Alicia Pérez, wedding planner en Cádiz, lleva catorce años organizando bodas y todavía se emociona cuando habla de algunos de los momentos que ha tenido el privilegio de presenciar.
Podría hablar de flores, montajes, proveedores o de todo aquello que debe encajar para que una celebración salga como estaba prevista.
Sin embargo, cuando Alicia nos habla de su profesión termina hablando casi siempre de personas. De las parejas que han confiado en ella, de las familias que ha conocido, de padres que esperan junto a sus hijas antes de una ceremonia, de abuelos que ya no están y de historias que comenzaron siendo parte de su trabajo y terminaron dejando también algo en ella.
Quizá por eso resulta difícil separar LOVE de Alicia Pérez. Han pasado catorce años desde que decidió abandonar la estabilidad de un hotel para construir su propio proyecto y ella misma reconoce que, con el tiempo, ambas identidades han terminado mezclándose más de lo que imaginaba.
Detrás de la wedding planner, sin embargo, está Ali. Una mujer familiar, cercana, amante de los planes sencillos y de esas conversaciones en las que, como ella misma dice, se puede “arreglar el mundo”.
Y es ahí donde queremos empezar esta historia.
Cuando Alicia Pérez vuelve a ser simplemente Ali
En Mujeres sin Manual hay una pregunta que nos gusta hacer al comienzo de nuestras conversaciones. Antes de hablar de profesiones, empresas o logros, intentamos dejar durante unos minutos todo eso a un lado.
Con Alicia hicimos lo mismo: ¿quién es cuando no hay una boda que organizar, un teléfono que atender ni una lista de cosas pendientes?
“Cuando leí la pregunta respiré profundamente”, reconoce. Después de tantos años al frente de LOVE, no siempre le resulta fácil separar el trabajo de la persona que hay detrás. Ella misma suele bromear con que se ha convertido en “Ali LOVE”, aunque a veces esa unión también la lleva a preguntarse: “¿Dónde está Ali?”.
La encontramos en una mujer tranquila, familiar y amante de los planes sencillos: una sobremesa, una conversación para arreglar el mundo, una puesta de sol y tiempo con las personas que realmente le importan.
También en aquella niña que encontraba cualquier excusa para organizar algo. Los cumpleaños, fueran suyos o de sus hermanos y primos, significaban pensar en los globos, la decoración, la tarta o cualquier detalle que pudiera convertir aquel día en algo especial. Ella misma se recuerda como una “Manolita la Fantástica”, siempre inventando y preparando cosas. Dibujaba mucho y, curiosamente, entre aquellos dibujos aparecían una y otra vez vestidos de novia. Algunas amigas del colegio todavía conservan alguno.
Alicia no sabía entonces que existía una profesión que pudiera reunir muchas de aquellas cosas que ya disfrutaba haciendo. Tampoco podía imaginar que terminaría dedicando buena parte de su vida a organizar bodas.
Ahora, cuando mira hacia atrás, encuentra en aquella niña algunas pistas de la mujer en la que acabaría convirtiéndose. “Pienso que quizá era algo que siempre tuve innato en mí y después descubrí esta profesión”.
De un trabajo estable a construir LOVE
Alicia estudió Turismo en la Universidad de Cádiz y trabajó durante cerca de una década en una compañía hotelera, donde asumió responsabilidades relacionadas con la atención al cliente, la gestión de personal y los eventos.
Fue allí donde comenzó a recibir a parejas extranjeras que querían casarse en Cádiz y necesitaban ayuda para encontrar fotógrafos, floristas y otros profesionales. Alicia empezó a acompañarlas en el proceso, aunque aquello no formara parte exactamente de sus funciones.
“Mi jefe me reñía muchísimo porque me decía: ‘Este no es tu trabajo’. Yo pensaba: si no ayudo a estas personas, ¿cómo van a encontrar un fotógrafo o un florista?”.
