Begoña García: “La vida es mucho mejor si se juega en equipo”

Fue jugadora olímpica con la selección española en Atenas 2004 y una de las grandes referentes del baloncesto femenino español durante más de dos décadas. Hoy comparte con Mercedes Chilla un nuevo proyecto al frente de CrossBox Jerez. Pero antes de la deportista, de la entrenadora o de la empresaria, está aquella niña gaditana que encontró en el deporte un lugar donde crecer.

Cuando Begoña García recuerda cómo empezó todo, no habla de finales de campeonato ni de la selección española. El primer recuerdo que le viene a la cabeza tiene un escenario mucho más sencillo: el patio del colegio y un balón compartido con su padre.

Es ahí donde empieza una historia que, con el paso de los años, la llevaría a vestir la camiseta de la selección española, disputar unos Juegos Olímpicos y desarrollar una trayectoria de más de veinte años en el baloncesto profesional, pero también donde nacen muchas de las cosas que siguen definiéndola a día de hoy.

La niña que descubrió en el baloncesto mucho más que un deporte

¿Qué recuerdas de aquella niña que empezó jugando al baloncesto en Cádiz?

Begoña sonríe antes de responder. No necesita pensar demasiado.

"Creo que es el mejor momento de mi vida. Lo recuerdo sobre todo porque lo hacía con mi padre. Pasábamos horas jugando al baloncesto en el patio del colegio."

Aquella niña era inquieta, incapaz de quedarse quieta demasiado tiempo. En casa tardaron poco en darse cuenta de que el deporte era la mejor manera de canalizar toda esa energía.

"Más que darme cuenta yo, se dieron cuenta mis padres. Era la única manera de encauzar toda la energía que tenía."

Aunque hoy resulte difícil imaginarlo, su primer sueño no estaba relacionado con el baloncesto. Quería ser futbolista. Jugaba con sus primos en una época en la que apenas había referentes femeninos y, como muchas niñas de entonces, soñaba con dedicarse a un deporte que todavía parecía reservado a los hombres.

El baloncesto apareció poco después y terminó ocupando un lugar que nunca abandonaría.

¿Qué te ha dado el baloncesto más allá del deporte?

Cuando le hago esta pregunta, la respuesta llega sin hablar de títulos, ascensos o partidos inolvidables.

"La persona que soy hoy se la debo al baloncesto."

Begoña explica que fue en un vestuario donde aprendió a convivir con la frustración, a confiar en quienes tenía al lado y a entender que en un mismo partido caben la alegría, la rabia o la decepción.

"En un partido lo tienes todo. Momentos de furia, de felicidad, de tristeza… Los valores del baloncesto me los llevo todos."

Escucharla hace entender que, cuando habla de baloncesto, rara vez habla solo de un deporte. Habla de la etapa en la que aprendió a relacionarse con los demás, a asumir responsabilidades y a crecer dentro de un equipo.

"La persona que soy hoy se la debo al baloncesto"

Begoña García durante las olimpiadas con compañeros de la selección.
Más de veinte años de carrera llevaron a Begoña García a la élite del baloncesto español.

Los sacrificios detrás de una carrera en el baloncesto profesional

Su carrera deportiva ha ido dejando reconocimientos por el camino, aunque nunca hable de ellos durante la entrevista. El último ha llegado precisamente este año, cuando el Ayuntamiento de Cádiz la ha propuesto como Hija Predilecta de la ciudad, un reconocimiento que se suma a una carrera que la llevó a representar a España en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y a convertirse en una de las grandes referentes del baloncesto femenino.

Muchas veces vemos el éxito desde fuera, pero no todo el mundo conoce lo que hay detrás. ¿Qué sacrificios recuerdas más de aquella etapa?

La respuesta llega sin hablar de entrenamientos ni de medallas. Habla de su familia.

Con apenas quince años dejó Cádiz para marcharse a Galicia. Allí comenzó una carrera deportiva que se prolongó durante dos décadas, pero que también tuvo un coste personal del que pocas veces se habla.

"Sobre todo he renunciado a mi familia. Me fui con quince años a Galicia y no vi crecer a mi hermana pequeña. Tampoco ves envejecer a tus padres. Te vas con quince años y vuelves con treinta."

