Durante años, muchas mujeres han vivido el embarazo aceptando el dolor, las pérdidas de orina o la sensación de no reconocer su propio cuerpo como una parte inevitable del proceso. Sin embargo, para Rosario Fajardo González, Chary, fisioterapeuta y directora de MODOFISIO, acompañar esta etapa significa precisamente lo contrario: ofrecer información, movimiento y herramientas para que cada mujer pueda comprender su cuerpo y transitar el embarazo, el parto y el posparto con mayor seguridad.
Su experiencia profesional le ha enseñado que no existen dos embarazos iguales ni una única forma correcta de vivirlos. También que una buena explicación puede ser tan terapéutica como cualquier tratamiento y que pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino una manera responsable de cuidarse.

Comprender el cuerpo para dejar de vivir sus cambios con miedo
Al frente de MODOFISIO, un centro ubicado en Puerto Real y especializado, entre otras áreas, en suelo pélvico, Chary Fajardo acompaña a mujeres durante el embarazo, la preparación al parto y la recuperación posparto.
Su trabajo va mucho más allá de tratar una molestia puntual. En consulta ayuda a las mujeres a entender por qué cambia su cuerpo, cómo pueden adaptarse a esas transformaciones y qué herramientas tienen a su alcance para vivir esta etapa con mayor confianza.
Porque el embarazo transforma el cuerpo en muy poco tiempo. Cambia el centro de gravedad, la respiración, la postura, la forma de moverse y hasta la manera en la que una mujer se percibe a sí misma. En medio de todos esos cambios pueden aparecer molestias que, por ser frecuentes, continúan asumiéndose como inevitables.
“Durante mucho tiempo hemos asociado el embarazo al sacrificio. Se ha transmitido la idea de que el dolor, la incomodidad o determinadas limitaciones forman parte del proceso y que simplemente hay que resignarse”, explica.
Para Chary, el conocimiento permite vivir esos cambios desde un lugar diferente. Entender qué está ocurriendo reduce el miedo y ayuda a que la mujer pueda tomar decisiones con mayor tranquilidad.
“Mi trabajo no consiste solo en tratar un dolor, consiste en darle a cada mujer las herramientas para que entienda su cuerpo y pueda confiar en él”
Cuando lo frecuente se confunde con lo normal
El dolor lumbar, la sensación de peso en la pelvis o determinadas molestias pueden aparecer durante el embarazo. Sin embargo, que sean frecuentes no significa que deban aceptarse sin buscar soluciones.
Esta confusión hace que muchas mujeres retrasen la consulta incluso cuando el dolor limita su vida diaria o aparecen síntomas relacionados con el suelo pélvico. Las pérdidas de orina, aunque sean ocasionales, el dolor durante las relaciones sexuales o la dificultad para controlar los gases merecen una valoración profesional.
“Muchas mujeres esperan porque piensan que ya se pasará o que es normal. Algunas molestias pueden mejorar con el tiempo, pero ninguna debería normalizarse sin una valoración adecuada”, señala.
No se trata de alarmar ni de vivir pendientes de cada síntoma,se trata de aprender a distinguir qué cambios forman parte del proceso y cuáles necesitan atención. Una valoración puede servir para detectar un problema, pero también para confirmar que todo evoluciona correctamente y aportar tranquilidad.
“Seguimos confundiendo lo frecuente con lo normal y eso hace que muchas mujeres no pidan ayuda cuando realmente deberían hacerlo”
Chary resume este cambio de mirada en una frase que atraviesa toda su forma de trabajar: “Hay que dejar de normalizar el sufrimiento y empezar a normalizar el cuidado. Cuidarse durante el embarazo no es un lujo ni un capricho; forma parte del bienestar de la madre y también del bebé”.
La fisioterapia también informa, escucha y acompaña
La fisioterapia obstétrica no interviene únicamente cuando aparece un dolor o una patología. Su papel puede comenzar desde las primeras etapas del embarazo con un enfoque preventivo, terapéutico y educativo.
En consulta, Chary ayuda a comprender cómo influyen las hormonas, por qué cambia la postura, qué función tienen las adaptaciones que realiza el cuerpo y cómo puede acompañarse todo ese proceso desde el movimiento.
Muchas mujeres llegan pensando que durante el embarazo apenas pueden hacer nada y se sorprenden al descubrir tanto las herramientas que tienen a su alcance como la capacidad de adaptación de su propio cuerpo. Esa confianza no se construye con promesas de partos perfectos ni con mensajes que añadan todavía más presión. Se construye con información rigurosa, acompañamiento profesional y una escucha que tenga en cuenta la historia y las necesidades de cada mujer.
