Hay mujeres que encuentran una profesión y hay mujeres que encuentran una misión. Escuchar a Begoña Arana es entender que, para ella, ambas cosas terminaron convirtiéndose en la misma.
Hay profesiones que enseñan un oficio y otras que cambian la manera de mirar el mundo. Después de casi veinticuatro años acompañando a personas en situación de vulnerabilidad, Begoña Arana ha descubierto que las mayores lecciones no las ha encontrado en los libros, sino en las historias de quienes un día llegaron buscando ayuda. Hace quince años decidió convertir esa forma de entender la vida en Betania, un proyecto de emprendimiento social que nació en La Línea de la Concepción y que hoy acompaña a personas en distintos puntos de España. Escucharlas le ha enseñado que la empatía siempre empieza cuando dejamos a un lado los prejuicios.
Durante nuestra conversación apenas hemos hablado de logros y reconocimientos, nos habla de personas, de las mujeres que vuelven a empezar, de quienes llegan con miedo, de quienes un día llamaron a su puerta buscando un lugar seguro, y, sobre todo, habla de la profunda convicción de que nadie debería quedarse invisible para los demás.
¿Quién es Begoña Arana más allá de Betania?
Para empezar por el principio, ¿quién es Begoña cuando se quita todos los cargos y responsabilidades?
Soy una persona súper sencilla. Soy mamá de tres hijos, dos niñas y un niño. Soy esposa, amiga, hija... y creo que no hay una diferencia muy grande entre la Begoña que trabaja y la Begoña que vuelve a casa. Lo único que cambia es la ocupación del tiempo.
Durante el día asumo unas responsabilidades determinadas y, cuando termina la jornada, aparecen otros roles que también son fundamentales para mí: mi familia, mis amigos y las personas que quiero... pero sigo siendo la misma persona.
“Lo único que cambia es la ocupación del tiempo... yo sigo siendo la misma persona”
¿Cómo nació Betania y el momento que cambió la vida de Begoña Arana?
Si tuvieras que contarme cómo llegaste hasta aquí, ¿qué momento dirías que cambió el rumbo de tu vida?
Creo que hubo muchos momentos importantes, pero si tengo que quedarme con uno diría que fue cuando apareció el emprendimiento social. Estudiar lo que estudié fue muy importante, pero también lo ha sido siempre mi actitud ante la vida. Me considero una persona muy activa, muy responsable y nunca he sido conformista. Siempre he sentido que, si podía hacer algo para mejorar una realidad, tenía que intentarlo.
Antes de crear Betania trabajé durante años por cuenta ajena, tanto en la administración pública como en entidades privadas, dirigiendo diferentes recursos sociales... pero hubo un momento, entre 2010 y 2011, en el que el centro donde trabajaba cerró. Y aquello, en lugar de convertirse en un final, terminó siendo un comienzo. Me di cuenta de que podía seguir dando respuesta a muchas necesidades sociales desde un proyecto propio. Era algo con lo que había soñado desde muy jovencita... quería crear acciones que nacieran de mí y que pudieran aportar respuestas a las personas con las que trabajaba cada día. Mirando atrás, creo que ese fue el momento que cambió el rumbo de mi vida.

¿Qué sigue emocionando a Begoña Arana después de casi 24 años de trabajo social?
Después de tantos años trabajando con personas en situaciones muy difíciles, ¿qué es lo que sigue emocionándote?
En octubre cumpliré veinticuatro años entre el voluntariado y mi experiencia profesional y siguen emocionándome muchas cosas, pero, sobre todo, me emociona comprobar que somos cauces de transformación para otras personas. Esa creencia tan poderosa de que podemos dar posibilidades, tender puentes a quienes sienten que ya no tienen opciones y convertirnos, en muchos casos, en su único recurso o en su único sostén. Eso sigue emocionándome cada día.
Cuando termina la jornada suelo reflexionar sobre cuántas personas hemos podido acompañar durante ese día, pero también pienso en todos estos años, en todas esas vidas con las que nos hemos cruzado y en las que, de una manera u otra, hemos podido cooperar para que siguieran adelante. Eso me hace vibrar y me hace sentir muy orgullosa.
