Esperanza Fitz: "Dejar la puerta cerrada detrás de ti es un error colectivo"

Tras más de tres décadas trabajando en un sector industrial tradicionalmente masculinizado, Esperanza Fitz ha aprendido que la autoridad no procede únicamente de un cargo. Se construye con conocimiento, constancia y muchas horas sobre el terreno. Empresaria del sector medioambiental y presidenta de ANSEMAC, ha hecho de su experiencia una forma de abrir camino a otras mujeres.

Esperanza Fitz lleva más de treinta años vinculada al sector medioambiental, una trayectoria que comenzó en 1992 y que la convirtió en una de las mujeres pioneras dentro de una industria entonces prácticamente desconocida para ella y profundamente masculinizada.

Empresaria y fundadora de ALGUAS, especializada en limpieza industrial, gestión de residuos y servicios medioambientales, Esperanza Fitz ha construido su autoridad conociendo el oficio desde dentro. Ha trabajado junto a operarios, mecánicos y soldadores, ha participado en intervenciones tan complejas como el desastre ecológico de Aznalcóllar y ha aprendido a tomar decisiones cuando no había tiempo para dudar.

También preside ANSEMAC, desde donde trabaja para representar a las empresarias del sector y facilitar que las nuevas generaciones encuentren referentes y alianzas que ella echó en falta al comenzar.

En esta entrevista hablamos con ella sobre liderazgo, sostenibilidad y la fuerza necesaria para reconstruirse, pero también sobre la constancia, el aprendizaje y la importancia de abrir camino sin cerrar la puerta a quienes vienen detrás.

Aprender a liderar desde el terreno

Esperanza, siempre me gusta comenzar de la misma manera… Si dejamos a un lado los cargos, las empresas y todo lo que has construido, ¿quién es Esperanza Fitz cuando termina el día y vuelve a ser simplemente ella?

Soy una mujer de acción, inquieta y competitiva por naturaleza. Creo que eso se entiende muy bien a través de mi pasión por el deporte.

En mi personalidad están la disciplina y el compañerismo que aprendí jugando al rugby; el esfuerzo coordinado y la resistencia del remo; la estrategia del pádel, y esa capacidad para gestionar el miedo y tomar decisiones valientes que te proporciona el paracaidismo.

Cuando termina el día, sigo siendo esa misma persona, aunque también busco el equilibrio entre la intensidad de los desafíos y la tranquilidad de un momento de calma en casa. Es entonces cuando proceso lo vivido con foco, resiliencia y mucha pasión.

Llevas más de treinta años vinculada al sector medioambiental. ¿Cómo llegó este mundo a tu vida y qué encontraste en él para decidir que querías construir allí tu trayectoria?

Llegó de una manera natural, al detectar que la industria andaluza necesitaba soluciones profesionales para gestionar su impacto medioambiental. Sin embargo, el punto de inflexión definitivo en mi trayectoria fue el desastre ecológico de Aznalcóllar, en 1998.

Tras la rotura de aquel dique, que liberó cerca de seis millones de metros cúbicos de lodos tóxicos y aguas ácidas, colaboramos estrechamente con la administración pública. Estar allí, metida en el tajo, aportando camiones y participando en el traslado de semejante cantidad de residuos peligrosos y no peligrosos, me hizo comprender la responsabilidad real de nuestro sector. Allí encontré un propósito. Comprendí que aquello no era solamente un negocio, sino una labor vital para proteger nuestro entorno.

En 1992 pusiste en marcha APREC junto a tu marido y os convertisteis en pioneros en la gestión y el transporte de residuos peligrosos. ¿Cómo recuerdas a aquella mujer que se atrevió a entrar en un sector prácticamente desconocido para ella?

La recuerdo con muchísima voluntad y con unas ganas inmensas de aprender. Al principio, mi papel estaba muy enfocado en la gestión financiera y organizativa de la empresa, pero pronto entendí que, para liderar de verdad, no podía quedarme detrás de un escritorio.

Recuerdo a una mujer curiosa, que no se conformaba con los papeles y que miraba el negocio de los residuos peligrosos y no peligrosos con mucho respeto, pero sin miedo.

Empezar una empresa nunca es fácil, pero hacerlo en aquella época, dentro de un entorno industrial y siendo mujer, probablemente lo era todavía menos. ¿Qué barreras encontraste y cómo aprendiste a hacerte respetar?