A esa distancia se sumaban otros momentos menos visibles para quienes solo veían el partido del fin de semana. La presión, las lesiones o la soledad cuando los resultados no acompañaban también formaban parte de la rutina.

"Cuando el equipo pierde o la prensa te ataca hay momentos de soledad muy duros, sobre todo estando lejos de la familia."

La presión, las lesiones y el miedo a no estar a la altura

¿Tuviste alguna vez miedo a no estar a la altura?

Begoña no tarda en responder.

"Muchísimas veces. Un partido dura cuarenta minutos y tú sales convencida de que lo vas a hacer bien, porque siempre piensas que lo vas a hacer bien. Pero hay días en los que no sale. Y es duro."

Detrás de cada partido había muchas horas de entrenamiento y una exigencia constante. Competir lesionada o con sobrecargas formaba parte de la realidad de cualquier deportista profesional.

"Entrenas siete horas al día. Juegas con lesiones, con sobrecargas... porque si tú no juegas, juega otra."

El deporte de élite exige muchísimo mentalmente. ¿Cómo gestionabas esa presión?

Cuando habla de aquellos años, Begoña distingue con claridad el desgaste físico del emocional.

"Para mí fue mucho más difícil gestionarlo mentalmente que físicamente."

Explica que el cuerpo siempre estaba rodeado de profesionales: fisioterapeutas, médicos, preparadores físicos o entrenadores. La cabeza, en cambio, era otro asunto.

Siempre que podía intentaba alejarse del baloncesto durante unos días. Viajar, estar cerca de su familia o encontrarse con amigos era la mejor manera de recuperar el equilibrio antes de volver a competir.

Hubo temporadas en las que apenas existía ese descanso. Terminaba la liga con su equipo y enlazaba con la selección española o con otros compromisos deportivos.

"Hubo un momento en el que mis entrenadores me dijeron: 'Vete a Cádiz, vete a casa', porque no era capaz de salir de esa rueda de tensión."

Aquella vuelta a casa no era una retirada. Era una forma de volver a coger aire.

"Para mí fue mucho más difícil gestionarlo mentalmente que físicamente"

Begoña García practicando escalada como parte de su pasión por el deporte.
Lejos de las pistas, Begoña sigue encontrando en el deporte una forma de disfrutar y descubrir nuevos retos.

¿Sentías que tenías que demostrar más por ser mujer?

La respuesta llega con la misma rapidez.

"Sí, por supuesto."

Begoña recuerda que durante buena parte de su carrera las jugadoras de baloncesto ni siquiera cotizaban a la Seguridad Social como trabajadoras. Mientras los jugadores tenían contratos laborales, ellas competían bajo un sistema de becas deportivas.

"Nosotras hacíamos el mismo trabajo, pero no cotizábamos. No pedíamos cobrar lo mismo. Solo pedíamos cotizar porque estábamos trabajando para ello."

Aquella situación llevó a varias jugadoras, entre ellas Amaya Valdemoro, Elisa Aguilar y la propia Begoña García, a unirse para reclamar un derecho que hoy parece evidente.

"Después de veinte años jugando, solo los últimos cinco coticé como trabajadora."

Lo cuenta sin levantar la voz, como quien recuerda una realidad que formó parte de su carrera y que, afortunadamente, las generaciones que llegaron después encontraron algo más avanzada gracias al trabajo de muchas deportistas.

¿Fue complicada la transición de dejar el baloncesto profesional?

A diferencia de otros momentos de su carrera, Begoña García reconoce que la decisión de retirarse no llegó de un día para otro.

Las dos últimas temporadas ya sentía que algo había cambiado.

"Ya no era una cuestión de la presión o del esfuerzo. Ya no era feliz jugando al baloncesto."

Recuerda que dejó de disfrutar de cosas que siempre habían formado parte de su día a día. Las bromas en el vestuario, los viajes o el ambiente del equipo ya no le hacían sentir igual.

"Yo era la primera que hacía bromas en el vestuario y llegó un momento en el que ya no me sentía."

Con el paso del tiempo volvió a echar de menos la competición, los entrenamientos y, sobre todo, el vestuario. Sin embargo, apenas tuvo tiempo de vivir esa despedida. Poco después comenzó una nueva etapa como entrenadora de la selección española, una experiencia que le permitió seguir vinculada al baloncesto desde otro lugar durante cinco años.