“Lo que más me emociona es comprobar que somos cauces de transformación para otras personas”
Las historias que han marcado la vida de Begoña Arana
¿Recuerdas alguna historia o algún encuentro que te haya acompañado durante años y que todavía siga contigo de alguna manera?
Hay muchísimas historias que marcan la diferencia. Muchas travesías difíciles, muchos procesos llenos de obstáculos y muchas personas que terminan formando parte de tu propia vida.
Recuerdo especialmente un 30 de diciembre en el que llegó una patera a la costa de La Línea. Venían cinco chicos subsaharianos. Cuando desembarcaron llevaban un teléfono móvil y un pequeño papel donde alguien había escrito una frase muy sencilla: "Ir a Betania". Habían salido de Nador y, durante el camino, alguien les había dicho que Betania era un lugar seguro. Qué bonito pensar que esas fronteras también se cruzan para hablar de nosotros y que podamos convertirnos en puentes reales y en un lugar seguro para personas que llegan en una situación de enorme vulnerabilidad.
Mi historia personal también está muy unida a este trabajo. Soy mamá adoptiva de mi hija mayor. Todo comenzó acompañando a su madre biológica durante el embarazo. Cuando dio a luz, quiso que fuera yo quien criara a esa niña porque sentía que no podía ofrecerle las oportunidades que merecía. Hoy mi hija cumple quince años en agosto y está con nosotros desde el mismo día en que nació.
También recuerdo con muchísima emoción una cooperación internacional junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado españolas y de la Costa de Marfil para liberar a una mujer víctima de trata. Después de aquella intervención, mientras ella sostenía el peso de todo lo que acababa de vivir, le cantaba una nana a su bebé.
Son historias que me han dado muchísimo conocimiento, que me han hecho crecer, que me han enseñado a empatizar de una manera mucho más profunda con las realidades de otras personas y que me recuerdan cada día que este trabajo solo puede hacerse desde la vocación.
Llegaron con un papel donde solo podía leerse una frase: "Ir a Betania"
¿Qué le han enseñado las personas más vulnerables sobre la vida?
¿Qué te han enseñado las personas más vulnerables sobre la vida que nunca habrías aprendido en ningún libro?
Las personas me han enseñado, y me siguen enseñando cada día, cómo son capaces de amoldarse a cualquier circunstancia. He visto cómo muchas personas aprenden a vivir en situaciones muy difíciles y, aun así, buscan la mejor manera de salir adelante. Me enseñan grandeza, resiliencia, comportamiento, educación y maneras muy distintas de entender la vida.
También he tenido la oportunidad de conocer otras culturas y descubrir la enorme riqueza que existe en otros países, al mismo tiempo que valoro muchísimo la que tenemos en el nuestro.
Si tuviera que resumir todo lo que me han enseñado en estos años, me quedaría con dos palabras: resiliencia y capacidad de adaptación. Porque, a pesar de los pesares, siguen encontrando la forma de levantarse.
“Me quedo con la resiliencia y la capacidad de adaptación de las personas”
¿Por qué Begoña Arana sigue creyendo en la bondad del ser humano?
Después de ver de cerca tanto sufrimiento, ¿sigues creyendo en la bondad de las personas?
Sí. Sigo creyendo en la bondad del ser humano.
Es verdad que vivimos rodeados de muchas noticias negativas y de mensajes que ponen el foco en el individualismo o el egoísmo, pero yo sigo creyendo en la bondad. Sigo creyendo en compartir y sigo creyendo en la grandeza del ser humano. Es algo que tengo la suerte de seguir viendo cada día.
La trata, la inmigración y las realidades que más preocupan a Begoña Arana
¿Hay algo que te siga quitando el sueño o que te remueva especialmente después de todos estos años?
Me quitan el sueño muchas cosas, Estefanía.
Una de las que más me preocupa es la invisibilidad que sigue teniendo una realidad tan dura como la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Estamos hablando de un delito muy grave, vinculado al crimen organizado, y todavía necesitamos mucha más conciencia como sociedad.