Más que empezar de cero en el sector, lo que me tocó fue reconstruirme y reinventarme cuando mi anterior empresa se vino abajo por circunstancias de la vida, pero no partía del vacío. Mi experiencia, mi fuerza interior y mis ganas constantes de saber y aprender fueron los verdaderos motores para levantar el nuevo proyecto.

La principal barrera fue el prejuicio de un entorno industrial completamente masculinizado, que dudaba al ver a una mujer al frente de camiones y de la gestión de residuos. Aprendí a hacerme respetar demostrando lo que sabía en la primera línea.

Cuando mi personal entraba a trabajar a las cinco de la mañana, yo ya estaba allí, al pie del cañón, facilitando el acceso y manteniendo una relación directa con los clientes. En mi empresa no hay nadie que haga hoy algo que yo no haya hecho antes. He enseñado a los operarios, sobre el terreno, cómo manejar las mangueras de agua a alta presión, una tarea durísima que requiere una enorme fuerza. También he pasado muchas horas en el taller, trabajando codo con codo con torneros, soldadores y mecánicos.

Aprendí que, cuando te diriges a un cliente, a un operario o a un ingeniero utilizando el vocabulario técnico adecuado y aplicando el sentido común, los prejuicios terminan cayéndose solos.

No soy ingeniera de título, pero en determinadas ocasiones he tenido que orientar cambios técnicos en cisternas muy complejas. Me han escuchado porque los resultados avalaban mis palabras. La autoridad te la da conocer el oficio desde la raíz, madrugar junto a tu equipo y tener la solvencia de saber perfectamente de qué estás hablando.

“En mi empresa no hay nadie que haga hoy algo que yo no haya hecho antes”

Volver a empezar cuando la vida obliga a reconstruirse

En un momento especialmente difícil de tu vida, tras el fallecimiento de tu marido, tuviste que volver a empezar y nació ALGUAS. ¿Cómo se encuentra la fuerza para reconstruir un proyecto profesional cuando una parte de tu vida personal también se ha roto?

En un momento así no tienes tiempo para pensar, sino que debes resolver. No había espacio para detenerme; sencillamente tenía que levantarme y continuar.

La fuerza nació de la necesidad de seguir adelante, de la responsabilidad hacia las familias que dependían de nosotros y de dar una nueva estructura empresarial a todo lo que ya sabía hacer. Contaba, además, con el respaldo de la experiencia vivida y sabía que ese conocimiento sumaría y multiplicaría en la nueva etapa.

El paso de mi empresa anterior a ALGUAS exigía muchos cambios. Tenía que asumir otras formas de pensar, modernizar la gestión y adaptar la mentalidad a los nuevos tiempos. ALGUAS fue la estructura renovada que di a todo el bagaje acumulado para seguir construyendo desde un enfoque más actual y evolucionado.

Cuando miras hacia atrás, ¿qué parte de aquella experiencia continúa acompañándote y qué descubriste sobre ti que quizá no sabías hasta entonces?

Descubrí que tengo una capacidad innata para resolver problemas bajo presión y que somos mucho más fuertes de lo que creemos. Son ya 34 años acumulando conocimiento, afrontando crisis y buscando soluciones. El terreno te forja.

Con el tiempo entendí que la mejor fórmula consiste en aplicar un profundo sentido común respaldado por la experiencia técnica. Me acompaña la seguridad de saber que, por muy complejo que sea el problema, siempre existe una salida si eres capaz de escuchar y te apoyas en las relaciones humanas que has ido construyendo durante el camino.

“Somos mucho más fuertes de lo que creemos”

El servicio de urgencias de la industria y el medioambiente

ALGUAS trabaja en limpieza industrial, gestión de residuos y servicios medioambientales con intervenciones que requieren rapidez y una gran capacidad de respuesta. Para quienes no conocen este sector, ¿cómo explicarías lo que hacéis y el impacto que tiene vuestro trabajo?

Somos el servicio de “urgencias” de la industria y el medioambiente. Nuestra principal especialización es la limpieza industrial y el transporte de residuos líquidos y pastosos, tanto peligrosos como no peligrosos.

Muchas veces nos llaman a última hora, cuando las cosas parecen no tener solución, y aun así conseguimos resolverlas. Sin embargo, siempre insisto en que todo habría sido mucho más fácil, rápido y menos costoso si se nos hubiese consultado antes y se hubiera apostado por la prevención.

