Estefanía Morales: “El alma ya sabía lo que la mente todavía no podía entender”

Hace veinte años, Estefanía Morales dejó atrás una profesión que había soñado y una vida aparentemente resuelta para empezar a viajar sola por el mundo. Hoy, después de recorrer cinco continentes, cuenta en “Mujer, sola y nómada” un viaje que habla de libertad, renuncias y de la valentía de construir una vida propia.

Hay decisiones que no nacen de que algo vaya mal y quizá por eso son todavía más difíciles de explicar. Estefanía Morales no dejó atrás una vida rota, tenía una profesión que había deseado, trabajaba en el mundo de la moda vinculada a una de las grandes marcas españolas, disfrutaba de estabilidad económica y atravesaba un buen momento profesional, pero algo empezó a moverse dentro de ella.

Ocurrió hace dos décadas. Un viaje en solitario a Brasil, un mes recorriendo la selva amazónica, conviviendo con comunidades indígenas y descubriéndose lejos de todo lo conocido abrió una grieta que ya no volvería a cerrarse. En el avión de regreso lloró. Todavía no sabía explicar del todo qué estaba ocurriendo, pero sí intuía que regresar no significaba simplemente volver a casa.

Después llegó lo demás: dejar el trabajo, la estabilidad, la familia y los amigos; marcharse a miles de kilómetros; aprender a desenvolverse en otros idiomas; trabajar, empezar de nuevo, recorrer cinco continentes y convivir con una incertidumbre que, con el tiempo, acabaría formando parte de su manera de estar en el mundo.

Veinte años después, aquella decisión se ha convertido en una vida y también en Mujer, sola y nómada, el libro en el que recoge parte de un camino que habla de viajes, sí, pero sobre todo de algo que en Mujeres sin Manual conocemos bien: qué ocurre cuando una mujer deja de vivir según el guion que parecía escrito para ella y empieza a construir el suyo.

Brasil: cuando algo empieza a romperse por dentro

Antes de convertirte en esa mujer que lleva veinte años recorriendo el mundo, ¿cómo era Estefanía? ¿Qué soñaba aquella mujer que todavía tenía una vida mucho más convencional?

Estefanía siempre ha sido una chica soñadora por naturaleza, con una mente inquieta y con ganas de superarse a sí misma. Siempre he visto más las posibilidades que me resonaban que la necesidad de encasillarme en una sola opción. Soy multifacética, divertida y creo que, en el fondo, Estefanía sigue teniendo la misma esencia y carisma de siempre. He sido muy fiel a mi locura y creo que seguiré siéndolo.

Siempre he vivido mis sueños. Mientras disfrutaba de uno hecho realidad, no necesitaba entretenerme pensando en otros. Vivía ese sueño con todo su potencial, hasta que aparecía otro que me llamaba.

Cada uno de ellos me ha regalado años de gozo, aprendizaje y crecimiento.

Así que puedo decir que he soñado, he materializado y he vivido a pleno cada uno de ellos. Y, al final, son todos esos sueños los que realmente componen mi camino de vida.

Tenías un trabajo estable como escaparatista y una vida aparentemente encaminada, pero has contado que un viaje a Brasil empezó a cambiarlo todo. ¿Qué ocurrió en aquel viaje para que al volver sintieras que algo dentro de ti ya no era igual?

Mi viaje a Brasil fue el gran viaje de cruzar el charco en solitario. Aquel mes viajando por la selva amazónica, conviviendo con comunidades indígenas, bañándome en las aguas del río Amazonas y viviendo en otra cultura y otro idioma había sido uno de mis primeros sueños por realizar.

En aquel entonces era muy joven y Brasil, así como las comunidades indígenas, siempre me había llamado la atención. Al mismo tiempo, estar lejos de casa y aprender a gestionar la soledad, las rutas, el contacto con desconocidos y a agudizar los sentidos ante posibles peligros hace que, quieras o no, cambie por completo la percepción que hasta ese momento tenías de la vida, tanto externa como interior.

Y para que ese cambio ocurra, hay que transitar un abismo de confusión que continúa incluso cuando regresas a tu vida cotidiana. Y eso fue, un poco, lo que me ocurrió.

Aquel viaje y todo ese proceso fue quizás lo que necesitaba, quizá incluso ya estaba predestinado, para responder a un alma que recién empezaba a llamar y que, de algún modo, me resultaba familiar.

Has contado algo muy gráfico, regresabas de Brasil en el avión y no podías dejar de llorar porque no querías volver. ¿Qué crees que estabas llorando realmente: el final del viaje o la vida a la que sabías que tenías que regresar?

