Begoña del Campo Zafra: “La capacidad de cambiar no tiene fecha de caducidad”

A los 41 años, mientras sus hijos comenzaban sus estudios universitarios, Begoña del Campo Zafra decidió regresar a las aulas y transformar su propia historia. Hoy, convertida en neuropsicóloga, escritora y fundadora de BMR, reflexiona sobre el miedo, la maternidad, las identidades que dejamos atrás y la posibilidad de reinventarnos cuando parece que nuestra vida ya está escrita.

Hay decisiones que no nacen de una crisis, sino de una intuición. De esa sensación difícil de explicar de que, aunque aparentemente todo esté en su sitio, todavía quedan partes de nosotras mismas por descubrir.

Begoña del Campo Zafra conoce bien esa sensación. A los 41 años era profesora de autoescuela, sus hijos habían iniciado sus propias carreras universitarias y ella comenzaba a experimentar lo que habitualmente conocemos como el síndrome del nido vacío. Sin embargo, en lugar de interpretar aquella etapa únicamente como una pérdida, decidió convertirla en una oportunidad.

Se matriculó presencialmente en Psicología en la Universidad de las Islas Baleares (UIB). Volvió a las aulas, compartió clases con estudiantes mucho más jóvenes y se enfrentó a las dudas que aparecen cuando decidimos abandonar un camino conocido. No fue una decisión exenta de miedo, pero había algo que pesaba más: la ilusión de descubrir hasta dónde podía llegar.

Aquella decisión acabaría transformando su trayectoria personal y profesional.

Hoy, Begoña es neuropsicóloga, autora de Reinicia tu mente y fundadora de BMR (Bego Mental Reset), un proyecto nacido de su propia experiencia con el entrenamiento mental.

Desde Dubái desarrolla una nueva etapa profesional centrada en acompañar a otras personas en sus procesos de transformación. Su trayectoria literaria continúa con Neurocambios, pero detrás de sus títulos, sus libros y su proyecto empresarial hay una historia que trasciende los logros profesionales. Es la historia de una mujer que se permitió cambiar de identidad sin renegar de su pasado, que comprendió que reinventarse también implica despedidas y que defiende que la edad no determina nuestras posibilidades.

En esta conversación con Mujeres sin Manual, Begoña habla de las decisiones que transformaron su vida, de lo que aprendió al volver a empezar y de esa brújula interior que, según cuenta, nunca ha dejado de seguir.

Volver a estudiar a los 41: cuando la ilusión puede más que el miedo

Hoy eres neuropsicóloga, autora y fundadora de BMR, pero a los 41 años tu vida era muy distinta. ¿Quién era aquella Begoña y qué sentía que le faltaba para desear otra vida?

A los 41 años era profesora de autoescuela y llevaba una vida muy diferente de la que tengo hoy. Aquella Begoña era una mujer que no tiene nada que ver con la que soy ahora. Sentía que había en mí un potencial, algo que pugnaba por aparecer.

Cuando mis hijos se fueron fuera a estudiar sus carreras, en pleno síndrome del nido vacío, decidí matricularme de forma presencial en la UIB. Fue bastante desafiante, pero la ilusión siempre ha sido el motor de mi vida, lo que me mueve cada día y en aquel momento podía más la ilusión que cualquier otro freno.

Has dicho: “La edad no cerró mi historia. Me obligó a escribirla de otra manera”. ¿Recuerdas el momento en que decidiste estudiar Psicología? ¿Qué miedos aparecieron?

Siempre hay miedos, siempre hay dudas.

El cerebro te envía frases del tipo: “¿Qué necesidad tienes, si ya tienes la vida hecha? ¿Podrás o no podrás? ¿Serás capaz?”.

Más que preocuparme algo en concreto, era ese runrún mental, pero, en aquel momento, la ilusión pesaba más que todas esas objeciones.

Volviste a la universidad a los 41, mientras tus hijos estudiaban sus propias carreras. ¿Cómo fue colocarte de nuevo en el lugar de quien empieza?

Fue algo muy bonito porque conocí a chavales extraordinarios y a personas muy potentes en aquella época. Y, sobre todo, fue muy gratificante comprender que la inteligencia no tiene fecha de caducidad, que podemos ser rápidos y ágiles mentalmente siempre y cuando entrenemos el cerebro. Rompí la falsa creencia de que, con la edad, el cerebro puede perder capacidades. Todo lo contrario.