También fue allí donde escuchó por primera vez el término wedding planner. Empezó a investigar y descubrió que aquello que hacía casi de manera intuitiva podía convertirse en una profesión. Le atraía crear desde cero, cuidar los detalles y convertir en realidad aquello que otras personas habían imaginado.
Con el tiempo, Alicia empezó a darse cuenta de que aquello reunía muchas de las cosas que siempre le habían gustado: crear, organizar, cuidar los detalles y, sobre todo, conocer las historias de las personas. Lo que había comenzado casi de manera espontánea empezó a convertirse en la posibilidad real de construir un proyecto propio.
Dejar el hotel suponía renunciar a una estabilidad profesional que había tardado años en construir. No se marchaba porque estuviera mal allí, sino porque había descubierto algo que quería intentar por sí misma.
Su madre intentó convencerla de que conservara el trabajo y organizara las bodas durante su tiempo libre. Su padre, a quien Alicia recuerda como su “fan número uno”, tuvo una respuesta diferente. “Me dijo: ‘Pa'lante. Si no lo haces ahora, ¿cuándo lo vas a hacer? Siempre tienes tiempo de volver a los hoteles’” y en octubre de 2012 nació LOVE, su proyecto de organización de bodas en Cádiz.
“Mi padre me dijo: ‘Pa'lante… si no lo haces ahora, ¿cuándo lo vas a hacer”

Mucho más que encender una vela
En estos catorce años las bodas han cambiado y también lo ha hecho la percepción sobre quienes se dedican profesionalmente a organizarlas. Aun así, Alicia nos reconoce que todavía existe una imagen bastante alejada de lo que sucede detrás de cada celebración.
“Hay gente que cree que una wedding planner es la persona que va mona, arreglada, enciende la velita y está sonriendo. Y no. Eso es la guinda del pastel”.
Antes hay meses de organización, decisiones, proveedores, cambios y una responsabilidad que termina concentrándose en unas pocas horas. Alicia lo resume de una manera mucho menos glamurosa: “Un organizador tiene que estar en el barro”.
Después de tantos años acompañando a parejas y familias, Alicia ha aprendido que organizar una boda también exige saber leer a las personas, entender sus prioridades, sus nervios y aquello que cada una necesita en un momento cargado de emociones. “He aprendido mucha paciencia y mucha empatía, a escuchar mucho, conocer las historias y entender a cada persona individualmente”.
“He aprendido a escuchar mucho, conocer las historias y entender a cada persona individualmente”
Esa cercanía hace que algunas bodas hayan terminado formando parte también de su propia historia.
Entre todas las bodas que ha organizado, Alicia guarda un recuerdo especialmente íntimo de la de Tamara. Cuando comenzó a acompañarla en los preparativos, el padre de Alicia todavía vivía. Durante aquel proceso, Alicia perdió a su padre, que padecía Parkinson. Tiempo después supo que el padre de Tamara convivía también con la misma enfermedad.
Cuando volvió a encontrarse con ellos durante una prueba de menú, Alicia acababa de atravesar su propia pérdida y fue inevitable ver en el padre de Tamara algunos gestos que le recordaban al suyo.
Mientras los demás se levantaban para mirar la mantelería, él permaneció sentado. Alicia se quedó pendiente de él y aquel momento, aparentemente cotidiano, la removió por dentro. “Te prometo que me representaba a mi padre. Tuve que hacer mucho trabajo interno para no llorar”.
La emoción volvió el día de la boda. Alicia vio a Tamara llegar a la ceremonia del brazo de su padre y, esta vez, la escena tenía para ella un significado que iba mucho más allá de su trabajo.
Experiencias como aquella le han enseñado que detrás de una boda hay momentos familiares que pertenecen a la intimidad de otras personas y a los que, por su profesión, ella tiene el privilegio de asistir. “Ver a una novia con su padre justo antes de salir a la ceremonia, ese beso de nervios, ese apretón de manos… Te lo cuento y se me ponen los vellos de punta”.
