Nos enseñaron a callar lo que sentimos: el precio emocional que muchas mujeres siguen pagando

La terapeuta emocional Ana Eló reflexiona sobre la relación que las mujeres mantenemos con nuestras emociones, el peso de la autoexigencia y la importancia de aprender a escucharnos antes de que el cuerpo termine hablando por nosotras.

¿Y si las emociones que intentamos evitar fueran precisamente las que más necesitamos escuchar?

Esa es una de las reflexiones que comparte Ana Eló, terapeuta emocional especializada en acompañar procesos de transformación personal. Desde su experiencia trabajando con mujeres, observa cómo muchas siguen viviendo desconectadas de lo que sienten, atrapadas entre la autoexigencia, la necesidad de cuidar a los demás y el miedo a mostrarse vulnerables.

En este artículo, hablamos con ella sobre emociones, ansiedad, límites, bienestar emocional y sobre una idea que atraviesa toda su forma de entender el bienestar: sentir no es el problema; el problema es haber aprendido a ignorar lo que sentimos.

"Las emociones no son buenas ni malas. Son información. Nos muestran necesidades que no estamos atendiendo y nos ayudan a volver a nosotras mismas"

Escuchar lo que sentimos sigue siendo una asignatura pendiente

Para Ana Eló, una de las principales razones por las que nos cuesta escuchar nuestras emociones es que simplemente no estamos acostumbradas a hacerlo.

Vivimos en una sociedad donde parar parece un lujo y donde prestar atención al mundo emocional suele considerarse algo secundario frente a las obligaciones diarias. Además, cuando por fin nos detenemos, muchas veces nos encontramos con emociones incómodas que preferiríamos no sentir.

Según explica la terapeuta, existe una tendencia natural a evitar aquello que genera malestar. Sin embargo, ignorar lo que sentimos no elimina el problema, solo aplaza la conversación que necesitamos tener con nosotras mismas.

El gran aprendizaje que muchas mujeres necesitan desaprender

A lo largo de los años, Ana Eló ha observado cómo muchas mujeres han crecido con la creencia de que expresar determinadas emociones puede dejarlas expuestas. El miedo a ser juzgadas, etiquetadas o consideradas demasiado sensibles ha llevado a generaciones enteras a esconder parte de lo que sienten.

Para la especialista, ha llegado el momento de desaprender esa idea porque cuando una mujer silencia sistemáticamente sus emociones para protegerse, también termina alejándose de sus propias necesidades, de sus límites y de aquello que realmente necesita para sentirse bien.

Las emociones no son enemigas

Una de las cuestiones que Ana Eló intenta desmontar en su trabajo es la clasificación de las emociones entre "buenas" y "malas".

Desde su perspectiva, todas cumplen una función esencial: informarnos de necesidades internas que no están siendo atendidas. Las emociones que solemos etiquetar como negativas no aparecen para castigarnos. Aparecen para señalar algo que necesita nuestra atención.

La terapeuta explica que cuando una necesidad importante permanece insatisfecha durante mucho tiempo, surge un malestar que puede traducirse en inseguridad, ansiedad, frustración o sensación de impotencia. Y es precisamente ese malestar el que nos lleva a querer evitar determinadas emociones. Sin embargo, insiste en que comprenderlas es el primer paso para transformarlas.

"Las emociones aparecen para informarnos de necesidades que no están siendo atendidas... Escucharlas es una forma de cuidarnos"

Ana Eló durante una sesión fotográfica relacionada con el bienestar emocional y la gestión emocional.
Ana Eló ayuda a mujeres a gestionar sus emociones

Lo que la tristeza, la rabia y la ansiedad intentan decirnos

Según explica Ana Eló, detrás de cada emoción existe un mensaje.

La tristeza suele estar relacionada con experiencias de pérdida. Puede aparecer tras una ruptura, una despedida, un cambio importante o cualquier situación que nos haga sentir que algo valioso ya no está. Para la terapeuta, esta emoción nos invita a elaborar el dolor, aceptar lo que ha cambiado y recuperar la sensación de plenitud incluso después de aquello que hemos perdido.

La rabia, por su parte, suele surgir cuando percibimos una injusticia o cuando sentimos que nuestros límites están siendo vulnerados. Ana Eló señala que esta emoción puede convertirse en una aliada poderosa cuando aprendemos a escucharla, porque nos ayuda a identificar aquello que ya no queremos tolerar y nos impulsa a ocupar nuestro lugar en la propia vida.

Respecto a la ansiedad, explica que se trata de un estado emocional que aparece cuando el organismo percibe una amenaza o una situación de alerta. Por eso considera importante no centrarse únicamente en el síntoma, sino también en comprender qué está intentando señalar.

La presión silenciosa de tener que estar bien siempre

Hay una frase que Ana Eló escucha con frecuencia entre las mujeres que acompaña: "No puedo permitirme estar mal".