¿Qué crees que aprendieron tus hijos al verte empezar de nuevo cuando ellos también estaban construyendo su futuro?

Lo que aprendieron es que nunca es tarde.

Hay un lema que siempre digo: no somos, sino que vamos siendo; somos presente continuo. Pueden reinventarse y no deben conformarse con vidas que no les hagan felices o con situaciones que les incomoden.

Nunca me han dicho con palabras qué significó para ellos, pero no siempre hacen falta palabras específicas. Hay aprendizajes que se transmiten a través del ejemplo.

“No somos, sino que vamos siendo; somos presente continuo”

Begoña del Campo sentada en un sofá de cuero
Para Begoña, reinventarse también significa aprender a desprenderse de aquello que ya no nos representa.

Dejar de ser quienes éramos: el desafío de construir una nueva identidad

Hablas mucho de identidad. ¿Qué ocurre cuando el papel que hemos desempeñado durante años deja de representarnos?

Esta es una pregunta superinteresante porque es algo que me apasiona: dejar de identificarnos con una etiqueta, con una identidad. Yo comparo la identidad con la ropa. Tú te la pones y te sirve durante un tiempo, pero llega un momento en el que se queda obsoleta y ya no te representa.

Entonces no se trata de quitártelo todo y ponértelo todo de nuevo, sino de ir desprendiéndote de prendas, es decir, de partes de tu identidad e ir incorporando otras a medida que evolucionas. Creo que eso es lo interesante de la evolución humana.

¿Por qué podemos comprender perfectamente que una situación nos hace infelices y, aun así, ser incapaces de movernos? ¿Qué hace la mente ante un cambio importante?

Creo que el cambio se resiste porque cuando hay una programación mental inconsciente, esas rutas neuronales se han automatizado y tienen una inercia extraordinaria.

Hay que comprender cómo funciona el cerebro, tenerle mucha paciencia y, sobre todo, tener un método, tener una estrategia: repetición, emoción y estrategia. Es precisamente lo que hacemos en el Gimnasio de la Mente: ayudar a la mente a vencer esa resistencia al cambio.

Muchas personas sienten que “ya es tarde”. ¿Qué parte de esa frase es una realidad y qué parte es una creencia? ¿La capacidad de cambiar caduca?

Yo creo que hay que ser optimistas, pero realistas.

Es decir, el cambio de identidad, de profesión o de vida muchas veces no puede producirse de un día para otro. Lo que sí es importante es saber que se puede cambiar, programar ese cambio y dar los pasos adecuados para llegar adonde tú quieres llegar.

Entonces no es tarde. Simplemente hay que tener un plan, una estrategia, un recorrido y, sobre todo, mucha ilusión y no, la capacidad de cambiar no tiene fecha de caducidad.

Reinventarse siendo mujer: las responsabilidades, las renuncias y las despedidas

¿Crees que las mujeres tienen más dificultades para reinventarse porque cargan con responsabilidades, personas que dependen de ellas o expectativas ajenas?

Pienso que, por una cuestión biológica vinculada a la maternidad y porque muchas veces las mujeres se apartan de su trayectoria profesional para cuidar de la familia, el hecho de reincorporarse después puede ser más difícil en determinados casos.

Eso no quiere decir que sea imposible. Habrá más obstáculos y también, muchas veces, es una cuestión de prioridades y de sentido vital.

La prioridad puede oscilar, evidentemente. Primero puedes estar plenamente a tope con tu emprendimiento o tu profesión. Después puedes hacer incluso un paréntesis para estar más pendiente de tu familia y retomar de nuevo esa profesión más adelante.

A veces ese regreso se puede complicar, lo cual, insisto, significa simple y llanamente que tendrás que meter más esfuerzo.

Los obstáculos van a estar básicamente en esa hipotética desconexión, que no significa que suceda siempre.

Se habla de la reinvención como algo inspirador. ¿Cuál fue la parte menos bonita de tu proceso?

Reinventarse tiene un lado maravilloso, que es que evidentemente escoges hacia dónde quieres ir y puedes llegar a alcanzar una vida absolutamente maravillosa. Pero, evidentemente, lo más difícil, o para mí lo más difícil, ha sido desprenderme de situaciones, personas y lugares que pertenecen a mi identidad anterior.

Esa es la parte menos bonita: no todas las personas, situaciones y lugares están en consonancia con la persona que vas llegando a ser. No significa que sean peores; significa que ya no están en consonancia contigo.