Siento que ni a una cosa ni a otra [ríe]. Como comentaba, siento que fue como cuando el cascarón se rompe porque algo está a punto de nacer.

El llamado del alma es algo que viene contigo al llegar a esta tierra, pero que inconscientemente olvidamos, creyendo que somos nuestra profesión, nuestro estatus según la nómina que cobramos, nuestro matrimonio y una larga lista de cosas que nos hicieron creer que debíamos tener para ser.

Yo puedo no tener nada y sentirme completamente plena y realizada conmigo misma porque, por mi experiencia y después de haberlo tenido todo, respondí a ese llamado y creo que aquellas lágrimas ya sabían que algo más grande estaba por venir.

Hubo una resonancia con lo conocido y con lo desconocido, con el mensaje porque el alma ya sabía lo que la mente todavía no podía entender.

Dejarlo todo cuando aparentemente todo va bien

Dejar un trabajo, una estabilidad y una forma de vida para marcharte sola no debió de ser una decisión sencilla. ¿Qué fue lo que más miedo te dio cuando decidiste hacerlo de verdad?

Dejar una vida construida nunca es fácil, y más cuando todo funciona bien. Dejar una buena economía, la familia, los amigos y una profesión para empezar otra vida en otro lugar y, además, en otro idioma, no es que sea difícil: es retador.

Y lo retador siempre implica responsabilidad, determinación y evolución personal. Eso es precisamente lo que me fascina: el reto y todo lo que una experiencia puede aportarme.

Así que miedo no tuve. Más bien sentía curiosidad y muchas ganas de cruzar el umbral hacia lo desconocido.

¿Cómo reaccionó tu entorno cuando dijiste que ibas a dejar aquella vida para marcharte? ¿Hubo alguien que intentara convencerte de que estabas cometiendo un error?

Sinceramente, no recuerdo a nadie que intentara convencerme, así que creo que nadie lo intentó [ríe].

La reacción de mi entorno fue de alucinación, más que nada porque dejaba la profesión que había soñado y, además, realmente estaba en mi mejor momento a nivel profesional. Mi familia quizás fue quien más lo sintió a nivel emocional, pero tengo que decir que siempre apoyaron mis decisiones, aunque sonaran alocadas. Ellos siempre estuvieron ahí, aunque por dentro corrieran lágrimas y alguna por fuera también.

Llevamos toda la vida escuchando que tener un buen trabajo, una casa, pareja o estabilidad es lo que significa “tener la vida resuelta”. Después de veinte años viviendo de una manera completamente diferente, ¿qué significa para ti tener una vida plena?

A día de hoy, por mi experiencia viviendo por el mundo y por todas las vidas que he conocido en mi camino, para mí tener una vida plena es estar bien con quién eres y con dónde estás. Te dediques a lo que te dediques, no hace falta hacer grandes hazañas para sentirte pleno. Lo importante es que, hagas lo que hagas, seas tú quien esté satisfecho con la vida que has elegido.

Quizás un panadero, un zapatero o un cirujano ya hayan respondido a su propio llamado y es precisamente ahí donde se sienten en paz con el mundo y consigo mismos.

Solo cuando empiezas a sentir algo interno, extraño y familiar al mismo tiempo, quizás sea el momento de empezar a hacerte preguntas, aunque algunas sean incómodas, para entender qué está ocurriendo dentro de ti y eso puede llevarte a hacer cambios externos, aunque a veces cueste.

Lo digo porque venimos cargados de creencias que hemos ido incorporando y normalizando. Quizás lo más humano, a lo largo de la historia, siempre ha sido cuestionarnos, y, sin embargo, es precisamente a eso a lo que tememos hoy: a cuestionarnos y a ser sinceros con nosotros mismos.

Creo que una vida plena también puede empezar por ahí.

“Lo importante es que, hagas lo que hagas, seas tú quien esté satisfecho con la vida que has elegido”

Estefanía Morales junto a otra mujer en un callejón colorido
Viajar también es mezclarse con otras culturas, compartir el camino y descubrir otras formas de mirar la vida.

La libertad necesita agallas

Hay algo que quizá desde fuera se idealiza mucho: la libertad. ¿Qué precio has tenido que pagar tú por ser tan libre?

Creo que el precio habría sido mucho más alto, y peor, haberme quedado queriendo irme y apostando por mí al máximo.

Para mí, la libertad no es hacer lo que quieras, sino tener el valor de elegir, aun teniéndolo todo, y asumir las consecuencias de esas elecciones. Y en cada elección hay renuncias: un trabajo fijo, un sueldo seguro cada mes, la estabilidad de tenerlo todo bajo control. Yo renuncié a eso para no tener nada seguro, llegar a las antípodas, tener tres trabajos y asumir incluso los peligros de poder ser deportada.