Me preocupa que no seamos capaces de entender que hace falta una norma que proteja mejor a estas mujeres y a estas niñas. Me preocupa que todos los profesionales que intervienen en estos casos, desde el ámbito sanitario hasta el policial, tengan más sensibilidad para identificar y acompañar a las víctimas.
Y también me preocupa muchísimo la lentitud de muchos procesos judiciales. Pero hay otra realidad que también me duele. La manera en la que, muchas veces, hablamos de la inmigración. Creo que falta humanidad. Falta empatía.
Tenemos que contaminar la sociedad con discursos positivos, con integración real y con la capacidad de entender que detrás de cada persona migrante hay una historia que merece ser escuchada.
“Tenemos que contaminar la sociedad con discursos positivos y de integración real”

¿De dónde saca fuerzas Begoña Arana para seguir adelante?
Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿de dónde sacas fuerzas para seguir adelante? ¿Y cuando eres tú quien necesita apoyo, en quién te refugias?
No sé qué tipo de batería humana tengo ni qué tipo de resistencia, pero la tengo. No me canso, no me quemo, no me vengo abajo. Eso no significa que no haya tropiezos o caídas, porque claro que los hay... pero siempre intento levantarme. La mayor parte de esa fuerza me la da mi familia, mis hijos, mi marido, mis padres. Ellos son mi principal refugio.
Y después está mi otra familia: mi equipo. Mis compañeras de subdirección técnica, el equipo de coordinación y todas las personas que forman parte de Betania son un surtidor de energía, tanto profesional como emocional.
Pero, por encima de todo, mi mayor fuerza siempre está en mi familia.
“No sé qué tipo de batería humana tengo ni qué tipo de resistencia, pero la tengo”
“Creo que he nacido para esta misión”
¿Ha habido algún momento en el que hayas pensado que no podías más?
Hasta ahora, no. Nunca ha habido un momento en el que haya pensado que ya no podía más. Creo que he nacido para esto, creo que estoy aquí para esta misión y sigo teniendo muchas ganas de cambiar muchas cosas del mundo. Al final somos muy pequeños dentro de todo lo que ocurre.
Yo siempre digo que somos como la patita de una gamba en una ola, puede parecer algo muy pequeño, pero también hace su movimiento y ese movimiento es importante y también lo que hacemos, las propuestas que ponemos sobre la mesa, nuestra manera de intervenir, nuestra incidencia.
Todo eso también contribuye a cambiar las cosas.
Quizá sea porque soy una persona muy activa, o muy hiperactiva, pero nunca me he parado a pensar si estoy cansada o si no puedo más. Y espero que ese momento tarde mucho en llegar.
“Somos la patita de una gamba en una ola, pero también hacemos nuestro movimiento”
¿Qué le pide Begoña Arana a la sociedad?
Si pudieras pedirle a la sociedad una sola cosa respecto a las personas más vulnerables, ¿qué sería?
Le pediría una mirada mucho más apreciativa. Más humanidad y más capacidad para empatizar de verdad con el otro.
Necesitamos entender los procesos que vive cada persona antes de emitir un juicio. Cuando vivimos en unas condiciones estables es fácil pensar que determinadas situaciones siempre les ocurren a los demás.
Nadie está libre de cruzar un peldaño de estas características, por eso pediría mucha más humildad, más serenidad y más humanidad antes de construir un discurso negativo sobre quien tenemos delante.
¿Qué admira Begoña Arana de las mujeres que acompaña?
A lo largo de estos años habrás acompañado a muchísimas mujeres con historias muy diferentes. ¿Hay algo que te siga sorprendiendo o admirando especialmente de ellas?
Las mujeres creo que somos muy poderosas. Por nuestro papel como mujeres y también por todo lo que otras mujeres hicieron antes que nosotras para que hoy podamos ocupar el lugar que tenemos en la sociedad.
Si pienso en las mujeres con las que trabajamos cada día, lo primero que siento es una gratitud enorme. Me quedo con su valentía, con su resiliencia, con su capacidad de transformación... he visto procesos muy bonitos, procesos psicológicos, personales y de recuperación del dolor y del trauma que han permitido a muchas mujeres volver a empezar.
