Ana González Pinto ha vivido muchas vidas en una sola. Ha sido periodista, concejala, coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer, escritora y fundadora de Mujer Fénix. Diferentes etapas y responsabilidades unidas por una misma forma de entender el mundo: con curiosidad, compromiso y la voluntad de contribuir a que otras personas puedan vivir con mayor libertad.
Su historia, sin embargo, no está construida únicamente sobre cargos o logros profesionales. También habla de miedo, de violencia, de renuncias, de maternidad y de las veces que tuvo que volver a empezar. Experiencias que hoy forman parte de su manera de acompañar a otras personas y de crear espacios en los que la igualdad y el liderazgo se abordan desde la vida real, no solo desde la teoría.
En esta conversación, Ana González Pinto nos habla con honestidad de las dudas que todavía la acompañan, de lo que aprendió durante su paso por la política y de la necesidad de dejar de buscar la aprobación de todo el mundo. También nos recuerda algo importante: que sentir miedo no significa permitirle que decida por nosotras porque, después de todo lo vivido, Ana González Pinto ha aprendido a escucharlo sin volver a entregarle el volante de su vida.
El momento que cambió su manera de mirar la vida
Para empezar, me gustaría que nuestras lectoras pudieran conocerte un poquito mejor. Si nos estuviéramos tomando ahora mismo un café y te preguntara simplemente quién es Ana González Pinto, ¿qué me responderías?
Soy una mujer curiosa, apasionada y profundamente comprometida con las personas. Me gusta construir puentes: entre ideas, personas y oportunidades.
Profesionalmente, he recorrido caminos muy distintos trabajando en comunicación, política, igualdad, pero todos tienen algo en común: mi deseo de contribuir a que otras personas puedan desarrollar su potencial y vivir con más libertad.
Y, por encima de cualquier cargo o proyecto, soy una mujer a la que le encanta aprender algo cada día. Ser mamá ayuda mucho a eso, por cierto.
Dicen que todas tenemos un punto de inflexión, un momento que cambia nuestra manera de mirar la vida. ¿Cuál dirías que ha sido el tuyo?
Allá por el año 2015 empecé a trabajar con mujeres víctimas de violencia de género y aquello me cambió profesional y personalmente.
El testimonio de una mujer anónima me hizo enfrentarme a un espejo que llevaba demasiado tiempo ignorando y tomé decisiones que me alejaron de situaciones de violencia que yo misma estaba viviendo. Aquello me salvó la vida y me enseñó a mirarla de otra manera, sin duda.
“Aquello me salvó la vida y me enseñó a mirarla de otra manera”
Tu trayectoria está muy ligada a la igualdad, al liderazgo y a acompañar a otras personas, pero ¿quién te ha acompañado a ti cuando las cosas no han sido fáciles?
Soy muy afortunada por contar con un círculo de personas que me sostienen, me apoyan y me impulsan cuando las cosas vienen torcidas. La familia de sangre y aquella que elegimos, las amistades cercanas, han estado siempre ahí sin juzgar, aunque muchas veces no hayan compartido mis decisiones.
Otra gran compañera ha sido la escritura. Escribir me ha permitido ordenar emociones, entenderme mejor y encontrar sentido a experiencias difíciles.
Muchas mujeres que te conocen o que nos estén leyendo podrían pensar: “Qué seguridad transmite Ana”. ¿Siempre ha sido así o también has tenido épocas de muchas dudas?
He tenido muchísimas dudas. De hecho, sigo teniéndolas y creo que es necesario tenerlas. La diferencia es que ahora no dejo que decidan por mí.
Muchas veces confundimos la seguridad con la ausencia de miedo o de incertidumbre, cuando en realidad nace de confiar en que serás capaz de afrontar lo que venga. He atravesado momentos de inseguridad profesional, personal y emocional, pero aprendí a no quedarme paralizada por ellos.

La renuncia a gustar a todo el mundo
En Mujeres sin Manual creemos que detrás de cada logro suele haber muchas renuncias de las que casi nunca se habla. ¿Cuál ha sido la que más te ha costado?
En el plano personal, pasar menos tiempo con mis hijos, que han vivido muchas ausencias por temas de trabajo. No es fácil conciliar la faceta de mamá con la de una mujer que ocupa cargos de responsabilidad, aunque me gusta pensar que les he transmitido que las mujeres también podemos tener aspiraciones profesionales, ser independientes e ir a por nuestros sueños.
En otro plano, probablemente la renuncia más difícil haya sido dejar de intentar agradar a todo el mundo. Durante mucho tiempo busqué la aprobación externa y eso tiene un coste enorme.
