Muchas mujeres llegan a un momento de su vida en el que descubren que detrás del cansancio o la exigencia hay una cuestión más profunda: la autoestima femenina.
Hay mujeres que cambian de ciudad. Otras cambian de trabajo. Algunas cambian de vida cuando descubren que la que tienen ya no se parece a la que desean.
Y luego está Anaïs Béranger.
Francesa de origen, viajera incansable y apasionada de las personas, trabajó durante años en el mundo de los Recursos Humanos dentro de grandes multinacionales. Una carrera estable, reconocida y llena de oportunidades que, sin embargo, dejó de resonar con quien era.
Hoy acompaña procesos de transformación personal y profesional a través de Arión Coaching, un proyecto de coaching asistido con caballos en el que estos animales se convierten en espejos honestos capaces de devolver aquello que muchas veces preferimos no mirar.
En esta conversación para Mujeres sin Manual hablamos sobre el miedo a cambiar, la necesidad de vivir con coherencia, el liderazgo, la autoestima femenina, la soledad del emprendimiento y la capacidad que todas tenemos para reinventarnos porque quizá la verdadera valentía no consista en no tener miedo, sino en dejar de ignorar aquello que llevamos demasiado tiempo sintiendo.
La mujer que decidió cambiar de vida
Si tuvieras que presentarte más allá de los títulos y las profesiones, ¿quién es Anaïs?
Creo que soy una persona cercana. Me gusta acompañar y ayudar a las personas; es algo que siempre ha estado presente en mí.
También soy una persona soñadora, con bastante sentido del humor y muy activa. Tengo una enorme necesidad de descubrir. He viajado por más de cincuenta países y esa curiosidad forma parte de quién soy. Me encanta aprender, nutrirme de otras culturas y abrirme a nuevas formas de ver el mundo.
Naciste en Francia y has vivido en varios países antes de establecerte en Andalucía. ¿Qué te ha enseñado ese viaje personal?
Con 23 años llegué a Barcelona porque quería tomarme un año sabático antes de irme a Sudamérica. Ese año acabó convirtiéndose en casi diecisiete.
Mudarte a otro país, aprender un idioma y construir una vida lejos de lo conocido te enseña apertura, curiosidad y resiliencia. También te ayuda a relativizar y a tomar perspectiva. Cuando lo haces una vez, descubres que puedes hacerlo muchas más.
"Cuando lo haces una vez, descubres que puedes hacerlo muchas más"
¿Recuerdas el momento en el que sentiste que la vida que tenías ya no encajaba con la vida que querías?
Me ha ocurrido varias veces. El cambio más drástico fue dejar Suiza, abandonar el mundo de las multinacionales y mudarme a Andalucía para dedicarme al trabajo con caballos.
Sentía mucha frustración intentando impulsar políticas de bienestar dentro de las organizaciones y encontrándome continuamente con barreras. Como siempre me había gustado acompañar a las personas, decidí buscar otra manera de hacerlo, desde un lugar más alineado conmigo.
Muchas personas sueñan con cambiar de rumbo, pero pocas se atreven. ¿Qué fue lo que te empujó a dar el paso?
Es curioso porque mucha gente me dice que soy muy valiente, pero yo no me siento así. Para mí era más duro quedarme donde estaba que irme. Cambiar me resulta más fácil que permanecer en un lugar que ya no me hace crecer. No es valentía; es que el cuerpo me lo pide.
Los cambios no suceden de un día para otro. Son pequeños pasos que vas dando hasta que llega un momento en el que ya no puedes ignorar lo que necesitas.
"Para mí era más duro quedarme donde estaba que irme"
¿Qué miedos aparecieron cuando decidiste empezar de nuevo?
El miedo a equivocarme. Pensar: "¿Y si lo que tenía antes no estaba tan mal?", pero siempre he pensado que, si me equivoco, puedo volver atrás. Y no pasa nada.
Ahora, como emprendedora, aparecen otros miedos: la exposición, el qué dirán y salir continuamente de la zona de confort.

De los recursos humanos a los caballos
Durante años trabajaste en multinacionales. ¿Qué aprendiste observando a las personas dentro de las organizaciones?
Que somos humanos.
Muchas veces hablamos de la vida profesional por un lado y de la personal por otro, pero somos la misma persona en todos los ámbitos.
Las personas son las organizaciones. Y cuando no se cuidan, todo termina resintiéndose.
También he aprendido que un buen líder no tiene por qué ser quien más sabe técnicamente. Tiene que saber escuchar, comunicar y acompañar.
¿Crees que vivimos demasiado desconectados de nosotros mismos?