Volver a Cádiz para empezar una nueva etapa

Ahora lideras, junto a Mercedes Chilla, CrossBox Jerez. ¿Cómo nace esa nueva etapa?

Cuando Begoña García dejó el baloncesto profesional todavía siguió vinculada al deporte como entrenadora de la selección española. Sin embargo, después de tantos años viviendo lejos de casa, había una idea que llevaba tiempo acompañándola.

Volver.

"Mis padres cada vez se hacían más mayores. Mi hermana empezaba a tener niños y yo quería vivir a mi familia un poco."

Había pasado prácticamente toda su vida adulta fuera de Cádiz y sentía que era el momento de recuperar un tiempo que ya no volvería.

Tenía claro que quería emprender, aunque todavía no sabía cómo. Lo que sí sabía era con quién.

"Quería montar algo en casa y con alguien en quien pudiera confiar ciegamente."

Ese alguien era Mercedes Chilla.

Las dos compartían amistad desde hacía años y también una manera muy parecida de entender el deporte. Cuando surgió la posibilidad de abrir un box de CrossBox en Jerez, Begoña García fue quien dio el primer paso.

"Fui a buscarla y le dije: 'Tenemos que hacer algo juntas'."

Reconoce, entre risas, que convencer a Mercedes no fue sencillo.

"Al principio no lo veía claro, pero al final nos liamos la manta a la cabeza."

Hoy, años después, siguen compartiendo proyecto.

"Quería montar algo en casa y con alguien en quien pudiera confiar ciegamente"

¿Te ha ayudado el deporte a afrontar la etapa de emprendedora?

Begoña no necesita pensarlo.

"Muchísimo."

Explica que muchas de las decisiones que toma como empresaria nacen de todo lo que aprendió durante su carrera deportiva. La constancia, la disciplina o la capacidad para sobreponerse a los momentos difíciles siguen formando parte de su día a día, aunque ahora el escenario sea otro.

Cuando aparecen las dudas o la competencia aprieta, vuelve a una idea que repite con frecuencia.

"Hay que confiar en nosotros. Da igual lo que hagan los demás. Si tú haces bien tu trabajo, los resultados llegan."

Reconoce, además, que sigue utilizando el baloncesto para explicar muchas situaciones cotidianas.

"Siempre pongo ejemplos del baloncesto. Es mi manera de entender muchas cosas."

¿Qué tipo de liderazgo intentas construir dentro de CrossBox Jerez?

Begoña sonríe cuando habla del box.

No tarda en explicar que, con el paso del tiempo, muchas de las personas que comenzaron entrenando con ellas han terminado formando parte de su vida.

"Hay gente que se ha convertido en amiga."

Habla de los grupos que se crean entre los propios atletas, de quienes siguen viéndose fuera del entrenamiento y de las alegrías compartidas cuando alguien consigue superar un reto que llevaba meses persiguiendo.

También reconoce que esa cercanía tiene otra cara.

"Cuando a alguien le pasa algo, nos duele como si fuera de nuestra familia."

Por eso insiste en que, detrás de cada entrenamiento, siempre intenta mirar un poco más allá del ejercicio.

"Lo que realmente vale la pena es ver cómo mejoráis."

El deporte femenino, los referentes y la importancia de aprender a perder

Tú eres una mujer gaditana que consiguió llegar muy lejos en el deporte profesional. ¿Crees que todavía cuesta creer que desde la provincia también se puede llegar?

Begoña responde con la experiencia de quien pasó muchos años siendo la única andaluza en la selección española.

"Estuve muchísimos años siendo la única andaluza en la selección. Aquí no tenemos equipos referentes ni el apoyo que necesita el deporte femenino."

Habla de la falta de patrocinio, de recursos y de oportunidades para que las niñas puedan crecer viendo de cerca a mujeres que han conseguido abrirse camino en el deporte.

"En Cádiz está el Cádiz Club de Fútbol... y poco más."

Aun así, reconoce que cada vez recibe más llamadas de colegios, familias o madres que quieren que sus hijas conozcan su historia.

¿Qué importancia tiene para ti visibilizar referentes femeninos?

La respuesta le sale casi con la misma naturalidad con la que habla del baloncesto.