Cuando trabajas en espacios públicos, lideras equipos o defiendes causas que generan debate, descubres que siempre habrá quien esté de acuerdo contigo y quien no. Aprender a ser fiel a mis valores por encima de la necesidad de gustar ha sido una de las renuncias más difíciles, pero también una de las más liberadoras.
“Ahora sigo teniendo dudas, pero ya no dejo que decidan por mí”
A veces creemos que escribir un libro consiste en contar una historia, pero en realidad también implica exponerse y entenderse por dentro. ¿Crees que escribiste “Querido miedo” para vencerlo o para aprender a convivir con él?
Sin duda, para aprender a convivir con él. El miedo forma parte de la vida. Quien diga que no tiene miedo probablemente no esté siendo del todo sincero.
Escribí “Querido miedo” porque necesitaba dialogar con mis propios miedos y porque intuía que muchas personas estaban manteniendo conversaciones similares en silencio. El objetivo nunca fue eliminarlo, sino comprenderlo y darle el lugar que le corresponde.
Si el miedo se sentara hoy con nosotras en esta mesa, ¿cómo describirías vuestra relación después de todo lo vivido?
Es una relación bastante sana. He conseguido agradecer a mis miedos todo lo que me han enseñado, pero sin permitir que tengan el control de mi vida.
Durante años ocuparon demasiado espacio y a veces todavía lo hacen, pero hemos aprendido a convivir. Escucho al miedo cuando tiene algo útil que decirme porque a veces también nos protege, pero ya no le entrego el volante de mi vida.
La igualdad también tiene que ver con los hábitos y las expectativas
Hablamos mucho de igualdad, pero me gustaría llevarla a lo cotidiano. ¿Qué pequeñas desigualdades te siguen sorprendiendo o incluso cansando? ¿Crees que todavía queda mucho camino por recorrer?
En pleno 2026 me siguen cuestionando que viaje tanto por trabajo o incluso que viva en una ciudad diferente a la de mis hijos, como si fuera peor madre por hacerlo. ¿Por qué? Porque todavía tenemos asignada una carga extra dentro del hogar, esa «losa de hormigón» de la que habla la investigadora Laura Sagnier.
Hemos avanzado muchísimo, pero todavía queda camino por recorrer. La igualdad no es únicamente una cuestión de leyes; también tiene que ver con los hábitos, las expectativas y los estereotipos que continuamos reproduciendo sin darnos cuenta.

Siempre he pensado que los proyectos más auténticos nacen de algo que hemos vivido en primera persona. ¿Qué parte de tu propia historia hay detrás de Mujer Fénix?
Mujer Fénix es mi propia historia. Nace de mis procesos de transformación, de las veces que tuve que reinventarme, volver a empezar y renacer de mis cenizas después de atravesar etapas difíciles.
En 2020, un gran amigo me recordó que yo era un ave fénix. Me tatué esas palabras y aquello se convirtió en la semilla de Mujer Fénix, que nació oficialmente en 2022.
Más allá de mí misma, también surge de haber acompañado a muchas mujeres que estaban viviendo procesos similares. Quería crear un espacio en el que la igualdad, la comunicación y el liderazgo se abordaran desde la experiencia real, no únicamente desde la teoría.
Cuando una mujer llega hoy a Mujer Fénix, ¿qué esperas que encuentre? ¿Qué te gustaría que se llevara después de ese proceso contigo?
Quiero aclarar que desde Mujer Fénix trabajamos con mujeres y hombres, ya que gran parte de nuestra labor consiste en formar y sensibilizar dentro de administraciones públicas, empresas e instituciones educativas.
Dicho esto, cualquier persona que se acerque a Mujer Fénix encontrará un espacio seguro en el que sentirse escuchada, respetada y acompañada, sin juicios.
Muchas veces también encuentra un espejo: reconoce situaciones a las que no sabía poner nombre y ahí comienza el proceso de ganar confianza. No porque alguien le diga lo que tiene que hacer, sino porque descubre recursos que ya estaban en su interior y que quizá había olvidado.
“Mujer Fénix es mi propia historia: nace de todas las veces que tuve que reinventarme y volver a empezar”
La política que escucha y hace la vida más fácil
Cambiando de tercio, las dos sabemos que la política puede ser un lugar apasionante, pero también muy exigente. Mirando atrás, ¿qué parte de aquella experiencia te hizo más fuerte y cuál te hizo más vulnerable?
Ahora que la política tiene tan mala fama, ganada a pulso en muchas ocasiones, quiero poner en valor esa política cercana que a mí me cambió la vida.
Primero fue en el Ayuntamiento de Dos Hermanas, donde aprendí a escuchar las necesidades reales de los vecinos, y después en la Junta de Andalucía, una administración mayor, pero que sigue siendo cercana. Además, tuve la suerte de trabajar en la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación; es decir, junto a las personas más vulnerables, esas que te recuerdan cuál es el verdadero motor de la política: ayudar y hacer la vida más fácil a quienes tienen menos recursos.