Para ella, esta idea tiene mucho que ver con la educación que tradicionalmente hemos recibido. Durante años, a las mujeres se les ha atribuido el papel de cuidadoras emocionales de su entorno. Muchas han crecido sintiendo que el bienestar de quienes las rodean depende directamente de ellas.

Esa responsabilidad, asumida en muchas ocasiones de forma inconsciente, acaba generando una enorme presión porque cuando una mujer siente que debe sostenerlo todo, también aprende a relegar sus propias necesidades a un segundo plano.

Lo que ocurre cuando ignoramos nuestras emociones durante demasiado tiempo

Ana Eló advierte de que reprimir o ignorar las emociones tiene consecuencias que van mucho más allá del malestar puntual.

Según explica, cuando una persona se desconecta de lo que siente pierde también parte de la información necesaria para saber quién es, qué quiere y qué necesita.

Se vuelve más difícil tomar decisiones alineadas con los propios valores, confiar en el criterio personal o mostrarse con autenticidad.

Además, señala que esa desconexión suele alimentar la dependencia de la aprobación externa, generando relaciones menos equilibradas y una sensación constante de insatisfacción. Por eso insiste en que las emociones no son un obstáculo para el bienestar. Son una brújula.

Los límites: una herramienta esencial para el bienestar emocional

Si hay un concepto que Ana Eló considera fundamental para la salud emocional, ese es el de los límites.

La terapeuta explica que los límites nos ayudan a crear espacios seguros donde podemos ser nosotras mismas sin miedo al juicio o a las consecuencias, pero también hace una reflexión importante: los límites más importantes no siempre son los que ponemos a los demás.

En muchas ocasiones, son los que aprendemos a poner dentro de nosotras mismas cuando decidimos no aceptar determinados comportamientos, no permanecer en situaciones que nos dañan o dejar de exponernos a dinámicas que afectan a nuestro bienestar.

Lo que las mujeres siguen necesitando aprender

Después de años acompañando procesos personales, Ana Eló identifica necesidades emocionales que aparecen una y otra vez.

Muchas mujeres desean aprender a expresar lo que sienten sin perder la calma, comprender sus emociones sin cuestionarse constantemente y pedir lo que necesitan sin culpa.

Afecto, reconocimiento, apoyo, escucha o validación son necesidades humanas legítimas que, sin embargo, siguen resultando difíciles de verbalizar para muchas mujeres. Y precisamente ahí, explica, comienza gran parte del trabajo emocional.

El derecho a sentir

A lo largo de la conversación, Ana Eló vuelve una y otra vez a la misma idea: las emociones no son una carga de la que debamos desprendernos.

Son una de las herramientas más valiosas que tenemos para conocernos, relacionarnos mejor con los demás y construir una vida más coherente con quienes somos. Por eso, si pudiera dejar un mensaje a todas las mujeres, sería sencillo y profundo al mismo tiempo: tenemos derecho a sentir.

Derecho a estar tristes, enfadadas, vulnerables, alegres, confundidas o ilusionadas.

Derecho a escuchar lo que ocurre dentro de nosotras sin juzgarnos.

Según apunta Eló, el bienestar emocional no consiste en estar bien todo el tiempo, sino en aprender a acompañarnos con honestidad en todo aquello que sentimos.

"Sentir no nos hace más débiles... Nos hace más conscientes de quiénes somos y de lo que necesitamos para vivir en equilibrio"

Reflexión final

Después de hablar y conocer a Ana Eló, no he podido evitar pensar en lo difícil que sigue siendo para muchas mujeres gestionar lo que sienten.

Nos han enseñado a ser fuertes, a resolver problemas, a cuidar de quienes nos rodean y a seguir adelante incluso cuando por dentro estamos agotadas... pero pocas veces nos han enseñado a entender nuestras emociones, a escucharlas sin miedo o a darles el espacio que necesitan.

Muchas veces creemos que estamos bien porque seguimos funcionando. Cumplimos con nuestras responsabilidades, llegamos a todo y mantenemos el ritmo. Sin embargo, no siempre somos conscientes de cuánto nos afecta aquello que callamos, lo que acumulamos o las emociones que intentamos dejar para más tarde.

Quizá por eso conversaciones como esta son tan necesarias porque nos recuerdan que sentir no es perder el control, sino conocernos mejor, que nuestras emociones no aparecen para complicarnos la vida, sino para mostrarnos aquello que necesita atención.

Y tal vez el verdadero bienestar emocional no consista en no sentir dolor, tristeza o miedo, sino en aprender a convivir con ellos sin juzgarnos, entendiendo que forman parte de nuestra experiencia como mujeres y como seres humanos porque cuanto mejor entendamos lo que sentimos, mejor podremos cuidarnos.

Redacción Mujeres sin Manual
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Equipo editorial de Mujeres sin Manual. Publicamos entrevistas, reportajes y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales de mujeres de distintos ámbitos.

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