También resulta fundamental la colaboración con otros profesionales del sector. Para cerrar el ciclo con éxito, nos valemos de la sinergia con otros compañeros del sector, apoyándonos en gestores finales autorizados para realizar la valorización exacta del residuo. Nos complementamos a la perfección.

Esperanza Fitz, presidenta de ANSEMAC
Como presidenta de ANSEMAC trabaja para impulsar la presencia de mujeres en los espacios de decisión.

Dirigir una empresa que responde ante inundaciones, residuos peligrosos o situaciones industriales complejas implica tomar decisiones con rapidez. ¿Cómo se aprende a mantener la calma cuando sabes que otras personas esperan que tengas una solución?

La calma se entrena en el tajo. Cuando has participado en la gestión de millones de metros cúbicos de lodos tóxicos durante una catástrofe como la de Aznalcóllar, tu perspectiva ante las emergencias cambia por completo.

El equipo y los clientes esperan una solución, y puedes mantener la calma porque tienes el respaldo de la experiencia real. Conoces cómo funcionan tus camiones, tus bombas y tus depresores. Entiendes el valor de un buen mecanizado o de una soldadura precisa porque has aprendido de primera mano cómo funciona cada eslabón de la cadena.

Esa seguridad también te permite sentarte con ingenieros y reorientar el diseño técnico de una cisterna aplicando la lógica y la experiencia del día a día. Te escuchan porque hablas desde la verdad del terreno. La calma nace de saber que el sentido común, cuando está respaldado por el conocimiento técnico, siempre ayuda a encontrar una salida.

Hay trabajos esenciales que solo recordamos cuando algo deja de funcionar. ¿Crees que la sociedad es realmente consciente de todo lo que existe detrás de la gestión de los residuos y del cuidado de nuestro entorno?

Quiero ser muy optimista en este sentido. Soy una persona profundamente humanista y creo en la sociedad y en nuestra capacidad para evolucionar. Es cierto que la limpieza industrial y la gestión de residuos han sido históricamente las grandes invisibles del sistema y que muchas veces solo nos acordamos de ellas cuando algo falla. Sin embargo, percibo con esperanza que cada vez existe una mayor concienciación.

La ciudadanía está despertando, empieza a mirar detrás de los procesos cotidianos y valora mucho más la inmensa infraestructura técnica y humana que trabaja en silencio para que todo funcione. Nos queda camino, pero tengo plena confianza en que vamos hacia una sociedad mucho más consciente y corresponsable.

La sostenibilidad se demuestra en la forma de trabajar

Durante tu trayectoria has visto cambiar profundamente la conciencia medioambiental. ¿En qué hemos avanzado como sociedad y qué seguimos sin querer mirar de frente?

Hemos avanzado muchísimo en materia de regulación y legislación, y también hemos conseguido que las grandes corporaciones incorporen la sostenibilidad a sus agendas. Sin embargo, seguimos sin querer mirar de frente el coste real que supone proteger nuestro entorno.

La sostenibilidad no es un sello colocado en una pared ni una campaña de marketing. Requiere inversión, compromiso a largo plazo y asumir que cuidar el planeta tiene un precio que todos, como sociedad, debemos estar dispuestos a pagar.

“La sostenibilidad real no es un sello en una pared ni una campaña de marketing”

A menudo se habla de sostenibilidad como una tendencia o una estrategia de comunicación. Desde tu experiencia, ¿qué diferencia existe entre una empresa que habla de sostenibilidad y otra que realmente la incorpora a su forma de trabajar?

La diferencia se ve en el día a día operativo. Hablar de sostenibilidad es fácil; lo difícil es tratar con fluidos complejos de origen industrial y buscar la manera de valorizarlos en colaboración con el sector.

Una empresa que la incorpora de verdad no trabaja en solitario: activa sinergias, invierte en procesos seguros, cuida a su equipo y entiende la economía circular como la única forma viable de hacer negocios en el futuro. La sostenibilidad real se mide en metros cúbicos recuperados, no en folletos de marketing.

La tecnología también ha transformado vuestro sector y la forma de tratar, medir y valorizar los residuos. ¿Cuál ha sido el cambio que más te ha sorprendido durante estos años?

Lo que más me ha sorprendido es comprobar cómo la tecnología se ha convertido en una gran aliada de la economía circular.

Hemos pasado de la antigua mentalidad de “eliminar la basura” a disponer de la capacidad necesaria para trazar, medir y valorizar materias fluidas y semisólidas, recuperando recursos que antes se consideraban simples desechos. Ha sido una verdadera revolución.

