cada cambio de rumbo y cada aprendizaje me habían preparado, sin saberlo, para el momento en el que estoy hoy. Quizá por eso esta entrevista tiene un significado especial para mí.
Durante esta conversación hemos hablado de marca personal, liderazgo, maternidad o conciliación, pero en realidad todo conduce al mismo lugar: la confianza. Esa que no siempre aparece cuando la necesitamos, pero que transforma nuestra manera de mirar el camino recorrido y de afrontar el que todavía queda por delante.
Isabel Santiandreu nos recuerda que no hace falta reinventarse para empezar una nueva etapa, que nuestra historia no pesa, sino que sostiene y que el liderazgo más auténtico nace cuando dejamos de buscar la aprobación de los demás y empezamos a creer, de verdad, en quienes somos.
Y quizá esa sea la mayor enseñanza que me llevé de ella hace años y la que hoy vuelve a resonar después de esta conversación: entender que no estamos empezando de cero, nunca lo estamos. Todo lo que hemos vivido nos ha ido preparando, paso a paso, para convertirnos en la mujer que somos hoy.