Lo último que se me ocurre es romantizarlo. La libertad necesita agallas, no solo para atreverte a elegirla, sino también para sostenerla y hacer que perdure en el tiempo. Esto no son unas vacaciones pagadas, esto es un solo billete de ida.

“La libertad necesita agallas, no solo para atreverte a elegirla, sino también para sostenerla y hacer que perdure en el tiempo”

Has recorrido cinco continentes y has vivido en lugares y culturas muy diferentes. ¿En qué momento dejaste de sentir que estabas viajando y entendiste que aquella era simplemente tu forma de vivir?

En el momento en que pasaron unos años y me di cuenta de que ya no necesitaba volver a España ni tener un trabajo fijo de por vida. Podía crear mi propio estilo de vida gracias a todo lo que había ido aprendiendo y observando mientras viajaba, y a un cambio de prioridades que cada vez estaba más alineado con la vida que quería.

Has dejado un pedacito de ti en muchos lugares, pero ¿hay alguno en el que sientas que también se quedó una parte especialmente importante de tu historia?

Tengo muchas vivencias en muchos lugares, pero también muchas en un mismo lugar, porque he repetido país muchas veces. Así que me resulta difícil elegir solo uno. Todas esas experiencias han cambiado enormemente mi historia y tengo un cariño especial por cada uno de ellos. Hay demasiadas cosas vividas en cada país… ¡Siento no poder elegir solo uno! [ríe].

Viajar sola siendo mujer

Viajar sola siendo mujer no es lo mismo que hacerlo siendo hombre. ¿Has sentido miedo alguna vez por el hecho de estar sola y ser mujer? ¿Has tenido que aprender a moverte por el mundo de una forma diferente por ello?

Es cierto que no es lo mismo, y también es cierto que hay momentos tensos. Soy bastante precavida y atenta, pero las situaciones pueden ocurrir igualmente.

En esos casos, lo único que queda es confiar y actuar según lo que requiera la situación.

También es verdad que, sin darte cuenta, cuando te mimetizas con el país, vas aprendiendo a moverte de otra manera. Esa enseñanza la adquieres casi automáticamente, al menos en mi caso. Quizás porque soy muy observadora y, con los años, una va adquiriendo experiencia.

Después de tantos años sola, ¿qué relación tienes hoy con la soledad? ¿Hay una diferencia entre estar sola y sentirse sola?

Me he sentido más sola estando con amigos en España que estando sola por el mundo. Y no, no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Como digo, uno puede sentirse solo en medio de una muchedumbre y sentirse acompañado en medio de la nada. Creo que tiene mucho que ver con la relación que tengas contigo mismo y con la necesidad de estar con el otro o con los otros.

Cuando sabes quién eres, no te aburres de ti mismo. Cuando valoras quién eres, disfrutas de tu propia compañía. Y cuando disfrutas de ti, también disfrutas más de los demás cuando llega el momento de compartir.

Comparto mucho con otras personas que voy conociendo en mi vida nómada. Al final, de alguna manera, uno también acaba creando su propia tribu.

“Me he sentido más sola estando con amigos en España que estando sola por el mundo”

El hogar cabe también en una mochila

Cuando llevas veinte años moviéndote, dejando lugares y empezando en otros nuevos, ¿dónde está tu casa? ¿Existe para ti un lugar al que puedas llamar hogar?

Mi casa es el lugar donde estoy y donde pongo mi corazón. Para mí, el hogar nace de estar presente. Allí donde voy, ya sea por poco tiempo o durante meses, hago mío el espacio. Puede ser una habitación que alquilo en un hostal, en un ashram o donde sea que me encuentre.

Siempre llevo algo en la mochila para darle mi toque al lugar: una vela, incienso, mis cosas… Acomodo todo lo que llevo, ya sean libros físicos o pequeñas cosas especiales que voy comprando en los lugares por los que paso y que me acompañan en el camino.

Así que, en realidad, el hogar lo llevo conmigo.

“Mi casa es el lugar donde estoy y donde pongo mi corazón, para mí, el hogar nace de estar presente”

También me interesa la parte menos bonita. ¿Ha habido algún momento en estos veinte años en el que hayas pensado “no puedo más, quiero volver a casa y tener una vida normal”?

Pues, sinceramente, no. No me ha llegado ese momento y creo que quizás no sea igual para todas las personas. Será por mi personalidad y mi carácter, pero lo que entendemos por rutina no va mucho conmigo.