"Esa es la parte menos bonita: no todas las personas, situaciones y lugares están en consonancia con la persona que vas llegando a ser”

También dices que reinventarse no es empezar de cero. ¿Qué parte de tu vida anterior se convirtió en materia prima para tu nueva profesión?

Yo pienso que debemos mantener aquellas creencias que nos han servido y que nos hacen sentir orgullo de quienes somos, y desprendernos de aquellas partes que ya no nos representan.

Por lo tanto, un cambio de identidad no significa que dejes todas las partes de ti atrás, sino que dejes aquellas que ya no te representan; que en su día te sirvieron, que en su día fueron útiles, pero que ahora ya no te representan.

Es como podar un árbol. No se trata de arrancar el árbol y poner otro, sino de podar el que ya existe.

“Es como podar un árbol, no se trata de arrancar el árbol y poner otro, sino de podar el que ya existe”

Retrato de Begoña del Campo sentada en un sofá marrón
“He tenido siempre una brújula del alma muy fuerte”, afirma Begoña al recordar las decisiones que transformaron su vida.

El miedo, la maternidad y el aprendizaje de mirar atrás sin culpa

¿Hay que perder el miedo para cambiar o se puede avanzar con miedo?

No creo que el miedo se pierda.

Creo que se comprende el miedo: comprendes su función, aceptas esa función, haces las cosas con miedo y avanzas con miedo. Y el miedo desaparece cuando lo atraviesas.

En la práctica, tendríamos que avanzar poco a poco, exponernos progresivamente, marcarnos metas y, sobre todo, tener ilusión, tener fe y tener estrategia.

“Creo que se comprende el miedo: comprendes su función, aceptas esa función, haces las cosas con miedo y avanzas con miedo”

Estudiar Psicología y comprender nuestros patrones cambia la forma de mirar el pasado. ¿Tuviste que revisar tu manera de ejercer la maternidad?

Sí. Cuando aprendes, revisas tu pasado. Cuando aprendes cualquier cosa, tienes tendencia a revisar cómo lo hiciste, pero no sirve de nada culparnos por no haberlo hecho todo cien por cien bien. Es muy complicado hacerlo todo cien por cien bien.

Evidentemente, fui consciente de que podía haber hecho cosas muchísimo mejor, pero, insisto, la culpa no sirve de nada. Hacemos lo que podemos con las herramientas que tenemos en el momento en el que estamos. Comprendí que sí, que seguramente podría haber hecho cosas mejor, pero no sirve de nada mirar hacia atrás con culpa.

Lo que vi de otra manera fue la gran responsabilidad que tenemos con respecto a la crianza, sobre todo a la hora de transmitir nuestras creencias a los hijos. Y también el regalo tan maravilloso que supone decirles cosas bonitas, empoderarlos y ayudarles a construir un autoconcepto realista, pero, sobre todo, valioso.

“Hacemos lo que podemos con las herramientas que tenemos en el momento en el que estamos”

Sistema BMR: de su propia transformación al entrenamiento mental

La experiencia personal de Begoña terminó convirtiéndose en el punto de partida de su proyecto profesional. A partir de sus conocimientos de Psicología y de su propio proceso de transformación, desarrolló BMR, un método con el que propone trabajar las creencias y los patrones mentales mediante el entrenamiento.

Su planteamiento se apoya en su interpretación de la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para modificarse a través de la experiencia y el aprendizaje. Una capacidad real que, sin embargo, no implica que cualquier aspecto de nuestra mente o de nuestra vida pueda transformarse sin límites.

¿En qué momento tu propio proceso dejó de ser solo personal y se convirtió en BMR, un método para acompañar a otras personas?

Mi proceso personal dejó de ser solo mío cuando descubrí todo lo que era capaz de cambiar en mí misma.

Entonces empecé a grabarme audios y comprendí que también podían ayudar a otras personas. Ahí empecé a extrapolar este método, lo aterricé en mi propio método y, a partir de entonces, la verdad es que ha ido creciendo, ayudando a muchísimas personas y transformando muchísimas vidas.

Cuando comprendí cómo los audios cambiaban mi manera de funcionar a nivel mental y cómo iba reprogramando creencias inconscientes, decidí que no podía quedármelo para mí sola. A partir de ahí creé BMR y creé el método BMR.

¿Qué significa realmente «reprogramar la mente»? ¿Qué puede cambiarse mediante entrenamiento mental y qué no?

Reprogramar la mente significa darle rutas neuronales nuevas a tu cerebro que sustituyan a las antiguas.