“La información da tranquilidad y una mujer tranquila toma mejores decisiones, se mueve con más confianza y vive el embarazo de una forma completamente diferente”
Chary lo tiene claro y es que ningún profesional sanitario debería transmitir miedo. Explicar también forma parte del tratamiento y, en muchas ocasiones, “la mejor herramienta terapéutica que tenemos es una buena explicación”.

Ejercicio durante el embarazo: un miedo que no nace de la evidencia
Uno de los mitos que Chary se encuentra con mayor frecuencia es la idea de que una mujer embarazada debe guardar reposo o moverse lo menos posible.
En un embarazo saludable y siempre que no exista una contraindicación médica, mantenerse activa aporta beneficios tanto para la madre como para el bebé, pero si hoy la evidencia científica respalda el ejercicio durante el embarazo, ¿por qué seguimos inquietándonos cuando vemos a una embarazada entrenando?
Para Chary, la respuesta está en la historia. Durante siglos, la imagen de la mujer embarazada ha ido cambiando según las creencias de cada época. Ya en la Antigüedad se relacionaba una vida activa con partos más favorables. Sin embargo, durante la época victoriana comenzó a imponerse una visión muy distinta, la embarazada pasó a considerarse una persona frágil que debía reducir su actividad y, en muchos casos, alejarse incluso de la vida social y laboral.
Aquella mirada dejó una huella que todavía permanece en el imaginario colectivo. Aunque la investigación ha avanzado y hoy existen recomendaciones científicas actualizadas, continuamos observando el ejercicio durante el embarazo desde el miedo y la precaución excesiva.
“Ese miedo no nace de la evidencia científica, sino de la historia”
A partir de los años setenta comenzó a popularizarse el interés por mantenerse en forma y surgieron las primeras preguntas sobre los efectos del ejercicio durante la gestación. Las recomendaciones iniciales eran todavía muy prudentes y, durante mucho tiempo, incluso se aconsejó abandonar la actividad en los últimos meses.
Hoy el escenario es diferente. La investigación permite conocer qué ejercicio resulta seguro, cuándo está indicado y cómo debe adaptarse a las circunstancias de cada mujer. Por eso, Chary considera que la pregunta ya no debería ser si una embarazada puede entrenar, sino cómo ayudarla a hacerlo de manera segura, eficaz y adaptada. “Claro que puede entrenar, pero no como si no estuviera embarazada”, puntualiza.
El objetivo no es perseguir marcas personales ni ignorar los cambios que está viviendo el cuerpo. Es adaptar la actividad a una nueva realidad y prepararlo para afrontar uno de los mayores esfuerzos físicos de su vida.
“No buscamos un parto perfecto. Buscamos entrenar a una embarazada para que llegue al parto con un cuerpo preparado para adaptarse a todo lo que va a vivir”.
El suelo pélvico no trabaja solo
El suelo pélvico sigue siendo un gran desconocido, a pesar de su importancia durante el embarazo, el parto y el posparto. Desde el inicio de la gestación comienza a adaptarse al aumento de carga y necesita coordinarse con la respiración, la musculatura abdominal y el resto del cuerpo.
Uno de los errores más habituales es pensar que cuidarlo consiste únicamente en fortalecerlo mediante contracciones. Sin embargo, no todas las mujeres parten de la misma situación y, cuando existe demasiada rigidez, insistir en este tipo de ejercicios puede resultar contraproducente.
“El suelo pélvico también necesita aprender a relajarse, adaptarse al movimiento y responder de forma automática en las actividades del día a día”, señala Chary.
Por eso resulta importante realizar una valoración individual. El objetivo no es mantener el suelo pélvico contraído constantemente ni caminar metiendo el ombligo hacia dentro, sino conseguir que el cuerpo aprenda a activarlo cuando realmente lo necesita.
Respiración, gestión de presiones, musculatura abdominal y trabajo de glúteos forman parte de una misma estructura. Comprender esa conexión permite abandonar las recetas generales y cuidar el cuerpo desde una perspectiva mucho más completa.
“No hay que entender el suelo pélvico como una entidad aislada porque está relacionado con casi todo”
Preparar el parto es prepararse para adaptarse
Para Chary, preparar un parto no consiste únicamente en recibir información sobre lo que podría suceder. Es un entrenamiento específico que proporciona herramientas prácticas para afrontar el nacimiento con más recursos, seguridad y capacidad de adaptación.
En las sesiones se trabajan los movimientos y las posturas que pueden favorecer la dilatación, la influencia de la biomecánica de la pelvis en el descenso y la rotación del bebé y las diferentes posiciones que una mujer puede adoptar durante el parto.
La respiración también se utiliza como una herramienta para gestionar el dolor y acompañar las distintas fases del proceso. Sin embargo, el propósito no es memorizar un protocolo ni garantizar un resultado concreto. “No buscamos un parto perfecto, porque eso no existe. Buscamos una mujer preparada para adaptarse a cualquier parto”, explica.