Eso sí, aunque viaje y vaya viviendo por el mundo, tengo mis rutinas: estudio, a veces trabajo, tengo mis momentos de descanso y mantengo mis prácticas de yoga, meditación, etc. Dentro de mi propia manera de vivir sí hay una cierta rutina, pero no esa idea de tener algo fijo y establecido durante mucho tiempo, como tú mencionas.

Quizás también porque no echo demasiado de menos las cosas de mi país.

Aunque me gusta y es mi tierra, soy mucho de disfrutar cada cosa en su momento. Lo que tengo, lo disfruto, y cuando ya no lo tengo, no me quedo pensando en ello. Estoy bastante en lo que estoy viviendo en cada momento y disfruto de lo que tengo a mi alrededor.

Hay una frase que adopté viajando que dice: «Haz lo que puedas con lo que tengas» y creo que con esa actitud también puedes estar en un estado de contento porque si siempre quieres lo que no tienes o estás pensando en lo que te falta, al final te sientes desdichado.

En mi manera de vivir puedo parar y cambiar, continuar o simplemente volver a la casa familiar. Lo que sí creo es que volver a lo mismo de antes de haberlo dejado todo ya no sería posible. El viaje, y sobre todo vivir por el mundo, te cambia. Cuando has vivido todo eso, ya no quieres necesariamente lo mismo que dejaste atrás.

Estefanía Morales observando a un mono langur durante un viaje
Veinte años recorriendo el mundo le han dejado encuentros, aprendizajes y momentos que difícilmente caben en una maleta.

Lo que veinte años de mundo cambian por dentro

Has conocido países, culturas y formas de entender la vida muy diferente. ¿Qué creencia que tenías sobre la felicidad se te cayó por el camino?

Bueno, antes de dejarlo todo atravesé un periodo de profunda reflexión.

Desde mi adolescencia y juventud me preguntaba por el sentido de la vida y por cuestiones como la profesión, las relaciones, la economía, la pertenencia, la familia, la identidad, la felicidad o el éxito. Ya entonces había ciertas creencias generales que no compartía y, a medida que mi conciencia se expandía, esas inquietudes fueron dando lugar a nuevas preguntas y a una búsqueda cada vez más profunda.

Por el camino, más que caer, yo diría que muchas de aquellas intuiciones se reafirmaron con fuerza y el éxtasis de poder experimentarlas en primera persona fue lo que realmente me dio la convicción de que había otras formas de vivir más allá de las establecidas.

Y después de conocer tantos lugares, quiero hacerte la pregunta al revés, ¿qué has descubierto sobre ti que probablemente nunca habrías descubierto si te hubieras quedado?

Creo que me hubiera perdido la maravilla de maravillarme con este planeta; me hubiera perdido lo exquisito que es conocer de cerca cada cultura, cada paisaje remoto, cómo piensan y cómo viven esas personas, bajo qué condiciones, incluidas las ambientales y climáticas. Todos esos factores despiertan mi propia condición humana y espiritual.

Ese sería un gran punto de partida para hablar del descubrimiento. Y, a nivel personal, es también de lo que trato en mi libro, unido al concepto del niño interior, además de algo de lo que estoy completamente convencida: quien cree, crea.

Mujer, sola y nómada: cuando la historia deja de ser solo tuya

De todos esos años nace Mujer, sola y nómada. Tu padre fue además una de las personas que te animó a guardar y contar tus experiencias. ¿En qué momento sentiste que aquella historia que durante tantos años había sido solo tuya podía servir también a otras personas?

El manuscrito inicial estuvo guardado durante unos cinco años. El confinamiento me sorprendió en India y pensé en revisar y pulir el manuscrito, pero no tenía ordenador para abordar un trabajo de tal envergadura. Así, el tiempo fue pasando y, con él, la vida y los acontecimientos.

Finalmente, pude hacerlo cuando decidí afincarme por un tiempo en París. Una situación de salud familiar y el fallecimiento de mi mejor amiga mexicana me hicieron replantearme el libro. Después de un año de dedicación profunda y junto a un equipo editorial, finalmente publiqué la obra.

Estefanía Morales, viajera nómada: construir tu propio manual

En el mensaje que nos enviaste nos dijiste algo que nos encantó, que sentías una conexión con el nombre Mujeres sin Manual porque tú también habías tenido que construir el tuyo. Así que tengo que hacerte nuestra pregunta, ¿cuál ha sido ese momento de tu vida en el que más has sentido que nadie te había dado un manual para lo que estabas viviendo?