Gracias a la innovación tecnológica, hoy somos capaces de transformar determinados residuos industriales para que puedan reintroducirse directamente en el ciclo productivo. Ver cómo conseguimos cerrar ese círculo en tiempo real es uno de los cambios más sorprendentes y gratificantes que he vivido durante estos años.

También eres socia fundadora de GEREX, centrada en el reciclaje de equipos a presión y en la recuperación de sus componentes. Después de tantos años de experiencia, ¿qué te sigue impulsando a innovar y a poner en marcha nuevos proyectos?

Resulta curioso comprobar que, a pesar del paso de los años, nunca me canso y continúo abierta a nuevos proyectos medioambientales. Me mueve la misma curiosidad que tenía en 1992, aunque ahora se suma el orgullo de ser socia fundadora de GEREX.

Ver nacer una compañía dedicada en exclusiva a la economía circular y a la valorización de componentes de extintores (aportando el polvo y los gases como materia prima de nuestra propia marca) ha sido un gran hito.

Tras más de tres décadas, lo que me mueve no es el conformismo; la satisfacción de que se me busca activamente a nivel institucional y empresarial para aportar ideas y experiencia, me da toda la energía necesaria para seguir diseñando el futuro de la economía verde.

Abrir camino para que otras mujeres puedan llegar

Eres presidenta de ANSEMAC, una asociación creada para representar y dar visibilidad a las empresarias del sector medioambiental. ¿En qué momento comprendiste que no bastaba con abrirte camino tú, sino que también era necesario ayudar a que otras mujeres pudieran hacerlo?

Lo comprendí al mirar a mi alrededor y verme sola en demasiadas reuniones, talleres y comités industriales desde los años noventa. Al principio te invade cierto sentimiento de aislamiento. Sin embargo, aunque yo me sintiera sola, sabía que debían existir muchas otras mujeres compartiendo esa misma inquietud en sus respectivos entornos profesionales.

Entendí que abrirte camino tú sola puede ser un logro, pero dejar la puerta cerrada detrás de ti es un error colectivo. Necesitábamos unirnos. Las barreras que yo había conseguido superar debían servir como puente para crear una red y procurar que las siguientes generaciones de empresarias no tuvieran que comenzar desde cero ni justificar constantemente su presencia.

“Abrirte camino tú sola puede ser un logro, pero dejar la puerta cerrada detrás de ti es un error colectivo”

Has señalado en otras ocasiones que hay mujeres en los puestos técnicos, pero siguen faltando en los espacios donde se toman las decisiones. ¿Qué está impidiendo que ese talento femenino llegue a los puestos de dirección?

No se debe a una falta de talento ni de preparación. En los laboratorios y en los puestos técnicos encontramos mujeres brillantes. El verdadero freno está en las estructuras tradicionales y en la escasez de canales internos de promoción.

Por eso, desde ANSEMAC insistimos permanentemente de manera institucional para que se hagan más promociones internas que nos permitan subir a esos puestos directivos. Muchas veces a las mujeres se les exige el doble de demostración para ascender.

Además, la conciliación real y las responsabilidades familiares siguen recayendo mayoritariamente sobre ellas, lo que limita su crecimiento si no existe un compromiso firme por parte de las organizaciones para potenciar e impulsar su liderazgo hacia los espacios de decisión.

¿Qué necesitan encontrar las mujeres en otras mujeres cuando desarrollan su carrera dentro de sectores tradicionalmente masculinizados?

Lo que construimos y buscamos consolidar entre nosotras, las empresarias de este sector, es precisamente la fuerza que queremos exteriorizar para propiciar un acercamiento real a las jóvenes y a las nuevas emprendedoras.

Necesitamos que vean que existen referentes reales en la industria; mujeres que han pisado los talleres, liderado plantas y gestionado crisis sin perder su esencia.  Queremos proyectar de forma nítida ese espejo para que las que vienen detrás entiendan, con absoluta certeza, que pueden llegar exactamente a todo lo que se propongan. Al final, lo que necesitan encontrar en nosotras es un respaldo, alianzas sin filtros y la seguridad de que no caminan solas en su trayectoria profesional.

“Las mujeres necesitan encontrar en otras mujeres un respaldo, alianzas sin filtros y la seguridad de que no caminan solas”

Esperanza Fitz durante un reconocimiento a su trayectoria empresarial
Su trayectoria ha sido reconocida con la Medalla de Andalucía al Mérito Medioambiental y el Premio Mujer Empresaria del Año.