La parte menos visible de emprender
Construir LOVE significó también aprender a ser empresaria, una faceta bastante más compleja de lo que Alicia imaginaba cuando decidió abandonar el hotel.
No procedía de una familia de empresarios ni había crecido contemplando el emprendimiento como una salida profesional habitual. Sus primeros pasos los dio buscando asesoramiento en Andalucía Emprende y en la Cátedra de Emprendedores de la Universidad de Cádiz. Allí encontró orientación, aunque pronto descubrió una de las partes más difíciles de emprender: la soledad a la hora de tomar decisiones.
“Te das cuenta de que hay muchas decisiones que, para bien o para mal, vas a tener que tomar tú”.
Facturación, impuestos, gestión… Alicia tuvo que aprender sobre la marcha todo aquello que quedaba lejos de la parte creativa de LOVE. Mirando atrás, reconoce incluso cierta inconsciencia en aquella decisión. “Muchas veces pienso: qué inconsciente fui. Quizá si hubiera sabido ciertas cosas habría dicho: me quedo en el hotel, que tengo mi sueldo y mi estabilidad”.
Gran parte del aprendizaje llegó, como ella misma dice, “a base de palos”.
Años después descubriría también otra cara de ser empresaria y autónoma: qué ocurre cuando continuar trabajando deja de depender de tu voluntad.
Una vida sin manual de instrucciones
En Mujeres sin Manual hay una pregunta que acompaña a todas nuestras protagonistas: cuál ha sido ese momento para el que nadie les entregó un manual de instrucciones.
Alicia encuentra el suyo en 2020. Su padre, que convivía con el Parkinson, comenzó a encontrarse mal y las pruebas revelaron un cáncer de vías biliares en estadio IV.
Médico y antiguo jefe de Digestivo del Hospital de Puerto Real, entendió perfectamente el alcance del diagnóstico. Alicia todavía recuerda su reacción: “Esto no me lo esperaba yo”.
La familia se trasladó a Córdoba para intentar tratar la enfermedad y Alicia decidió permanecer junto a él. Tenía bodas previstas y una empresa que atender, pero esta vez el trabajo dejó de ocupar el primer lugar. Su equipo se hizo cargo incluso de una de aquellas celebraciones.
Su padre murió poco más de dos meses después.
De vuelta en Cádiz, Alicia comenzó un duelo para el que no estaba preparada. “Aprendes a vivir, pero ya no eres la misma persona”.
LOVE se convirtió entonces en una realidad difícil de sostener y, al mismo tiempo, en una forma de continuar. Había días en los que no quería levantarse de la cama, pero tenía una visita técnica o una reunión y debía salir a trabajar. “Tenía que ser mi mejor versión, aunque por dentro estuviera rota”.
“No tenía ganas de levantarme de la cama, pero tenía una visita técnica… me arreglaba, me maquillaba y me iba a la reunión”
Durante aquellos meses llegó a preguntarse si LOVE tenía fecha de final. Su hermano le ayudó a entender que atravesaba un momento de su vida, no necesariamente el final de aquello que llevaba años construyendo.
La terapia fue también una parte importante del proceso. Alicia habla de ella con naturalidad: “Cuando nos duele algo vamos al médico. Cuando te duele el alma o te duele el corazón también tienes que ponerle remedio, buscar ayuda para entender e integrar lo que te está pasando”.
Su padre sigue muy presente en su vida y en muchos de los valores con los que intenta continuar.

Cuando la vida obliga a parar
Tras la muerte de su padre, Alicia se acostumbró a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. El trabajo fue también una forma de refugiarse y parar casi nunca parecía una opción.
En 2025 tuvo un primer aviso. Una operación de urgencia de vesícula la llevó al hospital y, apenas una semana después, acudió a una boda que tenía programada. Todavía tenía las grapas de la intervención y ni siquiera entonces se dio de baja.
“No aprendí”, reconoce ahora.
El 13 de enero de 2026 llegó un segundo aviso, esta vez mucho más grave.