Sí. Y, de hecho, hay una frase que escucho constantemente: "Necesitaba desconectar".
Y para mí es justo lo contrario. No necesitamos desconectar. Necesitamos volver a conectar con nuestro cuerpo, con nuestras emociones, con la naturaleza y con quienes somos realmente. Muchas personas llegan a mí cuando ya están agotadas y cerca del punto de quiebre.
"No necesitamos desconectar. Necesitamos volver a conectar"
¿Qué encontraste en los caballos que no encontrabas en otras herramientas de desarrollo personal?
Dos cosas fundamentales.
La primera es que permiten tomar perspectiva. Cuando estamos demasiado metidos en nuestros problemas, dejamos de verlos con claridad.
Y la segunda es que los caballos no juzgan. Tampoco mienten. No entienden de títulos ni jerarquías. Solo responden a lo que perciben y te devuelven información. Después tú decides qué hacer con ella.
Para quien nunca ha vivido una experiencia así, ¿cómo le explicarías qué ocurre cuando una persona se encuentra frente a un caballo?
Un caballo no deja indiferente a nadie. Puede despertar ternura, respeto o miedo. Pero siempre provoca algo. Y eso hace que salgamos de la cabeza para empezar a sentir, incluso, cuando parece que no está pasando nada, está pasando mucho.
A veces el caballo se acerca. Otras veces, se aleja. Puede seguirte o ignorarte. Y precisamente en esos pequeños gestos suele estar la información más valiosa.
Dices que los caballos actúan como un espejo. ¿Qué crees que nos devuelven que a veces no queremos ver?
A veces nos devuelven exactamente aquello que estamos evitando mirar.
Y eso puede resultar incómodo.
Pero no podemos ayudar a quien no quiere ser ayudado. El cambio solo ocurre cuando existe la voluntad de mirarse de verdad.
Mujeres, exigencia y reconexión
En Mujeres sin Manual hablamos mucho de esa sensación de tener que poder con todo. ¿Crees que las mujeres vivimos especialmente desconectadas de nuestras propias necesidades?
Sí. Lo veo constantemente.
Existe una presión enorme que nos imponemos nosotras mismas. Queremos llegar a todo: ser exitosas profesionalmente, estar presentes para quienes queremos, hacerlo todo bien. Y vivimos con una presión completamente descomunal.
Por eso creo que las mujeres vivimos especialmente desconectadas de nuestras propias necesidades porque históricamente nuestro papel ha sido cuidar y cuidamos a los demás, pero no sabemos cuidarnos a nosotras mismas.
¿Qué heridas o bloqueos ves repetirse con más frecuencia en las mujeres que llegan hasta ti?
La autoestima. Muchas llegan pensando que necesitan organizar mejor su tiempo o gestionar mejor sus emociones, pero cuando profundizamos descubrimos que detrás de todo eso hay una falta de reconocimiento del propio valor.
No ven el valor que tienen y cuando una mujer siente que vale menos, coloca automáticamente a los demás por delante.
¿Por qué nos cuesta tanto escucharnos?
Porque si no reconocemos nuestro propio valor, jamás vamos a escucharnos.
El tiempo de los demás parece más importante que el nuestro.
Sus necesidades son prioritarias. Y nosotras quedamos relegadas al último lugar.
¿Cuál es la conversación que más necesitamos tener con nosotras mismas y que solemos evitar?
Creo que sería esta: "¿Qué ha pasado para que haya dejado de quererme?"
Nos hemos dejado las últimas y eso no tiene nada que ver con el egoísmo.
Escucharnos no significa ser egoístas, significa reconocer que nuestras necesidades también importan.
Muchas de las creencias que hoy nos impiden darnos valor son juicios aprendidos y construidos poco a poco desde la infancia y creo que necesitamos revisarlos con honestidad porque nos hablamos a nosotras mismas peor de lo que le hablaríamos a una enemiga. Jamás trataríamos así a una amiga. Sin embargo, lo hacemos con nosotras mismas constantemente.
"Nos hablamos a nosotras mismas peor de lo que le hablaríamos a una enemiga"
¿Qué has aprendido acompañando a otras mujeres en sus procesos de cambio?
He aprendido muchísimo. Y también he aprendido sobre mí misma. Veo parte de mí reflejada en cada mujer que acompaño. He aprendido que todas tenemos flaquezas, miedos e inseguridades. Pero también fortalezas, capacidad de salir adelante y una enorme necesidad de sentirnos vistas y comprendidas.