Una trayectoria reconocida dentro y fuera del sector

En 2022 recibiste el Premio Mujer Empresaria del Año. Después de tantos años trabajando en un ámbito con poca visibilidad femenina, ¿qué significó para ti que se reconociera públicamente tu trayectoria?

Es muy curioso ver cómo este galardón cierra un círculo precioso en mi vida. En 2008, la provincia de Cádiz me concedió el premio a la Mejor Empresaria Novel y, catorce años después, esa misma provincia me reconoció como Mujer Empresaria del Año. Para mí fue un honor inmenso y la confirmación de una trayectoria que había comenzado muchos años atrás.

Aunque soy sevillana, Cádiz es un punto y aparte en mi vida. Es la tierra que confió en mí durante mis inicios y que, con el paso del tiempo, también ha reconocido mi madurez profesional.

Este premio se suma a otros hitos muy importantes, como la Medalla de Andalucía al Mérito Medioambiental en 2021, mi inclusión entre los TOP 100 Líderes Innovadores de España en 2023, el Premio Meridiana en 2026 o haber sido seleccionada entre las TOP 10 Mujeres Empresarias Andaluzas como referente del sector.

Todos estos reconocimientos cobran todavía más sentido por mi implicación en el tejido asociativo. Además de presidir ANSEMAC, soy vicepresidenta de la Federación Andaluza de Mujeres Empresarias, vocal de la Asociación de Mujeres Empresarias de Cádiz y vocal de CEC Medioambiente.

Estos galardones y cargos visibilizan que las mujeres nos manchamos las manos, lideramos con solvencia y que la constancia colectiva deja una huella profunda.

La constancia que sostiene una trayectoria

Te defines con una palabra: constancia. ¿En qué momentos de tu vida ha sido más importante ser constante que ser valiente?

La valentía te sirve para comenzar, como ocurrió cuando pusimos en marcha la empresa en 1992 o cuando decidí dar el salto a la primera línea del ámbito industrial. Sin embargo, la constancia es la que te mantiene en pie durante más de treinta años.

Ha sido clave para resistir las crisis del sector, para levantar ALGUAS y para consolidar ANSEMAC hasta lograr hitos como la Medalla de Andalucía al Mérito Medioambiental. Siempre recalco que esa medalla representa a todo el trabajo de las que me precedieron y de las que luchan cada día para abrirse camino en este sector y permanecer en él, pero, sobre todo, ha sido vital el apoyo de las mujeres extraordinarias que he conocido a lo largo de este viaje: compañeras que me han aportado muchísimo y que han sido mis aliadas indispensables. La valentía es un impulso de un día; la constancia y la alianza colectiva son las que transforman la realidad.

“La valentía es el impulso de un día; la constancia es la que te mantiene en pie durante más de treinta años”

Imagino que liderar empresas, equipos y una asociación también implica cargar con muchas responsabilidades. ¿Cómo ha aprendido Esperanza Fitz a cuidarse y a no sentirse responsable de absolutamente todo?

Ha sido un aprendizaje complejo porque, por mi forma de ser, tiendo a involucrarme al máximo en todo. Lo hago tanto en la gestión operativa de una planta como en los proyectos de cooperación internacional relacionados con el agua y el género que impulsamos en Togo y Paraguay.

He aprendido a cuidarme confiando en mis equipos y delegando. También he comprendido que mi papel actual, además de gestionar, consiste en inspirar, abrir puertas estratégicas y conectar a personas a través de redes como ANSEMAC, FAME o el Pacto Mundial. Para cuidar los proyectos, primero debemos aprender a medir y proteger nuestras propias fuerzas.

Si hoy pudieras sentarte frente a aquella Esperanza Fitz que comenzaba su primer proyecto empresarial en 1992, ¿qué le dirías sobre todo lo que estaba a punto de vivir?

Le diría que confiara plenamente en su intuición y en esa inquietud constante por aprender porque ambas se convertirían en sus mejores aliadas.

También le advertiría que no buscara la seguridad en los manuales ni en los despachos, sino en su capacidad para adaptarse, levantarse y trabajar en la primera línea. Le diría que siguiera preparándose porque iba a vivir experiencias nuevas y maravillosas, llenas de desafíos que terminarían transformándola en una mujer más sabia, experta y plena.