Hay aspectos que pueden prepararse y entrenarse, pero otros no dependen de la mujer. Entender esa diferencia también evita que muchas madres carguen después con una culpa que no les corresponde. Haber necesitado una intervención, una cesárea o haber vivido un parto distinto al imaginado no significa que su cuerpo haya fallado.
“No busques el parto perfecto, prepárate para saber adaptarte al parto que te toque vivir”
Preparar el parto también significa aprender a formar equipo
Las mujeres no tienen por qué afrontar solas esa preparación. En los talleres “Parir en pareja” de MODOFISIO, Chary otorga a la pareja un papel activo y le enseña cómo acompañar de una forma verdaderamente útil. “El parto lo vive la mujer, pero la pareja también puede desempeñar un papel fundamental si sabe cómo acompañarla”, explica.
Durante estos talleres, las parejas aprenden a realizar masajes y compresiones pélvicas, facilitar los cambios de postura y el movimiento, acompañar la respiración y ofrecer el apoyo emocional que la mujer puede necesitar.
También conocen qué sucede en cada fase del parto. Comprender el proceso les permite dejar de sentirse simples espectadores y ganar seguridad para actuar cuando llegue el momento.
“Cuando la pareja comprende el proceso, deja de sentirse un simple espectador y gana confianza para acompañar de una forma mucho más activa y útil”.
Ese acompañamiento emocional contribuye, además, a crear un entorno de mayor seguridad y tranquilidad para la mujer. El objetivo no es que la pareja memorice una sucesión de movimientos, sino que ambos lleguen al nacimiento con recursos para afrontar juntos lo que vaya sucediendo.
“Buscamos que cada mujer y su pareja lleguen al parto formando un equipo perfecto, con recursos para que puedan vivir esa experiencia juntos”.

Preparamos la llegada del bebé, pero ¿quién prepara a la madre?
La habitación, el carrito, la ropa, los pañales, las primeras visitas… antes del nacimiento se dedica mucho tiempo a organizar todo lo que necesitará el bebé. Sin embargo, no siempre se reserva el mismo espacio para preparar a la mujer que va a traerlo al mundo.
“Quizá el error más importante sea preparar absolutamente todo para la llegada del bebé y dedicar muy poco tiempo a preparar a la mamá”, reflexiona Chary.
Esa preparación no es únicamente física. Muchas embarazadas llegan a consulta con miedo a hacerlo mal, saturadas por consejos contradictorios o condicionadas por una imagen idealizada de la maternidad.
Familiares, amistades y redes sociales opinan constantemente y, aunque muchas veces lo hagan con buena intención, pueden terminar aumentando la inseguridad. Por eso, Chary recomienda ser selectivas tanto con la información que se recibe como con las personas de quienes procede.
Escuchar, resolver dudas y recordar que no existe una única forma correcta de vivir el embarazo también forma parte del acompañamiento profesional.
En los entrenamientos grupales, Chary observa además algo que denomina el «efecto manada». Las mujeres se escuchan, comparten preocupaciones y descubren que muchas de sus dudas también están presentes en otras compañeras. Sentirse comprendidas disminuye el aislamiento y permite vivir el proceso con mayor serenidad.
“A veces, lo que más ayuda no es hacer un tratamiento. Es sentarse, escuchar, resolver dudas y recordarles que no existe una única forma correcta de vivir un embarazo”.
En el posparto también nace una madre
Después del parto, la atención se dirige inevitablemente hacia el bebé, pero junto a él también acaba de nacer una madre que necesita tiempo, cuidados y acompañamiento.
La recuperación no termina al finalizar la cuarentena. Muchos tejidos continúan adaptándose durante los meses posteriores, por lo que exigir al cuerpo que vuelva a ser el de antes en unas pocas semanas resulta poco realista y profundamente injusto.
“Creo que el primer paso es dejar de hablar de recuperar el cuerpo de antes. Ese cuerpo ya ha hecho algo extraordinario. Ha creado vida, ha cambiado durante meses y necesita tiempo para recuperarse”, sostiene Chary.
La recuperación no debería medirse únicamente por el peso, la talla o la rapidez con la que una mujer vuelve a hacer ejercicio. También tiene que ver con recuperar funcionalidad, fuerza, seguridad y bienestar en la vida cotidiana.
“El cuerpo no necesita ser castigado para volver a funcionar, necesita tiempo, movimiento adaptado, descanso, paciencia y mucho respeto”
Tras las primeras semanas puede ser recomendable valorar el suelo pélvico y la pared abdominal, revisar la diástasis cuando existe, atender las cicatrices de cesárea o episiotomía y planificar progresivamente la vuelta a la actividad física.