Me hizo más fuerte aprender a tomar decisiones complejas y a gestionar responsabilidades muy grandes, como ocurrió con las residencias de mayores y de personas con discapacidad durante la pandemia. Allí aprendí a liderar equipos numerosos, trabajar bajo presión y mantener la calma en momentos difíciles.
La otra cara de la moneda es la exposición constante. La política te obliga a convivir con el juicio permanente y eso puede desgastar emocionalmente, aunque debo decir que siempre recibí un buen trato por parte de otros grupos políticos, del tejido asociativo y de los medios de comunicación.
¿Crees que las mujeres que dan un paso al frente en política siguen siendo juzgadas de una manera diferente a los hombres?
A los hechos me remito. A las mujeres se nos sigue evaluando muchas veces desde parámetros que no se aplican de la misma manera a los hombres, como nuestra apariencia, nuestra forma de liderar o incluso nuestra vida personal. Basta con echar un vistazo a los titulares o a las noticias sobre mujeres políticas para comprobarlo.
Aunque hemos avanzado mucho, todavía existen sesgos que condicionan la manera en la que se percibe el liderazgo femenino. Y ojo, las mujeres también tenemos esos sesgos. Es algo que se debe abordar de manera general, implicando al conjunto de la sociedad.
Todas las mujeres que ha sido Ana
Si juntamos a la periodista, la concejala, la coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer, la escritora y la mujer que eres hoy, ¿qué tienen en común todas esas Anas?
La curiosidad y el compromiso. Esa es mi esencia, más allá del cargo que ocupe.
Siempre he sentido la necesidad de comprender el mundo y de intentar mejorarlo, aunque sea un poco. Han cambiado los escenarios, los proyectos y las responsabilidades, pero esa motivación permanece intacta.
Si pudieras volver unos años atrás y abrazar a aquella Ana que comenzaba su camino, ¿qué le susurrarías al oído?
Le diría que confíe más en sí misma y que no tenga tanta prisa, que muchas de las cosas que hoy le preocupan terminarán resolviéndose de formas que ni siquiera puede imaginar y que no necesita ser perfecta para ser valiosa.
Hay una pregunta que hacemos a todas nuestras invitadas porque creemos que todas, en algún momento, hemos sentido que nadie nos había explicado cómo hacer las cosas. ¿Qué significa para ti vivir sin manual?
Significa aceptar que no existen respuestas universales. Que cada persona tiene que construir su propio camino, equivocarse, rectificar y volver a intentarlo.
Vivir sin manual es dejar de buscar la fórmula perfecta y empezar a confiar en la propia capacidad para afrontar lo inesperado. Porque, de lo contrario, estaremos viviendo una vida basada en el manual de otra persona y ahí perderemos lo más valioso: nuestra esencia.
“No necesita ser perfecta para ser valiosa”
Y para terminar, ¿qué sueño sigue guardando Ana González Pinto y todavía no ha tachado de su lista?
Soy una fábrica de sueños. Siempre aparece alguno nuevo e inesperado que me ilusiona y, al mismo tiempo, me impulsa a conseguirlo.
En el plano profesional, sueño con seguir llegando a más países de América Latina y con impactar en más organizaciones españolas mediante formaciones que las ayuden a ser más igualitarias. En lo personal, escribir mi segundo libro es el próximo sueño que espero cumplir pronto.
La mirada de Mujeres sin Manual
La historia de Ana nos recuerda que el miedo forma parte de la vida y que incluso puede protegernos, siempre que no termine adueñándose de nosotras y de nuestras decisiones porque cuando permitimos que nos paralice no solo dejamos de avanzar: también podemos estar perdiéndonos oportunidades, experiencias y una parte importante de la vida que queremos construir.
Ese miedo también aparece muchas veces cuando una mujer decide ocupar espacios que durante años no parecían reservados para ella. Hemos conseguido mucho, pero todavía queda camino por recorrer y para avanzar necesitamos también a hombres que entiendan que tenemos el mismo derecho a estar donde nos corresponde, a crecer profesionalmente y a elegir cómo queremos vivir.
Ana lo cuenta desde su propia experiencia como madre: trabajar, viajar o vivir en una ciudad diferente a la de sus hijos todavía despierta juicios que rara vez recaen sobre un hombre. Ser madre y perseguir nuestras aspiraciones no nos convierte en malas madres. Cada mujer tiene derecho a decidir dónde quiere estar, sin cargar con culpas ni expectativas ajenas. Porque vivir sin manual también es eso: tomar nuestras propias decisiones y no permitir que el miedo ni el juicio de los demás lleve el volante de nuestra vida.