Si fuéramos capaces de conectar entre nosotras desde esa humanidad compartida, romperíamos muchas barreras. Y sería algo muy bonito porque, al final, todas tenemos miedos, inseguridades y heridas, pero también una enorme capacidad para sostenernos unas a otras cuando dejamos de competir y empezamos a reconocernos.
Emprender desde el propósito
Emprender suele romantizarse mucho. ¿Cómo ha sido realmente construir Arión Coaching desde cero?
Creo que con el emprendimiento pasa un poco como con la van life... desde fuera parece idílico: flexibilidad, libertad y conciliación... pero cuando empiezas descubres que la realidad es mucho más compleja.
Yo no emprendí porque quisiera ser emprendedora. Emprendí porque quería trabajar con caballos. Y entonces descubres que tienes que convertirte en una navaja suiza.
Siento que el 90% de mi trabajo es marketing, comunicación y ventas, y solo un 10% es estar con los caballos, que es lo que realmente quiero hacer.
"Yo no emprendí porque quisiera ser emprendedora. Emprendí porque quería trabajar con caballos"
¿Ha habido momentos en los que pensaste que te habías equivocado?
Sí.
Hay momentos en los que piensas si merece la pena tanto esfuerzo, pero también pienso que hay que intentar las cosas. Y si funcionan, maravilloso. Y si no funcionan, habrá que buscar otro plan.
¿Qué ha sido más difícil: dejar atrás una vida conocida o construir una nueva?
La soledad.
Venía de trabajar siempre en equipo y emprender sola fue muy duro.
Tener un mal día y no tener con quién compartirlo.
Por suerte, hoy me siento rodeada de personas maravillosas y he entendido que no tenemos por qué hacerlo todo solas.
"Lo más difícil del emprendimiento ha sido la soledad"
Cuando miras hoy el proyecto que has creado, ¿de qué te sientes más orgullosa?
De haberlo intentado. Independientemente de que funcione o no, me siento profundamente orgullosa de haberme atrevido.
Imagínate la situación... viviendo en Suiza, a punto de cumplir cuarenta años, con un puesto consolidado en una multinacional y posibilidades de crecimiento internacional y decirle a mi madre: 'Mamá, voy a dejar todo esto para intentar montar un proyecto de coaching con caballos'. Era una locura. Pero sé que, si no lo hubiera hecho, me habría arrepentido toda la vida.
"No me siento orgullosa de haber acertado. Me siento orgullosa de haberlo intentado"
¿Qué significa para ti el éxito ahora?
Siempre pido el mismo deseo: ser feliz. Lo que me hace feliz hoy quizá no sea lo mismo que me haga feliz mañana. Pero el éxito, para mí, sigue teniendo que ver con eso.
¿Qué has descubierto sobre ti misma gracias a todos esos cambios que un día te dieron miedo?
He descubierto que podemos reinventarnos mil veces. El miedo es útil, pero no podemos permitir que nos paralice porque cuando lo hace, perdemos oportunidades de vida. Y hoy sé que, pase lo que pase, volveré a salir adelante.
Me las apañaré. Y volveré a ponerme en pie.
La idea de que nunca es tarde para volver a empezar también estuvo muy presente en nuestra conversación con Lola Rueda, quien nos recordó que reinventarse no siempre significa cambiar de vida de un día para otro, sino atreverse a construir una versión más honesta de una misma cuando sentimos que hemos dejado de reconocernos.
La mirada de Mujeres sin Manual
Hay entrevistas que terminan cuando se apaga la grabadora y otras que se quedan contigo durante días.
Esta es una de ellas.
Porque mientras escuchaba a Anaïs hablar de mudanzas, de multinacionales, de caballos o de emprendimiento, en realidad sentía que estaba hablando de algo mucho más universal: de esa pequeña voz que todas escuchamos alguna vez y que nos pregunta si la vida que estamos construyendo se parece a la vida que queremos vivir.
Pensé en cuántas mujeres siguen sosteniendo rutinas que ya no les pertenecen, cuántas siguen llegando a todo menos a sí mismas, cuántas continúan esperando el momento perfecto para cambiar, para pedir ayuda o para darse permiso.
Anaïs dice que podemos reinventarnos mil veces. Y me gusta pensar que tiene razón.
Que no estamos obligadas a quedarnos donde ya no florecemos, que no tenemos que demostrar nada para merecer escucharnos y que, pase lo que pase, siempre podremos volver a ponernos en pie.
Tal vez eso sea crecer o tal vez eso sea el éxito. Y tal vez, después de todo, vivir sin manual consista precisamente en atrevernos a escribir nuestra propia versión de la historia.