Y también me quedo con mis compañeras. Yo soy la timonel de este barco, pero ellas reman cada día a mi lado. Tienen una enorme responsabilidad, trabajan con realidades muy delicadas y hacen un trabajo extraordinario.
Es imposible no admirar a las mujeres.
“Yo soy la timonel de este barco, pero ellas reman cada día a mi lado”
El papel de las mujeres cuando una familia atraviesa una situación difícil
En tu experiencia, ¿qué papel juegan las mujeres cuando una familia atraviesa una situación difícil?
Las mujeres suelen ser quienes hacen la primera llamada. Quienes dedican tiempo a buscar cuáles son las mejores opciones para sacar adelante a su familia. Son ellas quienes se ponen en marcha, quienes crean oportunidades, quienes sueñan y quienes buscan alternativas.
En familias estructuradas o desestructuradas, casi siempre son las mujeres quienes ponen el punto de partida. Son la palanca más importante de una estructura familiar. Y eso lo veo todos los días.
¿Por qué Begoña Arana decidió desarrollar Betania en el Campo de Gibraltar?
Decidiste desarrollar gran parte de tu proyecto vital y profesional en el Campo de Gibraltar. ¿Qué te ha enseñado esta tierra a lo largo de todos estos años?
Soy de La Línea de la Concepción. Nací aquí y fue aquí donde, hace ya quince años, decidí emprender.
Si tengo que resumir lo que esta tierra me ha dado, diría que me ha enseñado a creer. A creer en el talento joven.
Ahora hablar de emprendimiento joven parece algo muy habitual, pero hace quince años no lo era tanto. Entonces parecía que el reconocimiento estaba reservado a personas con mucha más experiencia y yo empecé este camino con apenas veinticuatro o veinticinco años.
Esta tierra me dio esa oportunidad. Me dio respaldo, apoyo y confianza. Hoy Betania desarrolla proyectos en ocho comunidades autónomas y también un proyecto internacional en Brasil. Tenemos presencia en el País Vasco, Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Canarias y en distintas provincias de Andalucía... pero nuestro centro de operaciones sigue estando en La Línea. Aquí es donde se coordina todo. Aquí están los recursos humanos, la administración, las finanzas, la dirección estratégica, la calidad y la gestión de proyectos. Y seguimos aquí porque queremos hacer brillar a nuestra tierra porque la admiramos y porque creemos que también es una forma de rendirle homenaje.
Durante demasiado tiempo La Línea ha aparecido asociada únicamente a noticias negativas. Y nosotros también queremos contribuir a que se conozca por todo lo bueno que hay aquí.
“Seguimos aquí porque queremos hacer brillar a nuestra tierra”
El Campo de Gibraltar es mucho más que los titulares
A menudo se habla del Campo de Gibraltar desde los problemas. Tú que conoces de cerca su realidad, ¿qué te gustaría que el resto de Andalucía y de España supiera sobre esta zona y sobre las personas que viven aquí?
Es verdad que muchas veces se habla del Campo de Gibraltar y, sobre todo, de La Línea, poniendo el foco únicamente en los problemas sociales, el narcotráfico o los tráficos ilícitos.Es una realidad que existe. Estamos muy cerca de otro continente y eso forma parte de nuestro contexto, pero esa no puede ser la única historia que se cuente.
Yo hablaría de una tierra con una idiosincrasia muy especial, de una gente maravillosa, de personas luchadoras, trabajadoras, responsables y de familias humildes con muchísima educación. Hablaría de todas esas personas que viven completamente alejadas de esas noticias que tanto ruido generan. También hablaría del talento joven, del emprendimiento y de tantas personas de esta tierra que hoy son un orgullo para toda la comarca.
Creo que también necesitamos esa perspectiva positiva porque existe y merece ser contada.
¿Crees que el lugar en el que nacemos o vivimos condiciona las oportunidades que tenemos?