Tener una vida construida, deshacerla y construirla de nuevo conlleva un esfuerzo. Hacer lo mismo mientras estás en movimiento cuesta más porque no solo estás construyendo una vida, estás reconstruyéndote a ti misma en un entorno completamente nuevo, extraño, desconocido y a miles de kilómetros de los tuyos.

Vivir así es vivir sin manual porque, además, yo no llevaba nada planeado de antemano. Mis veinte años de viaje en solitario por el mundo se han ido dando de acuerdo con las decisiones que iba tomando en tiempo real. Unas circunstancias crean otras, y otras, a su vez, dan paso a nuevas circunstancias. Y así me he ido viviendo mi vida de viaje, compartiendo incertidumbre e intuición como las dos caras opuestas de una misma moneda.

Llevar entre manos ese peculiar manual y aceptar por completo lo que cada circunstancia traía consigo es lo que ha hecho tan extraordinaria mi vida nómada.

“No solo estás construyendo una vida, estás reconstruyéndote a ti misma en un entorno completamente desconocido y a miles de kilómetros de los tuyos”

Si pudieras sentarte hoy junto a aquella Estefanía que regresaba de Brasil llorando en un avión porque no quería volver a su vida de siempre, ¿qué le dirías sobre todo lo que estaba a punto de vivir?

Todo lo que vas a vivir, lo llevas dentro. La semilla de tu niña interior perdura en ti. Afina la escucha, confía y déjate revelar tal cual eres. Has venido aquí por y para esto. Lo divino está ahí mismo. Sorpréndete de lo que eres capaz y agradece cada instante.

El dolor es parte de la vida; transítalo con calma cuando aparezca. Todo pasa: lo malo y también lo bueno. Simplemente, sigue siendo fiel a ti misma. Todo lo que quieres y todo lo que eres se te va a mostrar. Continúa siempre tu camino.

Llevas veinte años demostrando que tu vida puede cambiar de dirección muchas veces. ¿Qué sueño te queda todavía por cumplir?

Mi principal y gran sueño, y el que se me ha otorgado, es el que he hecho realidad durante estos años y que narro en mi libro Mujer, sola y nómada.

Como le comentaba a una amiga, si la muerte me encontrara, estaría en paz, porque habría respondido a mi llamado.

Aun así, estoy en pleno proceso con mi segundo libro. Mi entusiasmo por la vida y mi existencia continúan, así que sigo abierta a cualquier idea que aterrice en mi travieso y aventurero carácter y continúe alimentando la llama ya encendida.

La mirada de Mujeres sin Manual

Todas las historias que contamos en Mujeres sin Manual tienen, de alguna manera, una conexión especial conmigo. Siempre hay una frase, una vivencia o una emoción que me lleva a algún lugar conocido, pero con Estefanía Morales, mi tocaya, como le respondí cuando se puso en contacto con nosotras, esa conexión ha ido un poco más allá.

Soy una mujer que, la mayoría de las veces, se deja llevar por la intuición y quizá por eso hay algo en la historia de Estefanía que me resulta tan familiar.

Su historia va mucho más allá de viajar sola por el mundo.

Habla de esa sensación difícil de explicar cuando estás en un lugar y, en el fondo, intuyes que ya no es el tuyo; de la soledad que puedes llegar a sentir aun rodeada de personas que aprecias y que te quieren; de buscar un motivo racional para dejarlo todo cuando quizá no existe una razón concreta.

Y también de ese impulso que te lleva a no querer permanecer aferrada a un único lugar, a una única vida o a aquello que un día elegiste simplemente porque, durante un tiempo, te hizo feliz.

Y ahí es donde su historia me hace pensar.

Siempre se ha dicho que pocas cosas nos hacen crecer tanto como conocer mundo. Salir de aquello que conocemos, descubrir otras formas de vivir, otras culturas, otras personas. Quedarnos con lo bueno y también aprender de lo malo.

Y puede ser que viajar no siempre signifique recorrer miles de kilómetros.

A veces el viaje empieza mucho antes, cuando somos capaces de escucharnos y admitir que hay algo dentro de nosotras pidiendo un cambio, aunque todavía no sepamos explicar cuál.

Quizá por eso me gusta tanto una de las frases que Estefanía nos deja en esta entrevista: «El alma ya sabía lo que la mente todavía no podía entender».

Gracias, tocaya, por contarnos tu historia.

Por recordarnos que merece la pena escuchar esa intuición que tantas veces intentamos silenciar con miedos e inseguridades.

Y por hacernos ver que hay decisiones que intentamos razonar durante meses, incluso durante años, cuando sabemos que en algún lugar dentro de nosotras la respuesta llevaba tiempo esperando.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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