Y, sobre todo, le daría un abrazo y le adelantaría que todo aquel esfuerzo merecería la pena, que la soledad de los primeros años acabaría convirtiéndose en una red de miles de mujeres y que su trabajo dejaría una huella real tanto en el sector medioambiental como en las personas.

“Para cuidar los proyectos, primero debemos aprender a medir y proteger nuestras propias fuerzas”

Treinta y cuatro años aprendiendo sin un manual

En Mujeres sin Manual siempre decimos que todas atravesamos momentos para los que nadie nos ha dado instrucciones. ¿Cuál ha sido el gran momento de «no tengo un manual para esto» en tu vida?

En el sector medioambiental y en la gestión de residuos, los escenarios cambian constantemente debido a la normativa, las crisis industriales y los avances tecnológicos. Por eso suelo decir que mi momento de “no tengo un manual para esto” dura ya 34 años.

En la primera línea industrial aprendes que lo que ayer funcionaba hoy se ha quedado obsoleto. Ante un vertido crítico, una gran inundación o una reestructuración empresarial, los manuales sirven de poco si no tienes la agilidad mental necesaria para reaccionar.

El verdadero manual de instrucciones de una empresaria se construye con su bagaje, con la templanza para tomar decisiones rápidas y con la capacidad de rodearse de un equipo que responda con la misma responsabilidad y rapidez que ella.

“Mi momento de no tengo un manual para esto dura ya 34 años”

Una huella construida junto a otras mujeres

Y ahora sí, la última… Cuando dentro de muchos años alguien hable de Esperanza Fitz, ¿cómo te gustaría que la recordara? ¿Qué huella te gustaría haber dejado como empresaria, pero también como mujer?

Como empresaria, me gustaría ser recordada como una mujer de acción, coherente y pionera, que demostró que una gestión medioambiental rigurosa y la economía circular pueden ser viables y rentables.

Sin embargo, como mujer, me importa todavía más la huella humana. Por eso me enorgullece formar parte del nodo andaluz de Mujeres Influyentes de España, un espacio en el que nos reunimos mujeres muy potentes de la región con un propósito común: ganar visibilidad, sostenernos y hacer valer nuestro impacto.

Me gustaría que me recordaran como alguien que utilizó su voz y su posición para impulsar a otras mujeres; que caminó junto a sus grandes aliadas y trabajó para que el liderazgo femenino, el acceso al agua potable y la dignidad fueran realidades al alcance de todas las personas, tanto en los talleres de mi empresa como en las zonas rurales de Togo.

“Me gustaría que me recordaran como alguien que utilizó su voz y su posición para impulsar a otras mujeres”

La mirada de Mujeres sin Manual

Después de conocer la historia de Esperanza Fitz, resulta difícil no dejarse contagiar por su energía, su fuerza de voluntad y esa forma tan suya de afrontar cada desafío desde la acción. Su trayectoria demuestra que una mujer no solo puede abrirse camino en un entorno tradicionalmente masculino, sino también liderarlo con conocimiento, criterio y una manera propia de hacer las cosas.

Esperanza aprendió que el respeto no se exige únicamente desde un cargo. Se gana conociendo el oficio, siendo capaz de hacer aquello que se pide a los demás y permaneciendo junto al equipo cuando las circunstancias se complican. También nos ha enseñado a afrontar las crisis, tanto las profesionales como aquellas que irrumpen en la vida y nos obligan a reconstruirnos cuando todo parecía seguro.

La constancia ha sido el hilo que ha sostenido su recorrido. La valentía le permitió avanzar, pero fue la constancia la que la mantuvo en pie durante más de treinta años y le dio la fuerza necesaria para comenzar de nuevo.

Sin embargo, lo que convierte a Esperanza Fitz en una verdadera referente no son únicamente las empresas que ha creado ni los reconocimientos recibidos, sino lo que ha decidido hacer con el lugar que ocupa: abrir puertas a otras mujeres, acompañarlas en el camino y recordarles que no tienen que recorrerlo solas.

Llegar es importante, pero utilizar todo lo aprendido para facilitar el camino a quienes vienen detrás es lo que da verdadero sentido a una trayectoria como la de Esperanza. Abrir puertas, compartir la experiencia y crear redes de apoyo permite que los logros individuales dejen de pertenecer únicamente a una persona y se conviertan en una huella compartida capaz de transformar también la vida de otras mujeres.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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