No podemos olvidar; podemos sustituir.

Entonces podemos cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar cambiando precisamente la raíz de todo ello: las creencias. Y eso se cambia mediante el entrenamiento mental. Se puede cambiar absolutamente cualquier cosa.

Inteligencia artificial: cuando reinventarse deja de ser una elección

La inteligencia artificial está transformando el trabajo. ¿Crees que la capacidad de reinventarse será una de las competencias más importantes del futuro?

Creo que la reinvención hasta ahora ha sido una elección, pero, a partir de ahora, con la inteligencia artificial, va a ser una obligación. No va a ser opcional, no va a quedar otra.

¿Por qué? Porque la IA va a transformar profesiones, tareas y formas de trabajar a una velocidad que nos va a obligar a aprender, adaptarnos y revisar continuamente qué podemos aportar.

La IA ha influido completamente en mi propia reinvención. Sin ella, yo no habría podido construir lo que he construido desde el minuto uno. Cuando empecé a emprender no tenía equipo y la IA, para mí, supuso tener un equipo, absolutamente. Me permitió multiplicar mi capacidad y avanzar en trabajos para los que, de otra manera, habría necesitado a varias personas.

Una vida sin manual: la brújula interior que nunca dejó de seguir

En Mujeres sin Manual hablamos de decisiones que nadie nos enseñó a tomar. ¿Cuál fue tu momento más “sin manual”?

La verdad es que me he hecho bastante a mí misma. Creo que se podría decir que mi vida ha sido bastante sin manual. He tenido siempre una brújula del alma muy fuerte y el hecho de que haya habido personas o situaciones que hayan intentado lastrarme nunca me ha condicionado hasta el punto de detenerme.

Sí han podido sembrar alguna duda en mi mente, pero nunca han conseguido que deje de hacer algo que realmente quería hacer.

“He tenido siempre una brújula del alma muy fuerte”

Si pudieras sentarte hoy frente a la Begoña de 41 años, ¿qué le dirías?

Le diría que estoy profundamente orgullosa de ella: de su impulso, de su ilusión y de su energía. Le diría que la espero en el futuro y que le espera una vida maravillosa.

La mirada de Mujeres sin Manual

Hay algo especialmente revelador en la historia de Begoña del Campo Zafra.

No es que volviera a estudiar a los 41 años, ni que consiguiera construir una nueva trayectoria profesional. Es que, en un momento en el que aparentemente ya tenía una vida definida, se permitió preguntarse qué más podía llegar a ser.

A las mujeres se nos enseña a menudo a construir una identidad alrededor de nuestras responsabilidades. Somos madres, profesionales, parejas, cuidadoras. Aprendemos a sostener proyectos, familias y expectativas. Sin embargo, no siempre encontramos el espacio necesario para preguntarnos si la mujer que somos sigue representando a la mujer que queremos ser.

La conversación con Begoña también nos recuerda algo que pocas veces aparece en los relatos de éxito: cambiar tiene un coste emocional. Hay vínculos, lugares y certezas que pueden dejar de acompañarnos y hay decisiones que, aunque nos acerquen a la vida que deseamos, no resultan sencillas.

Y puede ser que una de las reflexiones más interesantes de esta entrevista sea su manera de entender la identidad. Esa imagen del árbol que no necesita ser arrancado, sino podado, nos invita a mirar nuestra propia historia desde otro lugar. No tenemos que rechazar a la mujer que fuimos para convertirnos en la que queremos ser. Podemos conservar lo aprendido, agradecer lo vivido y desprendernos de aquello que ya no encaja.

Su historia también abre una conversación necesaria sobre las oportunidades reales de reinvención porque la ilusión y la determinación importan, pero también importan las circunstancias. No todas las mujeres disponen del mismo tiempo, los mismos recursos o la misma red de apoyo para empezar de nuevo.

En Mujeres sin Manual creemos que una vida no debería quedar definida para siempre por las decisiones que tomamos a los veinte, a los treinta o a los cuarenta años ni tampoco por las expectativas que otras personas depositaron en nosotras.

Estefanía Jaime
Estefanía Jaimehttps://estefaniajaime.com/
Estefanía Jaime es profesional de la comunicación corporativa y las relaciones públicas, además de fundadora y directora de Mujeres sin Manual. Desde el medio impulsa entrevistas y contenidos sobre talento femenino, liderazgo y trayectorias profesionales.

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