Alicia sufrió una embolia pulmonar bilateral extendida y permaneció cerca de quince días ingresada. Mientras los médicos le explicaban la gravedad de lo ocurrido, ella seguía pensando en todo lo que había dejado pendiente.
“Para mí estar en una cama de hospital era estar perdiendo el tiempo. Tenía un montón de cosas que hacer, miles de WhatsApp por contestar y correos que se estaban acumulando”.
Parar significaba también enfrentarse a otra realidad: qué ocurre con una pequeña empresa cuando quien sostiene buena parte de su actividad deja de poder trabajar.
Durante los meses que estuvo de baja, Alicia tuvo que recurrir a sus ahorros mientras los gastos de LOVE seguían llegando. “Yo he vivido de mis ahorros este tiempo. La vida sigue igual y las facturas siguen llegando”.
“El parón para ti significa también un parón de trabajo y de ingresos cuando tienes una empresa pequeña”
El miedo a perder lo construido, sin embargo, no fue lo que más pesó. Alicia confiaba en la trayectoria de LOVE y en la relación construida con sus clientes. Lo verdaderamente difícil fue aceptar que su cuerpo necesitaba un tiempo que ella nunca se había permitido.
Su familia, su equipo médico y su psicóloga insistían en algo que a ella todavía le costaba asumir: para poder seguir cuidando de todo lo demás, primero tenía que empezar a cuidarse ella.
Aprender a no llegar a todo
Alicia todavía habla de su recuperación en presente. No siente que haya pasado el tiempo suficiente para mirar lo ocurrido con distancia, aunque sí reconoce que hay una Alicia diferente. “Sobre todo soy más consciente de que, si tú no te cuidas y no te pones como prioridad, da igual el resto”.
Ahora intenta establecer horarios, respetar sus descansos y reservar espacios únicamente para ella. También trabaja en algo aparentemente sencillo que todavía le cuesta: no hacer nada sin sentirse culpable.
Sentarse a ver una película sin pensar en la siguiente boda, en algo que debe enviar a imprenta o en un proveedor al que tiene que llamar. “Es importante hacer ese ejercicio de mirar al infinito y no hacer nada, y no sentirnos culpables”.
“También necesitamos parar, estar sin hacer nada y no sentirnos culpables”
Los límites han llegado también al teléfono. Alicia reconoce que la inmediatez de WhatsApp ha desdibujado durante años la frontera entre el tiempo profesional y el personal, generando esa sensación constante de tener algo pendiente.
Sabe que una forma de funcionar construida durante años no cambia en unos meses. Habla de pequeños avances y de un proceso todavía abierto.
La excelencia profesional sigue siendo importante para ella. Lo que intenta cambiar es el precio que está dispuesta a pagar para alcanzarla. Después de tantos años ayudando a otros a preparar grandes celebraciones, Alicia está aprendiendo también a celebrar su propia vida de otra manera.
La gente que de verdad importa
Los meses de recuperación también han servido a Alicia para mirar con más atención a quienes permanecían cerca cuando trabajar y resolver dejaron de ser lo importante.
Habla de un círculo pequeño: su madre, su hermana y unos pocos amigos que se convirtieron en refugio durante aquellos meses. “Mi núcleo es muy pequeñito, pero para mí más que válido. Los que han estado han sido mi salvación”.
La experiencia también la ha hecho más cauta. Siempre se ha considerado una persona extrovertida y confiada, aunque con los años ha aprendido que no todo el mundo responde de la misma manera. Hay algo que no quiere perder: esa idea, heredada de su padre, de intentar ser siempre buena persona.
Quizá por eso, cuando le preguntamos cómo celebra hoy la vida, Alicia vuelve a lo sencillo: una tarde improvisada, unas cervezas, una puesta de sol o compartir tiempo con quienes puede mostrarse tal y como es.
“Creo que celebrar la vida es eso. Planes sencillos con la gente que de verdad te quiere, con la que puedes ser tú, meter la pata y reírte”.