El paso del tiempo ayuda al cuerpo a recuperarse, pero no siempre lo soluciona todo. Las pérdidas de orina, la sensación de pesadez o cualquier molestia que afecte a la vida diaria deberían valorarse sin esperar a que se conviertan en un problema mayor.
Una recuperación emocional sin culpas ni exigencias
La recuperación emocional merece la misma atención que la física. No todas las madres sienten un amor inmediato al ver a su bebé. Algunas experimentan miedo, culpa, frustración o una enorme sensación de desbordamiento.
Hablar de ello sin juzgar y permitir que la pareja o el entorno detecten cuándo una mujer “deja de ser ella misma” puede resultar fundamental.
Durante el embarazo y el posparto todavía pesa la idea de que una buena madre debe poder con todo. Una expectativa que dificulta pedir ayuda, descansar o reconocer que algo no va bien.
Para Chary, priorizarse nunca debería interpretarse como un acto egoísta. Cuando una mujer atiende sus necesidades físicas y emocionales, también dispone de más recursos para cuidar de su bebé.
“Pedir ayuda nunca es un fracaso… cuando una madre necesita apoyo físico o psicológico y lo pide, está cuidándose a ella y también a su bebé”
Construir una relación más amable con el cuerpo después del parto también implica reconocer todo lo que ha sido capaz de hacer. En lugar de mirarlo buscando únicamente lo que ha cambiado, Chary invita a contemplarlo desde el agradecimiento.
La mujer no tiene que volver a ser la de antes porque, después de una experiencia tan transformadora, tampoco es exactamente la misma y eso no tiene por qué entenderse como algo negativo.
Del miedo a la confianza
Acompañar a tantas mujeres ha transformado también la manera en la que Chary entiende su profesión. Al principio sentía miedo a no saberlo todo y una enorme responsabilidad ante un momento tan importante en la vida de cada paciente. Con los años comprendió que aquel miedo era, en realidad, respeto.
Cada embarazo continúa siendo un nuevo aprendizaje. Cada mujer llega con su historia, sus circunstancias y su propia manera de vivir el proceso. No existen dos cuerpos iguales, dos partos idénticos ni dos recuperaciones que deban avanzar al mismo ritmo.
“Cada caso que he vivido ayuda a la embarazada siguiente. Hasta ahí llega la generosidad de estas madres”, reconoce.
Su labor no consiste en decirles cómo deben vivir la maternidad, sino en acompañarlas para que puedan tomar decisiones informadas, escuchar sus necesidades y confiar en todo lo que su cuerpo es capaz de hacer.
“Una mujer informada, escuchada y acompañada vive el embarazo de una forma completamente diferente”. Para Chary, esa es una de las partes más bonitas de su profesión, el poder acompañar a las mujeres para que pasen de la incertidumbre a la confianza.
La mirada de Mujeres sin Manual
Ninguna mujer tiene a su alcance un manual que le explique qué debe sentir o cómo tiene que vivir su maternidad. No hemos nacido sabiendo ser madres. Aprendemos mientras avanzamos, muchas veces entre dudas, cansancio y decisiones para las que no siempre nos sentimos preparadas.
Y es que convertirse en madre implica atravesar una transformación mucho más profunda de lo que solemos imaginar. Asimilar los cambios del cuerpo durante el embarazo y el posparto no es fácil, pero tampoco lo es comprender que, de repente, somos responsables del cuidado de un ser indefenso que acaba de llegar al mundo. Queremos protegerlo, entenderlo y hacerlo bien, aunque nadie nos haya enseñado exactamente cómo.
Durante el embarazo nos hablan de la ilusión, de los preparativos y de ese momento en el que por fin tendremos a nuestro bebé en brazos. Sin embargo, pocas veces nos preparan para los planes que cambian, las situaciones que no son perfectas o las emociones que no se parecen a las que habíamos imaginado. Un parto puede estar desarrollándose con normalidad y cambiar en cuestión de segundos, obligándonos a afrontar una realidad para la que tampoco estábamos preparadas.
Quizá por eso haya llegado el momento de desmontar el mito del embarazo y el parto perfectos. No para vivirlos desde el miedo, sino para comprender, como nos recuerda Chary, que prepararse no significa poder controlarlo todo. Significa conocernos, contar con información y disponer de herramientas para adaptarnos a aquello que pueda suceder, incluso cuando la experiencia se aleje de lo que habíamos deseado.
Aceptar esa incertidumbre también transforma nuestra manera de entender la maternidad. Ser madre no implica demostrar que somos fuertes, que podemos con todo o que sabemos qué hacer en cada momento. También significa compartir los miedos y las inseguridades que aparecen durante el camino, reconocer cuándo algo nos supera y permitir que otras personas nos acompañen.