Creo que sí nos marca muchísimo, pero también creo que cada persona tiene la responsabilidad de sacar lo mejor de sí misma. Esta tierra me ha dado muchas oportunidades, tiene frescura, tiene unas raíces muy importantes y tiene posibilidades increíbles. Hay que mirar la vida con perspectiva, con ilusión y tener el valor suficiente para mover esas oportunidades y construir el futuro que uno quiere.
¿En quién piensa Begoña Arana cuando recibe un reconocimiento?
Cuando recibes un reconocimiento por tu trabajo, ¿en quién piensas primero?
Pienso en mis padres, en mis hijos, en mi marido, en mis abuelos... y, por supuesto, en mi equipo porque nada de esto se hace sola.
Todo lo que hemos construido ha sido posible gracias a personas que comparten esta misma vocación de servicio, pero siempre hay alguien que aparece de una manera muy especial. Mi abuelo materno. Él me repetía una frase que llevo conmigo desde entonces: "Begoña, tú eres alguien que va a poder hacer cosas bonitas."
¿Qué le diría hoy a la Begoña que empezó este camino?
Si pudieras volver atrás y sentarte a tomar un café con aquella Begoña que empezaba este camino, ¿qué le dirías?
Creo que, más que sentarme a darle consejos, la abrazaría. La abrazaría con muchísimo orgullo. Le diría que, a pesar de las dificultades, ha sabido superar cada obstáculo... que unas veces ha tenido que bajar el ritmo y otras seguir caminando con más fuerza, pero que nunca ha dejado de recorrer la hoja de ruta que se marcó cuando empezó. Me emociona mucho esta pregunta porque todo lo que estoy respondiendo nace exactamente de lo que siento.
El mensaje de Begoña Arana para las lectoras de Mujeres sin Manual
Y, para terminar, ¿qué te gustaría que las lectoras de Mujeres sin Manual se llevaran de esta conversación?
Me gustaría que se llevaran un poquito de inspiración, que esta entrevista fuera una pequeña ola de aire fresco, que les recordara que todavía hay personas que creen profundamente en los demás, especialmente en quienes son más vulnerables o permanecen invisibles para la sociedad porque de eso trata nuestro trabajo. De ayudar a que personas invisibles se conviertan en personas visibles, de acompañarlas para que descubran todo lo que son capaces de hacer, incluso después de haber vivido situaciones muy traumáticas.
También me gustaría que esta conversación animara a otras mujeres a construir sus propias historias. A creer que no hacen falta grandes patrimonios para hacer cosas bonitas. Que se puede empezar sin tener asegurada la sostenibilidad desde el principio y, aun así, soñar, construir y sacar adelante un proyecto.
Al final, esa ha sido la historia de Betania, y, de alguna manera, también ha sido la historia de mi vida.
La mirada de Mujeres sin Manual
Hay entrevistas que te dejan respuestas y otras que, sin darte cuenta, cambian la forma en la que miras a las personas.
Mientras escuchaba a Begoña Arana pensaba en la facilidad con la que, muchas veces, juzgamos historias que no conocemos, en lo poco que sabemos del camino que hay detrás de una mujer víctima de trata, de una persona que llega en una patera o de una familia que un día tiene que pedir ayuda y también pensaba en la suerte que tenemos quienes podemos escuchar historias como esta.
Porque escuchar también transforma, nos obliga a mirar más despacio, a hablar con menos certezas y a entender que nadie está tan lejos de la vulnerabilidad como a veces creemos.
Quiero dar las gracias especialmente a Lola Rueda porque fue ella quien me habló de Begoña y quien hizo posible este encuentro. Gracias a ese puente he tenido la suerte de conocer a una mujer referente de nuestra provincia, de esas que trabajan lejos del ruido, pero cuya huella permanece para siempre en la vida de otras personas.
Escuchar a otras mujeres siempre nos abre un poco más el corazón, nos ensancha la mirada y nos recuerda que el mundo cambia, muchas veces, porque alguien decide mirar donde los demás pasan de largo... y quizá esa sea también la misión de Begoña Arana conseguir que quienes un día fueron invisibles vuelvan a sentirse vistos.