Después de tantos años preparando grandes celebraciones, Alicia encuentra buena parte de la felicidad en aquello que no necesita demasiados preparativos.

Lo que Alicia Pérez le diría hoy a aquella niña
Cuando Alicia mira hacia atrás también piensa en aquella niña que todavía no sabía nada de bodas, empresas o de todo lo que la vida acabaría poniendo en su camino.
Si pudiera sentarse hoy frente a ella, le pediría, sobre todo, que confiara más en sí misma. “Le diría que era válida, que era suficiente y que no necesitaba a nadie para decirle si podía hacerlo o no”.
Alicia recuerda haber crecido con complejos y haber vivido situaciones de acoso durante la infancia. Hoy le gustaría que aquella niña hubiera sabido antes que la mirada de los demás no determinaba hasta dónde podía llegar.
También tendría unas palabras para la Alicia que, muchos años después, se encontró en una cama de hospital. Y ahí volvería, inevitablemente, a su padre: “Le diría lo que me susurraría él al oído: pa'lante, que siga así, que lo está haciendo bien o, por lo menos, de la mejor manera que puede”.
Aquel “pa'lante” que escuchó cuando decidió dejar la seguridad del hotel sigue acompañándola, aunque ahora tenga un significado diferente: seguir adelante también puede significar aprender a parar.
Lo que queda en los demás
Durante catorce años, Alicia ha acompañado a cientos de parejas en uno de los días más importantes de sus vidas. Cuando le preguntamos cómo le gustaría ser recordada a ella, vuelve una vez más a su padre.
Antes de morir, él compartió con su familia una reflexión que Alicia sigue teniendo muy presente: “Nos dijo: ‘Lo único importante en la vida es ser buena persona y yo he intentado serlo’”.
Su respuesta sigue el mismo camino. No habla de LOVE, de las bodas ni de sus logros profesionales. Le gustaría que quienes han pasado por su vida la recordaran como alguien que estuvo cuando la necesitaron, que supo escuchar e intentó ayudar. “Me gustaría que dijeran: Ali era buena persona”.
La vida le ha enseñado que no todo puede planificarse y también la ha obligado a revisar una forma de vivir en la que durante demasiado tiempo estar disponible parecía una obligación.
Ahora aprende a trabajar sin olvidarse de sí misma, a proteger su tiempo y a aceptar que algunas cosas pueden esperar.
LOVE sigue formando parte de ella. También aquella niña que dibujaba vestidos de novia, la mujer que dejó un trabajo estable para construir algo propio y la hija que todavía escucha a su padre cuando necesita recordar hacia dónde continuar.
La mirada de Mujeres sin Manual
Encontrar a la mujer que hay detrás de una trayectoria profesional es, muchas veces, la parte más interesante de una entrevista. Con Alicia bastó una pregunta para empezar a hacerlo.
Cuando le pedí que dejara a un lado el trabajo, los cargos y las responsabilidades para contarme quién era simplemente Ali, respiró profundamente. Ese gesto me hizo pensar en lo fácil que es acabar definiéndonos por lo que hacemos o por el papel que ocupamos en la vida de los demás, y olvidar quiénes somos cuando dejamos todo eso a un lado.
Detrás de tantos años construyendo LOVE he encontrado a una mujer que ha aprendido a emprender, ha atravesado la pérdida de uno de sus grandes pilares y ahora intenta aceptar que no siempre puede llegar a todo.
En la historia de Alicia Pérez hay una frase que aparece una y otra vez: “Pa'lante”. Se la dijo su padre cuando dudaba si dejar la estabilidad de un hotel para crear su empresa y hoy esas mismas palabras siguen acompañándola.
Quizás ahora tengan un significado diferente porque avanzar también puede ser parar, pedir ayuda, cambiar el ritmo y aceptar que seguimos aprendiendo.
Gracias, Alicia, por compartir tu historia con tanta sinceridad y por recordarnos que seguir “pa'lante” no siempre significa hacerlo de la misma manera.