"Es muy bonito pensar que puedes ser un referente para un niño o para una niña. Es un orgullo."

No tarda en cambiar el foco hacia otra cuestión que le preocupa especialmente: la forma en la que estamos educando a los más pequeños.

¿Qué te gustaría que las niñas y los niños entendieran sobre el éxito?

Begoña hace una pausa.

"Lo más normal en el deporte es perder."

Explica que muchas veces la presión por ganar empieza demasiado pronto y que los niños crecen creyendo que solo existe una forma de entender el deporte.

"Hay que enseñar a los niños a perder para que ganar no les parezca lo normal."

Recuerda que una derrota puede doler, igual que una victoria puede durar muy poco, y que ambas forman parte del aprendizaje.

"Hay que saber perder y también hay que saber ganar."

"Lo más normal en el deporte es perder, hay que enseñar a los niños a perder para que ganar no les parezca lo normal"

¿Crees que las mujeres seguimos sintiendo demasiada presión por hacerlo todo bien?

Begoña no tarda en responder.

"Sí. Lo veo todos los días."

Después utiliza una imagen que resume muy bien cómo vive esa realidad.

"Yo creo que nosotras somos un poco un saco de boxeo en general. Al final absorbes muchos impactos de mucha gente, ya no solo del ámbito profesional, sino de la familia, de los amigos, porque las mujeres somos capaces de absorber eso y además transferirlo de una manera buena."

Habla de las mujeres que entrenan con ellas, de las madres que intentan llegar a todo y también de su propia hermana. Cree que, aunque las cosas han cambiado, todavía seguimos asumiendo gran parte del peso que supone conciliar el trabajo, la familia y el cuidado de los demás.

"Seguimos queriendo llegar a todo: al trabajo, a los niños, a la casa... y muchas veces la mayor responsabilidad sigue recayendo sobre la mujer."

Aun así, insiste en la importancia de reservar un espacio para una misma.

"Hacer deporte significa quererte y cuidarte. Si quieres estar bien para todo lo demás, tienes que buscar ese ratito para ti."

"Las mujeres somos un poco un saco de boxeo: absorbemos muchos impactos de mucha gente"

Después de todo lo vivido… ¿qué le dirías hoy a aquella niña que empezó jugando al baloncesto?

Begoña guarda silencio unos segundos antes de responder. A lo largo de la entrevista ha recordado los años de competición, la distancia con su familia, las lesiones, la presión o la decisión de volver a Cádiz cuando sintió que era el momento.

La última respuesta, sin embargo, no habla de baloncesto.

Habla de vida.

"Le diría que hiciera siempre lo que la hiciera feliz. Que fuera siempre leal... y con su gente."

Se emociona al terminar la frase y durante unos segundos el silencio ocupa el lugar de las palabras.

La mirada de Mujeres sin Manual

Hay entrevistas en las que descubres a la persona poco a poco, pero con Begoña García ocurre justo lo contrario.

Desde el primer minuto transmite una energía contagiosa. Habla deprisa, se ríe, recuerda anécdotas, cambia de tema para volver unos segundos después y consigue que la conversación avance con la misma naturalidad con la que ha vivido cada una de sus etapas.

Y cuando termina la entrevista, entiendes que esa energía no nace de la casualidad, nace de una decisión.

La de seguir adelante cuando las cosas se complican. La de aceptar que habrá etapas que se acaban y otras que empiezan. La de volver a casa cuando sintió que era el momento. La de rodearse de las personas que quiere y construir con ellas una vida que se parezca a lo que realmente es.

Quizá por eso, más allá de la deportista, de la empresaria o de la entrenadora, me quedo con la mujer.

Con esa gaditana que habla del mar como quien habla de casa, que sigue buscando retos aunque ya no tenga una competición por delante y que entiende el deporte como una forma de vivir, no solo de ganar.

Historias como la de Begoña García merecen ser contadas porque hablan de deporte, de esfuerzo y de nuevos comienzos, pero también de algo mucho más cotidiano: la libertad de elegir cómo queremos vivir cada una de nuestras etapas.

Y, después de escuchar a Begoña García, me quedo con la reflexión de que la vida no siempre nos pone delante el camino que habíamos imaginado, pero siempre podemos decidir cómo queremos recorrerlo.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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